A veces, paramos un momento y somos conscientes de lo rápido que avanzan las cosas. Tan rápido, que no somos capaces de seguir el ritmo y nos quedamos atrás. Como los del pleistoceno. Es entonces cuando nos damos cuenta que quizá nosotros también somos ingenieros del pleistoceno.
miércoles, 30 de septiembre de 2026
La inteligencia y la vivienda
viernes, 25 de septiembre de 2026
PISA y yo
https://www.youtube.com/watch?v=h1U2GfCGIEs
Se sigue hablando de PISA 2025. Como dije, nadie es culpable y los cambios los han de hacer otros. Y cuando hablo con alguien del sistema educativo, sus quejas son comprensibles: con el "material" que le llega, no hay nada que hacer. Hay niños que no saben leer en cursos en los que deberían, por ejemplo. Unos, porque no hablan nuestro idioma. Otros, porque tienen discapacidades intelectuales. Otros, porque en sus casas tienen situaciones familiares muy complicadas. Y, claro, la maestra no va a dejar atrás a esos chavales, así que todos a avanza al ritmo de los niños discapacitados, que no hablan nuestro idea o (o, peor, y) que tienen en sus casas situaciones familiares muy complicadas.
Uno no termina de entender porqué es bueno que los niños que no hablan nuestro idioma o que tienen discapacidades intelectuales vayan a las mismas clases que niños que no tienen esos problemas, y sobre todo que ambos grupos vayan al mismo ritmo. O, dicho de una manera setentera, «quieren enseñar a mi hijo como si fuera subnormal».
Metamos un matiz en lo anterior: todos a avanzar "casi" al ritmo de esos niños. Dejan de educar a nuestros niños como subnormales para hacerlo como oligofrénicos, y en cambio los niños con problemas tampoco pueden seguir el ritmo y se siguen quedando atrás; pero ambos problemas ya se los encontrará el maestro o profesor siguiente.
También puede ocurrir que el maestro prefiera tratar a sus alumnos como niños normales; pero los niños no normales estorbarán y el ritmo se ralentizará. El maestro, desde el momento en que tiene a los anormales en clase, y sobre todo si son más de uno, ya no puede llevar un ritmo normal de educación.
Hay que ser muy pedagogo o muy político necesitado de votos para no ver el problema y la solución, pero en fin.
Mi sugerencia, lo que quería decir, es otra.
Si yo fuera el mandamás, introduciría un cambio. Un sutil, inapreciable cambio. Cambiaría el objetivo fundamental de la etapa de Educación Primaria.
Así como lo más importante de la educación preescolar es que los niños salgan sabiéndose abrochar ellos solos las batas, haría que lo más importante en los seis años de Primaria es enseñar a los niños a quedarse callados y quietos en clase. Ése debería ser el objetivo de los maestros. Para jugar, saltar y gritar tienen los recreos. Pero en sexto de primaria, con 11 años, los niños han de saber quedarse callados en las clases y escuchar a los maestros. Si necesitan tres recreos de veinte minutos por la mañana, que los tengan. Pero en clase, callados.
Estoy seguro de que todos los profesores de la ESO agradecerían el cambio. Y todos los profesores universitarios. Y, qué diantres, también los maestros de sexto de Primaria. Y de quinto, y de cuarto.
En cuanto a los conocimientos, entrarían por sí solos. Un maestro, con una clase atenta y callada, puede enseñar de verdad. El tiempo cunde cuando el alumno atiende y levanta la mano para obtener permiso antes de preguntar. Y lo mismo notaría el profesor de ESO.
Si lo hacen bien, incluso los rebeldes que en la ESO revientan las clases porque son incapaces de estar tranquilos entre cuatro paredes sin ser el centro de atención aguantarían. A fin de cuentas, también se les ha enseñado a no hacerse pis encima, ¿no?
Lo más importante no es aprender el ciclo del agua, los continentes o las tablas de multiplicar. Lo más importante es aprender a que, en clase, se está callado y quieto. Todo lo demás, vendrá por añadidura.
Solomon Burke - Cry to me
jueves, 24 de septiembre de 2026
La Mercé de 2026
Hoy jueves es 24 de septiembre de 2026. Festividad de Nuestra Señora de las Mercedes, conocida popularmente en Barcelona como La Mercé. Patrona de la ciudad, y día grande de sus fiestas mayores, por supuesto en su honor.
En teoría.
En las amplias calles del centro por las que he paseado hoy (aquí no se trabaja), ni un cartel anunciador. He pasado delante de edificios municipales, centros cívicos, tablones de anuncios. Nada.
En la calle, nada. Nada movía a pensar que la ciudad estaba en fiestas: hay domingos de febrero más animados.
¿Está la ciudad en fiestas? Ni idea. Pero me huelo que no, porque si lo estuviera ¿acaso no lo notaría?
Así somos, los barceloneses. Más sosos que una piedra.
O no, porque tras ocho años de Ada Colau y tres más de Collboni (que era, además, teniente de alcalde de Colau), aquí sí tenemos fiestas. Solo que no son para la Mercé, sino para el día del Orgullo Gay. Que aquí dura un mes, por cierto.
Imagino que son preferencias del alcalde.
Qué sosos que somos.
sábado, 19 de septiembre de 2026
La aceituna del hotel
https://www.youtube.com/watch?v=5cCmgKHAAyg
Se me rompió el cepillo de dientes mientras hacía mis abluciones matutinas. A veces, esas cosas pasan. El hotel, de muchas estrellas, proporcionaba a sus distinguidos huéspedes (y a los normales) cepillo y pasta dental como equipamiento de serie de las habitaciones. Amenities, se llaman ahora: los típicos detalles que los viajeros infrecuentes acostumbran a quedarse aunque no los usen. Como pasta de dientes sí tenía propia, no usé la que suministraban. Algo me decía que no era de tanta calidad como la normal de tienda de barrio que yo gastaba, y no me venía de un guisante. Pero sí usé el cepillo.
Era malo hasta decir basta. El mango, pequeño, daba la sensación de que era un cepillo de juguete. Además era redondo y flexible, o al menos se doblaba con facilidad si cerraba el puño. Pero, tal vez por su diseño cilíndrico o por la suavidad del material (no se les había ocurrido incluir rugosidades en el mango), el cepillo no se agarraba bien. Así que había que cerrar el puño con cierta fuerza. Más aún, como era flexible la fuerza del puño no se transmitía a la cabeza del mango, y costaba cepillar los dientes con energía.
Y las cerdas. Eran largas y suaves, muy suaves: parecía más bien un cepillo de barbero. Aquello no era pasar un cepillo, era pasar un plumero. Como si me pasara el dedo, pero sin apretar. En fin, que era una birria de cepillo. De malísima calidad.
El hotel era caro. De cuatro estrellas en el centro de la capital de provincia. Decorado como si fuera un hotel de la Belle Epoque (todo atrezzo, oropel y latón). Empleados solícitos y habitaciones excelentes. Pero ¡ay, las amenities!
¿Por qué un establecimiento que invierte y cobra tanto ofrece un producto tan malo? ¿Qué dice, en realidad, de un hotel el que los huéspedes no quieran los productos que ellos ofrecen gratis?
