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jueves, 20 de agosto de 2026

Los franceses no son franceses

https://www.youtube.com/watch?v=FZe3mXlnfNc  

 

 

 

 

Aviso: si es usted una persona sensible, no lea este artículo. 

 

Se ha montado cierto revuelo por un artículo periodístico durante y sobre el Mundial de fútbol, acerca de cierta frase que se emplea. El revuelo no es por la frase en sí, sino porque el artículo lo escribió cierto expolítico del PP, de la derecha por lo tanto, y las críticas vienen de serie. Sin embargo, la retranca de la frase bien merece una reflexión.

La frasecita de marras venía a decir que la selección de Francia es muy potente, "pero sin franceses". ¿Por qué sin franceses? Era una exageración, claro, pero aducía al hecho de que en su selección apenas hay un par de blanquitos, de aquellos que instantá­neamente asociamos a los habitantes del hexágono. El resto eran negros. Franceses administra­tivamente, dejémoslo ahí.

Lo inteligente es dejar de lado quién lo ha escrito, y fijarse en la idea.

Es decir: ¿hacia dónde va Europa?

Francia, Alemania, el BENELUX, el Reino Unido, Italia, los países escandi­navos, España,… ¿Cómo serán dentro de unos años? Treinta, por ejemplo. La etnia que poblaba esos países de forma muy mayoritaria hasta hace 30 años tiene en proporción muy pocos descendientes. Las otras etnias tienen muchos, pero además tienen otra vía de crecimiento: llegan ya crecidos. A paletadas. La selección francesa de fútbol no es que tenga algún "importado" (si se me acepta la expresión), es que casi todos lo son. Alcaldes de ciudades importantes del Reino Unido son también ciudadanos "importados", y las preferencias de los "importados" pesan cada vez más en la legislación y la administración de los recursos.

O, dicho de otra forma: el 50% de los habitantes de Barcelona entre 12 y 35 años ha nacido en el extranjero o uno de sus padres ha nacido en el extranjero. En mi barrio, la sensación es que es probablemente mayor, así que voy a dar el dato estadístico por bueno. ¿Cuál será la estadística dentro de 30 años? 

La idea original era que no importaba tener importados. Eran pocos, y se asimi­laban sin problemas. De hecho, venía bien tenerlos, aportaban savia nueva, algo de mestizaje… Iba a ser maravilloso.

La realidad es que no son pocos. Y cuantos más son, menos se asimilan. Y una asimi­lación parcial genera más problemas. Es fácil de entender que si llega un emigrante a una ciudad donde viven diez millones de personas, el emigrante se adapta; si llegan 10 millones a un refugio donde vive una persona, es esa persona la que ha de adaptarse o irse. Bien, Europa está en un término medio. Es un hecho que los importados no son pocos. Si la fuerza demográfica de Europa es tal que los importados van a ser asimilados, entonces todo va bien.

Pero si no van a ser asimilados…

¿Usted cree que los importados que están viniendo están viniendo para pa­garle a usted su pensión, el coste de sus carreteras y la gigantesca deuda pública que estamos contrayendo? Los origi­narios tenemos una carga económica brutal. ¿Vienen los importados a ayudarnos? ¿O acaso vienen porque aquí nosotros les vamos a ayudar a ellos aún más, incremen­tando de esta manera la carga económica que estamos soportando? ¿Qué cree usted?

Yo creo que una gran mayoría no viene movida por su afán de asumir carga económica y rebajar la nuestra, sino justo lo contrario. Por la seguridad que ofrecemos, la sanidad gratuita, la educación gratuita, las ayudas genéricas como el IMV,… Y sí, muchísimos de ellos se ponen a trabajar. En trabajos que hay que hacer. Conducen taxis o camiones. Se suben al andamio, realizan las mudanzas. Están en los comercios, tras las barras de los bares, en la seguridad privada que vigila el metro. Limpian las casas y las oficinas. Y, por supuesto, cuidan a nuestros mayores y nos traen la comida a casa. Los más cualificados entran en las oficinas de inge­niería y arquitectura como delineantes o consiguen empleos en la rama sanitaria. Muchos, muchísimos, trabajan. 

Vuelvo pues a la pregunta. ¿Qué va a pasar?

La gran fuga blanca. Es como se denomina al éxodo de los blancos en los países subsaharianos, también desplazamientos globales en los EE.UU., que producen modificaciones en la geoeconomía. Estas cosas pasan. Vene­zuela. En los últimos 25 años unos tres millones de argentinos han abando­nado su país. Sobre todo, por la pérdida de esperanza en salir adelante allí. Y la mayoría de los que han emigrado son los más prepa­rados, unos por ser más educados o cultos, otros por tener más iniciativa personal. El caso es que la marcha de cada uno agrava la situación de los que se quedan. Es sólo cuestión de que la situación se degrade lo suficiente para que algunos empiecen a marcharse, luego más y luego casi todos los que pueden. Y lo malo es que sólo se percibe cuando ya ha ocurrido. ¿Pasará en Europa Occidental?

