Mostrando entradas con la etiqueta ideas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ideas. Mostrar todas las entradas

sábado, 30 de mayo de 2026

El bocadillo mas grande del mundo

https://www.youtube.com/watch?v=pqnEo_9SwQM 

 

 

25 de mayo, fiesta nacional en Argentina. En Avellaneda (un suburbio de Buenos Aires), la parrilla local El Tano quiso celebrarlo, aprovechando que cumplían a su vez 25 años, batiendo un récord Guinness, el de "sándwich de matambre a la pizza más largo del mundo". Sin duda, uno de los más prestigiosos y perseguidos, hasta el punto de que prepararon un superbocadillo de 750 metros con los que esperaban batir la marca actual, de 735 metros.

El matambre a la pizza es un clásico de la gastronomía argentina que consiste en macerar la carne hasta que quede sumamente blanda, para luego cubrirla con salsa de tomate, jamón, queso mozzarella derretido y orégano. El superbocadillo se iba a cortar en raciones (porque no es lo mismo hacer un bocadillo de 750 m de largo que 7.500 bocadillos de 10 cm de largo, ése es otro récord), así que se preparó una fila enorme de mesas y se anunció que se repartiría (de forma gratuita, ojo) a quienes quisieran una porción. 

Aunque participaron en la elaboración unas 100 personas, el proceso de armado y cocción del matambre se demoró más de lo esperado, y... esto es Argentina. 

El público comenzó a llegar a eso de las 11 de la mañana, pero el bocadillo no estaba listo. Con el correr de las horas llegaron las quejas. La gente tenía hambre y... primero algunos impacientes, luego más "listos", luego un chorreo: la gente acabó derribando las vallas y cogiéndose ellos mismos las porciones de bocadillo (antes de que se hubiera terminado y controlado la consecución del récord) y, aprovechando que estaban por allí, unos cuantos se llevaron también mesas, sillas,...  

Recordemos que las raciones se iban a repartir de forma gratuita. La organización, huelga decirlo, no quedó muy contenta.

¿Por qué cuento esto?

Las noticias de cualquier día de estos, en nuestro país, son desoladoras. La corrupción del partido en el gobierno es tal que no dudan en corromper todas nuestras instituciones. Y los partidos políticos que los apoyan siguen apoyándolos, porque para ellos cualquier cosa es preferible a que gobierne la oposición.Nosotros, lo único que podemos hacer es testimoniarlo, impotentes para impedirlo, tal es el nivel de degradación moral de los que nos gobiernan.

Estamos presenciando en España episodios de degradación social e institucional que siempre consideramos ajenos, propios de realidades lejanas como las de México, Colombia, Perú o Ecuador. Nos consolábamos con el "aquí no, aquí nunca", convencidos de nuestra inmunidad. Hoy sabemos que ese escudo era un espejismo. Si no reaccionamos de inmediato y ponemos remedio a esta deriva cuanto antes, nuestro país no será sino uno más de esa lista. Uno que citen los pobladores de países civilizados cuando aseguren que lo que pasa aquí nunca pasará en sis países.

Y más allá de ese límite, si permitimos que se rompan por completo los códigos mínimos de convivencia, el destino final no es la decadencia política, sino... Argentina. El estado de naturaleza más salvaje y primitivo. Y no lo digo por lo del bocadillo; pero no todos tenemos estómagos para hablar de las cosas que allí ocurren a diario. Yo, desde luego, no.

Más allá de Argentina, los chimpancés de la selva. Así que conviene que paremos esto cuanto antes. 

 

 

Antonio Machín - Corazón loco 

miércoles, 27 de mayo de 2026

Los abuelos III

El tiempo no hace prisioneros. 

 

Para lo que sigue, hay que escuchar la canción "Mañana", de Silvia Pérez Cruz: https://www.youtube.com/watch?v=_EXUe6Vchr4

La canción musicaliza una letra de Ana María Moix, y esa letra cuenta una curiosa verdad:

Cuando yo muera amado mío
No cantes para mí canciones tristes
Olvida falsedades del pasado
Recuerda que fueron solo sueños que tuviste

¡Que falsa invulnerabilidad la felicidad!
¡Que falsa invulnerabilidad la felicidad!
¿Dónde estará ahora, dónde estará mañana?
Cuando yo muera amado mío

No me mandes flores a casa
No pongas rosas sobre el mármol de mi fosa, no
No escribas cartas sentimentales que serían solo para ti
No escribas cartas sentimentales que serían solo para ti

Cuando yo muera mañana, mañana, mañana
Habrá cesado el miedo de pensar que ya siempre estaré sola
Que ya siempre estaré sola mañana, mañana

Cuando yo muera mañana, mañana, mañana
Ya habrá cesado el miedo de pensar que ya siempre estaré sola
Que ya siempre estaré sola, mañana

 

Dos abuelos. Décadas casados, viviendo siempre juntos. El mundo que existía antes de vivir juntos ya no existe: hace muchos años que desapareció.

¿Usted cree que ellos no han hablado entre sí nunca de la muerte? ¿De que cuando uno muera el otro quedará solo? ¿Y de qué será del otro, cuando quede solo?

La protagonista de la canción espera la muerte aliviada porque significa que ella no vivirá sola.

Tengo para mí que lo contrario es lo que da la fuerza para seguir viviendo.  Vivir, para que el otro no se quede solo. Porque ¿qué sería de él, solo? Siempre me ha tenido a mí. Todos conocemos casos en los que el segundo sigue al primero a los pocos días. Recuerdo, hace años, una amiga cuyo abuela murió un viernes. Acudieron a la casa de los abuelos, en Francia., y el domingo estaba mi amiga comiendo con el abuelo en la planta baja mientras la familia comía en la planta superior. Y, mientras comía, el abuelo murió. No quiso vivir más, pero ¿porqué quiso vivir hasta entonces? Yo creo que porque no quería dejar sola a su mujer. Mientras ella no muriera, él viviría.

Estoy seguro de que es un caso más común de lo que se cree.

Cuando veo ancianos que siguen juntos tras muchas décadas, siempre me pregunto si ése no será uno de esos casos. En los que a la muerte de uno sigue más o menos rápido la del otro. Es que no sé cómo funciona esto de la muerte: si muere uno cuando quiere, si las ganas de vivir mandan más que la biología. 

Claro que tampoco sé porqué vivimos (muchos) tanto. Los abuelos son para los niños pequeños y para los padres jóvenes, ¿no están de acuerdo? 

El secreto es que el propósito de que los muy mayores vivan tanto es cómo nos comportamos los demás con ellos. Sobre todo los que ya no somos jóvenes. Unos se portan bien, y otros mal. Portarse mal con ellos, desatenderlos, burlarse, evitarlos, impacientarse, despreciarlos, es fácil. Lo que hay que hacer es portarse bien. 

domingo, 17 de mayo de 2026

Los abuelos II

https://www.youtube.com/watch?v=UqMD3cg1qxM 

 

 

Los niños son el pasado. Los abuelos, el futuro.

«No, no», me dirá usted. «Está usted equivocado». No, no lo estoy.

Los niños son el futuro. No tienen pasado, tienen todo el futuro por delante. El futuro de la sociedad está en sus niños.

Los abuelos, los ancianos, son el pasado. No tienen futuro, lo que tienen es pasado. El pasado de la sociedad está en sus ancianos. 

Es lo que usted está pensando, ¿verdad? 

Pasa que aquí ocurre algo parecido a la emigración.

Un emigrante es una persona que nos abandona y se va a buscarse la vida en otro lugar. Si un país o región tiene un problema de emigración, lo que le ocurre es que una parte de su población se está marchando y eso supone un problema.

Un inmigrante es una persona que abandona su lugar de origen y se viene a buscarse la vida entre nosotros. Si un país o región tiene un problema de inmigración, lo que le ocurre es que está recibiendo una cantidad importante de habitantes de otro país o región.

Un migrante es un animal que pasa el invierno en unas zonas y el verano en otras, y lo que hace es desplazarse entre ambas. O, como los salmones y las tortugas, viven en un sitio y cuando les toca se desplazan a otro a desovar. Y si usted es un tonto de izquierdas (no se sabe qué acarrea lo otro), un migrante es un emigrante o un inmigrante pero usted no sabe si va o si viene, si decirle hola o adiós.