Hace años cobró fama la decisión de un directivo de una famosa e importante compañía aérea estadounidense, llamémosla TransAmérica para homenajear a la película 'Aterriza como puedas' aunque las malas lenguas dicen que fue American Airlines. El caso es que este hombre se dio cuenta de que si eliminaban una aceituna de las ensaladas que servían a bordo, el viajero no perdía apenas nada, su ensalada estaba casi igual de buena, pero dado el elevado número de ensaldas que servía TransAmérica, el ahorro de una aceituna suponía cuarenta mil dólares al año. Y se suprimió la aceituna. El ejemplo cundió, y las cadenas hoteleras empezaron a intentar recortar pequeños gastos que no aminoraban la calidad del producto.
Por ejemplo, la calidad del champú de la ducha. Un champú un poquito no tan bueno tenía un coste un pelín menor.
Imagino que la cadena hotelera decidió, tiempo después, eliminar otra vez una aceituna: la ensalada era casi igual que la anterior. Y no hay dos sin tres. La ensalada acabó siendo un plato de lechuga rancia, y el hotel estaba encantado de lo poco que se gastaba en amenities. A fin de cuentas, pensarían, los huéspedes no eligen el hotel por si les proporciona o no una gamuza para limpiarse los zapatos ni se elige a TransAmérica por su ensalada (en realidad, un sector del público sí aplica ese criterio: recuerdo hace unos treinta años, que elegía la compañía aérea por lo bien que me trataban a bordo, llevándose la palma Lauda Air y no recuerdo qué pequeña compañía italiana; de ahí que las compañías de transporte compitan también por ofrecer las mejores salas de espera VIP).
Yo, cuando veo la birria de productos que ofrece el hotel, productos que voy a dejar allí sin siquiera abrir, pienso siempre en si no les valdría la pena el gastarse un poco más a cambio de dejar en el huésped la sensación de ser unos generosos anfitriones, en vez de unos rácanos.
Grupo Alba - Mi madre fue una mulata
jueves, 17 de septiembre de 2026
Hay una palabra exacta para casi todo
https://www.youtube.com/watch?v=t4LWIP7SAjY
«¿Conocen ustedes a su doble? Según recientes estudios de genética, todos tenemos uno (o dos o tres) en alguna parte del mundo».
Así empieza un reciente artículo de la escritora Carmen Posadas. Pero ella no quiere hablar de los dobles, que son las personas que se hacen pasar por otras para que crean que uno está o hace donde no está o lo que no hace. Estoy convencido de que ella sabe cuál es la palabra exacta que define lo que ella quiere decir, las personas que son físicamente iguales a nosotros. Y sin embargo, decide no emplearla.
¿Por qué?
Porque no es una palabra habitual, hoy en día. Yo la aprendí de pequeñito, era la clave del argumento de una novela (infantil-juvenil), aunque no tenía ni idea de que provenía del nombre de un personaje de una comedia de Plauto. Para empezar, ni idea de quién sería ese Plauto; pero eso no era óbice para que conociera la palabreja y la empleara de vez en cuando.
Han pasado años desde que yo era pequeñito. En los últimos, si algún articulista exhibía su amplio vocabulario, se sentía obligado a precisar que era el nombre de aquella comedia. Los lectores, por descontado, no habrían leído a Plauto, pero asociarían su nombre a la cultura grecorromana, y eso bastaría.
Hoy, una articulista de amplia cultura como Posadas opta por 'doble'. Que no es la palabra que sabe que debería usar, pero no quiere espantar a sus lectores y piensa que sus lectores no tienen el léxico de antaño.
O tempora o mores. ¡Oh, tiempos! ¡Oh, costumbres!, que decían los latines. Las cosas ya no son como antes, y usamos menos palabras. Pero ¿cómo no usarlas, si las personas cultas que escriben en los medios de comunicación no las emplean? ¡Que no hablamos de un periodista deportivo, por favor!
Y, claro. Nos quejamos de que los jóvenes no tienen comprensión lectora. Que no leen. Que su léxico es muy pobre y que con quinientas palabras ya pasan de la cuna a la tumba. ¡Pero es que las evitamos nosotros mismos!
Antes, con 10 ó 12 años un niño ya había leído textos que empleaban, qué sé yo, lo menos 5.000 palabras o más. ¿Ahora? Su mundo se reduce a 800 palabras, a lo sumo. Y lo mismo la televisión: en los guiones actuales, los actores llenan sus líneas de palabrotas, que en el fondo no son sino maneras de hablar burdas, de gente paleta y sin cultura que carece de la capacidad de denostarte con expresiones o palabras que no sean 'jódete, gilipollas'. No estoy pidiendo que los actores declamen «¡Ha llegado el momento de probar vuestra propia medicina, panolis de chichinabo!», pero estoy seguro de que los diálogos que oímos son manifiestamente mejorables. Aunque no sé si son simples porque los actores hoy no dan para elaboraciones, pero ésa es historia para otro día. De esos polvos, estos lodos, y ahora tenemos lo que hemos cultivado.
Ahora bien: no hemos de dejar esta labor sólo en manos de los juntaletras. Si tenemos un léxico variado, usémoslo. Y sepamos cuándo tenemos que decir 'un frágil esquife' (el diccionario no lo dice, pero los esquifes son siempre frágiles) o una chalupa. O una lancha. A veces, una balsa, pero otras una almadía. Si somos nosotros mismos los que nos censuramos, no nos quejemos de que nuestros herederos se nieguen a leer textos con una complejidad mínima para nosotros pero máxima para ellos. Porque vamos camino de hablar como los estadounidenses: el idioma inglés, hermoso y rico, tiene verbos para muchísimas cosas, pero también tienen los "verbos frasales": verbos corrientes (come, get, go, look,...) a los que añadiéndoles una preposición pasan a tener un significado diferente. Por ejemplo, come about en vez de happen, get by en vez de manage o survive, go under en vez de collapse o look out en vez de beware. Su destino va a ser, ya está siendo, que los verbos auténticos pasen a ser voces cultas, como antesala de su pérdida. ¿No me creen? ¿Ustedes... reprenden o echan la bronca? ¿Reprochan o echan en cara? Ítem más: ¿qué me dicen del la construcción 'estar por' en vez de 'preferir'?
No sé ustedes, pero yo no quiero eso. Aunque, la verdad, lo único que podemos hacer es, en las situaciones en que corresponde, intentar explicar a los lectores que todo el mundo, se cree, tiene un sosias en alguna parte. O dos, o tres.
Patty Labelle - Lady Marmalade
domingo, 13 de septiembre de 2026
La sororidad
https://www.youtube.com/watch?v=du6719uO4iE
La palabra 'sororidad' proviene de la voz 'sor', que es como se denominaba tradicionalmente a las monjas que eran 'hermanas'. Alude pues a la solidaridad entre las mujeres, una especie de hermandad: los ataques a una son los ataques a todas.
La sororidad es una de cosa más incomprensibles para los varones. Y también una de las más detestadas. Porque es la injusticia en su grado máximo.
