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miércoles, 27 de mayo de 2026

Los abuelos III

El tiempo no hace prisioneros. 

 

Para lo que sigue, hay que escuchar la canción "Mañana", de Silvia Pérez Cruz: https://www.youtube.com/watch?v=_EXUe6Vchr4

La canción musicaliza una letra de Ana María Moix, y esa letra cuenta una curiosa verdad:

Cuando yo muera amado mío
No cantes para mí canciones tristes
Olvida falsedades del pasado
Recuerda que fueron solo sueños que tuviste

¡Que falsa invulnerabilidad la felicidad!
¡Que falsa invulnerabilidad la felicidad!
¿Dónde estará ahora, dónde estará mañana?
Cuando yo muera amado mío

No me mandes flores a casa
No pongas rosas sobre el mármol de mi fosa, no
No escribas cartas sentimentales que serían solo para ti
No escribas cartas sentimentales que serían solo para ti

Cuando yo muera mañana, mañana, mañana
Habrá cesado el miedo de pensar que ya siempre estaré sola
Que ya siempre estaré sola mañana, mañana

Cuando yo muera mañana, mañana, mañana
Ya habrá cesado el miedo de pensar que ya siempre estaré sola
Que ya siempre estaré sola, mañana

 

Dos abuelos. Décadas casados, viviendo siempre juntos. El mundo que existía antes de vivir juntos ya no existe: hace muchos años que desapareció.

¿Usted cree que ellos no han hablado entre sí nunca de la muerte? ¿De que cuando uno muera el otro quedará solo? ¿Y de qué será del otro, cuando quede solo?

La protagonista de la canción espera la muerte aliviada porque significa que ella no vivirá sola.

Tengo para mí que lo contrario es lo que da la fuerza para seguir viviendo.  Vivir, para que el otro no se quede solo. Porque ¿qué sería de él, solo? Siempre me ha tenido a mí. Todos conocemos casos en los que el segundo sigue al primero a los pocos días. Recuerdo, hace años, una amiga cuyo abuela murió un viernes. Acudieron a la casa de los abuelos, en Francia., y el domingo estaba mi amiga comiendo con el abuelo en la planta baja mientras la familia comía en la planta superior. Y, mientras comía, el abuelo murió. No quiso vivir más, pero ¿porqué quiso vivir hasta entonces? Yo creo que porque no quería dejar sola a su mujer. Mientras ella no muriera, él viviría.

Estoy seguro de que es un caso más común de lo que se cree.

Cuando veo ancianos que siguen juntos tras muchas décadas, siempre me pregunto si ése no será uno de esos casos. En los que a la muerte de uno sigue más o menos rápido la del otro. Es que no sé cómo funciona esto de la muerte: si muere uno cuando quiere, si las ganas de vivir mandan más que la biología. 

Claro que tampoco sé porqué vivimos (muchos) tanto. Los abuelos son para los niños pequeños y para los padres jóvenes, ¿no están de acuerdo? 

El secreto es que el propósito de que los muy mayores vivan tanto es cómo nos comportamos los demás con ellos. Sobre todo los que ya no somos jóvenes. Unos se portan bien, y otros mal. Portarse mal con ellos, desatenderlos, burlarse, evitarlos, impacientarse, despreciarlos, es fácil. Lo que hay que hacer es portarse bien. 

domingo, 17 de mayo de 2026

Los abuelos II

https://www.youtube.com/watch?v=UqMD3cg1qxM 

 

 

Los niños son el pasado. Los abuelos, el futuro.

«No, no», me dirá usted. «Está usted equivocado». No, no lo estoy.

Los niños son el futuro. No tienen pasado, tienen todo el futuro por delante. El futuro de la sociedad está en sus niños.

Los abuelos, los ancianos, son el pasado. No tienen futuro, lo que tienen es pasado. El pasado de la sociedad está en sus ancianos. 

Es lo que usted está pensando, ¿verdad? 

Pasa que aquí ocurre algo parecido a la emigración.

Un emigrante es una persona que nos abandona y se va a buscarse la vida en otro lugar. Si un país o región tiene un problema de emigración, lo que le ocurre es que una parte de su población se está marchando y eso supone un problema.

Un inmigrante es una persona que abandona su lugar de origen y se viene a buscarse la vida entre nosotros. Si un país o región tiene un problema de inmigración, lo que le ocurre es que está recibiendo una cantidad importante de habitantes de otro país o región.

Un migrante es un animal que pasa el invierno en unas zonas y el verano en otras, y lo que hace es desplazarse entre ambas. O, como los salmones y las tortugas, viven en un sitio y cuando les toca se desplazan a otro a desovar. Y si usted es un tonto de izquierdas (no se sabe qué acarrea lo otro), un migrante es un emigrante o un inmigrante pero usted no sabe si va o si viene, si decirle hola o adiós.

Para los que lo despiden, esa persona es un emigrante. Para los que lo reciben, un inmigrante. Esa persona, así mismo se trata de Juan, y en cuanto a frente a los demás adopta la postura del interlocutor. Si le deja o llega junto a él.

Pues con los niños y los ancianos ocurre lo mismo. Depende de nuestro punto de vista.

Cuando vemos a un niño, vemos el pasado. Vemos el niño que fuimos. Recordamos cómo éramos, qué hacíamos. Y así, les comprendemos y sabemos cómo hay que tratarles. Y también entendemos entonces porqué nuestros mayores nos trataron así cuando nosotros éramos esos niños.

Cuando vemos a un anciano, vemos el futuro. No sabemos cómo se siente, porque nosotros aún no somos ancianos. Pero vemos cómo seremos, si llegamos a su edad. Lo que les ocurre nos ocurrirá. La pérdida de capacidades, la decadencia física y mental, la tendremos. Por eso, hemos de tratarles como nos gustarían que nos tratasen a nosotros si fuéramos ellos. Con cariño y con respeto. Sobre todo, con respeto y con cariño.

No nos riamos de los ancianos. No nos aprovechemos de ellos. Y enseñemos a los niños que a los ancianos, y en especial a los abuelos, se les trata con cariño y respeto, porque nuestro futuro es ser ancianos y querremos que los ahora niños nos traten así.

 

 

José Luis Perales - Tú como yo 

 

sábado, 9 de mayo de 2026

En el refugio atómico

https://www.youtube.com/watch?v=X2re0kACKy0 

 

 

¿Querría usted vivir en un refugio atómico?

¿No? ¿Por qué no?

A fin de cuentas, dentro del refugio se está muy bien. No importa si fuera el ambiente es radiactivo y el agua está contaminada, si todo son escombros y ruinas y el aire es irrespirable. En el refugio el aire está tratado y es perfecto, el agua se depura en un ciclo de recirculación perfecto, no falta comida ni energía. Hay espacio de sobra, y otras personas con las que pasar el rato. De hecho, si es usted varón y heterosexual es probable que localice féminas que estén dispuestas a repoblar la Tierra, y ya se sabe, todo sea por el bien del planeta.

En el refugio usted está a salvo y le va bien. Lo que pase fuera no le afecta.

Pero, claro: fuera es un desastre. Y eso hace que no nos guste.

En nuestras vidas estamos viviendo en un refugio atómico. Tenemos comida, bebida, energía los más de los días. Nuestra microeconomía funciona: el tráfico es un desastre y las carreteras están a veces cortadas, del tren ni hablemos, los precios no paran de subir y los servicios públicos se están deteriorando a pasos agigantados. Pero, oiga, seguimos adelante. A todo se acostumbra uno. La educación, la sanidad, la composición de nuestra sociedad, los medios de comunicación,... Cuando uno lo piensa, parece que todo se está yendo al garete. Que nuestra civilización se cae a pedazos y que en cincuenta años estos serán los dolores de Fabio.

No sé cómo es la vida en un refugio atómico, pero imagino que uno se aísla mentalmente del exterior. Vive su vida intentando no pensar cómo están las cosas ahí fuera. Por su salud mental. Pues aquí y ahora, más o menos igual. Ya no miro los informativos de la TV (con lo que ya no miro, de facto, la TV), y me dan igual, en la prensa escrita, en papel o en internet, las noticias de política, nacional o internacional (la local y autonómica hace mucho que dejó de tener cualquier tipo de interés). No me atraen los artículos de opinión política. En el momento de escribir estas líneas, lo último que sabía es que el gobierno había tomado por asalto la AIREF, la "autoridad independiente de responsabilidad fiscal", que es un organismo que se supone que fiscaliza al gobierno desde la independencia; ahora cesa su directora, y el gobierno ha nombrado como sustituta a una acólita que formaba parte del segundo escalón del gobierno. Pues bien, ahora que retomo el artículo lo más reciente es que la fiscal general nombrada por Sánchez actúa ya sin tapujos: sustituye a fiscales de larga experiencia por los de su cuerda, saltándose cientos de puestos de escalafón, porque ella lo vale. Y le dice al fiscal del caso Ábalos que nada de incentivar al arrepentido Aldama que está revelando los secretos. Aunque cuando ha ocurrido algo parecido (un arrepentido) en un caso del PP (caso Gürtel), al arrepentido en cuestión le den la inmunidad y el ministro de Justicia de Sánchez proclama que cuando alguien colabora con la justicia el gobierno le va a ayudar. Lo dicho, da igual lo que pase actúan a calzón quitado. Y claro, uno prefiere aislarse. Dado que no puedo hacer nada, prefiero no saber. Total, para qué. Para amargarme, para enfadarme, para indignarme. Paso. Me vuelvo al refugio atómico.

