domingo, 17 de mayo de 2026

Los abuelos II

https://www.youtube.com/watch?v=UqMD3cg1qxM 

 

 

Los niños son el pasado. Los abuelos, el futuro.

«No, no», me dirá usted. «Está usted equivocado». No, no lo estoy.

Los niños son el futuro. No tienen pasado, tienen todo el futuro por delante. El futuro de la sociedad está en sus niños.

Los abuelos, los ancianos, son el pasado. No tienen futuro, lo que tienen es pasado. El pasado de la sociedad está en sus ancianos. 

Es lo que usted está pensando, ¿verdad? 

Pasa que aquí ocurre algo parecido a la emigración.

Un emigrante es una persona que nos abandona y se va a buscarse la vida en otro lugar. Si un país o región tiene un problema de emigración, lo que le ocurre es que una parte de su población se está marchando y eso supone un problema.

Un inmigrante es una persona que abandona su lugar de origen y se viene a buscarse la vida entre nosotros. Si un país o región tiene un problema de inmigración, lo que le ocurre es que está recibiendo una cantidad importante de habitantes de otro país o región.

Un migrante es un animal que pasa el invierno en unas zonas y el verano en otras, y lo que hace es desplazarse entre ambas. O, como los salmones y las tortugas, viven en un sitio y cuando les toca se desplazan a otro a desovar. Y si usted es un tonto de izquierdas (no se sabe qué acarrea lo otro), un migrante es un emigrante o un inmigrante pero usted no sabe si va o si viene, si decirle hola o adiós.

Para los que lo despiden, esa persona es un emigrante. Para los que lo reciben, un inmigrante. Esa persona, así mismo se trata de Juan, y en cuanto a frente a los demás adopta la postura del interlocutor. Si le deja o llega junto a él.

Pues con los niños y los ancianos ocurre lo mismo. Depende de nuestro punto de vista.

Cuando vemos a un niño, vemos el pasado. Vemos el niño que fuimos. Recordamos cómo éramos, qué hacíamos. Y así, les comprendemos y sabemos cómo hay que tratarles. Y también entendemos entonces porqué nuestros mayores nos trataron así cuando nosotros éramos esos niños.

Cuando vemos a un anciano, vemos el futuro. No sabemos cómo se siente, porque nosotros aún no somos ancianos. Pero vemos cómo seremos, si llegamos a su edad. Lo que les ocurre nos ocurrirá. La pérdida de capacidades, la decadencia física y mental, la tendremos. Por eso, hemos de tratarles como nos gustarían que nos tratasen a nosotros si fuéramos ellos. Con cariño y con respeto. Sobre todo, con respeto y con cariño.

No nos riamos de los ancianos. No nos aprovechemos de ellos. Y enseñemos a los niños que a los ancianos, y en especial a los abuelos, se les trata con cariño y respeto, porque nuestro futuro es ser ancianos y querremos que los ahora niños nos traten así.

 

 

José Luis Perales - Tú como yo 

 

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