Como ejemplo, tenemos el estos días de actualidad caso de Lindsay Clancy. Una norteamericana que mató a sus hijos (de 5 y 3 años y un tercero de 8 meses), creo que porque estaba harta. Pero hay muchos más botones: recuerdo, sin esfuerzo, el de una madre, creo que se llamaba Juana Rivas, que secuestró a sus hijos para que no vieran al padre. Las ministras del Gobierno, como un solo cuerpo, salieron en su defensa con todo el arsenal mediático que el Gobierno es capaz de desplegar, no dudando en vilipendiar a los jueces que, en aplicación de las leyes y la más elemental justicia, fallaban una y otra vez a favor del varón.
El caso Clancy: ella reconoce el crimen, pero alega que su mente colapsó. La defensa se agarró al clavo ardiendo de la depresión postparto, y 11 de los 12 jurados estuvieron de acuerdo: consideraron que, en efecto, la pobre mujer sufría demasiado. El duodécimo jurado, el único díscolo, consideró lo contrario: que una depresión no te anula el instinto materno hasta el punto de buscar un cable y asfixiar a tus propios hijos. ¿Qué habría votado usted? Qué le dicta el sentido común? Ese único jurado valiente está sufriendo hoy un acoso salvaje.
Pero José Bretón. Mató a sus hijos. No es que se pudra en la cárcel, es que ¡ay de aquél que se atreva a formular alguna frase mínimamente exculpatoria! Un periodista quiso escribir un libro, y tuvo que ser retirado de las librerías.
¿Y si a los niños de Clancy los hubiera matado el padre, en un ataque de desesperación? Ya lo habrían electrocutado en la silla eléctrica para luego revivirlo y ponerle una inyección letal. Y nadie habría dicho ni mú.
Ningún varón se manifestará nunca a favor de los criminales varones. Tampoco las mujeres. Y todos lo encontraremos normal.
¿Entonces? ¿Es que los actos son correctos o incorrectos según los ejecuten hombres o mueres?
No, claro que no. O, al menos, vamos a suponer que no. Vamos a suponer que lo que está mal en los varones también lo está en las mujeres. Que no un Código Penal para hombres y otro para mujeres, que todos somos iguales ante la ley.
De hecho, las manifestantes pro Clancy no defendían que sus actos fueran buenos. Defendían que ella estaba incapacitada por un suceso de 8 meses antes. Que sus hormonas habían anulado su buen juicio. Sí, tomó una decisión errónea, pero es que era mujer y madre. Y usted no puede entenderlo y es un machista y un fascista si no está de acuerdo.
Pero ese argumento no vale siempre: no se puede usar contra las mujeres, sólo a favor. No se puede siquiera insinuar que ocho meses después de un parto una mujer puede tomar decisiones equivocadas por causas hormonales. No, ocho meses no: nunca. Ni, por supuesto, las consecuencias lógicas que se derivarían de tal aserto, como que es mejor que no estén en puestos de responsabilidad.
Es decir: la ley es la misma para todos, pero las mujeres tienen excusas. Eso sí, esas excusas sólo se pueden emplear en un sentido: a favor de las mujeres. Eso es sororidad.
¿Por qué hay sororidad entre las mujeres y no entre los hombres? Pues porque hombres y mujeres son diferentes. Algo que, eso sí, sólo se puede decir si beneficia a las mujeres.
Por eso es tan injusta la sororidad. Y por eso la detestan los varones, no porque las mujeres se apoyen unas a otras, que eso nos parece fantástico, sino porque defiende la injusticia.
Port bo - Vestida de nit (habanera)
miércoles, 9 de septiembre de 2026
PISA 2026 y las rubias
https://www.youtube.com/watch?v=b1z4JfxFb6c
Uno de los rasgos definitorios es que la culpa siempre es de otro. Como mínimo, desde la manzana: Adán culpó a Eva, por ofrecerle la tentadora fruta, y a Dios mismo, por darle a Eva como compañera. Eva, a su vez, culpó a la serpiente. Incluso cuando la culpa es del todo nuestra y a nosotros mismos nos reconocemos que es así, ante los demás le echaremos la culpa a lo que sea.
Por ejemplo: cerramos la puerta de casa y nos hemos dejado las llaves dentro.
A nosotros mismos nos decimos: «¡Mecachis en la mar! Me he dejado las llaves dentro».
A los demás les diremos: «Justo cuando iba a salir estaba la rubia de enfrente sujetándome la puerta del ascensor para que bajara con ella, y con las prisas y los nervios me dejé las llaves dentro». La culpa no es nuestra, es de la rubia.
O si nos multan porque en la carretera que atraviesa un pueblo, una madrugada un radar nos hace una foto a 120 km/h.
Nosotros nos decimos: «¡Mecachis en la mar! Me ha pillado el radar, por idiota. Tenía que haber ido a 50. En fin...».
Pero no contaremos la multa así, sino: «Me pusieron una multa por ir a 120 a las 3 de la mañana en un pueblo de mala muerte, como si alguien fuera a cruzar la carretera a esa hora». La culpa es de la norma, que estúpidamente sigue prohibiendo ir a más de 50 incluso cuando es evidente que no va a haber nadie en la carretera.
Viene todo esto a propósito de los resultados de las pruebas PISA 2026. O, mejor dicho, en alusión a lo que se dice y se dirá acerca de esos resultados. Sin duda, todos echarán la culpa a todos los demás. Al Gobierno por las leyes de Educación, por descontado, los de la derecha, y a las comunidades autónomas que aplican esas leyes, los de la izquierda. A los padres por no poner de su parte, los maestros, y a los maestros por no preparar a los chicos para la ESO, los profesores de secundaria. A nuestra sociedad en general, los que por supuestísimo carecemos de los vicios de los demás pero nada podemos hacer ante la fuerza de la mayoría. A los idiomas autonómicos, los que no los tienen, y al idioma nacional, los que los tienen. Y, huelga añadirlo, todos a los que no pueden decir que no es culpa suya: a las pantallas digitales, a Internet, a los propios chavales, que no se entretienen como deberían.
Todos tendrán razón, claro está. Parte de razón, al menos. Los demás también son culpables. Y recalco el 'también', porque la verdadera verdad es que todos tienen parte de culpa. También uno mismo.
Pero nadie lo reconocerá. Ningún político dirá: «Sí, mi ley es mala», o «sí, no inspecciono lo que pasa y no sé afrontar los problemas». Ningún docente admitirá: «Sí, me escudo en que la burocracia consume mi tiempo y no pongo a los alumnos como mi prioridad». Ningún padre confesará: «Sí, sobreprotejo a mis hijos y solo me preocupa que no se estresen». Y ningún profesor universitario reconocerá: «Sí, me doy cuenta de que vienen faltos de preparación, pero no hago nada para cambiarlo; solo me adapto a su nivel».
Así nunca revertiremos la situación. Si sólo vemos la paja en los ojos ajenos pero nunca la viga en el propio, como cada uno se ha de limpiar su propio ojo nunca nadie se limpiará el suyo. Si sólo pensamos en lo que tendrían que hacer los demás pero nunca en qué tendría que hacer yo.