Y así sobrevivimos, concentrándonos en las miserias nuestras del día a día, en lo que nos atañe y nada más.

Muchos pensamos que Sánchez no convocará elecciones en el 27. Otros pensamos que sí, pero que estarán amañadas. Otros, que algo hará o se sacará de la manga, que Sánchez no se va a ir. Y lo encontraremos aceptable, y será legal aunque haya tenido que cambiar la ley para ello y lo que no haya podido cambiar haya tenido que salir su lacayo del Constitucional para decir que sí que lo es. Capaz es, capacísimo, de extender el hantavirus por la península y obligarnos a confinarnos y así anular las elecciones. ¡Vaya que si es capaz!

Por eso vivimos en un refugio atómico. Por prescripción facultativa. O por automedicación.

Poco a poco, todos nos vamos encerrando. A veces alguien que no se ha metido aún exclama que no comprende por qué no pasa nada, por qué se les sigue votando o cómo es que permanecemos indiferentes viendo cómo todo se va al garete. La respuesta es obvia: porque nos encerramos en nuestros refugios atómicos. No somos capaces de vivir en el exterior, sabiendo lo que está pasando.

Puede que tal vez un día quizás una turba tome al asalto el palacio de la Moncloa y cuelgue al condotiero por los pies de un balcón. Y a su esposa, ya puestos. Y a muchos de los que estaban por allí y a sus escoltas si se oponen. Ese día que tal vez quizá ocurra puede que los buscados por la turba clamen y pidan ayuda. Y que se encuentren con que nadie se la brinda. ¿Saben por qué? Porque estaremos todos en nuestros refugios atómicos, donde ellos nos forzaron a encerrarnos, y nos dará igual lo que les pase. 

Así que yo, a lo mío. A buscar una fémina a la que convencer de la necesidad de repoblar la Tierra. 

 

 

 

Ludovico Einaudo y Ballaké Sissoko - Chanson d'amour 

 

 

 

martes, 28 de abril de 2026

El señor de los anillos

https://www.youtube.com/watch?v=Veog9lA_3Zo 

 

En estos días de viajes y largas esperas en aeropuertos he tenido que matar los ratos muertos como he podido; uno de ellos ha sido con un librito de uno o dos divulgadores franceses (ojo, ese detalle es clave) que contaba, de manera resumida, la Historia del mundo. Este tipo de libros suelen ser como ver una película de las que me gustan a mí (con acción y sin besos, para empezar): no es que alberguen grandes sorpresas, pero siempre es divertida la nueva historia del pistolero que llega a un pueblo del Far West dominado por un rico terrateniente con una pandilla de matones a sueldo o del ex-Navy Seal que ha querido dejar atrás todo su pasado pero tiene que ponerse a ello una vez más cuando los malos se meten con la persona equivocada.

 

El libro, ya lo he dicho, lo han escrito franceses. Y para franceses. Como uno ya conoce a los franceses, pues no les tiene en cuenta lo encantados que están de conocerse; al contrario, lo leí como una oportunidad excelente para saber cómo ven el mundo, o su Historia. Como detalles, baste decir que citan a España dos veces: una para decir que en el siglo XVI, tras la guerra de Granada, mandaron mucho, y otra para lamentar que Napoleón, en el apogeo de su gloria, hubiera decidido meterse en España. Esto último los autores lo achacan a la hybris griega que arruina a todos los humanos que llegan a creerse dioses y que hizo que Napoleón quisiera darle un reino a su hermanito José. Explican entonces que la diferencia fundamental entre España y Europa es que en España no se sentía aprecio por los soldados franceses y, a diferencia de los demás países, allí los soldados no podían alojarse en las casas de los lugareños. ¡Porque los degollarían! Bueno, también explican (en una idea que me parece muy interesante) que la clave del éxito de la conquista de América es la enorme distancia psicológica que había entre los españoles, que vivían en la Edad Moderna, y los americanos, que en los mejores casos estaban recién salidos de la Prehistoria. Y que lo mismo habría ocurrido si aquellos españoles hubieran desembarcado en el Egipto de los faraones, se habrían hecho con el poder en un plisplás. Claro que hay que entender que el autor es francés: considera un gran explorador-descubridor al señor de LaSalle, que en realidad fue un loco iluminado vendehumos, y considera que en los siglos XVII-XVIII Francia dominaba un tercio de América del Norte (aunque tiene la deferencia de apuntar que lo hacía sin apenas franceses allí). Se ve que consideran que si un francés desciende en barca un tramo del Misisipi, toda la cuenca del río es suya. En fin, quizá algún día escriba sobre esto, porque el tema tiene mucha miga y los franceses, desde luego, no lo van a hacer.

En fin, a lo que iba. O no, una digresión previa: es curioso cómo tratan los autores la caída del imperio romano (de Occidente). Como el librito es un manual sencillo, no profundiza mucho en los porqués, básicamente ocurre. ¿Empieza entonces la Edad Media? Según ellos, no. Según ellos, empieza el año 987 con la proclamación de Hugo Capeto como rey de Francia (por cierto: traté el tema en esta entrada). Lo que hay entre los romanos y Hugo Capeto son simplemente años oscuros. Y dice que Carlomagno era un patán y que es incomprensible la alta estima que se le tiene hoy en día. Para ilustrar la oscuridad de esos años, apunta que en aquella época (en Francia) no se construyó nada. Ni un monumento, ni una iglesia, nada. ¡Estos franceses...!

La caída de Roma supuso un paso atrás civilizatorio descomunal, de eso no hay duda, pero no fue igual en todas partes. En Inglaterra supuso la vuelta a la Edad de Piedra. En el norte de África, la desolación. En Francia, ya lo vemos: los arquetipos de francos, merovingios o caloringios, analfabetismo rampante. Pero la Iglesia Católica perdura, y las sociedades, más o menos, se mantienen Vale, lo compro. Pero en la península ibérica la cosa fue diferente: estaban los visigodos. De hecho, estaban como reyes antes incluso de la caída del imperio, por lo que la caída les afectó lo mismo que nos afectaría a nosotros la desaparición de los EE.UU.: nos quedaríamos sin películas de Jason Staham, sin internet y sin montones de cosas, sería duro, pero no el fin del mundo. Los visigodos mantuvieron el tipo: la monarquía persistió, se fundaron ciudades (tres), se acuñó moneda, se promulgaron leyes (y códigos legales), se erigieron iglesias, se hicieron concilios, la sociedad se mantuvo. Y san Isidoro de Sevilla escribió las Etimologías, ahí es nada. No era una sociedad inculta, al menos no más que la romana justo antes de su caída. Eso, hasta el 711. Y desde el 711 hasta el francés 987... tampoco puede decirse que España hubiera caído en la prehistoria. La mezquita de Córdoba dice lo contrario, sin ir más lejos. Pero, insisto, no hemos de ofendernos. Es un francés escribiendo para franceses, y nuestro interés es saber cómo ven el mundo ellos, no comprobar que lo ven como a nosotros nos gustaría.

A lo que iba de verdad. El libro empieza con una reflexión, que voy a denominar El señor de los anillos porque se escribió en 2006 y las películas de ese nombre estaban de moda hasta el punto de que el autor las elige para ilustrar su tesis:

En Francia, hace un siglo, todo aquel que sabía leer también sabía situarse en el tiempo y en el espacio. Un manual redactado por dos eminentes profesores, el "Malet-Isaac", mencionaba las referencias históricas y geográficas que conocían las personas que habían superado el graduado escolar. Sin embargo, esto ya no es así. La mayor parte de los franceses, y de los occidentales en general, se han convertido en personas sin pasado, en "desmemoriados" (esta palabra describe bastante bien la situación). Por una irónica paradoja, nunca se ha hablado tanto del "deber de la memoria" como en esta época de olvido; ya se sabe, sólo se insiste en una cualidad cuando ésta se ha olvidado.

Hasta hace poco tiempo, aún se escuchaba a los franceses quejarse cuando no se sentían contentos: "si una vez hicimos la Revolución, podríamos volver a hacerla", manifestaban así que eran conscientes de una bonita continuidad histórica. ¿Qué encontraríamos hoy en la cabeza de sus hijos (al menos en la de los que no han cursado el tercer ciclo)? ¡Un caballero de la Edad Media con su armadura, cabalgando sobre un cohete interplanetario, a modo de caballo, en un lugar indeterminado! 