No, claro que no. ¡Qué cosas digo, cómo va a pasar! No va a pasar, porque…

Pues, porque…

Va a pasar. Nuestros jóvenes se van a ir. Lejos, lo más que puedan, donde los que les están expulsando de sus países no lleguen. A los EE.UU., a Australia, a Nueva Zelanda. 

Porque un día se permite la comida halal en la escuela pública. Y por permitir quiero decir que se sirve; esto es, que se financia. Luego, cuando sean muchos, sólo será halal. Total, los demás también pueden comerla. Luego, cuando sean muchos, comer cerdo estará mal visto. Es una afrenta a la comunidad. Pasará a ser como la carne de potro. Busque usted carne de potro. Por razones que desconozco, en Barcelona las autoridades nunca felicitan la Navidad o las Pascuas a los cristianos, pero sí y muy efusi­va­mente el Ramadán a los musulmanes. Y en veinte años tenemos el escenario que planteaba Houellebecq en Sumisión. En la novela, la primera señal de lo que se venía encima es que los judíos abandonaban el país. Dato adicional: en Ceuta y Melilla hace años que está ocurriendo. La fuga blanca, me refiero. Aproximadamente un 90% de los niños que nacen allí reciben un nombre árabe, por cierto.

Los importados van a seguir viniendo, ya no se van a asimilar, y los originarios que se queden van a mantenerles. Salvo que cambien las cosas. Un cambio, ya está dicho, es que los originarios renuncien y se vayan. Y que se queden ellos, los importados, con nuestra deuda pública, buena suerte. Otro cambio posible es cambiar la relación: se acabó el aceptar importados, se acabó que los importados se lleven las ayudas públicas. Se acabó la sanidad gratuita y universal, la enseñanza y las ayudas a las personas de menos recursos. Los que tienen recursos y están pagando todo eso están hartos y dicen que hasta aquí. Se echa a nuestros gobernantes, cómplices de los importados, y se decretan nuevas leyes: sólo los originales tienen los derechos que han atraído a los importados. Cristianos viejos y todo eso. Los importados, o se largan, o se reconvierten en voluntariosos aportadores (algo dudoso) o se resisten a perder lo que tienen. Conflicto, y ya se verá quién queda cuando acabe. Han de reco­nocer que es otra posible alternativa. Y, en esta alternativa, es posible que las cosas no se resuelvan por una vía política. Por increíble que nos parezca. 

El problema, además, no es sólo demográfico: 

 

¿Necesitamos alguna prueba más de que esto se está yendo al garete? No es el fallo en sí, es el que nadie vea el fallo, y que si alguien lo percibe no reaccione. El mejor escribano ya se sabe, pero aquí hay un problema de mentalidad. Hemos dejado de darle importancia a las cosas importantes, y cuando llega ese momento en que nos preguntamos cuándo se jodió el Perú es que es tarde.

¿Cuándo se jodió la cosa? Cuando hicimos caso a los wokes. A los psicó­logos, a los pedagogos, a los adalides de la igualdad. A los que decían que Europa tenía que dejar de consumir para contrarrestar lo guarros que eran los demás con el planeta. Cuando la avaricia les cegó el entendimiento y creerían que se iban a comer el mercado chino en vez de darse cuenta que estaban dándoles todos sus secretos. Cuando decidieron que íbamos a cambiar por decreto, despreciando la fábula de los cangrejos, y nos ordenaron que dejáramos de fabricar motores de explosión y nos pasáramos a los eléctricos.

¿Nadie les dijo que el dominio de Europa se debía a su capacidad de fabricar motores térmicos? Cualquier chino sabe fabricar un motor eléctrico, llevamos 200 años haciéndolos, pero aún no saben hacer motores de explosión. Al renunciar nosotros a lo que sólo nosotros sabemos hacer y obligarnos a nosotros mismos a comprar lo que ellos hacen más y más barato que nosotros... pocas jugadas más idiotas se me ocurren. Pero ¡ey! ¿y lo woke que era? Lo del apagón, bueno, tampoco fue para tanto. Lo de Valencia no está demostrado que fuera por no haber limpiado el cauce (por motivaciones woke): fue por el cambio climático. Como los incendios, eliminar la actividad humana en el campo y no invertir en medios de extinción no tiene nada que ver. Fue el cambio climático. La culpa siempre es de otros, nuestros actos no tienen consecuencias, no somos responsables de las cosas que pasan. 