Y si aplicamos la filosofía del ministro Óscar Puente, que dijo que él no era responsable del accidente de Adamuz porque él no había hecho la soldadura del raíl: nosotros no somos responsables de los resultados de PISA, porque no somos nosotros los que hemos hecho el examen.
Con esta filosofía, nunca mejoraremos en PISA.
Henry Mancini - Baby elephant walk
sábado, 5 de septiembre de 2026
El cielo de Ursa Major III
Mi entrada anterior versaba sobre la galaxia Ursa Major III. Y terminaba con una más o menos poética idea: que al ser tan pocas estrellas, por la noche sería un cielo sin estrellas.
Pero no siempre sería así. Las noches que el habitante del planeta estuviera orientado hacia nosotros... el panorama sería espectacular. Piense: el radio de la Vía Láctea es de unos 50.000 años luz, y la galaxia Ursa Major III está a unos 30.000. No de las afueras, del centro. ¿Está dentro? No, está más o menos en perpendicular al plano de la espiral de nuestra galaxia. Los cálculos astronómicos indican que el remolino galáctico abarcaría 113 grados en su firmamento. La Luna llena desde la Tierra solo ocupa 0,5 grados, así que las dimensiones son sobrecogedoras. Que la Vía Láctea ocupe 113 grados significa que cubriría más de la mitad de todo el firmamento visible en ese planeta. Sería imposible mirarlo de un solo vistazo; habría que girar físicamente el cuello de izquierda a derecha y de arriba abajo para poder ver el contorno completo de la galaxia. Estaría tan cerca que dejaría de parecer un objeto astronómico de fondo para convertirse en el techo absoluto de su mundo.
La Vía Láctea se vería como una luz imponente en el cielo, pero no puntual, sino perfecta. Las simulaciones que hacen las IA de cómo es la Vía Láctea son similares a ésta:
Pero abarcando casi todo el firmamento. Háganse una idea.
Es posible que algunas estrellas se pudieran distinguir a simple vista. Las que estén más cerca, tal vez. Que muy bien podrían ser miles, ya que tenemos cientos de miles de millones de estrellas. Una parte importante de la galaxia estaría a sólo unos miles de años luz, y las estrellas más brillantes de esa zona se verían perfectamente. Sin duda, sería espectacular. Por supuesto, las novas que estuvieran por allí, los días que durasen. Y las supernovas que estallaran en nuestra galaxia se verían como si de pronto apareciera una luna llena, capaces de proyectar sombras sobre el hipotético planeta en el que estuviéramos. Durante unas semanas, al menos. Luego se apagarían, y me pregunto qué explicación darían a ese fenómeno. Estoy seguro de que tendrían una mitología muy interesante.
¿Tendrían los observadores la sensación de que la Vía Láctea se los iba a comer? Porque es lo que en verdad está ocurriendo.
Lo más triste serían las noches en las que el planeta estuviera mirando hacia el otro lado. Entonces verían sólo la realidad de su propia galaxia. La más pura oscuridad, con algunos puntitos brillantes en el cielo. Para que se hagan una idea, ésta es la fotografía que han hecho nuestros telescopios de su microgalaxia:
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| La elusiva agrupación de unas 60 estrellas de Ursa Major III fotografiada por los telescopios de Hawái. (Fuente: CFHT/S. Gwyn / W. M. Keck Observatory). |
Para más información sobre la galaxia Ursa Major III: por ejemplo, aasnova.org/2026/03/02/ursa-major-iii
martes, 1 de septiembre de 2026
La galaxia contra la que nos vamos a estrellar
https://www.youtube.com/watch?v=qAJNnhM0jfc
La Vía Láctea es una galaxia en espiral que podríamos meter en un círculo de 50.000 años luz de radio. Hay que recordar que un año luz son unos 9,4 billones de kilómetros, así que es una distancia bastante respetable.
Entre 1923 y 1924 el sr. Hubble midió la distancia hasta la, entonces, nebulosa de Andrómeda. Resultó ser de unos 900.000 años luz. Hoy, con métodos más precisos, se estima que es de 2,5 millones de años luz, pero el concepto no cambia: esa nebulosa estaba demasiado lejos. Ergo no estaba en nuestra galaxia. Ergo hay objetos fuera de nuestra galaxia, ergo... hay más galaxias.
Hoy sabemos todos que hay unas decenas de miles de millones de galaxias ahí fuera. Prácticamente todas ellas, lejísimas.
La, desde entonces, Galaxia de Andrómeda, es el objeto más lejano que podemos ver a simple vista. Otros objetos que se ven a simple vista y que están fuera de nuestra galaxia son las Nubes de Magallanes, la Pequeña y la Grande. Que también son galaxias. Y que están más cerca que la de Andrómeda. Estas tres galaxias cercanas, junto con la Galaxia del Triángulo, nuestra galaxia y unas pocas galaxias más forman lo que se llama el Grupo Local. Un grupito de galaxias en un volumen pequeño (en sentido cósmico). Según los astrónomos, estas galaxias se están acercando (a diferencia de las demás, que se están alejando) y posiblemente algún día nos chocaremos. Nos fundiremos unos con otros, y el resultado será una galaxia más grande, y tremendamente sola. Las estimaciones son que ocurrirá dentro de 4.500 millones de años.
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| La colosal y violenta fusión de las galaxias NGC 7253, captada por el Telescopio Gemini Norte. (Crédito: NSF NOIRLab / AURA / NASA APOD). |
La primera galaxia con la que nos estrellaremos será la Ursa Major III. ¿Ha oído hablar de ella? No se culpe si no, porque hasta hace un par de años nadie había oído hablar de ella: se descubrió en 2024. Hace un par de años, repito. Y usted se preguntará cómo es posible, si estaba tan cerca.
La primera explicación es que no se ve. Bueno, ahora con los supertelescopios como el satélite espacial Gaia y los que estamos lanzando ya sí, pero hasta entonces nadie la había visto.
La segunda explicación, es que no se ve porque es una galaxia pequeña. Pequeñita. Enana.
La Vía Láctea tiene entre 400.000 y 100.000 millones de estrellas. Más o menos. Es una galaxia de tamaño medio: la de Andrómeda, sin más lejos, es más grande. Las Nubes de Magallanes, que también son galaxias enanas, tienen, la Grande, 30.000 millones de estrellas, y la Pequeña 3.000 millones. ¿Cuántas estrellas cree que tiene la Ursa Major III?
No, en serio: ¿cuántas cree que tiene?
Sesenta. Sesenta estrellas, más o menos. En número, por si no me cree: 60.
Y sigue siendo una galaxia, porque son 60 estrellas, supongo que con sus planetas y cometas correspondientes, que viajan juntas por el espacio en una soledad galáctica. Rumbo al choque con nosotros. Choque que, por cierto, parece ser que ya ha empezado: la Ursa Major III está a unos 30.000 años luz de nosotros y seguramente ya está sintiendo la atracción gravitatoria de la Vía Láctea. Hay muchas imágenes captadas de galaxias chocando unas con otras: pues bien, contra Ursa Major III ya nos estamos chocando.
Imagine que vive en algún planeta de la galaxia Ursa Major III. Si el planeta está centrado, en las noches claras verá... unas 30 estrellas. Desparramadas por todo el cielo nocturno. Si no está centrado, pues menos aún. Por si se lo pregunta, en la Tierra vemos unas 2.500 de un vistazo.