La película en varias entregas El señor de los anillos, una epopeya que no se desarrolla en ninguna parte, nos proporciona con su éxito el testimonio de la ignorancia universal. La culpa no es de nuestros contemporáneos si se ha descuidado instruirles sobre hechos y lugares. Un mundo apremiante ha querido sustituir el estudio de la historia cronológica por el de los temas que cabalgan por los siglos, del tipo "Los medios de comunicación a través de los tiempos". En cuanto a los lugares, todos son iguales para los apresurados técnicos que ya no quieren tener en cuenta los parajes, las ciudades actuales alinean por todas partes las mismas torres de cristal. Dentro de este barullo, los paisajes se difuminan, las culturas se disuelven, las historias colectivas se borran.  

Esta mezcolanza provoca la desaparición  de aquello que permitía a los individuos efectuar el inventario de su herencia. Si a esto se añade un tremendo desprecio por el pasado lejano y el culto a lo "inmediato", se entiende que nuestra modernidad fabrique más consumidores, "zapeadores" e hijos de la publicidad que ciudadanos responsables, deseosos de comprender y construir. Así pues, hay que ponerse en guardia: la misión más importante de una civilización es transmitir a sus hijos un patrimonio, queda a cargo de estos últimos rechazar, dilapidar o hacer fructificar su herencia.

Jean-Claude Barreau: Toda la Historia del Mundo 


Es una tesis clara con la que me temo que estoy de acuerdo. Cuando yo era chaval todos los niños leíamos tebeos del Capitán Trueno o del Guerrero del Antifaz. O del Jabato, Roberto Alcázar y Pedrín, Historias Bélicas. Astérix. Tintín. Lucky Luke. Da igual cuál. Todas eran historias que estaban centradas en un tiempo y un lugar. Fijémonos, por ejemplo, en los álbumes de Asterix: la primera página de todos ellos empieza con una pequeña "lección" de Historia: 

«Estamos en el año 50 antes de Jesucristo. Toda la Galia está ocupada por los romanos... ¿Toda? ¡No! Una aldea poblada por irreductibles galos resiste todavía y siempre al invasor. Y la vida no es fácil para las guarniciones de legionarios romanos en los reducidos campamentos de Babaórum, Acuárum, Laudánum y Petibónum...»

Con el correspondiente mapa del hexágono y la lupa centrada en ese rincón de Bretaña.


Sí, ya desde el principio aparece la situación geográfica e histórica. Pero esa acotación no era exclusiva de Astérix ni de los tebeos: películas (¡tantas películas empezaban con una introducción asterixiana!), series de televisión, novelas,... La Historia y la Geografía estaba siempre presente, sutil en ocasiones y evidente en otras. Era una lluvia fina que calaba. Puede que el ciudadano común no tuviera un profundo conocimiento de la Historia, pero las líneas generales sí las sabía. Era parte de esa cultura general que se consideraba que no tener equivalía a ser un patán.

Esa lluvia cesó. El resultado es que el conocimiento histórico y geográfico dejó de calar, dejó de tenerse. Ahora se lo considera algo a evitar, en lo que respecta a la formación de los niños, y una pedantería si un adulto lo posee y, craso error, lo exhibe. La incultura es lo que está en boga. 

¿Cuándo dejamos de valorar el conocimiento y la cultura? ¿Cuándo dejamos de considerar que las personas cultas eran la élite de la sociedad y las incultas los villanos, los destinados a ser meros braceros, el proletariado? 

No lo sé. En algún momento, tal vez poco a poco. ¿Alguien duda de que eso sea un error social? Claro que sí, hay mucha gente que sigue defendiéndolo. Los maestros, los pedagogos, los psicólogos, los políticos. Sobre todo, ellos.

Para que quede claro el párrafo anterior: lo que estoy diciendo es que los maestros, políticos y pedagogos son los principales defensores de que no se enseñe el conocimiento, Historia o Geografía. No al revés, como habría pensado cualquier ciudadano hace 100 años. 

El cambio de valores no ha sido baladí. Hace 50 años, queríamos que nuestros líderes fueran figuras sobresalientes en sus campos. Los mejores en lo suyo. Ahora no les pedimos nada de nada. Un maestro de escuela puede ser la máxima autoridad nacional sobre aeropuertos, vías férreas, carreteras y obras públicas, manejar presupuestos colosales y tener poder sobre cientos de miles de trabajadores. En otros campos ponemos a personas sin la menor cualificación. Y si no tienen siquiera el bachiller, ¿qué? Si alguien protesta, se le tilda de elitista y de facha. Que porqué no va a ser ministra una mujer que se gana la vida fregando escaleras, decía una vicepresidente del Gobierno. Koldo, el famoso portero de burdel, fue designado por ese Gobierno consejero de Renfe Mercancías. Si a nuestros gobernantes, a nuestros líderes, les importa un higo el conocimiento, el mérito, la maestría, ¿quiénes somos nosotros para exigirlo? En efecto: ya apenas requerimos a los recién licenciados que sepan de lo suyo. Becarios, se llaman. Junior, también. Y nos encontramos con ingenieros de 40 años a los que se considera "juniors" y que se dicen que están aprendiendo. Como si tuvieran todavía 18 años.

Se cometen muchos errores en el trabajo. En el campo mío, un gran porcentaje de los errores son por falta de atención. La información está proporcionada, bien clara en los planos, pero el que los tiene que interpretar no los ve. Hay muchísimas personas ahí fuera que si un plano tiene 100 palabras lee solo 30 ó menos. Y que si tiene 10 palabras no lee ninguna. Asombroso pero cierto. Otro porcentaje importante es porque leen, pero no saben interpretar. Es como si usted escuchara una canción en ruso: la oiría, pero no intentaría entender la letra. Pues lo mismo: leen, pero no hacen ningún esfuerzo por entender lo que leen. Una instrucción: ir a Rue 13 del Percebe, comprar 2 tomates, volver. ¿Qué hacen? Van a Rue 13 del Percebe y vuelven. ¿Los tomates? ¡Ah, no habían caído en la cuenta de que tenían que comprarlos! No se fijaron, dicen. 

Pero, claro, esta Semana Santa hice esta foto:


No sé si maravillarme u horrorizarme. La criatura no tiene 24 meses, y ya maneja una tableta. Y un lápiz señalador, o como se llame. No sabe leer, pero interactuar con pantallas informáticas lo hace sola. Hace 25, 30 años, se decía que hay que ver, en el futuro los "nativos digitales", un término que se creó para referirnos a los que, a diferencia de nosotros, vivían en un mundo informatizado, patatín, incluso se hablaba de que tendrían los pulgares no sé cómo, etc. 

Pero ¿cómo será de ese bebé cuando sea adulto? ¡Ah, datis! Voy a especular: asombrosamente fluido y cómodo cuando se trata de moverse a través de cuestionarios y pasar pantallas, excelente interpretando botones y encontrando opciones "ocultas", pero incapaz de enfrentarse a un libro. Si puede, esperará a que salga la película. Si no, para eso estarán los audiolibros. Puede incluso que la IA genere audiolibros con audiovídeos, y así es más fácil, no ha de imaginar a Ivanhoe o a Robinson en su isla.

Ese futuro no está tan lejano: ya hoy en día los jóvenes ingenieros prefieren ver vídeos tutoriales en Youtube en vez de atender explicaciones. Los ingenieros, según mi concepción del mundo, somos la élite de la sociedad: pues imagine, entonces. O los mapas: no es que no se miran, es que son incapaces de localizar una población en un plano y encontrar la ruta hasta allí. El año pasado paré en una gasolinera a comprar un mapa de carreteras de Michelin y el dependiente me miró como si hubiera bajado de una nave espacial. Huelga decir, no tenía. Desde hacía años.

El otro día, una señora (ya mayor) me preguntó por una dirección. Estaba dos calles más abajo, por cierto. Me llamó la atención porque ya nadie pregunta direcciones. Todos tenemos móvil, ¿no? Pero esto también tiene consecuencias: los jóvenes ya no saben los nombres de las calles, y los recorridos habituales se los saben de memoria, pero los recorridos no usuales los hacen móvil en mano. Sí, la tecnología nos cambia. Cambia primero nuestros hábitos, y luego cambiamos nosotros. Hace 20 años me habría reído o me habría encolerizado si me dijeran que el dinero en efectivo iba a desaparecer. Hoy, para mí, es (casi) sólo un recuerdo. Algo que usaban los cromagnones, aunque aún queda alguno por ahí.

Así que sí. Hace 20 años El señor de los Anillos era un síntoma de lo que se nos venía encima. Hoy podemos confirmar que la evolución es cierta. Y no tiene marcha atrás. ¿Cuánto sobrevivirá "el mundo antiguo"? Lo que sobrevivamos nosotros. Cuando muere el penúltimo hablante de una lengua, la lengua muere (el último no tiene con quién hablarla, ¿no?). Cuando muera el último analógico, sólo quedarán digitales. 