Para los que lo despiden, esa persona es un emigrante. Para los que lo reciben, un inmigrante. Esa persona, así mismo se trata de Juan, y en cuanto a frente a los demás adopta la postura del interlocutor. Si le deja o llega junto a él.

Pues con los niños y los ancianos ocurre lo mismo. Depende de nuestro punto de vista.

Cuando vemos a un niño, vemos el pasado. Vemos el niño que fuimos. Recordamos cómo éramos, qué hacíamos. Y así, les comprendemos y sabemos cómo hay que tratarles. Y también entendemos entonces porqué nuestros mayores nos trataron así cuando nosotros éramos esos niños.

Cuando vemos a un anciano, vemos el futuro. No sabemos cómo se siente, porque nosotros aún no somos ancianos. Pero vemos cómo seremos, si llegamos a su edad. Lo que les ocurre nos ocurrirá. La pérdida de capacidades, la decadencia física y mental, la tendremos. Por eso, hemos de tratarles como nos gustarían que nos tratasen a nosotros si fuéramos ellos. Con cariño y con respeto. Sobre todo, con respeto y con cariño.

No nos riamos de los ancianos. No nos aprovechemos de ellos. Y enseñemos a los niños que a los ancianos, y en especial a los abuelos, se les trata con cariño y respeto, porque nuestro futuro es ser ancianos y querremos que los ahora niños nos traten así.

 

 

José Luis Perales - Tú como yo 

 

martes, 28 de abril de 2026

El señor de los anillos

https://www.youtube.com/watch?v=Veog9lA_3Zo 

 

En estos días de viajes y largas esperas en aeropuertos he tenido que matar los ratos muertos como he podido; uno de ellos ha sido con un librito de uno o dos divulgadores franceses (ojo, ese detalle es clave) que contaba, de manera resumida, la Historia del mundo. Este tipo de libros suelen ser como ver una película de las que me gustan a mí (con acción y sin besos, para empezar): no es que alberguen grandes sorpresas, pero siempre es divertida la nueva historia del pistolero que llega a un pueblo del Far West dominado por un rico terrateniente con una pandilla de matones a sueldo o del ex-Navy Seal que ha querido dejar atrás todo su pasado pero tiene que ponerse a ello una vez más cuando los malos se meten con la persona equivocada.

 

El libro, ya lo he dicho, lo han escrito franceses. Y para franceses. Como uno ya conoce a los franceses, pues no les tiene en cuenta lo encantados que están de conocerse; al contrario, lo leí como una oportunidad excelente para saber cómo ven el mundo, o su Historia. Como detalles, baste decir que citan a España dos veces: una para decir que en el siglo XVI, tras la guerra de Granada, mandaron mucho, y otra para lamentar que Napoleón, en el apogeo de su gloria, hubiera decidido meterse en España. Esto último los autores lo achacan a la hybris griega que arruina a todos los humanos que llegan a creerse dioses y que hizo que Napoleón quisiera darle un reino a su hermanito José. Explican entonces que la diferencia fundamental entre España y Europa es que en España no se sentía aprecio por los soldados franceses y, a diferencia de los demás países, allí los soldados no podían alojarse en las casas de los lugareños. ¡Porque los degollarían! Bueno, también explican (en una idea que me parece muy interesante) que la clave del éxito de la conquista de América es la enorme distancia psicológica que había entre los españoles, que vivían en la Edad Moderna, y los americanos, que en los mejores casos estaban recién salidos de la Prehistoria. Y que lo mismo habría ocurrido si aquellos españoles hubieran desembarcado en el Egipto de los faraones, se habrían hecho con el poder en un plisplás. Claro que hay que entender que el autor es francés: considera un gran explorador-descubridor al señor de LaSalle, que en realidad fue un loco iluminado vendehumos, y considera que en los siglos XVII-XVIII Francia dominaba un tercio de América del Norte (aunque tiene la deferencia de apuntar que lo hacía sin apenas franceses allí). Se ve que consideran que si un francés desciende en barca un tramo del Misisipi, toda la cuenca del río es suya. En fin, quizá algún día escriba sobre esto, porque el tema tiene mucha miga y los franceses, desde luego, no lo van a hacer.

En fin, a lo que iba. O no, una digresión previa: es curioso cómo tratan los autores la caída del imperio romano (de Occidente). Como el librito es un manual sencillo, no profundiza mucho en los porqués, básicamente ocurre. ¿Empieza entonces la Edad Media? Según ellos, no. Según ellos, empieza el año 987 con la proclamación de Hugo Capeto como rey de Francia (por cierto: traté el tema en esta entrada). Lo que hay entre los romanos y Hugo Capeto son simplemente años oscuros. Y dice que Carlomagno era un patán y que es incomprensible la alta estima que se le tiene hoy en día. Para ilustrar la oscuridad de esos años, apunta que en aquella época (en Francia) no se construyó nada. Ni un monumento, ni una iglesia, nada. ¡Estos franceses...!

La caída de Roma supuso un paso atrás civilizatorio descomunal, de eso no hay duda, pero no fue igual en todas partes. En Inglaterra supuso la vuelta a la Edad de Piedra. En el norte de África, la desolación. En Francia, ya lo vemos: los arquetipos de francos, merovingios o caloringios, analfabetismo rampante. Pero la Iglesia Católica perdura, y las sociedades, más o menos, se mantienen Vale, lo compro. Pero en la península ibérica la cosa fue diferente: estaban los visigodos. De hecho, estaban como reyes antes incluso de la caída del imperio, por lo que la caída les afectó lo mismo que nos afectaría a nosotros la desaparición de los EE.UU.: nos quedaríamos sin películas de Jason Staham, sin internet y sin montones de cosas, sería duro, pero no el fin del mundo. Los visigodos mantuvieron el tipo: la monarquía persistió, se fundaron ciudades (tres), se acuñó moneda, se promulgaron leyes (y códigos legales), se erigieron iglesias, se hicieron concilios, la sociedad se mantuvo. Y san Isidoro de Sevilla escribió las Etimologías, ahí es nada. No era una sociedad inculta, al menos no más que la romana justo antes de su caída. Eso, hasta el 711. Y desde el 711 hasta el francés 987... tampoco puede decirse que España hubiera caído en la prehistoria. La mezquita de Córdoba dice lo contrario, sin ir más lejos. Pero, insisto, no hemos de ofendernos. Es un francés escribiendo para franceses, y nuestro interés es saber cómo ven el mundo ellos, no comprobar que lo ven como a nosotros nos gustaría.

A lo que iba de verdad. El libro empieza con una reflexión, que voy a denominar El señor de los anillos porque se escribió en 2006 y las películas de ese nombre estaban de moda hasta el punto de que el autor las elige para ilustrar su tesis:

En Francia, hace un siglo, todo aquel que sabía leer también sabía situarse en el tiempo y en el espacio. Un manual redactado por dos eminentes profesores, el "Malet-Isaac", mencionaba las referencias históricas y geográficas que conocían las personas que habían superado el graduado escolar. Sin embargo, esto ya no es así. La mayor parte de los franceses, y de los occidentales en general, se han convertido en personas sin pasado, en "desmemoriados" (esta palabra describe bastante bien la situación). Por una irónica paradoja, nunca se ha hablado tanto del "deber de la memoria" como en esta época de olvido; ya se sabe, sólo se insiste en una cualidad cuando ésta se ha olvidado.

Hasta hace poco tiempo, aún se escuchaba a los franceses quejarse cuando no se sentían contentos: "si una vez hicimos la Revolución, podríamos volver a hacerla", manifestaban así que eran conscientes de una bonita continuidad histórica. ¿Qué encontraríamos hoy en la cabeza de sus hijos (al menos en la de los que no han cursado el tercer ciclo)? ¡Un caballero de la Edad Media con su armadura, cabalgando sobre un cohete interplanetario, a modo de caballo, en un lugar indeterminado! 

La película en varias entregas El señor de los anillos, una epopeya que no se desarrolla en ninguna parte, nos proporciona con su éxito el testimonio de la ignorancia universal. La culpa no es de nuestros contemporáneos si se ha descuidado instruirles sobre hechos y lugares. Un mundo apremiante ha querido sustituir el estudio de la historia cronológica por el de los temas que cabalgan por los siglos, del tipo "Los medios de comunicación a través de los tiempos". En cuanto a los lugares, todos son iguales para los apresurados técnicos que ya no quieren tener en cuenta los parajes, las ciudades actuales alinean por todas partes las mismas torres de cristal. Dentro de este barullo, los paisajes se difuminan, las culturas se disuelven, las historias colectivas se borran.  