Olvídese de cantar allí eso de "Hay mil millones de estrellas".
Coros parroquiales - Hay mil millones de estrellas
miércoles, 26 de agosto de 2026
La norma de los perrillos
https://www.youtube.com/watch?v=Vl4V403R3U8
Ayer descubrí que estaba incumpliendo la norma sobre perrillos. De hecho, no sabía ni que existía una norma sobre perrillos; y, sin embargo, no sólo existe, sino que era esperable que existiera.
Vivimos en Europa. En los países en los que las hordas de los menesterosos quieren vivir, sea como sea, y están dispuestos a jugarse la vida por entrar. Por un sinnúmero de razones; entre ellas, que nosotros tenemos normas sobre perrillos y ellos no.
Porque, ¿sabe usted? Antes no teníamos normas sobre perrillos. Pero esto es la Unión Europea, y (ya traté el tema en esta entrada sobre el dobladillo de los pantalones) esto era algo inaceptable. De todo punto. Inconcebible, si, si lo pensamos. Y, como no tenemos asuntos más importantes o más urgentes que atender, ahí que nos lanzamos. Y ya tenemos norma sobre perrillos. La norma UNE-EN 13411, en nueve secciones. Precio de venta total de las nueve partes, 620 €. La venta le da derecho a mirar las normas en la pantalla de un ordenador, no a imprimirlas o enseñárselas a otra persona.
Quizá convenga aclarar que en el argot, perrillo es como se denomina a las abrazaderas con perno en U que se emplea para sujetar los extremos de los cables de acero, como comprenderá los cables del ascensor no se atan a los ganchos con un nudo de vuelta escota.
Pues existe una norma que los regula exhaustivamente, no dejando nada al azar. Esto es Europa, y a esto, a hacer normas sobre cualquier cosa, es a lo que nos dedicamos.
Porque, y aquí viene lo bueno, antes de esta norma ya existía una norma sobre perrillos. Era una norma alemana, pero daba igual. La DIN 1142, si el cable estaba sometido a una carga importante, y la DIN 741 para los cables en usos de chichinabo. Esto es, los fabricantes ya sabían cómo tenían que ser las abrazaderas de los cables. Ya estaba pensado. Pero tenemos en todos los países organismos para generar normas, y es lo que hacen. Generan normas, se necesiten o no.
Por cierto, ha muerto Dolly Parton.
Dolly Parton - Jolene
jueves, 20 de agosto de 2026
Los franceses no son franceses
https://www.youtube.com/watch?v=FZe3mXlnfNc
Aviso: si es usted una persona sensible, no lea este artículo.
Se ha montado cierto revuelo por un artículo periodístico durante y sobre el Mundial de fútbol, acerca de cierta frase que se emplea. El revuelo no es por la frase en sí, sino porque el artículo lo escribió cierto expolítico del PP, de la derecha por lo tanto, y las críticas vienen de serie. Sin embargo, la retranca de la frase bien merece una reflexión.
La frasecita de marras venía a decir que la selección de Francia es muy potente, "pero sin franceses". ¿Por qué sin franceses? Era una exageración, claro, pero aducía al hecho de que en su selección apenas hay un par de blanquitos, de aquellos que instantáneamente asociamos a los habitantes del hexágono. El resto eran negros. Franceses administrativamente, dejémoslo ahí.
Lo inteligente es dejar de lado quién lo ha escrito, y fijarse en la idea.
Es decir: ¿hacia dónde va Europa?
Francia, Alemania, el BENELUX, el Reino Unido, Italia, los países escandinavos, España,… ¿Cómo serán dentro de unos años? Treinta, por ejemplo. La etnia que poblaba esos países de forma muy mayoritaria hasta hace 30 años tiene en proporción muy pocos descendientes. Las otras etnias tienen muchos, pero además tienen otra vía de crecimiento: llegan ya crecidos. A paletadas. La selección francesa de fútbol no es que tenga algún "importado" (si se me acepta la expresión), es que casi todos lo son. Alcaldes de ciudades importantes del Reino Unido son también ciudadanos "importados", y las preferencias de los "importados" pesan cada vez más en la legislación y la administración de los recursos.
O, dicho de otra forma: el 50% de los habitantes de Barcelona entre 12 y 35 años ha nacido en el extranjero o uno de sus padres ha nacido en el extranjero. En mi barrio, la sensación es que es probablemente mayor, así que voy a dar el dato estadístico por bueno. ¿Cuál será la estadística dentro de 30 años?
La idea original era que no importaba tener importados. Eran pocos, y se asimilaban sin problemas. De hecho, venía bien tenerlos, aportaban savia nueva, algo de mestizaje… Iba a ser maravilloso.
La realidad es que no son pocos. Y cuantos más son, menos se asimilan. Y una asimilación parcial genera más problemas. Es fácil de entender que si llega un emigrante a una ciudad donde viven diez millones de personas, el emigrante se adapta; si llegan 10 millones a un refugio donde vive una persona, es esa persona la que ha de adaptarse o irse. Bien, Europa está en un término medio. Es un hecho que los importados no son pocos. Si la fuerza demográfica de Europa es tal que los importados van a ser asimilados, entonces todo va bien.
Pero si no van a ser asimilados…
¿Usted cree que los importados que están viniendo están viniendo para pagarle a usted su pensión, el coste de sus carreteras y la gigantesca deuda pública que estamos contrayendo? Los originarios tenemos una carga económica brutal. ¿Vienen los importados a ayudarnos? ¿O acaso vienen porque aquí nosotros les vamos a ayudar a ellos aún más, incrementando de esta manera la carga económica que estamos soportando? ¿Qué cree usted?
Yo creo que una gran mayoría no viene movida por su afán de asumir carga económica y rebajar la nuestra, sino justo lo contrario. Por la seguridad que ofrecemos, la sanidad gratuita, la educación gratuita, las ayudas genéricas como el IMV,… Y sí, muchísimos de ellos se ponen a trabajar. En trabajos que hay que hacer. Conducen taxis o camiones. Se suben al andamio, realizan las mudanzas. Están en los comercios, tras las barras de los bares, en la seguridad privada que vigila el metro. Limpian las casas y las oficinas. Y, por supuesto, cuidan a nuestros mayores y nos traen la comida a casa. Los más cualificados entran en las oficinas de ingeniería y arquitectura como delineantes o consiguen empleos en la rama sanitaria. Muchos, muchísimos, trabajan.
Vuelvo pues a la pregunta. ¿Qué va a pasar?
La gran fuga blanca. Es como se denomina al éxodo de los blancos en los países subsaharianos, también desplazamientos globales en los EE.UU., que producen modificaciones en la geoeconomía. Estas cosas pasan. Venezuela. En los últimos 25 años unos tres millones de argentinos han abandonado su país. Sobre todo, por la pérdida de esperanza en salir adelante allí. Y la mayoría de los que han emigrado son los más preparados, unos por ser más educados o cultos, otros por tener más iniciativa personal. El caso es que la marcha de cada uno agrava la situación de los que se quedan. Es sólo cuestión de que la situación se degrade lo suficiente para que algunos empiecen a marcharse, luego más y luego casi todos los que pueden. Y lo malo es que sólo se percibe cuando ya ha ocurrido. ¿Pasará en Europa Occidental?