Un último ejemplo. De vez en cuando me toca interactuar con ingenieros jóvenes, arquitectos jóvenes, aparejadores jóvenes. Titulados universitarios. No saben croquizar a mano, es decir, no saben plasmar sus ideas con un dibujo a mano (necesitan un ordenador), pero bueno. Ahora bien, tampoco saben explicarlas. Al menos, por escrito. No saben escribir. Saben pedirle a la IA que lo escriba por ellos. Pero ellos no saben. ¿El paso siguiente, en la evolución? Hoy, no saben expresar con precisión lo que se les ocurre; mañana, quizás no se les ocurrirá nada.

Pero no es algo que me preocupe. No es mi problema. 

 

 

 G.F. Händel - Sabaranda para cuerda y continuo 

 

   

 

martes, 10 de marzo de 2026

Unos números sobre el tiempo (para pasar el rato)

Es un conocimiento que nunca está de más:

Mil segundos son casi 17 minutos. 17 minutos son exactamente 1.020 segundos.

Un millón de segundos son doce días. En concreto, doce días exactos son 1.036.800 segundos, por lo que es una aproximación muy razonable.

Mil millones de segundos son casi 32 años. 32 años exactos son un pelín menos de 1.010 millones de segundos. 

Un billón de segundos son 32.000 años. Obviamente. 

En horas:

Mil horas son 42 días, casi clavado porque 42 días son 1.008 horas.

Un millón de horas son 114 años, con mucha exactitud. Si contamos 28 años bisiestos, 114 años son 999.312 horas. 

Y mil millones de horas son 114.000 años, claro. 

viernes, 6 de marzo de 2026

Sobre el burka

https://www.youtube.com/watch?v=22zB6Soc2Gk 

 

 

Está usted comiendo en un restaurante. En una mesa cercana, una familia: padre, madre y algunos hijos. Uno de los hijos, de corta edad, se está portando mal. Berrea, chilla, canta, tira cosas al suelo, lo que usted prefiera. Los padres le amonestan, pero el chico no depone su actitud. Usted está perdiendo los nervios y se pregunta porqué admiten niños en los restaurantes, pero sigue comiendo su filet mignon a la pimienta. Hasta que el padre le arrea un sopapo al chaval. Que, a partir de entonces, se porta bien y el resto del aforo termina su comida en paz.

Usted:

  1. Llama a la policía y les pide que vengan a detener al padre por maltrato infantil. A la cárcel y que pierda la patria potestad.
  2. Se levanta y afea al padre su actitud delante de todos. Cuando el padre le responde, le pega una paliza delante de su familia o en el callejón de atrás.
  3. Sin levantarse, afea en voz alta la actitud del padre.
  4. Sigue comiendo, tal vez aliviado, tal vez molesto por la escena que ha presenciado.
  5. Se levanta, rompe en aplausos y pide que el padre dé una vuelta entre las mesas recibiendo las felicitaciones de todos. Anima también a su santa esposa a que le arroje al héroe su sostén.

Antes de continuar, debe usted meditar bien qué opción sería la suya. Si no lo ha decidido, no ha de seguir leyendo porque carecerá de sentido. Elija su opción.

Con el burka, el niqab, el chador y todas esas prendas islámicas que están ahora en el candelero ocurre algo parecido. Es un tema privado, de esa mujer y de su familia. También de cuando esa mujer es una niña y de su familia. Es un tema privado de esa familia. No nos molestan, o sí pero nos aguantamos, los mamarrachos que nos cruzamos por la calle. Les aseguro que a menudo veo muchas escenas en la calle que me disgustan, pero aparte de pensar que pobre juventud y que o tempora o mores, me aguanto y sigo mi camino. Pero en el caso del burka, como en el del restaurante, hay un detalle adicional: el maltrato al niño, a la niña, a la mujer sometida a las exigencias del marido.

En el caso islámico, el maltrato a la niña y a la mujer es clamoroso: basta notar que, en libertad, ninguna otra mujer del mundo adopta las normas de pudor islamistas. En Barcelona hay ciudadanos de más de cien países, seguro. En primavera, verano, otoño e invierno las mujeres y niñas visten de muy diversas maneras. Algunas muy ligeras de ropa, otras muy tapadas. Algunas llevan vestimentas claramente subsaharianas, otras llevan ropa típica del Indostán, pero uno no aprecia imposición, sino una clara preferencia de esa mujer. Y luego están las islámicas. No voy a decir las musulmanas, porque no todas. Las islámicas, en invierno muy bien, pero en primavera obviamente se comen las ganas de lucirse, y en verano es asombroso que sigan respirando. Aun así, esto no está aún en la polémica. La polémica va a los casos extremos, el burka y el niqab. Eso es maltrato, nadie puede querer vestirlo voluntariamente como regla universal salvo que le hayan formateado el cerebro desde niña o lo prefiera a recibir una paliza. Y ante esto, lo que tenemos que hacer, lo que pedimos a nuestros gobernantes que hagan, es…

Piense en el restaurante. Sobre todo si eligió usted la opción d). Si eligió la a) o la b), es evidente que es usted partidario de legislar y prohibir. Pero ¿y si eligió la d)? ¿Por qué no intervino en el restaurante? Es evidente que no le gustó la escena, pero ¿acaso piensa que es un tema privado y que cada cual ha de poder educar a sus hijos como crea conveniente? ¿Acaso piensa que cada cual ha de poder educar a sus hijos como crea conveniente, excepto si ese cual es musulmán?

 

¿Mi postura personal? La expuse en esta entrada: la libertad religiosa.

 

 

 Sara Evans - A little bit stronger

lunes, 12 de enero de 2026

Estoy escribiendo un libro

https://www.youtube.com/watch?v=Lu-E-mBNLP4 

 

 

De hecho, estoy escribiendo varios. Aunque huelga decir que ninguno de ellos llegará a ver la luz: ni siquiera los voy a terminar.

¿Entonces? ¿Por qué?

Por ejercicio mental. He leído mucho, he resuelto incontables rompecabezas y pasatiempos y, en el ámbito laboral, me he dedicado toda la vida a solucionar problemas que la mayoría eran incapaces siquiera de plantear correctamente. Pero escribir un libro es otro tipo de ejercicio mental. Y uno que, lo reconozco, me está gustando mucho. 

Es un trabajo doble. El primero de ellos es pensar. Pensar qué ocurre, qué se cuenta, cómo se cuenta. Es todo un ejercicio mental, porque uno no escribe todo lo que piensa, hay que afinar, perfilar, depurar. Y si hablamos de un libro, hay que estructurar, planificar, pensar en líneas generales y en detalles. Es, ya digo, muy entretenido. Y en cualquier momento libre: andando por la calle, nadando en la piscina, conduciendo, viajando, esperando. En cada momento que a uno le dejan tranquilo hay una ocasión para rumiar un pasaje cualquiera.

El segundo ejercicio es escribir. Hay que recordar lo pensado (no es tan fácil como se cree), y escribirlo. Y al escribirlo, otra vez: afinar, perfilar, depurar. Y no, escribir no es como pensar. Es un ejercicio distinto. Pensar, pensamos todos, y todos pensamos que, en consonancia, somos capaces de escribir. En rigor es así, pero.. haga una prueba: escriba una anécdota suya de este verano. Escríbala de forma que otra persona quiera leerla hasta el final. Cuesta más de lo que creía, ¿verdad? Y si además ha optado por escribir a mano (ni punto de comparación con la escritura por teclado)...

Son dos maneras de ejercitar la mente. Y entretenidas, ambas. Por eso lo hago, me está gustando. Y por eso se lo recomiendo. Nunca es demasiado pronto para empezar; intente que no sea demasiado tarde.

 

 

Haendel - Il delirio amoroso HWV 99 "Un pensiero voli in ciel"

martes, 30 de diciembre de 2025

Villamanín y el Gordo

 https://www.youtube.com/watch?v=CiRO_G4rXNQ

 

 

Villamanín es un pueblecito de menos de mil habitantes en el norte de León. Estos días es noticia porque los jóvenes de la comisión de fiestas, 15, vendieron participaciones de la Lotería de Navidad y les ha tocado el Gordo. Lo noticiable del caso es que vendieron participaciones de 9 series completas a 4 € la participación más 1 € de donativo para la comisión, y parece ser que sólo tienen 8 series completas. El premio que falta es el de 1 serie: 4 millones de euros. Por error, se imprimieron y vendieron 50 papeletas de más. Faltan, pues, 4 millones de euros.

Ante el panorama, parece ser que la mayoría de los agraciados están de acuerdo con una propuesta de la comisión de fiestas, que consiste en que los miembros de la comisión renuncian a sus papeletas y el premio correspondiente (suman 2 millones, quedan otros 2), y todos los demás renuncian a la parte proporcional, unos 5.000 € aproximadamente por papeleta: en vez de cobrar 80.000 € por papeleta, unos 75.000. Algo es algo, me dirán.

Ocurre, sin embargo, que no todos han aceptado el acuerdo. Y si uno solo de ellos reclama su premio íntegro ante un juez, la cosa se paraliza y nadie cobra hasta que el juez decida. Aunque tarde 10 años.