Esta mezcolanza provoca la desaparición  de aquello que permitía a los individuos efectuar el inventario de su herencia. Si a esto se añade un tremendo desprecio por el pasado lejano y el culto a lo "inmediato", se entiende que nuestra modernidad fabrique más consumidores, "zapeadores" e hijos de la publicidad que ciudadanos responsables, deseosos de comprender y construir. Así pues, hay que ponerse en guardia: la misión más importante de una civilización es transmitir a sus hijos un patrimonio, queda a cargo de estos últimos rechazar, dilapidar o hacer fructificar su herencia.

Jean-Claude Barreau: Toda la Historia del Mundo 


Es una tesis clara con la que me temo que estoy de acuerdo. Cuando yo era chaval todos los niños leíamos tebeos del Capitán Trueno o del Guerrero del Antifaz. O del Jabato, Roberto Alcázar y Pedrín, Historias Bélicas. Astérix. Tintín. Lucky Luke. Da igual cuál. Todas eran historias que estaban centradas en un tiempo y un lugar. Fijémonos, por ejemplo, en los álbumes de Asterix: la primera página de todos ellos empieza con una pequeña "lección" de Historia: 

«Estamos en el año 50 antes de Jesucristo. Toda la Galia está ocupada por los romanos... ¿Toda? ¡No! Una aldea poblada por irreductibles galos resiste todavía y siempre al invasor. Y la vida no es fácil para las guarniciones de legionarios romanos en los reducidos campamentos de Babaórum, Acuárum, Laudánum y Petibónum...»

Con el correspondiente mapa del hexágono y la lupa centrada en ese rincón de Bretaña.


Sí, ya desde el principio aparece la situación geográfica e histórica. Pero esa acotación no era exclusiva de Astérix ni de los tebeos: películas (¡tantas películas empezaban con una introducción asterixiana!), series de televisión, novelas,... La Historia y la Geografía estaba siempre presente, sutil en ocasiones y evidente en otras. Era una lluvia fina que calaba. Puede que el ciudadano común no tuviera un profundo conocimiento de la Historia, pero las líneas generales sí las sabía. Era parte de esa cultura general que se consideraba que no tener equivalía a ser un patán.

Esa lluvia cesó. El resultado es que el conocimiento histórico y geográfico dejó de calar, dejó de tenerse. Ahora se lo considera algo a evitar, en lo que respecta a la formación de los niños, y una pedantería si un adulto lo posee y, craso error, lo exhibe. La incultura es lo que está en boga. 

¿Cuándo dejamos de valorar el conocimiento y la cultura? ¿Cuándo dejamos de considerar que las personas cultas eran la élite de la sociedad y las incultas los villanos, los destinados a ser meros braceros, el proletariado? 

No lo sé. En algún momento, tal vez poco a poco. ¿Alguien duda de que eso sea un error social? Claro que sí, hay mucha gente que sigue defendiéndolo. Los maestros, los pedagogos, los psicólogos, los políticos. Sobre todo, ellos.

Para que quede claro el párrafo anterior: lo que estoy diciendo es que los maestros, políticos y pedagogos son los principales defensores de que no se enseñe el conocimiento, Historia o Geografía. No al revés, como habría pensado cualquier ciudadano hace 100 años. 

El cambio de valores no ha sido baladí. Hace 50 años, queríamos que nuestros líderes fueran figuras sobresalientes en sus campos. Los mejores en lo suyo. Ahora no les pedimos nada de nada. Un maestro de escuela puede ser la máxima autoridad nacional sobre aeropuertos, vías férreas, carreteras y obras públicas, manejar presupuestos colosales y tener poder sobre cientos de miles de trabajadores. En otros campos ponemos a personas sin la menor cualificación. Y si no tienen siquiera el bachiller, ¿qué? Si alguien protesta, se le tilda de elitista y de facha. Que porqué no va a ser ministra una mujer que se gana la vida fregando escaleras, decía una vicepresidente del Gobierno. Koldo, el famoso portero de burdel, fue designado por ese Gobierno consejero de Renfe Mercancías. Si a nuestros gobernantes, a nuestros líderes, les importa un higo el conocimiento, el mérito, la maestría, ¿quiénes somos nosotros para exigirlo? En efecto: ya apenas requerimos a los recién licenciados que sepan de lo suyo. Becarios, se llaman. Junior, también. Y nos encontramos con ingenieros de 40 años a los que se considera "juniors" y que se dicen que están aprendiendo. Como si tuvieran todavía 18 años.

Se cometen muchos errores en el trabajo. En el campo mío, un gran porcentaje de los errores son por falta de atención. La información está proporcionada, bien clara en los planos, pero el que los tiene que interpretar no los ve. Hay muchísimas personas ahí fuera que si un plano tiene 100 palabras lee solo 30 ó menos. Y que si tiene 10 palabras no lee ninguna. Asombroso pero cierto. Otro porcentaje importante es porque leen, pero no saben interpretar. Es como si usted escuchara una canción en ruso: la oiría, pero no intentaría entender la letra. Pues lo mismo: leen, pero no hacen ningún esfuerzo por entender lo que leen. Una instrucción: ir a Rue 13 del Percebe, comprar 2 tomates, volver. ¿Qué hacen? Van a Rue 13 del Percebe y vuelven. ¿Los tomates? ¡Ah, no habían caído en la cuenta de que tenían que comprarlos! No se fijaron, dicen. 

Pero, claro, esta Semana Santa hice esta foto:


No sé si maravillarme u horrorizarme. La criatura no tiene 24 meses, y ya maneja una tableta. Y un lápiz señalador, o como se llame. No sabe leer, pero interactuar con pantallas informáticas lo hace sola. Hace 25, 30 años, se decía que hay que ver, en el futuro los "nativos digitales", un término que se creó para referirnos a los que, a diferencia de nosotros, vivían en un mundo informatizado, patatín, incluso se hablaba de que tendrían los pulgares no sé cómo, etc. 

Pero ¿cómo será de ese bebé cuando sea adulto? ¡Ah, datis! Voy a especular: asombrosamente fluido y cómodo cuando se trata de moverse a través de cuestionarios y pasar pantallas, excelente interpretando botones y encontrando opciones "ocultas", pero incapaz de enfrentarse a un libro. Si puede, esperará a que salga la película. Si no, para eso estarán los audiolibros. Puede incluso que la IA genere audiolibros con audiovídeos, y así es más fácil, no ha de imaginar a Ivanhoe o a Robinson en su isla.

Ese futuro no está tan lejano: ya hoy en día los jóvenes ingenieros prefieren ver vídeos tutoriales en Youtube en vez de atender explicaciones. Los ingenieros, según mi concepción del mundo, somos la élite de la sociedad: pues imagine, entonces. O los mapas: no es que no se miran, es que son incapaces de localizar una población en un plano y encontrar la ruta hasta allí. El año pasado paré en una gasolinera a comprar un mapa de carreteras de Michelin y el dependiente me miró como si hubiera bajado de una nave espacial. Huelga decir, no tenía. Desde hacía años.

El otro día, una señora (ya mayor) me preguntó por una dirección. Estaba dos calles más abajo, por cierto. Me llamó la atención porque ya nadie pregunta direcciones. Todos tenemos móvil, ¿no? Pero esto también tiene consecuencias: los jóvenes ya no saben los nombres de las calles, y los recorridos habituales se los saben de memoria, pero los recorridos no usuales los hacen móvil en mano. Sí, la tecnología nos cambia. Cambia primero nuestros hábitos, y luego cambiamos nosotros. Hace 20 años me habría reído o me habría encolerizado si me dijeran que el dinero en efectivo iba a desaparecer. Hoy, para mí, es (casi) sólo un recuerdo. Algo que usaban los cromagnones, aunque aún queda alguno por ahí.

Así que sí. Hace 20 años El señor de los Anillos era un síntoma de lo que se nos venía encima. Hoy podemos confirmar que la evolución es cierta. Y no tiene marcha atrás. ¿Cuánto sobrevivirá "el mundo antiguo"? Lo que sobrevivamos nosotros. Cuando muere el penúltimo hablante de una lengua, la lengua muere (el último no tiene con quién hablarla, ¿no?). Cuando muera el último analógico, sólo quedarán digitales. 