No, claro que no. ¡Qué cosas digo, cómo va a pasar! No va a pasar, porque…
Pues, porque…
Va a pasar. Nuestros jóvenes se van a ir. Lejos, lo más que puedan, donde los que les están expulsando de sus países no lleguen. A los EE.UU., a Australia, a Nueva Zelanda.
Porque un día se permite la comida halal en la escuela pública. Y por permitir quiero decir que se sirve; esto es, que se financia. Luego, cuando sean muchos, sólo será halal. Total, los demás también pueden comerla. Luego, cuando sean muchos, comer cerdo estará mal visto. Es una afrenta a la comunidad. Pasará a ser como la carne de potro. Busque usted carne de potro. Por razones que desconozco, en Barcelona las autoridades nunca felicitan la Navidad o las Pascuas a los cristianos, pero sí y muy efusivamente el Ramadán a los musulmanes. Y en veinte años tenemos el escenario que planteaba Houellebecq en Sumisión. En la novela, la primera señal de lo que se venía encima es que los judíos abandonaban el país. Dato adicional: en Ceuta y Melilla hace años que está ocurriendo. La fuga blanca, me refiero. Aproximadamente un 90% de los niños que nacen allí reciben un nombre árabe, por cierto.
Los importados van a seguir viniendo, ya no se van a asimilar, y los originarios que se queden van a mantenerles. Salvo que cambien las cosas. Un cambio, ya está dicho, es que los originarios renuncien y se vayan. Y que se queden ellos, los importados, con nuestra deuda pública, buena suerte. Otro cambio posible es cambiar la relación: se acabó el aceptar importados, se acabó que los importados se lleven las ayudas públicas. Se acabó la sanidad gratuita y universal, la enseñanza y las ayudas a las personas de menos recursos. Los que tienen recursos y están pagando todo eso están hartos y dicen que hasta aquí. Se echa a nuestros gobernantes, cómplices de los importados, y se decretan nuevas leyes: sólo los originales tienen los derechos que han atraído a los importados. Cristianos viejos y todo eso. Los importados, o se largan, o se reconvierten en voluntariosos aportadores (algo dudoso) o se resisten a perder lo que tienen. Conflicto, y ya se verá quién queda cuando acabe. Han de reconocer que es otra posible alternativa. Y, en esta alternativa, es posible que las cosas no se resuelvan por una vía política. Por increíble que nos parezca.
El problema, además, no es sólo demográfico:
¿Necesitamos alguna prueba más de que esto se está yendo al garete? No es el fallo en sí, es el que nadie vea el fallo, y que si alguien lo percibe no reaccione. El mejor escribano ya se sabe, pero aquí hay un problema de mentalidad. Hemos dejado de darle importancia a las cosas importantes, y cuando llega ese momento en que nos preguntamos cuándo se jodió el Perú es que es tarde.
¿Cuándo se jodió la cosa? Cuando hicimos caso a los wokes. A los psicólogos, a los pedagogos, a los adalides de la igualdad. A los que decían que Europa tenía que dejar de consumir para contrarrestar lo guarros que eran los demás con el planeta. Cuando la avaricia les cegó el entendimiento y creerían que se iban a comer el mercado chino en vez de darse cuenta que estaban dándoles todos sus secretos. Cuando decidieron que íbamos a cambiar por decreto, despreciando la fábula de los cangrejos, y nos ordenaron que dejáramos de fabricar motores de explosión y nos pasáramos a los eléctricos.
¿Nadie les dijo que el dominio de Europa se debía a su capacidad de fabricar motores térmicos? Cualquier chino sabe fabricar un motor eléctrico, llevamos 200 años haciéndolos, pero aún no saben hacer motores de explosión. Al renunciar nosotros a lo que sólo nosotros sabemos hacer y obligarnos a nosotros mismos a comprar lo que ellos hacen más y más barato que nosotros... pocas jugadas más idiotas se me ocurren. Pero ¡ey! ¿y lo woke que era? Lo del apagón, bueno, tampoco fue para tanto. Lo de Valencia no está demostrado que fuera por no haber limpiado el cauce (por motivaciones woke): fue por el cambio climático. Como los incendios, eliminar la actividad humana en el campo y no invertir en medios de extinción no tiene nada que ver. Fue el cambio climático. La culpa siempre es de otros, nuestros actos no tienen consecuencias, no somos responsables de las cosas que pasan.
¿Para qué aprender caligrafía, si hay procesadores de texto? ¿Ortografía, si hay autocorrectores? ¿Morfología, si lo importante es que se entienda lo que quiero decir? ¿Historia, si está en internet? ¿A orientarnos en un mapa, si tenemos navegadores? ¿Matemáticas, si hay calculadoras? ¿A pensar, si está la IA?
No es importante aprender. Lo importante es no dejar a nadie detrás. Si es necesario, nos paramos todos.
Y renunciamos a revisar nuestro propio trabajo. Lo que nos lleva a perder la capacidad de detectar las cosas que están mal, y estamos muy contentos de lo guay que ha quedado el cartel: ¡menuda tipografía!
Somos cada vez más tontos. Como sociedad. Cada vez sabemos menos. La cultura general es cada vez menor. Sí, hay algunos sabios por ahí que saben. Pero los aspirantes a sabios son cada vez menos, porque perdemos la capacidad de aprender.
El dominio de Europa sobre el mundo se basó en su ciencia superior. En su técnica. En su desarrollo humano. Toda la ciencia humana está al alcance de los musulmanes. Y, sin embargo, los países musulmanes nunca estarán a la altura a la que hemos llegado a estar, porque son incapaces de evolucionar psicológicamente. Siguen anclados en como eran hace mil doscientos años. Pues estamos renunciando a ese desarrollo. Nos vamos a estrellar, y ni siquiera nos preguntamos si vamos bien. Y sí: tras los tapones de botella imperdibles, la gran aportación de la UE al planeta va a ser... la prohibición de los sobrecitos individuales de ketchup. Parece ser que en Europa gastamos mucho de eso, y no puede ser. Con unos gobernantes con prioridades tan claras, ¿qué puede salir mal?
No le eche las culpas a los gobernantes: los elegimos nosotros y de entre nosotros. La solución, si la hay, la tenemos en el espejo.
Estos días he oído hablar a muchas "influencers" que ésas que copan los medios de comunicación de la mayoría de nuestros conciudadanos. Parece ser que las sigue mucha gente. Que las escucha.
Si quiere usted convencerse de nuestra decadencia, escúchelas. En cualquier otra sociedad y momento estarían en un rincón calladitas, advertidas que hablen sólo cuando tengan algo inteligente que decir. Que tanta gente las escuche, que sea lo que escucha, es prueba definitiva de que nos hemos ido al carajo.
Claro que podría estar equivocado. Catastrofista. Exagerado. No va a pasar nada de eso: a fin de cuentas, seguimos aquí, ¿no?