El problema que tendría un juez es averiguar qué es lo que realmente ha pasado. Porque, si uno lo piensa, existen varias posibilidades. Las que se me ocurren, de más pensar bien a más pensar mal, son:

1) ¡Todo ha sido un error sin ninguna mala voluntad! Todo es tal cual afirman los de la comisión: se equivocaron e imprimieron (y vendieron) papeletas de más.

2) Bueno, vale: sabían que habían imprimido y vendido papeletas de más. El exceso suponía 250 € de beneficio extra, todo por la Comisión. España es un país de pícaros, señora mía, pero de verdad que sólo se trataba de 250 €, en una comisión formada por 15 personas. Además, mire, la Comisión se ha quedado sin premios.

3) Sí, los de la Comisión han renunciado a sus papeletas premiadas. Pero no sus padres, sus hermanos o cuñados si los tuvieren, sus abuelos tal vez, parejas o amigos muy íntimos,...Algo va a quedar en sus hogares, a pesar de todo.

4) De hecho, no es cierto que la Comisión se haya quedado sin premio. Reconocen los 15 que entre todos ellos reúnen 25 papeletas. ¿Usted se lo cree, que no se han quedado más participaciones (a 4 € netos cada una, les recuerdo)?

5) Una sospecha aún peor: el talonario extra se imprimió después de tocado el premio (y, claro está, no se vendió). Todo es una añagaza para sacar dinero (ya que hay 2 millones a los que colectivamente se renuncia). Con esto, los poseedores de esas papeletas amañadas obtienen 75.000 € por cada una.

6) ¿Y si no hubiera habido ningún error y efectivamente se hubieran comprado las 9 series de números y los de la Comisión se hubieran quedado una entera y ahora se hacen los tontos? 

Pues en ésas anda la gente. Unos compran la 1ª idea, otros la 2ª o la 5ª, cada cual según su malicia. 

Personalmente, si yo tuviera papeletas, aceptaría el acuerdo. Prefiero equivocarme por pensar bien, y además nada tenía antes: si me han robado, me han robado algo que no tenía en realidad. Allá los culpables y su conciencia. Y, además siempre es mejor un mal acuerdo que un buen juicio, con nuestra Administración de Justicia. No voy a hacer mala sangre de lo que podría haber tenido.

Por lo demás, creo que convendría que se estableciesen reglas claras para este tipo de situaciones: participar en la Lotería es una práctica demasiado extendida como para que no ocurra algo parecido de vez en cuando. 

Lo único que es seguro es que el ambiente en el pueblo y la comarca se va a pudrir por años. El efecto del vil metal.

 

 

Regina Carter - Kothbiro 

sábado, 6 de diciembre de 2025

Los años que se tienen

 

 

ABUELO.—Si fuera por mí, te recibiría tranquilo. Tengo setenta años.

PEREGRINA.(Con suave ironía.) Muchos menos, abuelo. Esos 70 que dices son los que no tienes ya.

 

Es un fragmento de La dama del alba, de Alejandro Casona. A esas alturas de la obra tanto el abuelo como los espectadores saben que la peregrina es, en realidad, la Muerte. Por eso la peregrina, que sabe cuándo tendrá que volver a por el abuelo, le dice que no alardee, que los que tiene son los que le quedan por vivir, muchos menos; los setenta son los que ya ha gastado de los que tenía al nacer.

Es, digámoslo así, otro planteamiento. Otra forma de ver la vida.

 

En otro orden de cosas, provoca cierta ternura comprobar que, en 1944 una persona de 70 años era "ya muy vieja". Y lo era. 

 

miércoles, 19 de noviembre de 2025

Una sutil diferencia

Cuando yo era chico, y de esto creo que ya he escrito en alguna ocasión, los chavales hacíamos colecciones de cromos.  

© Quino 

Ahora también se hacen, pero en mi infancia las colecciones, aparte de la de la primera división de fútbol, eran culturales. Por ejemplo, recreando batallas históricas, o animales del mundo, países, banderas, uniformes, qué se yo. Y ahora son de fútbol, pokemon y juegos de rol. Yugio, creo que se llaman. No estoy muy puesto en lo de ahora, pero creo que se entiende lo que quiero decir. Y sí, en aquella época se hacían colecciones de cromo para casi cualquier cosa, y también había muchas colecciones infantiles y sin pretensiones: por ejemplo, recreando películas (la colección de cromos de Bambi está indeleblemente grabada en mi cerebro).

La cuestión es que antes había un entorno... "culturizante". Los niños tenían que aprender cosas. Historia, geografía, ciencias naturales, técnica, lo que sea. Y era un juego, se aprendía jugando. Pero se buscaba que aprendieran.

Supongo que es una de esas sutilísimas diferencias entre la época de mi infancia y la época actual que tal vez explican la diferencia entre los chicos de una época y de otra. 

miércoles, 29 de octubre de 2025

No estamos como creíamos

https://www.youtube.com/watch?v=5mfvhreMLHs 

 

 

El otro día escribí una entrada en la que me escandalizaba de que un periodista hubiera publicado un artículo que, era evidente, lo había escrito con una IA. Pero ¿qué esperaba? A fin de cuentas, los universitarios hace tiempo que emplean las IA para trucar sus trabajos, por lo que era de esperar que los periodistas jóvenes también lo hicieran.

Como concluía, el futuro ya está aquí.Y es normal: llevamos años quejándonos de la formación de las generaciones posteriores, diciendo que cada vez aprenden menos y todo eso. Al principio nos tranquilizábamos pensando que cuando llegaran a la universidad los pondrían derechitos, pero luego vimos que no.

No pasará nada, en realidad, nos dijimos entonces, porque los médicos y los ingenieros siguen sabiendo de lo suyo. No pasa nada si los historiadores del arte y los biblioteconomistas no tienen el nivel de sus predecesores, porque la formación de los médicos y los ingenieros sigue siendo de calidad.

Esto nos decíamos, porque lo cierto es que ninguno de nosotros era médico o ingeniero.

Pero resulta que yo sí soy ingeniero. Y me doy perfecta cuenta que en ingeniería el nivel es cada vez peor desde hace años. Lo voy a decir con total claridad: cada vez tenemos peores ingenieros, y cuando esos ingenieros sean veteranos serán mucho peores que los ingenieros veteranos que hemos conocido, porque estos ingenieros que ahora son jóvenes son mucho peores que aquellos cuando ellos lo eran. Y por jóvenes me refiero a casi cualquiera que sea más joven que yo, al menos un poquito.

Pero no pasa nada: al menos en los médicos, que es lo que que verdad importa, el nivel se mantiene.

Un caso que sé de primera mano: tras meses de biopsias, análisis y pruebas, los médicos de un afamado hospital de Barcelona que blasona de ser el mejor o de los mejores del país no saben decir si es un cáncer o una garrapata, no quiero ni describirles los nervios y meses de angustia del interfecto. ¿De verdad esos médicos no saben distinguir un cáncer de una garrapata? ¿Es de esos médicos de los que estamos tan orgullosos?

El futuro ya está aquí, y nos alcanza a todos.

 

 

Los fresones rebeldes - Al amanecer 

 

viernes, 10 de octubre de 2025

Jiras

https://www.youtube.com/watch?v=YJwFz0Egin4 

 

 

Cuando la gente del espectáculo se va de viaje y en cada parada ofrece una actuación, eso se denomina gira. Habitualmente esa gente del espectáculo confía en regresar al punto de partida, y si es inteligente habrá intentado que el viaje tenga un recorrido lo más redondo posible, para minimizar las distancias de los desplazamientos; imagino que de ahí vendrá el que el "giro" se llame gira.

Una jira, en cambio, es una comida o merienda campestre con amigos o con la familia. Si el padre grita «¡Familia, nos vamos de gira!» quiere decir que la familia va a emprender una tournée en la que probablemente el padre exhiba a sus 5 hijos cantores. Pero si grita «¡Familia, nos vamos de jira!», lo que quiere decir es que ese día se van a comer al campo y los 5 chicos pueden explayarse subiéndose a árboles, tirando piedras o jugando al fútbol (a menudo, las tres cosas).

En cierta ocasión una jira dio lugar a una fotografía que luego se convirtió en famosa (y por lo tanto infiero que, a estas alturas, ya desprotegida de los derechos de propiedad):


Y es que de ese grupo de amigos, con el devenir de los años y sin que a ninguno se le hubiese pasado por la cabeza en el momento de la foto, salieron algunos de los hombres y mujeres más poderosos de España. A ese grupo se le conoció, entonces, como "el clan de la tortilla". 

Un grupo de amigos y/o familiares, unos manteles o mantas a guisa de manteles, unas fiambreras con tortilla de patatas, aceitunas, unas bolsas de patatas fritas, quizás unas pechugas empanadas,... Una jira como Dios manda. 