Un último ejemplo. De vez en cuando me toca interactuar con ingenieros jóvenes, arquitectos jóvenes, aparejadores jóvenes. Titulados universitarios. No saben croquizar a mano, es decir, no saben plasmar sus ideas con un dibujo a mano (necesitan un ordenador), pero bueno. Ahora bien, tampoco saben explicarlas. Al menos, por escrito. No saben escribir. Saben pedirle a la IA que lo escriba por ellos. Pero ellos no saben. ¿El paso siguiente, en la evolución? Hoy, no saben expresar con precisión lo que se les ocurre; mañana, quizás no se les ocurrirá nada.

Pero no es algo que me preocupe. No es mi problema. 

 

 

 G.F. Händel - Sabaranda para cuerda y continuo 

 

   

 

miércoles, 17 de diciembre de 2025

Hombres y mujeres mezclados

https://www.youtube.com/watch?v=jldkDrXbaOQ 

 

 

Cada vez más el consenso entre analistas de la cosa es mayor: parece ser que hombres, en general, y mujeres, en general, somos diferentes en general.

Parece ser también que una de esas diferencias estriba en cómo hombres y mujeres reaccionan ante las críticas: los hombres aceptan las críticas negativas e internamente deciden bien ignorarlas, bien que no se las volverán a decir más (sea por el método de matar al crítico o sea por el método de mejorar para no volver a recibir tal crítica), mientras que las mujeres no. De ahí el estereotipo entre los varones de aguantar los chaparrones como un hombre y no ponerse a llorar como una mujer, y que las mujeres se echen a llorar cuando las critiquen. Las mujeres, en cambio, necesitan otra manera de expresar las opiniones o enseñanzas. Recuérdese, por ejemplo, lo mucho que se criticó a una exitosa entrenadora de la selección española de natación sincronizada, porque les chillaba y les decía "cosas horribles", siendo incluso noticia de telediario (que les chillara). Para una mujer, la manera de decir las cosas es importante. Para un hombre, no tanto.

Lo anterior se manifiesta también desde el otro punto de vista, el del corrector. Un profesor, un entrenador, un jefe, emitirá críticas negativas. Lo hará porque es lo que a él le haría mejorar. Una profesora, una entrenadora, una jefe, emitirá críticas positivas, porque son las que a ella le haría mejorar. Ambos, actuando con su mejor intención.

Lo más lógico, entonces, sería que los varones tuvieran profesores, entrenadores y jefes varones, y las mujeres, mujeres. El corolario es la segregación, varones por un lado y mujeres por el otro: los varones reciben e imparten las enseñanzas e instrucciones de la manera que les es natural, y las mujeres también. Y ambos grupos se encuentran a gusto en esas condiciones. Durante siglos, así ha sido entre nosotros. En estos tiempos que corren, sin embargo, se quiere justo lo contrario: todos mezclados. En todos los ámbitos, aunque el deportivo se resista como último reducto de una manera de ver el mundo. ¿Y qué ocurre, entonces?

Imaginemos una entrenadora que entrena a varones y a mujeres, y que lo hace con un estilo femenino, como le sale a ella. Sus pupilas son entrenadas de la manera que también les es adecuado, y funciona; sus pupilos, en cambio, no reciben los estímulos que a ellos les funciona, y no reaccionan. Y "no reaccionan" es la expresión exacta. Porque veamos qué ocurriría al revés: un entrenador varón que entrena como él cree que debe. Los varones reaccionan como el entrenador espera, y se esfuerzan más. Pero las mujeres reaccionan de la manera contraria: "¿porqué nos chilla de esa manera?". Las mujeres reaccionan: no les gusta esa manera de actuar. Y o bien abandonan y se largan, o bien protestan. 

El resultado de la reacción femenina a la crítica masculina es la crítica al crítico masculino. Pero no una crítica hecha de manera masculina, criticando qué hace "mal", sino ad hominem: a la persona en sí. Se le critica que no sabe dirigir o tratar a las mujeres, que no es válido para dirigir o tratar a las mujeres. Ante las críticas negativas, y dado que matar a quien las profiere no es una opción, el varón empieza reaccionando con los oídos sordos, pero no cesando las críticas acostumbra a plegarse y actuar de manera que no se le critique. Cambia, pues, a actuar de una manera femenina. Lo cual le va muy bien con las féminas que tenga a su cargo, pero con los varones... bueno, pasa a no conseguir nada de ellos. Lo que a ellos no les hace ningún bien.

Cabe preguntarse, entonces, si globalmente, como sociedad, nos va bien con este nuevo modelo. Si usted opina que a los varones se les ha de tratar como a varones (esto es, en la forma en la que se consiguen mejores resultados de los varones) y a las mujeres como a mujeres (esto es, de la forma en que se consiguen mejores resultados de las mujeres), o si opina que a ambos se le ha de tratar igual y que ese igual, no hace falta explicitarlo, es "como a mujeres". Lo que implica que la manera correcta de hacer las cosas es "como las mujeres" y, por lo tanto, que el varón es una mujer incorrecta. 

 

 

Max Richter - November 

viernes, 31 de octubre de 2025

Mis versículos favoritos XXVI: El Eclesiastés (y III). Hay un tiempo para cada cosa

 https://www.youtube.com/watch?v=eurbVJy0gHQ

 

 

 

En 1989 una película lanzó al estrellato a Robin Williams y convirtió un hasta entonces desconocido latinajo en tal vez el más pronunciado desde entonces. La película se titulaba El club de los poetas muertos, y el latinajo era Carpe diem. Que significa "aprovecha el momento".

Lo que quería transmitir el personaje de la película a aquellos adolescentes es que aprovecharan su juventud, el tiempo en el que tienen esos dieciséis años, que no dejen que pase el tiempo y cuando haya pasado se den cuenta de que no los han vivido. Esto no es lo mismo que la interpretación que frecuentemente se le da, hedonista, de que disfrutemos ahora que podemos por si acaso luego no podemos. No, lo que quiere decir la frase es un "vive intensamente", sé consciente de cada segundo que vives, no dejes que pase el tiempo sin más. Que no ocurra que no sepas recordar qué has hecho esos días pasados porque no hayas hecho nada en realidad. 

Vive hoy, no esperes al futuro. No des por sentado que mañana podrás...

Hay muchas interpretaciones, y las mismas explicaciones de esas interpretaciones se pueden interpretar de manera diferente. Tal vez un filósofo pudiera. Un poeta (Horacio, en concreto), sólo fue capaz de escribir "carpe diem". 

Pero la idea ya existía antes de Horacio. Era un concepto filosófico tradicional de griegos y romanos. Horacio lo escribió en una de sus odas, en las que apremia a hacer lo que haya que hacer porque uno no vivirá eternamente ni sabe cuándo dejará de hacerlo.

El libro del Eclesiastés lo expresa mejor, en mi opinión:

Todo tiene su momento, y cada cosa su tiempo bajo el cielo:

Tiempo de nacer, y tiempo de morir;

tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado;

tiempo de matar, y tiempo de curar;

tiempo de destruir, y tiempo de edificar;

tiempo de llorar, y tiempo de reír;

tiempo de hacer duelo, y tiempo de bailar;
tiempo de arrojar piedras, y tiempo de recogerlas;

tiempo de abrazar, y tiempo de desprenderse;

tiempo de buscar, y tiempo de perder;

tiempo de guardar, y tiempo de desechar;

tiempo de rasgar, y tiempo de coser;

tiempo de callar, y tiempo de hablar; 

tiempo de amar, y tiempo de odiar;

tiempo de guerra, y tiempo de paz.

 Ecl 3, 1-8

El texto insiste: ¿qué provecho saca uno de afanarse tanto? Hay un momento en el que se debe trabajar, pero hay momentos en los que se debe descansar. 

Pero también en lo contrario: hay un tiempo para sembrar y otro para cosechar: no pretendas sembrar en el tiempo de cosechar, así que cuando sea el momento de sembrar no pierdas el tiempo y siembra. Lo sabio, lo correcto, es reconocer cuándo es el tiempo de cada cosa.

Y también otro contrario: ojo, que hay un tiempo para cada cosa. No creas que algunas cosas no ocurrirán porque no tienen un tiempo. No creas que no habrá un tiempo para llorar, porque lo hay. 