¿Para qué aprender caligrafía, si hay procesadores de texto? ¿Ortografía, si hay autocorrectores? ¿Morfología, si lo importante es que se entienda lo que quiero decir? ¿Historia, si está en internet? ¿A orientarnos en un mapa, si tenemos navegadores? ¿Matemáticas, si hay calculadoras? ¿A pensar, si está la IA?

No es importante aprender. Lo importante es no dejar a nadie detrás. Si es necesario, nos paramos todos. 

Y renunciamos a revisar nuestro propio trabajo. Lo que nos lleva a perder la capacidad de detectar las cosas que están mal, y estamos muy contentos de lo guay que ha quedado el cartel: ¡menuda tipografía!

Somos cada vez más tontos. Como sociedad. Cada vez sabemos menos. La cultura general es cada vez menor. Sí, hay algunos sabios por ahí que saben. Pero los aspirantes a sabios son cada vez menos, porque perdemos la capacidad de aprender.

El dominio de Europa sobre el mundo se basó en su ciencia superior. En su técnica. En su desarrollo humano. Toda la ciencia humana está al alcance de los musulmanes. Y, sin embargo, los países musulmanes nunca estarán a la altura a la que hemos llegado a estar, porque son incapaces de evolucionar psicológicamente. Siguen anclados en como eran hace mil doscientos años. Pues estamos renunciando a ese desarrollo. Nos vamos a estrellar, y ni siquiera nos preguntamos si vamos bien. Y sí: tras los tapones de botella imperdibles, la gran aportación de la UE al planeta va a ser... la prohibición de los sobrecitos individuales de ketchup. Parece ser que en Europa gastamos mucho de eso, y no puede ser. Con unos gobernantes con prioridades tan claras, ¿qué puede salir mal?

No le eche las culpas a los gobernantes: los elegimos nosotros y de entre nosotros. La solución, si la hay, la tenemos en el espejo.  

Estos días he oído hablar a muchas "influencers" que ésas que copan los medios de comunicación de la mayoría de nuestros conciudadanos. Parece ser que las sigue mucha gente. Que las escucha. 

Si quiere usted convencerse de nuestra decadencia, escúchelas. En cualquier otra sociedad y momento estarían en un rincón calladitas, advertidas que hablen sólo cuando tengan algo inteligente que decir. Que tanta gente las escuche, que sea lo que escucha, es prueba definitiva de que nos hemos ido al carajo.

Claro que podría estar equivocado. Catastrofista. Exagerado. No va a pasar nada de eso: a fin de cuentas, seguimos aquí, ¿no?

Eso mismo pensaron los aztecas cuando les contaron que habían llegado unas naves a la costa. Los incas, cuando dialogaron con Pizarro. Los sioux, cuando una carreta con una familia quiso cruzar su territorio. Los persas, cuando oyeron hablar de los mongoles. Los romanos, cuando unos godos pidieron un poco de comida para pasar el duro invierno. ¡Ha pasado tantas veces! Claro que esta vez será diferente, porque esta vez somos nosotros. Y no, nosotros no. A nosotros no nos ocurrirá lo que les pasó a otros.

Si no hay pronto un cambio radical, y por radical me refiero a radical de verdad, del tipo de cambio que nos hace actuar como hemos jurado mil veces que no actuaríamos (por ejemplo, defendiendo que sólo los "europeos viejos" tenemos los derechos, incluyendo el de votar, y que eso de que los otros también tengan derechos humanos está sobrevalorado), me temo que en veinte años somos historia. Básicamente, porque salvo en los segmentos de viejos, seremos minoría. ¿Nuestros jóvenes? Se habrán ido a donde no les pillen. Y yo les habré apoyado. A mí ya no me vale la pena, pero ellos son jóvenes aún.

Usted cree que yo soy un exagerado catastrofista en un día malo. Yo creo que usted es un inconsciente. Aunque puede que sí esté equivocado: que no sean 20 años, que sean 30. ¡Fíjese, qué cambio!

En resumen, la duda es ahora si habrá fuga blanca o si los blancos, en vez de fugarse, van a pelear, y por pelear me refiero a tomar decisiones que ahora no aceptaríamos (y que ni nos planteamos, me temo). Yo apuesto por la fuga blanca. Australia, Nueva Zelanda, Estados Unidos, Canadá. Y los países europeos que hayan optado por pelear, si hay alguno.