Una jira es también lo que se narra en la novela El Jarama, de Rafael Sánchez Ferlosio (una de mis novelas favoritas): unos jóvenes que van a pasar un domingo al campo, en un ribazo del Jarama. Por salir de la ciudad, más que nada.

Es cierto que antes había una palabra, despectiva, para referirse a los que participaban en las jiras: domingueros.  Era un apelativo que había que soportar, como coste de la jira.

Y es que antes se iba de jira. El domingo en la ciudad es monótono cuando no se tiene el dinero suficiente para pagar por el ocio (ir al cine, a un Parque de Atracciones, al fútbol, qué sé yo). Y para salir de la monotonía, qué mejor que irse a comer fuera. Al campo, donde los chicos pueden estar a sus anchas sin los rigores que imponen los restaurantes, y donde la ausencia de etiqueta permite a los mayores relajarse. Sí, ir al campo a comer es una opción excelente.

El campo no solía estar muy lejos y no vale la pena perder el tiempo desplazándose. Media hora, una hora a lo sumo debería sobrar para llegar a algún sitio adecuado. Además el sitio no tiene muchas exigencias: cerca de una carretera accesible, con alguna sombra y con algo de terreno horizontal, y que no dé mucho el viento. Si hay una fuente cercana, miel sobre hojuelas. A partir de ahí, todo son mejoras.

Pero hoy ya nadie sale de jira. Tal vez por eso la palabra ha caído en desuso y usted no la conocía.

¿Por qué? 

En primer lugar, muchas personas tienen ya segunda residencia. La jira no deja de ser un recurso de clase media baja: con coche y material de picnic, pero sin segundas residencias o dinero para hotelitos o restaurantes. 

En segundo lugar, las familias tienen cada vez menos hijos. Una jira de una familia de hijo único no es ni de chiste tan divertida como una jira con una familia de 5 hijos y la abuela. Los niños cada vez juegan menos en juegos de ejercicio físico y más en juegos con equipos electrónicos. O ligados a una pantalla. Es lo opuesto al espíritu de las jiras.

Además, nos hemos vuelto muy señoritos. ¿Comer en el suelo, mal sentado, con hormigas llegando hasta la tortilla, comida fría y bebida tibia? ¡Cá! Ya no se bebe agua de la fuente ni se come sentados en el suelo con un mantel: hay que ir con mesa de camping, silla de camping, nevera de camping, etc. Por lo mismo, uno ya no acepta hacer sus necesidades alejándose un poco, hasta ahí podíamos llegar.

Otra razón es el exceso normativo. ¿Y si está prohibido? ¿Y si nos ponen una multa? ¿Y si el campo tiene amo y nos echa o nos denuncia? En muchos sitios se ha prohibido que allí se acuda a la brava, sin instalaciones sanitarias ni seguros de responsabilidad civil del propietario (no vaya a ser que a alguien le pase algo y demande al propietario del campo), o se exige que el propietario del campo se responsabilice de lo que allí pase (por ejemplo, que no se encienda fuego). Hay muchas trabas. Como ejemplo, en el entorno de Barcelona sí es común que grupos de sudamericanos realicen jiras. Y, claro: los ayuntamientos no quieren. Porque suelen ser grupos numerosos, que ponen música muy alta, a menudo en espacios muy solicitados (las playas, puntos oficiales de barbacoa,...). 

También, y no es un cambio baladí, ha habido cambios constructivos: antes las carreteras lindaban con el campo, no con un terraplén o una valla. De manera que cualquiera, en cualquier momento, podía parar y salirse de la carretera. Parece mentira, pero las carreteras modernas no invitan a parar: invitan a no detenerse. Así que salvo que uno conozca el destino, pues no. Antes, en cambio, uno veía una zona que podría estar bien, se detenía y dejaba el coche en algún acceso próximo. Por lo mismo, antes las carreteras atravesaban los pueblos y se conocían multitud de parajes y andurriales.

El caso es que me da la impresión de que cada vez menos familias salen de jira. Que se ha convertido en un entretenimiento del pasado.

Lo que sería una lástima, en mi opinión. 

 

 

Barbarito Díez - 20 años 

martes, 7 de octubre de 2025

Jóvenes contra viejos

https://www.youtube.com/watch?v=AknKIJi4jnI 

 

 

Últimamente se publican una gran cantidad de artículos que versan sobre el enfrentamiento entre jóvenes y viejos (a los jóvenes los llaman unos creo que milenials, otros generación Z, otros jóvenes a secas,... y la gran mayoría llama, a los viejos, boomers). No es que haya un enfrentamiento, sino que por lo visto los viejos viven muy bien y con grandes pensiones, y los jóvenes muy mal, sin poder tener casa ni familia propia.

Todos los articulistas que he leído, en mi opinión, dan una visión incorrecta del asunto. Diría que ninguno de ellos es viejo, lo que lo explicaría: sólo conocen la vida de unos, no la de los otros.

Se quejan los jóvenes de que los viejos viven muy bien y que, como no se mueren, les quitan las oportunidades. Se quejan de que tienen casa y además pagada, sin hipoteca. Se quejan de que muchos tienen una segunda residencia, buen coche, una pensión envidiable, y que ellos tienen que deslomarse para pagar los impuestos que permitan pagar esas pensiones. Sin poder acceder a una vivienda, porque no se la pueden permitir. Sin poder formar una familia porque no tienen vivienda. Y temiendo, además, que en el futuro ellos no recibirán las pensiones por las que están cotizando ahora.

Todo lo cual es cierto.

Los viejos, en cambio, acusan a los jóvenes de no ser como ellos, de tener vidas muy diferentes: no se desloman de sol a sol como hicieron los mayores, sino que a las cinco paran ya, que han de conciliar. Que tienen unas bajas maternales y paternales que para ellos las quisieran, y que viven como pachás a costa de esos mismos mayores que denuestan.

Todo lo cual tal vez sea cierto. Hay jóvenes muy trabajadores y que aún no se han cogido ninguna baja. Y no todos viven como pachás.

Lo que pasa es que es un debate que se plantea mal. Sobre todo por parte de los jóvenes. 

Antes de plantear, como plantean los jóvenes, si la culpa de los males de los jóvenes la tienen los viejos, lo que hay que hacer es establecer qué es comparable. Porque comparar lo que no se puede comparar es mala praxis. Y si se quiere saber si la vida de los jóvenes de ahora es mejor o peor que la de los viejos de ahora hay que precisar: ¿es mejor la vida de los jóvenes de ahora que la de los viejos de ahora cuando éstos eran jóvenes? Porque ya les adelanto que cuando yo era joven mis mayores vivían mejor que yo. Que yo cuando era joven, claro está. Y es que si cuando eres mayor no vives mejor que cuando eras joven, en la vida te ha ido mal.

De lo que no hay ninguna duda es que si se ofreciera a un joven de ahora la oportunidad de revivir la vida de un mayor de ahora cuando era joven ninguno aceptaría. Ninguno. La vida actual ofrece a los jóvenes comodidades y "derechos" que antaño eran impensables. Sí, toda la retahíla de diferencias que los mayores recitan a los jóvenes, como si fuera culpa de los jóvenes que ahora se pueda viajar un fin de semana a Copenhage por cuatro perras y ellos lo aprovechen. No recitan en cambio, esos mismos mayores, lo que tuvieron que aguantar de jóvenes y que los jóvenes de ahora no aceptarían, y mi tentación ahora es dar una lista pero no lo voy a hacer.

Hay que ser conscientes de que en los más o menos 30 años (diría) que separan a una generación de otra ha habido multitud de cambios tecnológicos, sí, pero también sociales y morales.

La gran diferencia entre los jóvenes de ahora y las generaciones anteriores es un principio que rigió la educación de antes, que los mayores de antes odiaron cuando eran chicos, y que decidieron que ellos no transmitirían a sus propios hijos:

«El que algo quiere, algo le cuesta».

Los mayores decidieron que sus hijos tendrían las cosas sin tener que pagarlas, sin que tuvieran que sufrir lo que les costó a ellos conseguirlas. Pero no por no enseñar ese principio deja de ser cierto. Y los jóvenes de ahora están descubriendo el precio a pagar por todas sus ventajas. Sí, su vida es fácil y cómoda... pero no tienen acceso a casa. Y si no hay casa, no hay familia, no hay futuro.

Los jóvenes tienen ventajas y recursos que en buena lid sólo deberían haber tenido de viejos: están viviendo ahora lo que debería ser su futuro. Tal vez por eso su futuro parezca ser el vivir de mayores como deberían haber vivido de jóvenes. Es decir, peor que cuando eran jóvenes, que viven como si fueran mayores. 