El Eclesiastés es un librito absolutamente magistral, que destila filosofía vital en todos sus versículos (aunque, como queda claro, es una filosofía expresada de una manera muy llana). Si tiene que resumirse de alguna manera, yo diría esto:

—Sabe, lector, que hay un tiempo para nacer, pero también hay un tiempo para morir. Entre tanto, decida el lector cómo, pero carpe diem

 

 

Domenico Scarlatti  - Sanctus, Misa de Madrid (Missa quatuor vocum

martes, 7 de octubre de 2025

Jóvenes contra viejos

https://www.youtube.com/watch?v=AknKIJi4jnI 

 

 

Últimamente se publican una gran cantidad de artículos que versan sobre el enfrentamiento entre jóvenes y viejos (a los jóvenes los llaman unos creo que milenials, otros generación Z, otros jóvenes a secas,... y la gran mayoría llama, a los viejos, boomers). No es que haya un enfrentamiento, sino que por lo visto los viejos viven muy bien y con grandes pensiones, y los jóvenes muy mal, sin poder tener casa ni familia propia.

Todos los articulistas que he leído, en mi opinión, dan una visión incorrecta del asunto. Diría que ninguno de ellos es viejo, lo que lo explicaría: sólo conocen la vida de unos, no la de los otros.

Se quejan los jóvenes de que los viejos viven muy bien y que, como no se mueren, les quitan las oportunidades. Se quejan de que tienen casa y además pagada, sin hipoteca. Se quejan de que muchos tienen una segunda residencia, buen coche, una pensión envidiable, y que ellos tienen que deslomarse para pagar los impuestos que permitan pagar esas pensiones. Sin poder acceder a una vivienda, porque no se la pueden permitir. Sin poder formar una familia porque no tienen vivienda. Y temiendo, además, que en el futuro ellos no recibirán las pensiones por las que están cotizando ahora.

Todo lo cual es cierto.

Los viejos, en cambio, acusan a los jóvenes de no ser como ellos, de tener vidas muy diferentes: no se desloman de sol a sol como hicieron los mayores, sino que a las cinco paran ya, que han de conciliar. Que tienen unas bajas maternales y paternales que para ellos las quisieran, y que viven como pachás a costa de esos mismos mayores que denuestan.

Todo lo cual tal vez sea cierto. Hay jóvenes muy trabajadores y que aún no se han cogido ninguna baja. Y no todos viven como pachás.

Lo que pasa es que es un debate que se plantea mal. Sobre todo por parte de los jóvenes. 

Antes de plantear, como plantean los jóvenes, si la culpa de los males de los jóvenes la tienen los viejos, lo que hay que hacer es establecer qué es comparable. Porque comparar lo que no se puede comparar es mala praxis. Y si se quiere saber si la vida de los jóvenes de ahora es mejor o peor que la de los viejos de ahora hay que precisar: ¿es mejor la vida de los jóvenes de ahora que la de los viejos de ahora cuando éstos eran jóvenes? Porque ya les adelanto que cuando yo era joven mis mayores vivían mejor que yo. Que yo cuando era joven, claro está. Y es que si cuando eres mayor no vives mejor que cuando eras joven, en la vida te ha ido mal.

De lo que no hay ninguna duda es que si se ofreciera a un joven de ahora la oportunidad de revivir la vida de un mayor de ahora cuando era joven ninguno aceptaría. Ninguno. La vida actual ofrece a los jóvenes comodidades y "derechos" que antaño eran impensables. Sí, toda la retahíla de diferencias que los mayores recitan a los jóvenes, como si fuera culpa de los jóvenes que ahora se pueda viajar un fin de semana a Copenhage por cuatro perras y ellos lo aprovechen. No recitan en cambio, esos mismos mayores, lo que tuvieron que aguantar de jóvenes y que los jóvenes de ahora no aceptarían, y mi tentación ahora es dar una lista pero no lo voy a hacer.

Hay que ser conscientes de que en los más o menos 30 años (diría) que separan a una generación de otra ha habido multitud de cambios tecnológicos, sí, pero también sociales y morales.

La gran diferencia entre los jóvenes de ahora y las generaciones anteriores es un principio que rigió la educación de antes, que los mayores de antes odiaron cuando eran chicos, y que decidieron que ellos no transmitirían a sus propios hijos:

«El que algo quiere, algo le cuesta».

Los mayores decidieron que sus hijos tendrían las cosas sin tener que pagarlas, sin que tuvieran que sufrir lo que les costó a ellos conseguirlas. Pero no por no enseñar ese principio deja de ser cierto. Y los jóvenes de ahora están descubriendo el precio a pagar por todas sus ventajas. Sí, su vida es fácil y cómoda... pero no tienen acceso a casa. Y si no hay casa, no hay familia, no hay futuro.

Los jóvenes tienen ventajas y recursos que en buena lid sólo deberían haber tenido de viejos: están viviendo ahora lo que debería ser su futuro. Tal vez por eso su futuro parezca ser el vivir de mayores como deberían haber vivido de jóvenes. Es decir, peor que cuando eran jóvenes, que viven como si fueran mayores. 

 

Unas pocas notas más:

1) Me llama la atención la edad de esos jóvenes que claman desesperanzados. Sí, algunos son de veintipocos, que es lo que a mí me parecería normal, correcto. Estos han de tener esperanza, no rendirse: lo conseguirán. Otros son de veintimuchos.  Buf, siempre ha habido jóvenes que se han independizado más tarde, pero con, pongamos, 28 años, deberían tener su vida enfocada. Ahora, el drama es cuando esos jóvenes son de treintaitantos. Que los hay, y muchos. Aquí sí que no: aquí hace al menos 10 ó 15 años que su vida la manejan ellos, por lo que cabe pedirles responsabilidades: ¿no tendrán parte de culpa, ellos, en lo que han hecho desde que salieron del colegio y tomaron ellos sus propias decisiones?

2) Lo de la vivienda, la falta de viviendas, es realmente dramático. Pero España es un país socialista, y aquí se hace lo que decide el Estado, que por cierto es, desde hace ya suficientes años, Pedro Sánchez (el que en actos varios prometió en torno a 700.000 viviendas en los entonces "próximos años", sin que ninguna promesa se intentara cumplir). Hay demasiadas trabas para construir, pero además hay demasiados problemas, que se vienen arrastrando desde hace años. Sí, hace años que se viene advirtiendo que faltan jóvenes en el sector de la construcción, que muchos oficios claves los desempeñan personas que se van a jubilar, que nos e encuentra personal capacitado. Se lleva años diciendo, y ya entonces se pintaba un futuro poco halagüeño si no se afrontaba el problema. Bien, no se afrontó y ahora tenemos ese futuro. En mi opinión, el Gobierno debería dejarse de zarandajas, cambiar la legislación en todo lo que sea necesario y dedicarse a promover la construcción de viviendas como si nos fuera la vida en ello. Porque nos va.

3) Ciertamente, la falta de viviendas es un problema insalvable. En las generaciones mayores, el ritmo de un joven era acabar con los estudios, conseguir ser L.S.M., encontrar pareja, encontrar trabajo y con todo ello encontrar casa. Encontrar casa puede casarse, que el casado casa quiere. Y una vez con casa y casado, el futuro es el a partir de entonces. Pero si no hay viviendas no se va a crear una familia. Y la sensación de que es un problema que el joven no puede superar es desmoralizador.

 

 

Al final, también los viejos pagaremos por el error de no haber construido viviendas: perderemos a los hijos, porque no teniendo viviendas cerca nuestra se irán allá donde éstas estén.

 

 

 

José Antonio Labordeta - Ya ves 

 

sábado, 9 de agosto de 2025

Otra forma de ver el turismo

https://www.youtube.com/watch?v=E7zmRvhFEYo 

 

 

Esta mañana me encontré en el Metro con una turista. Digo yo que era turista, porque era una mujer jovencita, muy pelirroja, piel muy blanca, zona cercana al cuello y parte superior de los hombros enrojecida,... Sí, podía ser de Almendralejo, pero había algo más en su actitud: tenía mucho calor. Y se quitó la camiseta, se quedó en sujetador. Primero pensé que quería secarse el sudor y pasarse un desodorante, pero en realidad sólo bufaba. Luego vino el tren, y se subió al vagón. Siguió en sujetador.