Eso mismo pensaron los aztecas cuando les contaron que habían llegado unas naves a la costa. Los incas, cuando dialogaron con Pizarro. Los sioux, cuando una carreta con una familia quiso cruzar su territorio. Los persas, cuando oyeron hablar de los mongoles. Los romanos, cuando unos godos pidieron un poco de comida para pasar el duro invierno. ¡Ha pasado tantas veces! Claro que esta vez será diferente, porque esta vez somos nosotros. Y no, nosotros no. A nosotros no nos ocurrirá lo que les pasó a otros.
Si no hay pronto un cambio radical, y por radical me refiero a radical de verdad, del tipo de cambio que nos hace actuar como hemos jurado mil veces que no actuaríamos (por ejemplo, defendiendo que sólo los "europeos viejos" tenemos los derechos, incluyendo el de votar, y que eso de que los otros también tengan derechos humanos está sobrevalorado), me temo que en veinte años somos historia. Básicamente, porque salvo en los segmentos de viejos, seremos minoría. ¿Nuestros jóvenes? Se habrán ido a donde no les pillen. Y yo les habré apoyado. A mí ya no me vale la pena, pero ellos son jóvenes aún.
Usted cree que yo soy un exagerado catastrofista en un día malo. Yo creo que usted es un inconsciente. Aunque puede que sí esté equivocado: que no sean 20 años, que sean 30. ¡Fíjese, qué cambio!
En resumen, la duda es ahora si habrá fuga blanca o si los blancos, en vez de fugarse, van a pelear, y por pelear me refiero a tomar decisiones que ahora no aceptaríamos (y que ni nos planteamos, me temo). Yo apuesto por la fuga blanca. Australia, Nueva Zelanda, Estados Unidos, Canadá. Y los países europeos que hayan optado por pelear, si hay alguno.
Nota final: tenía este artículo en mi cabeza desde hace mucho tiempo. Cuando Rajoy escribió el famoso artículo, decidí escribirlo. De esto hace un mes, y ha habido un nuevo suceso: la "invasión" de Ceuta por parte de marroquíes. A lo que se ha de añadir el comportamiento de nuestro gobierno y su gestión de ese suceso. ¿Qué puedo añadir? Muchos de los menas no se expulsarán, se quedarán. El Estado, nosotros, correremos con todos sus gastos hasta que tengan trabajo. En ese momento podrán pedir el reagrupamiento familiar y se traerán a sus dos padres y a cinco hermanos. Una de las hermanas estará embarazada, y se traerá a su propia familia, etc. etc. El 'reemplazo' es real. Está siendo ya, se quiera ser consciente o no. La fuga blanca acabará produciéndose, ya lo creo que sí.
Arvo Pärt - Espejo en el espejo
martes, 18 de agosto de 2026
Cuarenta mil
Antes de irme de vacaciones entré en la página web de Amazon, para comprarme algunos libros. Nada pretencioso: que me entretuvieran, sin más. Así que marqué lo que quería: libros en formato kindle, idioma inglés o español, género ciencia ficción, sección militar space opera.
Cuarenta mil. Amazon me ofrecía 40.000 títulos que cumplían esos requisitos. Vale que yo sea un tipo poco exigente y fácil de contentar, pero ¡caray!
¿Cómo es posible?
Imaginemos que el autor promedio tiene publicados una media de 5 títulos de ese estilo. Significa que hay 8.000 autores que cultivan ese estilo. ¿Hay más autores de novelas de ciencia ficción rama militar space opera que grupos de rock? La gran mayoría de los grupos de rock son bastante malillos, y apenas son un puñado los que vale la pena que nos gastemos dinero y tiempo en escucharlos. Pues imaginen una novela de ésas.
La explicación, claro, es la IA. Que escribe libros como churros. En los dos sentidos.
Por no hablar que la inmensa, muy inmensa mayoría de los libros será una repetición de todos los clichés del género. Aunque se consideren originales. Gente que ha leído libros de este tipo, decidido que ellos también pueden escribirlos, se "inventan" variantes de ideas y argumentos ya escritos, copian recursos y tramas de otros géneros, y voila!: ya tenemos un escritor de ciencia ficción.
Al final no compré ninguno. Curioseé un poco, y lo dejé. Porque hay otro requisito que suelo imponerme, pero que por desgracia el menú de Amazon no me ofrece: que al leerlo no considere que vaya pérdida de tiempo está siendo leer esa bazofia. Cuando hay tantas maravillas ahí fuera esperando ser leídas.
Total, que he vuelto a hacer lo que he estado haciendo casi todo el año: escribir mi propia novela. Y les diré una cosa: me he entretenido mucho más. Tanto es así que voy a escribir una serie y algún spin-off. Queda mal decirlo, pero me gusto mucho más yo.
domingo, 9 de agosto de 2026
A la sombra de un olmo
He pasado unos breves (siempre son breves) días de asueto a la sombra de un olmo. De un olmo común, debo precisar: no un olmo siberiano. Lo cual es llamativo, porque la grafiosis de los años 80 prácticamente aniquiló todos los olmedos de España y del Viejo Continente (más información, aquí).
¿Cómo es que había olmos comunes? Porque era un jardín del Estado: el Parador Nacional de Manzanares. Estarían, imagino, bien cuidados en su momento por los jardineros del Parador, y se libraron de la pandemia. El caso es que había unos ejemplares magníficos que me dieron la sombra que necesitaba.
En el jardín había algunos tocones, olmos que habrían tenido que podar, y unos cuantos olmos siberianos. Estos últimos no me gustaban tanto.
¿Y a qué me he dedicado? A dormir la siesta y a leer. A esperar que llegue la hora de la comida o de la cena. Casualmente, uno de los libros que leía era La vida secreta de los árboles, de Peter Wohlleben. Lo que pasa es que Wohlleben es en realidad un guardabosques alemán, y no quedan olmos en Centroeuropa: su libro habla, sobre todo, de las hayas.
Como explica Wohlleben, las hayas son árboles de bosque. Necesitan estar todas agrupadas, cerca las unas de las otras, para ayudarse entre ellas. Cuando están aisladas, su vida media cae en picado.
En España, en cambio, teníamos olmos. La grafiosis, un hongo, los mató a todos. A casi todos. Y cada vez que los miraba y agradecía la sombra que me proporcionaban, no dejaba de acordarme del poema, ya saben:
Al olmo viejo, hendido por el rayo
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo,
algunas hojas verdes le han salido.
¡El olmo centenario en la colina
que lame el Duero! Un musgo amarillento
le mancha la corteza blanquecina
al tronco carcomido y polvoriento.
No será, cual los álamos cantores
que guardan el camino y la ribera,
habitado de pardos ruiseñores.
Ejército de hormigas en hilera
va trepando por él, y en sus entrañas
urden sus telas grises las arañas.
Antes que te derribe, olmo del Duero,
con su hacha el leñador, y el carpintero
te convierta en melena de campana,
lanza de carro o yugo de carreta;
antes que rojo en el hogar, mañana,
ardas en alguna mísera caseta,
al borde de un camino;
antes que te descuaje un torbellino
y tronche el soplo de las sierras blancas;
antes que el río hasta la mar te empuje
por valles y barrancas,
olmo, quiero anotar en mi cartera
la gracia de tu rama verdecida.