 

Unas pocas notas más:

1) Me llama la atención la edad de esos jóvenes que claman desesperanzados. Sí, algunos son de veintipocos, que es lo que a mí me parecería normal, correcto. Estos han de tener esperanza, no rendirse: lo conseguirán. Otros son de veintimuchos.  Buf, siempre ha habido jóvenes que se han independizado más tarde, pero con, pongamos, 28 años, deberían tener su vida enfocada. Ahora, el drama es cuando esos jóvenes son de treintaitantos. Que los hay, y muchos. Aquí sí que no: aquí hace al menos 10 ó 15 años que su vida la manejan ellos, por lo que cabe pedirles responsabilidades: ¿no tendrán parte de culpa, ellos, en lo que han hecho desde que salieron del colegio y tomaron ellos sus propias decisiones?

2) Lo de la vivienda, la falta de viviendas, es realmente dramático. Pero España es un país socialista, y aquí se hace lo que decide el Estado, que por cierto es, desde hace ya suficientes años, Pedro Sánchez (el que en actos varios prometió en torno a 700.000 viviendas en los entonces "próximos años", sin que ninguna promesa se intentara cumplir). Hay demasiadas trabas para construir, pero además hay demasiados problemas, que se vienen arrastrando desde hace años. Sí, hace años que se viene advirtiendo que faltan jóvenes en el sector de la construcción, que muchos oficios claves los desempeñan personas que se van a jubilar, que nos e encuentra personal capacitado. Se lleva años diciendo, y ya entonces se pintaba un futuro poco halagüeño si no se afrontaba el problema. Bien, no se afrontó y ahora tenemos ese futuro. En mi opinión, el Gobierno debería dejarse de zarandajas, cambiar la legislación en todo lo que sea necesario y dedicarse a promover la construcción de viviendas como si nos fuera la vida en ello. Porque nos va.

3) Ciertamente, la falta de viviendas es un problema insalvable. En las generaciones mayores, el ritmo de un joven era acabar con los estudios, conseguir ser L.S.M., encontrar pareja, encontrar trabajo y con todo ello encontrar casa. Encontrar casa puede casarse, que el casado casa quiere. Y una vez con casa y casado, el futuro es el a partir de entonces. Pero si no hay viviendas no se va a crear una familia. Y la sensación de que es un problema que el joven no puede superar es desmoralizador.

 

 

Al final, también los viejos pagaremos por el error de no haber construido viviendas: perderemos a los hijos, porque no teniendo viviendas cerca nuestra se irán allá donde éstas estén.

 

 

 

José Antonio Labordeta - Ya ves 

 

domingo, 5 de octubre de 2025

A propósito del reloj de saetas

https://www.youtube.com/watch?v=JwalgHmlTHQ 

 

 

Ha corrido como la espuma un vídeo que muestra a unos concursantes de Operación Triunfo (OT) discutiendo en una sala sobre cómo debía leerse la hora en un reloj de saetas: no sabían. Un resumen de lo ocurrido se puede leer aquí, por ejemplo. Uno ve el vídeo y comprueba que, en efecto, unos chavales (con talento suficiente para competir en el concurso) de en torno a los 20 años carecen del conocimiento necesario para saber la hora que marca un reloj de saetas.

Hoy, en la cola del Mercadona. Cuando me toca a mí, la cajera empieza a hacer aspavientos: la cliente anterior, que no se había portado con educación y eso, a la cajera, la sacaba de quicio. Se me queja, y tras el comentario de 'esto se va a ir al garete' yo le respondo que ya estamos cerca, que si no se ha enterado de lo del reloj de OT. Qué le voy a contar, me responde, si muchos chicos de ahora no saben ni pagar con monedas. Sí, sí, me aclara: le muestran todas las monedas a la cajera en la mano, para que ella coja la cantidad que necesitan. Y, si no, le pagan con un billete. Que no tienen ni idea, que son incapaces. Se conoce que es demasiado para ellos. Y esto me lo contaba una cajera de Mercadona, no un científico de la NASA.

Sumemos a estos ejemplos muchas cosas que ya tenemos asumidas: que no conocen los números romanos, que sus conocimientos de Historia son realmente limitados, que de Geografía apenas saben, que... en fin. ¿Qué está pasando? Lo que cabía esperar: que el tiempo trascurre y los niños que no aprendían, ahora, simplemente, ya no son niños sino jóvenes que se incorporan al mundo laboral. Y esos jóvenes serán en unos años los que marquen la pauta, los que sean poseedores de nuestro saber colectivo. Jóvenes, por cierto, que consideramos los bien formados frente a todos esos otros jóvenes que también nos pagarán las pensiones y que en realidad no sirven sino como mano de obra bruta. La pregunta que nos tenemos que hacer es, entonces, si se va a repetir otra caída del imperio romano y otro tránsito por las edades medias.

No, en realidad no es una pregunta que nos tenemos que hacer. No todos, al menos: los más mayores ya no, porque nosotros siempre seremos del imperio y no estaremos por aquí cuando lleguen las edades medias. Son los jóvenes los que se lo han de preguntar. Tienen que ser conscientes de sus carencias y ser listos: aprovechar que los mayores todavía están e intentar aprehender todo lo que puedan mientras puedan. 

 

 

Suzi Quatro - If you can't give me love 

miércoles, 10 de septiembre de 2025

El corazón de Barcelona

https://www.youtube.com/watch?v=WbE1QLvYgQs 

 

 

Esta mañana, por una sucesión de pensamientos, entré en Google Maps y luego en Street View para ver una imagen de una calle del Raval de Barcelona. El Raval antes se conocía como "El Barrio Chino", era el famosísimo barrio chino de Barcelona, pero siendo Maragall alcalde se decidió que aquello era infamante para el barrio y que lo suyo era darle un nombre sin esas connotaciones, y de ahí lo de conocerlo como "Raval". Como diría Miguelito, seguía siendo el último orejón del tarro, pero qué respeto. El caso es que elegí una esquina con el simple criterio de que no fuera una calle que diera a la Rambla o a algunas de las calles principales que delimitan el barrio.

Mi sorpresa fue que la imagen que me mostró, de entrada, Street View, fue:

 

El Raval es el corazón de Barcelona. Todo aquel que presuma de barcelonés viejo o bien ha vivido cuando era niño en ese barrio o bien iba mucho de niño con su padre o simplemente iba mucho. Yo no soy barcelonés viejo, pero recuerdo ir, hace muchos años, a jugar al billar en una mesa ¡redonda! También iba, por lo general, a ciertos comercios que ¿cómo decirlo? vendían productos "no main-streeam". Como cuando hace muchísimos años iba al Tubo de Zaragoza porque ahí había unas tiendas que vendían cosas que nadie más vendía. Que no hay que pensar mal, eran tiendas que tal vez seguían creyendo que estaban en 1940. Bueno, pues eso: el Raval es el corazón de Barcelona.

Viendo la foto, nadie lo diría. Si es la quintaesencia de la ciudad, la ciudad no es lo que creíamos. Aunque los que son como yo opinamos otra cosa: que la ciudad se está echando a perder, y que se está pudriendo desde el corazón; cuanto más cerca vive uno del corazón, antes le llega la podredumbre, y o la asume y se muere de asco o se larga de ahí. Cada vez más gente se ha largado. Sí, en Barcelona no es la gentrificación lo que expulsa a los vecinos, digan las autoridades lo que digan, sino podredumbre, que es justo lo opuesto.

Por otro lado, viendo los paseantes que salen en la imagen, uno se pregunta "pero esta gente, ¿de qué viven?". A mí se me ocurren cuatro posibilidades:

1) Son rentistas. Adinerados que viven de las rentas de sus bienes. Y han elegido vivir en el Raval porque no quieren hacer ostentación de su riqueza, son de natural humildes y pasan con poco. No sé: ¿qué probabilidades hay de que el coche de Street View fotografíe precisamente a tan raros ejemplares?

2) Son, digamos rudos trabajadores del sector del metal (o solicitados abogados de un prestigioso bufete), pero es su día libre y se han puesto la ropa de domingo (así se llama en España, ya supongo que ellos no). Ya, ustedes tampoco creen que sea eso y que no es así como se ganan la vida.

3) Se dedican al comercio, en el mismo barrio del Raval, y visten así porque son los dueños de su comercio y siempre visten así. Esta opción es más probable que la anterior, pero, qué quieren que les diga, yo creo que lo es menos que la siguiente.

4) No trabajan. Reciben ayudas públicas, y con esas ayudas ya les es suficiente. 

En España hay dos tipos de ayudas públicas: las pensiones de jubilación y las ayudas. Las pensiones de jubilación cuesta conseguirlas, hay que trabajar bastantes años cotizando parte del jornal en este concepto. No parece que estas personas sean barceloneses viejos que han estado 40 años cotizando. Las ayudas públicas reciben a veces el nombre de pensiones: pensiones de viudedad, de orfandad, de invalidez,... que se consiguen bajo ciertas condiciones y que permiten más bien poco. Luego hay otras ayudas, como la renta mínima vital, subvenciones a fondo perdido,... Y luego están las ayudas pasivas: la escuela gratis, la universidad gratis, la sanidad gratis, el transporte público, el asesoramiento de trabajadores sociales, todas las exenciones de pago que se les ocurran.