El Metro de Barcelona es suficientemente seguro para que un día laborable en horas laborables una joven pueda viajar sola en sujetador por las paradas del centro. Pero ¡caray!: es un espacio público, no el salón de su casa.

Era una turista, lo tengo claro.

Y sí, miró el móvil y luego se lo metió debajo del pantalón. Supongo que en las bragas, pero es que no me importa. Yo nunca lo haría.

Muchos turistas se comportan aquí como no lo harían en sus lugares de origen. Tal vez por eso vienen, o es una razón más.

 

 

El turismo es probablemente la principal industria de España. En Barcelona, suponiendo una estancia típica de 1 noche (2 días), calculo que recibimos cada día 100.000 visitantes de media (entiéndase turistas: extranjeros que vienen a Barcelona, por ocio o por trabajo, dispuestos a gastarse dinero aquí). A esas personas hay que alojarlas, alimentarlas, vestirlas (la parte que toca), transportarlas, cuidarlas, protegerlas, entretenerlas,... y reparar lo que rompen o gastan, limpiar lo que ensucian, gestionar sus residuos, proporcionar el agua necesaria,... Mucho más de lo que parece.

La parte positiva es que trae el dinero de fuera. Es por eso que se llama industria, porque es lo que las industrias hacen.

Ahora bien: considere un momento lo que hacen las otras industrias.

En la agricultura, el agricultor además de dejarse los cuernos consigue extraer un producto de la tierra. Ese producto lo vende y obtiene dinero.

En la ganadería, el ganadero gestiona un establo para que los animales produzcan (miel, huevos u otros animales) y lo que producen lo intercambia por dinero.

En la minería se extraen productos que tenemos y se venden. Funciona mientras queden productos que extraer, eso sí.

La pesca es parte ganadería, y parte minería. 

En la industria propiamente dicha, el esfuerzo de los trabajadores y el saber de los ingenieros consigue mejorar las materias primas y conseguir que otros paguen por el resultado.

¿Ve un patrón común aquí? 

Siempre alguien vende algo a alguien.

¿Qué se vende en la industria del turismo?

Hay quien dirá que cerveza, que noches de hotel o camisetas. O nuestra gastronomías (risas sostenidas). Pero no, no es eso.

Le daré una pista. A ver si se reconoce en esta situación:

—Chico, no pudimos ni entrar. Había una cola de gente que no veas.

Cuando uno vive en un bloque de pisos acepta compartir una parte de su vida con sus vecinos: será a los que salude por las mañanas, con los que hable del tiempo en el ascensor, con los que comparta problemas comunes y el espacio que ya considera suyo y se sienta a salvo. En menor grado comparte su vida con sus vecinos de barrio, y también de ciudad e incluso de país. Cuando está en el bar tomando un café o una cerveza le importa que estén: no entrará a un bar en el que no haya nadie, por ejemplo. Son con los que acepta compartir un día de playa, una sesión de cine, ir a misa o simplemente coincidir en el transporte público.

Cuando viene un turista, usted acepta compartir con él su espacio vital. Él también irá a la playa, se subirá a los autobuses o trenes, coincidirán en las calles e incluso en la escalera de su casa si como me ocurre a mí hay pisos turísticos. No se trae al turismo como si fuera un resort caribeño, encerrados en un espacio del que no puedan salir ni nosotros entrar, porque no vienen en busca de sol y mar: vienen en busca de sol y mar con nosotros. Quieren pasear por nuestras calles con nosotros (de hecho, no creo que les cause especial placer cuando todos los que caminan son turistas como ellos, como en los pasillos de los aeropuertos o grandes estaciones), quieren estar en nuestros restaurantes, caminar por nuestros bosques o montañas, coincidir con nosotros en las piscinas. Y, como están dispuestos a pagar por ello, usted acepta.

Lo que se vende en el turismo es nuestro espacio vital. Y no pasa nada, está bien. El visitante llega a un pueblo, y los que están en él comparten ese día: coinciden en el bar de la plaza, se saludan, lo ven, él les ve, observa dónde viven y qué hacen, se ven mutuamente comerse un bocadillo,... Y no pasa nada. El visitante no quería llegar a un pueblo abandonado, no ver a nadie, que nadie saliera de sus casas. Quería que el pueblo hiciera su vida normal. A cambio de dejarle estar allí (con ellos haciendo su vida normal), el visitante ha hecho un gasto tal vez en el bar o el restaurante, a lo mejor en el cepillo de la iglesia o en la gasolinera o en la tienda que vende productos típicos. Lo que ha costado, lo que ha comprado, no ha sido tanto. Así que está bien.

¿Y si la cosa se saliera de madre? ¿Y si vinieran tantos visitantes a la vez que los vecinos no pudieran circular en coche, las calles estuvieran atascadas permanentemente, no hubiera sitio en el bar o en la iglesia o en el dispensario o en la tienda de alimentación o en la piscina? ¿Y si fuera constante? ¿Y si la demanda de alojamiento fuera tal que ni siquiera ustedes pudieran permitirse una vivienda porque todo se destina a los mucho más rentables visitantes? ¡Ah, entonces sería un sinvivir! Habría vendido usted más de lo que debería. Como si vendiera alimentos y se encontrara que había vendido hasta los suyos propios y ahora solo tiene para comer billetes con monedas.

Pues hay sitios donde eso ocurre.

En Barcelona la presión turística ha hecho que al parque Güell sólo se pueda entrar pagando. Y a la catedral. Y al templo de la Sagrada Familia. El turismo ha expulsado a los barceloneses de muchos de los lugares de los que solían disfrutar, de los transportes que usaban (hay líneas de autobuses que se pidió a Google que no informara de ellas para que los turistas no las emplearan) y de pisos en los que antes se vivía. De bares, tiendas y paseos, que ahora son, en la práctica, tourists only. Y era de cajón que esto iba a ocurrir: desde hace muchos años el empeño del ayuntamiento de la ciudad ha sido la promoción de la misma: somos los mejores, un lugar maravilloso, tenemos joyas que usted no puede dejar de visitar, venir aquí es lo más. Incluso se consiguió que Woody Allen filmara una película que hasta tenía Barcelona en el título. Venga ferias, congresos, salones, exposiciones, lo que sea. Usted, venga. 

Y a nosotros, ¿qué nos decían mientras tanto? Que el turismo es riqueza. Que trae mucho dinero que beneficiaba a muchas personas. No dijeron que la parte del león de ese dinero iba a las compañías de transporte y a las compañías hoteleras, eso teníamos que haberlo pensado nosotros. Y tampoco nos dijeron que lo que vendíamos era nuestro espacio vital, con lo que nadie sospechó si no iba a ser que venderíamos demasiado espacio.

Dejo, para terminar, una foto que ha aparecido hoy en el diario El Mundo: un montón de turistas delante de la salamandra del parque Güell. He estado allí muchas veces, estuve mientras se pudo, y no creo que vuelva nunca: es ya otro sitio tourists only.

Barcelona, la zona cero del colapso turístico: "Desde la pandemia la gente se ha vuelto loca"
(artículo completo aquí)

Las personas que usted se cruza forman parte de su vida y lo que el turismo vende es ser parte de su vida. Con el turismo, lo que usted está vendiendo es una parte de su vida. Mejor dicho: otros están vendiendo parte de su vida de usted. Ése es el problema del turismo, porque esos otros no sienten que estén vendiendo demasiado.

 

 

Barry White - You're the first, the last, my everything 

 

 

viernes, 4 de abril de 2025

Acostarse con el jefe

https://www.youtube.com/watch?v=F9yubdhFeWY 

 

 

No es sólo un rumor callejero, es real. Existen casos. Algunos, muy famosos; por ejemplo, y sin querer extenderlo a conocidas políticas, estos días se debate en juicio la situación de una moza que consiguió una serie de trabajos acostándose con el jefe.  Trabajos por los que ni aparecía: directamente le mandaban los cheques a casa. Sí, en su caso se puede decir que ella consiguió los puestos acostándose con el jefe, y también se puede decir que en realidad los puestos (los sueldos) eran para pagar el que se acostara con el jefe. Pero no es de la señorita en cuestión ni de las famosas políticas de las que quiero hablar, sino de lo que ocurre cuando una mujer consigue (supuestamente) algo acostándose con el jefe.

En general, las personas nos dividimos en dos grupos: feministas y todos los demás, desde el punto de vista de todos los demás, o en feministas y machistas recalcitrantes, desde el punto de vista de los y las feministas (los porque algunos haylos, al menos de boquilla).