Mi corazón espera
también, hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera.
Es que los dos poemas sobre árboles más famosos en español son el del ciprés de Silos, de Gerardo Diego, y el del olmo viejo, hendido por el rayo, de Antonio Machado.
Lo que he echado de menos era precisamente que el Parador aportara algo de información al huésped, en el que le explicara que los árboles de su jardín eran olmos. Para que éstos fueran, al menos, conscientes de la majestuosidad de los árboles que les proporcionaban la sombra que anhelaban.
Yo, no sé si lo he dicho ya, he pasado unos días bajo unos olmos. Han sido unos días magníficos.
lunes, 13 de julio de 2026
Maestros semianalfabetos
https://www.youtube.com/watch?v=oapGTOJRFSw
Parece ser que en unas oposiciones públicas a maestros un elevado porcentaje de los que se presentaron suspendieron el examen por faltas de ortografía. Con el esperable revuelo y diferencia de opiniones. Unos se escandalizan: los que han de enseñar a escribir no saben escribir. Otros se escandalizan: esos chavales (los aspirantes a maestros son ya chavales) han sacado notas excelentes en ESO, Bachillerato y Universidad; ¿cómo es que ahora cometen faltas de ortografía? Otros, en cambio, opinan que tampoco es para tanto: total, hablamos de ortografía. En los tiempos de los autocorrectores, de los traductores voz-escritura y de la IA.
Todos tienen su parte de razón. Ignoro si también la tienen los que dicen que estas cosas han pasado siempre y que "siempre" se ha suspendido a maestros por faltas de ortografía (a la mitad, más o menos, de los que se presentan).
A los maestros les pedimos poco. Que enseñen a leer y a escribir, las 4 reglas aritméticas y poco más.
En realidad, lo de la aritmética lo pedimos cada vez menos. A sumar, tal vez. A restar, a lo sumo, y pare usted de contar.
Que enseñen a escribir, se les pide lo justito. Una caligrafía básica, apenas legible, y la ortografía elemental. Con eso nos conformamos. Y no les falta razón a los que dicen que en los tiempos que corren no se necesita más. Como enseñanza básica, ya les está bien: quien quiera más, que vaya a la universidad.
Y que enseñen a leer. De nuevo, nivel básico. Textos cortos de frases simples, poco elaboradas, léxico vulgar, 800 palabras en el mejor de los alumnos. Repito, enseñanza básica. Para proezas mayores, la universidad.
En realidad, lo que pedimos a los maestros es que cuiden a los niños mientras los tenemos allí. Si de paso aprenden algo, bienvenido sea. Pero, para aprender, la ESO. El bachillerato. Y, si quieren más, la universidad. Total, lo que yo aprendí ya lo he olvidado, y aquí estoy. Si llevo veinte años sin necesitar escribir nada más complejo que un whatsapp, el subtitulado de un vídeo de TikTok o un mensaje de Instagram, de qué me sirve haber leído el Quijote.
Lo cierto es que los candidatos a maestro no son, por usar la expresión estadounidense muy popular hoy en día, "los lápices más afilados del estuche". No son los mejores estudiantes, nunca lo han sido. Ésos suelen llegar a médicos, notarios o ingenieros; magisterio es una salida para los mediocres. Que los graduados cometan muchas faltas de ortografía, en los tiempos que corren, era de esperar. Que algunos tribunales hayan decidido que basta ya de tragaderas y los hayan suspendidos… bueno, algunos dirán que ya era hora y otros dirán que cómo que es que ahora se ponen tan estupendos.
Porque esos cuasianalfabetos resulta que tienen expedientes académicos impecables. Y notazas en el examen de ingreso a la universidad. Y se han sacado la carrera de maestros: ¿cómo es que ahora un tribunal dice que no valen para maestros? ¡Pero si tienen un título universitario que dice que sí!
Es extraño, ¿no?
Me temo que magisterio es una de esas carreras universitarias en las que no pedimos un conocimiento real. A diferencia de los médicos o los ingenieros, por citar un par de las que preferimos estar seguros de que de verdad saben. Ya les aseguro yo que, en lo que respecta a los grados de ingeniería, salen sin saber. Y eso en uno de los que más exigimos que no sea así: no quiero ni pensar lo que debe ser en los que no exigimos. Lo que ocurre es que el conocimiento que da la universidad es como el que dan los maestros en primaria: básico, muy rudimentario. Lo justo para decir que se ha dado algún conocimiento. ¿Las notas? Una engañifa. Una engañifa que aceptamos todos, salvo en medicina porque ahí sí notamos que nos afecta directamente. Salvo en medicina, insisto... salvo que también ahí nos estemos engañando y nos neguemos a reconocer que los médicos son cada vez peores. Mi experiencia personal es que el médico de familia que me ha asignado la Administración jamás me ha curado nada, cada catarro ha necesitado los preceptivos 7 días.
La engañifa de las notas es evidente, y se hace pública cada año cuando se publican los resultados de las pruebas de acceso a la universidad: todo el mundo tienen unos resultados realmente brillantes, y como todo el mundo saca sobresaliente, las diferencias están en las milésimas. ¿Y si exigiéramos a los profesores de bachillerato que pusieran el listón que en principio se espera? Nos contestarían que no aprobarían el 10%. Que el material que les llega de la ESO es muy malo. ¿Y si exigiéramos a los de la ESO lo mismo? Nos dirían que con lo que les llega de primaria no hay nada que hacer. ¿Y a los de primaria? Esos no se pueden quejar, pues no hay enseñanza obligatoria antes (creo). Pero es que estos son los maestros. Viendo a los maestros, no sé qué esperamos de sus alumnos. Y luego está lo que nos dirían todos los estamentos implicados, de la universidad a la enseñanza primaria: que si suspenden a los alumnos se están buscando problemas. Problemas con la administración, con los alumnos y con las familias de los alumnos. Nadie se mete en la enseñanza para afrontar problemas, y por otra parte no tardarían mucho, los profesores, en ser expulsados: la comunidad educativa no quiere profesores que les exijan. Para que se me entienda: puede que los padres sí quieran profesores que exijan a los alumnos, ¡pero no a sus hijos! Todos queremos que nuestros médicos e ingenieros hayan superado los más rigurosos procesos de educación, pero nos referimos a los demás. Los que nos curen y los que calculen nuestras casas, no los alumnos que tenemos delante.
Y con esta actitud nos pasa lo que nos pasa.
Cerca de mi casa hay una escuela pública. Con pancartas en la fachada en defensa de una educación feminista, que nos hace más iguales, y cosas así. Los maestros de esa escuela, claro, quieren más dinero y menos niños. Y tendrán ambas cosas, tarde o temprano. Lo que no tendrán será mi respeto. Y luego, cuando vengan llorando que qué duro es lo suyo, que cuántas depresiones sufren, que los alumnos y los padres de los alumnos y la sociedad entera no les respeta y que no se les valora y todo eso, pues yo sólo podré espetarles que qué esperaban. Lo dicho, no son los lápices más afilados del estuche.
Rocío Jurado - Lo siento, mi amor