Yo no sé cuál es la realidad de estas personas. Pero me da a mí que no se ganan la vida como usted y como yo. Es más, creo que se la ganan a costa de usted y de mí. Por lo que pienso que mi vida sería más fácil si no tuviera yo que mantener también a los de la imagen.

 

 

Radio Futura - Veneno en la piel 

miércoles, 20 de agosto de 2025

Las prioridades, claras

Leo que en Asturias hay 6 médicos alergólogos. Para toda la provincia (región, comunidad autónoma, Principado). No son muchos, ya que la población actual de Asturias ronda el millón de personas. Leo también que hay 278 profesores de bable. 

El gobierno asturiano ha decidido tomar cartas en el asunto: en septiembre se contratarán 104 nuevos profesores de bable. Y 0 (cero) médicos alergólogos. 

No sé si los asturianos difieren de su gobierno sobre cuáles son las prioridades que hay que atender y las necesidades que tienen; yo, desde luego, difiero.

sábado, 9 de agosto de 2025

Otra forma de ver el turismo

https://www.youtube.com/watch?v=E7zmRvhFEYo 

 

 

Esta mañana me encontré en el Metro con una turista. Digo yo que era turista, porque era una mujer jovencita, muy pelirroja, piel muy blanca, zona cercana al cuello y parte superior de los hombros enrojecida,... Sí, podía ser de Almendralejo, pero había algo más en su actitud: tenía mucho calor. Y se quitó la camiseta, se quedó en sujetador. Primero pensé que quería secarse el sudor y pasarse un desodorante, pero en realidad sólo bufaba. Luego vino el tren, y se subió al vagón. Siguió en sujetador.

El Metro de Barcelona es suficientemente seguro para que un día laborable en horas laborables una joven pueda viajar sola en sujetador por las paradas del centro. Pero ¡caray!: es un espacio público, no el salón de su casa.

Era una turista, lo tengo claro.

Y sí, miró el móvil y luego se lo metió debajo del pantalón. Supongo que en las bragas, pero es que no me importa. Yo nunca lo haría.

Muchos turistas se comportan aquí como no lo harían en sus lugares de origen. Tal vez por eso vienen, o es una razón más.

 

 

El turismo es probablemente la principal industria de España. En Barcelona, suponiendo una estancia típica de 1 noche (2 días), calculo que recibimos cada día 100.000 visitantes de media (entiéndase turistas: extranjeros que vienen a Barcelona, por ocio o por trabajo, dispuestos a gastarse dinero aquí). A esas personas hay que alojarlas, alimentarlas, vestirlas (la parte que toca), transportarlas, cuidarlas, protegerlas, entretenerlas,... y reparar lo que rompen o gastan, limpiar lo que ensucian, gestionar sus residuos, proporcionar el agua necesaria,... Mucho más de lo que parece.

La parte positiva es que trae el dinero de fuera. Es por eso que se llama industria, porque es lo que las industrias hacen.

Ahora bien: considere un momento lo que hacen las otras industrias.

En la agricultura, el agricultor además de dejarse los cuernos consigue extraer un producto de la tierra. Ese producto lo vende y obtiene dinero.

En la ganadería, el ganadero gestiona un establo para que los animales produzcan (miel, huevos u otros animales) y lo que producen lo intercambia por dinero.

En la minería se extraen productos que tenemos y se venden. Funciona mientras queden productos que extraer, eso sí.

La pesca es parte ganadería, y parte minería. 

En la industria propiamente dicha, el esfuerzo de los trabajadores y el saber de los ingenieros consigue mejorar las materias primas y conseguir que otros paguen por el resultado.

¿Ve un patrón común aquí? 

Siempre alguien vende algo a alguien.

¿Qué se vende en la industria del turismo?

Hay quien dirá que cerveza, que noches de hotel o camisetas. O nuestra gastronomías (risas sostenidas). Pero no, no es eso.

Le daré una pista. A ver si se reconoce en esta situación:

—Chico, no pudimos ni entrar. Había una cola de gente que no veas.

Cuando uno vive en un bloque de pisos acepta compartir una parte de su vida con sus vecinos: será a los que salude por las mañanas, con los que hable del tiempo en el ascensor, con los que comparta problemas comunes y el espacio que ya considera suyo y se sienta a salvo. En menor grado comparte su vida con sus vecinos de barrio, y también de ciudad e incluso de país. Cuando está en el bar tomando un café o una cerveza le importa que estén: no entrará a un bar en el que no haya nadie, por ejemplo. Son con los que acepta compartir un día de playa, una sesión de cine, ir a misa o simplemente coincidir en el transporte público.

Cuando viene un turista, usted acepta compartir con él su espacio vital. Él también irá a la playa, se subirá a los autobuses o trenes, coincidirán en las calles e incluso en la escalera de su casa si como me ocurre a mí hay pisos turísticos. No se trae al turismo como si fuera un resort caribeño, encerrados en un espacio del que no puedan salir ni nosotros entrar, porque no vienen en busca de sol y mar: vienen en busca de sol y mar con nosotros. Quieren pasear por nuestras calles con nosotros (de hecho, no creo que les cause especial placer cuando todos los que caminan son turistas como ellos, como en los pasillos de los aeropuertos o grandes estaciones), quieren estar en nuestros restaurantes, caminar por nuestros bosques o montañas, coincidir con nosotros en las piscinas. Y, como están dispuestos a pagar por ello, usted acepta.

Lo que se vende en el turismo es nuestro espacio vital. Y no pasa nada, está bien. El visitante llega a un pueblo, y los que están en él comparten ese día: coinciden en el bar de la plaza, se saludan, lo ven, él les ve, observa dónde viven y qué hacen, se ven mutuamente comerse un bocadillo,... Y no pasa nada. El visitante no quería llegar a un pueblo abandonado, no ver a nadie, que nadie saliera de sus casas. Quería que el pueblo hiciera su vida normal. A cambio de dejarle estar allí (con ellos haciendo su vida normal), el visitante ha hecho un gasto tal vez en el bar o el restaurante, a lo mejor en el cepillo de la iglesia o en la gasolinera o en la tienda que vende productos típicos. Lo que ha costado, lo que ha comprado, no ha sido tanto. Así que está bien.

¿Y si la cosa se saliera de madre? ¿Y si vinieran tantos visitantes a la vez que los vecinos no pudieran circular en coche, las calles estuvieran atascadas permanentemente, no hubiera sitio en el bar o en la iglesia o en el dispensario o en la tienda de alimentación o en la piscina? ¿Y si fuera constante? ¿Y si la demanda de alojamiento fuera tal que ni siquiera ustedes pudieran permitirse una vivienda porque todo se destina a los mucho más rentables visitantes? ¡Ah, entonces sería un sinvivir! Habría vendido usted más de lo que debería. Como si vendiera alimentos y se encontrara que había vendido hasta los suyos propios y ahora solo tiene para comer billetes con monedas.

Pues hay sitios donde eso ocurre.

En Barcelona la presión turística ha hecho que al parque Güell sólo se pueda entrar pagando. Y a la catedral. Y al templo de la Sagrada Familia. El turismo ha expulsado a los barceloneses de muchos de los lugares de los que solían disfrutar, de los transportes que usaban (hay líneas de autobuses que se pidió a Google que no informara de ellas para que los turistas no las emplearan) y de pisos en los que antes se vivía. De bares, tiendas y paseos, que ahora son, en la práctica, tourists only. Y era de cajón que esto iba a ocurrir: desde hace muchos años el empeño del ayuntamiento de la ciudad ha sido la promoción de la misma: somos los mejores, un lugar maravilloso, tenemos joyas que usted no puede dejar de visitar, venir aquí es lo más. Incluso se consiguió que Woody Allen filmara una película que hasta tenía Barcelona en el título. Venga ferias, congresos, salones, exposiciones, lo que sea. Usted, venga. 

Y a nosotros, ¿qué nos decían mientras tanto? Que el turismo es riqueza. Que trae mucho dinero que beneficiaba a muchas personas. No dijeron que la parte del león de ese dinero iba a las compañías de transporte y a las compañías hoteleras, eso teníamos que haberlo pensado nosotros. Y tampoco nos dijeron que lo que vendíamos era nuestro espacio vital, con lo que nadie sospechó si no iba a ser que venderíamos demasiado espacio.

Dejo, para terminar, una foto que ha aparecido hoy en el diario El Mundo: un montón de turistas delante de la salamandra del parque Güell. He estado allí muchas veces, estuve mientras se pudo, y no creo que vuelva nunca: es ya otro sitio tourists only.

Barcelona, la zona cero del colapso turístico: "Desde la pandemia la gente se ha vuelto loca"
(artículo completo aquí)

Las personas que usted se cruza forman parte de su vida y lo que el turismo vende es ser parte de su vida. Con el turismo, lo que usted está vendiendo es una parte de su vida. Mejor dicho: otros están vendiendo parte de su vida de usted. Ése es el problema del turismo, porque esos otros no sienten que estén vendiendo demasiado.

 

 

Barry White - You're the first, the last, my everything