Para los machistas recalcitrantes, heteropatriarcales como somos, es algo muy feo y está muy mal. Como es lógico, el beneficiado no piensa así, pero es el único; está mal. Pero ¿porqué está mal? Pues porque ha arrebatado el puesto de trabajo o lo que fuera que consiguiese a otra persona que lo habría conseguido si hubiera sido un concurso de méritos (y, claro, el sexo no computa como mérito). Se lo ha quitado a una persona que lo merece más. Caray, es que nos parece mal incluso aunque tangencialmente fuéramos beneficiados (por ejemplo, porque la que se acuesta con el jefe es nuestra esposa, nuestra hija, nuestra madre,...).

Y, fíjese el detalle: nadie está diciendo que esa persona que se lo merece más sea un varón. A veces lo será y a veces no, pero eso al machista recalcitrante no le importa.

¿Y para las feministas? Pues, para las feministas depende.

¿Y de qué depende? ¡Ah, mi querido Philby!

En principio, que una mujer haya conseguido algo acostándose con el jefe en vez de por sus propios méritos es un infundio machista asqueroso: ¿qué pasa, que una mujer no puede ser mejor que un tío y merecerlo más? Es que sois unos cerdos, una mujer logra algo y en seguida estáis atacándola con que no se lo merece y que lo ha conseguido acostándose con el jefe.

Salvo que la mujer en cuestión no le caiga bien a la feminista. Por la razón que sea, hay miles de posibles razones. En ese caso, ¡ah, menuda zorra! Y es que ésa todo lo consigue así, ya la tengo yo bien calada, que no hay más que ver lo zorra que es. 

Coherencia y feminismo no suelen casar bien.

 

 

 

 Yann Tiersen - Amélie: comptine d'un autre été: l'après-midi

 

 

martes, 18 de marzo de 2025

Islamofobia

https://www.youtube.com/watch?v=jm6F7gZCYcw 

 

 

¡Qué palabra más fea!, ¿verdad? Parece que le estén acusando a uno de algo incontrolable que forma parte de su carácter en su relación con el islam: que le acusan a uno de animal, de no ser capaz de pensar y admitir que el otro es diferente. Y, claro, cuando le espetan a uno un «¡islamófobo!» no da la sensación de que te estén llamando guapo.

Sin embargo, si a uno le acusaran de anti-nazi, comunista o persona que cree que las películas de Almodóvar son infumables, uno debería poder aclarar su porqué. En este artículo yo voy a intentar explicar qué entiendo por islamofobia; al terminar, el lector deberá decidir si es una sensación fundada o infundada. Y si resulta fundada, hay que convenir que es del todo punto digna de respeto como una opinión más.

Vamos a partir de la hipótesis de que hay dos clases de islamofobia: visceral y racional. 

De la islamofobia visceral no cabe discutir mucho: si existe, es. La discusión puede versar sobre cómo aceptarla, cómo tratarla o cómo combatirla, pero es lo que hay. 

Lo que me interesa a mí es la otra, la islamofobia racional. Es decir, el estar en contra del islam por motivos razonables. 

Vamos a considerar, por ventajas de redacción, que yo soy islamófobo racional. ¿Por qué estoy en contra del islam? 

En principio, el islam es una religión. Fundada por Mahoma en el siglo VII d.C., conocida por sus cinco preceptos fundamentales (la declaración básica de fe «no hay más dios que Ala y Mahoma es su profeta», la oración, la limosna, la peregrinación a La Meca y el ayuno durante el Ramadán), por su libro sagrado (el Corán) y algunas peculiaridades más. Como religión, no es muy criticable; no más que cualquier otra religión. Libertad de credo, libertad de culto y todas esas cosas, así que a callar. En su culto no son moloquitas (pinchar si no se entiende la referencia).

Pero… ¿y si el islam no es sólo una religión? ¿Y si es un estilo de vida que ha de regir en todos los ámbitos? 

¿Y si consideramos que además de una religión es un sistema político? Ah, entonces sí es atacable. Como el nazismo, el comunismo o el capitalismo (prohibido en varios países y en varias épocas).

¿Es el catolicismo un sistema político? No, porque el catolicismo no intenta que la vida política se adapte a las reglas religiosas del catolicismo. Incluso aunque aparezca algún iluminado que quiera que el catolicismo sea la religión oficial, un "pecado" social no se considera un pecado religioso: no se aplica lo que diga la Biblia a los ladrones o a los adúlteros, sino lo que dicta el Código Penal. Y si el Código Penal no criminaliza el adulterio, lo que diga la Iglesia da igual: cuando y donde se haya penalizado el adulterio habrá sido porque así lo prescribía el código penal pertinente. 

¿Es el islam algo más que una religión? ¿Pide el islam que la vida social se rija por las normas de esa religión? En algunos países, no. En Estados Unidos, por ejemplo, no creo que los musulmanes clamen que se aplique la Sharia en vez de las leyes civiles. ¿Pero hay países donde sí? Ya lo creo. 

La primera parte de la islamofobia sería entonces contra el islam en tanto en cuanto que sistema político. Totalmente criticable. En los países tradicionalmente islámicos uno puede aceptar o no el sistema en el que viven (hay multitud de intensidades del islamismo, si se me permite decirlo así, y no es lo mismo Mauritania que Afganistán que Indonesia) y como tal se puede criticar, pero cuando de lo que se trata es de la transformación de nuestra sociedad en otra más acorde con los principios islámicos, la islamofobia no es tal sino un simple "no estoy de acuerdo". No es un odio al Islam como religión, sino un posicionamiento en contra del Islam como no-religión.

El segundo objeto de la islamofobia serían las personas. Los islamistas. Las personas que quieren imponer el islam en la sociedad, las que quieren que sociedades no islámicas se conviertan en sociedades islámicas. Nadie tiene ningún prejuicio contra el famoso musulmán Kareem Abdul-Jabbar en tanto en cuanto que musulmán; si acaso, por ser de un equipo rival. Si uno vive el islamismo como una religión como cualquier otra, estoy seguro de que nadie está en contra de eso. 

Vamos con los islamistas, y no hace falta entrar en los terroristas musulmanes. Hablemos de musulmanes normales, pero que pretenden implementar los preceptos religiosos islámicos en la esfera gubernamental y legislativa. Siempre empiezan con pequeñas medidas sociales. Por ejemplo, que en los comedores escolares la comida sea halal, que se pueda estar en las piscinas públicas cumpliendo los preceptos islámicos en vez de los aceptados por la sociedad en la que se encuentran, que se les concedan excepciones en los exámenes o en el trabajo por causas como la observancia del ramadán, etc. Esas pequeñas medidas sociales pasan también a querer la legitimación de prácticas de su sociedad (que no la nuestra), por ejemplo el matrimonio con niñas o en contra de la voluntad de la fémina, y muchas otras. 

¡Ah, no! Ahí, pie en pared. 

Y es que, por ejemplo, en las familias islamistas, la voluntad de la mujer no prevalece frente a la del varón en ningún caso, le debe sumisión y obediencia. Si las cosas que suceden en el ámbito familiar musulmán ocurrieran en un ámbito no musulmán intervendría la policía. Entonces, si no lo aceptamos en nadie independientemente de la religión que practiquen, ¿por qué vamos a aceptarlo en su caso? ¿Por qué vamos a hacer una excepción con el Islam?

Hay, por lo tanto, razones para estar en contra del islam y de los musulmanes. No para estar en contra de todo el islam allá donde se practicare, y no en contra de cualquier practicante del islam, pero ahí estamos ya hablando de matices. Ni todo hablante de alemán en 1940 era un nazi ni todos los nazis estaban a favor de las cámaras de gas, así como no todo votante del PSOE está a favor de que los ministros seleccionen a sus amantes en catálogos que les proporcionan ayudantes ex-porteros de puticlub y les den nóminas de empresas públicas para sus gastos y lo que se tercie; uno puede estar en contra del socialismo, pero el estar en contra del socialismo en su método español de llevarlo a la práctica o en contra del socialismo como concepto es eso, una cuestión de matices.

Por otro lado, es un hecho que esta animadversión algunas personas no la razonan tanto: es su instinto quien le lleva a las mismas conclusiones. Es visceral, les sale de las tripas. Así que tal vez el intolerante es el que acusa al otro de islamófobo, pues en esa acusación le niega su derecho a los matices (cuando no su derecho a una opinión).

