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¡Qué palabra más fea!, ¿verdad? Parece que le estén acusando a uno de algo incontrolable que forma parte de su carácter en su relación con el islam: que le acusan a uno de animal, de no ser capaz de pensar y admitir que el otro es diferente. Y, claro, cuando le espetan a uno un «¡islamófobo!» no da la sensación de que te estén llamando guapo.
Sin embargo, si a uno le acusaran de anti-nazi, comunista o persona que cree que las películas de Almodóvar son infumables, uno debería poder aclarar su porqué. En este artículo yo voy a intentar explicar qué entiendo por islamofobia; al terminar, el lector deberá decidir si es una sensación fundada o infundada. Y si resulta fundada, hay que convenir que es del todo punto digna de respeto como una opinión más.
Vamos a partir de la hipótesis de que hay dos clases de islamofobia: visceral y racional.
De la islamofobia visceral no cabe discutir mucho: si existe, es. La discusión puede versar sobre cómo aceptarla, cómo tratarla o cómo combatirla, pero es lo que hay.
Lo que me interesa a mí es la otra, la islamofobia racional. Es decir, el estar en contra del islam por motivos razonables.
Vamos a considerar, por ventajas de redacción, que yo soy islamófobo racional. ¿Por qué estoy en contra del islam?
En principio, el islam es una religión. Fundada por Mahoma en el siglo VII d.C., conocida por sus cinco preceptos fundamentales (la declaración básica de fe «no hay más dios que Ala y Mahoma es su profeta», la oración, la limosna, la peregrinación a La Meca y el ayuno durante el Ramadán), por su libro sagrado (el Corán) y algunas peculiaridades más. Como religión, no es muy criticable; no más que cualquier otra religión. Libertad de credo, libertad de culto y todas esas cosas, así que a callar. En su culto no son moloquitas (pinchar si no se entiende la referencia).
Pero… ¿y si el islam no es sólo una religión? ¿Y si es un estilo de vida que ha de regir en todos los ámbitos?
¿Y si consideramos que además de una religión es un sistema político? Ah, entonces sí es atacable. Como el nazismo, el comunismo o el capitalismo (prohibido en varios países y en varias épocas).
¿Es el catolicismo un sistema político? No, porque el catolicismo no intenta que la vida política se adapte a las reglas religiosas del catolicismo. Incluso aunque aparezca algún iluminado que quiera que el catolicismo sea la religión oficial, un "pecado" social no se considera un pecado religioso: no se aplica lo que diga la Biblia a los ladrones o a los adúlteros, sino lo que dicta el Código Penal. Y si el Código Penal no criminaliza el adulterio, lo que diga la Iglesia da igual: cuando y donde se haya penalizado el adulterio habrá sido porque así lo prescribía el código penal pertinente.
¿Es el islam algo más que una religión? ¿Pide el islam que la vida social se rija por las normas de esa religión? En algunos países, no. En Estados Unidos, por ejemplo, no creo que los musulmanes clamen que se aplique la Sharia en vez de las leyes civiles. ¿Pero hay países donde sí? Ya lo creo.
La primera parte de la islamofobia sería entonces contra el islam en tanto en cuanto que sistema político. Totalmente criticable. En los países tradicionalmente islámicos uno puede aceptar o no el sistema en el que viven (hay multitud de intensidades del islamismo, si se me permite decirlo así, y no es lo mismo Mauritania que Afganistán que Indonesia) y como tal se puede criticar, pero cuando de lo que se trata es de la transformación de nuestra sociedad en otra más acorde con los principios islámicos, la islamofobia no es tal sino un simple "no estoy de acuerdo". No es un odio al Islam como religión, sino un posicionamiento en contra del Islam como no-religión.
El segundo objeto de la islamofobia serían las personas. Los islamistas. Las personas que quieren imponer el islam en la sociedad, las que quieren que sociedades no islámicas se conviertan en sociedades islámicas. Nadie tiene ningún prejuicio contra el famoso musulmán Kareem Abdul-Jabbar en tanto en cuanto que musulmán; si acaso, por ser de un equipo rival. Si uno vive el islamismo como una religión como cualquier otra, estoy seguro de que nadie está en contra de eso.
Vamos con los islamistas, y no hace falta entrar en los terroristas musulmanes. Hablemos de musulmanes normales, pero que pretenden implementar los preceptos religiosos islámicos en la esfera gubernamental y legislativa. Siempre empiezan con pequeñas medidas sociales. Por ejemplo, que en los comedores escolares la comida sea halal, que se pueda estar en las piscinas públicas cumpliendo los preceptos islámicos en vez de los aceptados por la sociedad en la que se encuentran, que se les concedan excepciones en los exámenes o en el trabajo por causas como la observancia del ramadán, etc. Esas pequeñas medidas sociales pasan también a querer la legitimación de prácticas de su sociedad (que no la nuestra), por ejemplo el matrimonio con niñas o en contra de la voluntad de la fémina, y muchas otras.
¡Ah, no! Ahí, pie en pared.
Y es que, por ejemplo, en las familias islamistas, la voluntad de la mujer no prevalece frente a la del varón en ningún caso, le debe sumisión y obediencia. Si las cosas que suceden en el ámbito familiar musulmán ocurrieran en un ámbito no musulmán intervendría la policía. Entonces, si no lo aceptamos en nadie independientemente de la religión que practiquen, ¿por qué vamos a aceptarlo en su caso? ¿Por qué vamos a hacer una excepción con el Islam?
Hay, por lo tanto, razones para estar en contra del islam y de los musulmanes. No para estar en contra de todo el islam allá donde se practicare, y no en contra de cualquier practicante del islam, pero ahí estamos ya hablando de matices. Ni todo hablante de alemán en 1940 era un nazi ni todos los nazis estaban a favor de las cámaras de gas, así como no todo votante del PSOE está a favor de que los ministros seleccionen a sus amantes en catálogos que les proporcionan ayudantes ex-porteros de puticlub y les den nóminas de empresas públicas para sus gastos y lo que se tercie; uno puede estar en contra del socialismo, pero el estar en contra del socialismo en su método español de llevarlo a la práctica o en contra del socialismo como concepto es eso, una cuestión de matices.
Por otro lado, es un hecho que esta animadversión algunas personas no la razonan tanto: es su instinto quien le lleva a las mismas conclusiones. Es visceral, les sale de las tripas. Así que tal vez el intolerante es el que acusa al otro de islamófobo, pues en esa acusación le niega su derecho a los matices (cuando no su derecho a una opinión).
Y no, la islamofobia racional no es racismo. Aquí nadie margina a nadie por su raza.
Creo que, si me preguntaran, diría que la islamofobia en realidad es... sentido común.
Lloyd Price - Personality