Y no, la islamofobia racional no es racismo. Aquí nadie margina a nadie por su raza.

Creo que, si me preguntaran, diría que la islamofobia en realidad es... sentido común. 



Lloyd Price - Personality

 

martes, 4 de marzo de 2025

Uno, dos, tres

Cómo pensamos determina lo que hacemos, y lo que hacemos determina lo que conseguimos.



El domingo estuve viendo en Amazon Uno, dos, tres.


Es una película genial de 1961 dirigida por Billy Wilder y con James Cagney como protagonista principal. Sí, en blanco y negro. Quien quiera la ficha de la wikipedia sobre esta película, la tiene aquí.

Como muestra la imagen, debe advertirse que la película incluye violencia, consumo de alcohol, consumo de tabaco, lenguaje malsonante y contenidos sexual. ¿Nos hemos vuelto locos, o qué?

En las películas de Charlot éste suele pegarle una patada en el culo a un guardia urbano. Quizá eso es violencia, pero es que en esta película, ni eso. Sí, los policías de la RDA torturan a Otto para que confiese: pero la tortura es hacerle escuchar un disco con música yanki, y Otto es un alemán del este genuino. Violencia psicológica, imagino. ¡Por amor de dios, es una comedia! De hecho, esa escena es en alemán, no creo que los niños sufran.

Lo de lenguaje malsonante, no sé si es que alguien dice "cáspita" o "diantres". ¿Tabaco? Para ridiculizar los puros habanos, y tras la primera chupada lo tiran a la basura. Consumo de alcohol... Hay una escena en un sitio mitad centro cultural mitad salón popular, y los rusos están bebiendo no se dice pero supongo que será ese alcohol tan peligroso. Y creo que se habla de beber cerveza. Esto, teniendo en cuenta que la película va de que el protagonista es el representante de CocaCola en Berlín Oeste y trata de abrir plantas en Rusia, pues es normal. Pero no se ven, o no las recuerdo. ¡Ah, ahora caigo! En la escena en la que intentan enseñarle modales a Otto durante las comidas (tiene que hacerse pasar por un conde), éste arrambla las botellas de vino e intenta beber a morro, sin usar las copas. ¡Va a ser eso!

En cuanto a contenido sexual... Parte del argumento es que el ayudante de Cagney se disfraza de mujer, y se coloca unos globos que tienen propaganda de la RDA. Luego la Policía Militar busca a una mujer que tiene propaganda de la RDA tatuada en la pechera, pero el ayudante ya se ha quitado el traje. O bien que la mujer que intenta imitar al disfrazarse es la secretaria de Cagney (con la que tiene un lío, pero sólo se menciona) y ¡qué mujer! El contenido sexual debe ser que ella salga en escena, porque la insinuación a los rusos de que si acceden Cagney les cederá su secretaria...

En fin, que la película la dan para mayores de 13 años, y ningún niño ni de 7 años sería capaz de encontrar el contenido sexual, el lenguaje malsonante o la violencia. Hay más de todo eso en la Blancanieves de Disney y, por supuesto, en La Bella Durmiente (¡el héroe lucha contra el dragón!) y en La Cenicienta.

Claro, luego vemos que nos advierten de precisamente lo mismo en La naranja mecánica, y creemos que los niveles de violencia, sexo y demás es similar. 

Somos una sociedad decadente, porque hemos dejado que las minorías tomen las riendas. Estoy seguro de que sólo una minoría muy minoritaria de entre nosotros pediría que se advirtiera al que va a visionar Uno, dos, tres de que es una película violenta y todo eso. Pero dejamos a esos trastornados que rijan las cosas, y así nos va.

 

 

Frankie goes to Hollywood - Relax 

sábado, 8 de febrero de 2025

Mis versículos favoritos XXIV: un versículo que NO es mi favorito

https://www.youtube.com/watch?v=AQtZCgFuikM

 

 

La canción que acompaña esta pieza es Adelante, de Los Calchakis; la tenía en uno de mis discos de mocedad, El canto de los poetas latinoamericanos, y la letra dice así:

Si te postras 10 veces, te levantas.

Otras diez, otras cien, otras quinientas,

no han de ser tus caídas tan violentas,

ni tampoco por ley han de ser tantas.

No te des por vencido ni aun vencido.

No te sientas esclavo ni aun esclavo.

Aunque sientas pavor piénsate bravo,

y arremete feroz ya mal herido.

Haz igual que el robledal

cuya grandeza necesita del agua y no la implora,

que muerda y vocifere vengadora,

ya rodando en el polvo tu cabeza.



Es la actitud del "no surrender", "never give up"  y similares de tantas canciones que se corean como himnos, la gallardía del "no pienso darme por vencido", "seguiremos luchando hasta la victoria final" y cosas así. Es el no aceptar un no por respuesta. Es el "no renuncies a tus sueños". De entre los valores de las personas, uno de los que menos admiración me causa.

Porque, cuando nos lo hacen a nosotros, es el "¡vuelta la burra al trigo!", el "¡mira que eres testarudo!". 

Hay que saber aceptar la derrota. Se ha peleado, se ha perdido, ya está. No hay que seguir, no hay que insistir. Es evidente que no queremos ser independientes, no sigas con ello. Es evidente que no tienes mayoría, es evidente que no es lo que queremos, olvídalo, déjanos en paz. Acéptalo. De lo contrario, la convivencia es imposible. 

Si vamos al cine y votamos qué película, el que quería ver otra ha de aceptarlo y no dar la matraca con que no veamos la película elegida sino la que él quería ver, ¿verdad? Pues eso.

No estoy diciendo que uno se rinda a la primera, no. Pero una vez que la fortaleza de las opiniones está establecida, se acabó. Una vez queda claro que los otros están seguro de que no es tu oferta lo que ellos quieren, déjalo. 

Es una actitud que arruina la convivencia. Es la intolerancia que decide intolerantemente ser intolerante por siempre. Es la quintaesencia de la antidemocracia.

Puede aducirse que el "no te rindas" no siempre se refiere a la relación con otras personas. Que se puede, que se debe, aplicar a uno mismo: no te rindas ante las dificultades, sigue esforzándote. Todo buen violinista ha pasado incontables horas intentando mejorar. Todo buen músico, todo buen deportista o atleta, qué diantres, todo buen ingeniero, todo aquel que es bueno en lo suyo: su esfuerzo le ha costado. Y sí. Siempre que no raye en la estupidez: yo nunca seré un buen pianista o un buen ciclista, no importa cuánto me esfuerce. Cuanto antes lo reconozca, mejor. Si quería ser un gran ciclista, lo inteligente es reconocer que no lo seré y no perder el tiempo queriendo llegar a ser lo que no seré. Hay que ser consciente de las capacidades de cada uno.

Supongo que, en realidad, es como dice Aristóteles: la virtud está en el punto medio. Ni mucho ni poco. La testarudez o cabezonería (la perseverancia, respondo cuando se me acusa de terco), en sí misma, no es una virtud.

 

¿Y qué tiene esto que ver con los versículos de la Biblia? Hay al menos dos pasajes en el evangelio de Lucas que tratan este tema; uno de ellos es el de un vecino que molesta al otro por la noche, pidiéndole pan porque ha recibido una visita, y el otro al final cede y se lo da. Y Jesús dice:

«Pues yo os digo a vosotros: pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá».

Lc 11, 16

El segundo es un caso aún peor: una mujer solía clamar al juez que le haga justicia, y el juez termina diciendo:

«"Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esta viuda me está molestando, le voy a hacer justicia, no sea que siga viniendo a cada momento a importunarme". » Y el Señor añadió: «Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que claman ante él día y noche?; ¿o les dará largas?»

Lc, 18, 4-7

Es decir: hay que insistir hasta agotar al otro y que ceda. Por eso digo que estos versículos no me gustan. Supongo que lo que quieren decir es que hay que porfiar, hay que confiar en Dios y no dejar de creer porque las cosas no salgan como queremos o no obtener lo que pedimos y esperamos; pero la formulación que consta no me gusta.

 

En fin, la bondad de la perseverancia y no reblar es opinable. Pero hay que tener medida y saber cuándo dejarlo. Eso sí es algo que alabo en una persona. 




Los Calchakis - Adelante