 

 

 

Nota final: tenía este artículo en mi cabeza desde hace mucho tiempo. Cuando Rajoy escribió el famoso artículo, decidí escribirlo. De esto hace un mes, y ha habido un nuevo suceso: la "invasión" de Ceuta por parte de marroquíes. A lo que se ha de añadir el comportamiento de nuestro gobierno y su gestión de ese suceso. ¿Qué puedo añadir? Muchos de los menas no se expulsarán, se quedarán. El Estado, nosotros, correremos con todos sus gastos hasta que tengan trabajo. En ese momento podrán pedir el reagrupamiento familiar y se traerán a sus dos padres y a cinco hermanos. Una de las hermanas estará embarazada, y se traerá a su propia familia, etc. etc. El 'reemplazo' es real. Está siendo ya, se quiera ser consciente o no. La fuga blanca acabará produciéndose, ya lo creo que sí.

 

 

 

Arvo Pärt - Espejo en el espejo 

 

domingo, 9 de agosto de 2026

A la sombra de un olmo

He pasado unos breves (siempre son breves) días de asueto a la sombra de un olmo. De un olmo común, debo precisar: no un olmo siberiano. Lo cual es llamativo, porque la grafiosis de los años 80 prácticamente aniquiló todos los olmedos de España y del Viejo Continente (más información, aquí). 

¿Cómo es que había olmos comunes? Porque era un jardín del Estado: el Parador Nacional de Manzanares. Estarían, imagino, bien cuidados en su momento por los jardineros del Parador, y se libraron de la pandemia. El caso es que había unos ejemplares magníficos que me dieron la sombra que necesitaba.  

 

En el jardín había algunos tocones, olmos que habrían tenido que podar, y unos cuantos olmos siberianos.  Estos últimos no me gustaban tanto.

¿Y a qué me he dedicado? A dormir la siesta y a leer. A esperar que llegue la hora de la comida o de la cena. Casualmente, uno de los libros que leía era La vida secreta de los árboles, de Peter Wohlleben. Lo que pasa es que Wohlleben es en realidad un guardabosques alemán, y no quedan olmos en Centroeuropa: su libro habla, sobre todo, de las hayas.

La Vida Secreta De Los Árboles - Wohlleben, Peter | Envío gratis 

Como explica Wohlleben, las hayas son árboles de bosque. Necesitan estar todas agrupadas, cerca las unas de las otras, para ayudarse entre ellas. Cuando están aisladas, su vida media cae en picado.

En España, en cambio, teníamos olmos. La grafiosis, un hongo, los mató a todos. A casi todos. Y cada vez que los miraba y agradecía la sombra que me proporcionaban, no dejaba de acordarme del poema, ya saben:

Al olmo viejo, hendido por el rayo

y en su mitad podrido,

con las lluvias de abril y el sol de mayo,

algunas hojas verdes le han salido.

 

¡El olmo centenario en la colina

que lame el Duero! Un musgo amarillento

le mancha la corteza blanquecina

al tronco carcomido y polvoriento.

 

No será, cual los álamos cantores

que guardan el camino y la ribera,

habitado de pardos ruiseñores.

 

Ejército de hormigas en hilera

va trepando por él, y en sus entrañas

urden sus telas grises las arañas.

 

Antes que te derribe, olmo del Duero,

con su hacha el leñador, y el carpintero

te convierta en melena de campana,

lanza de carro o yugo de carreta;

antes que rojo en el hogar, mañana,

ardas en alguna mísera caseta,

al borde de un camino;

antes que te descuaje un torbellino

y tronche el soplo de las sierras blancas;

antes que el río hasta la mar te empuje

por valles y barrancas,

olmo, quiero anotar en mi cartera

la gracia de tu rama verdecida.

Mi corazón espera

también, hacia la luz y hacia la vida,

otro milagro de la primavera.

Es que los dos poemas sobre árboles más famosos en español son el del ciprés de Silos, de Gerardo Diego, y el del olmo viejo, hendido por el rayo, de Antonio Machado. 

Lo que he echado de menos era precisamente que el Parador aportara algo de información al huésped, en el que le explicara que los árboles de su jardín eran olmos. Para que éstos fueran, al menos, conscientes de la majestuosidad de los árboles que les proporcionaban la sombra que anhelaban.

Yo, no sé si lo he dicho ya, he pasado unos días bajo unos olmos. Han sido unos días magníficos. 

 

 

martes, 30 de junio de 2026

Ola de calor

https://www.youtube.com/watch?v=2HE2UwK2g7k 

 

 

Resumen de Gemini:

La histórica e inédita ola de calor iniciada el 20 de junio ha sumido a gran parte de Europa en una situación de emergencia sanitaria y colapso de infraestructuras. Impulsado por el cambio climático provocado por el ser humano, este fenómeno extremo ha atrapado una enorme cúpula de calor sobre el continente, afectando a más de 150 millones de personas y dejando ya cientos de fallecidos (con estimaciones que superan los mil muertos solo en Francia).

A continuación, se detallan los principales récords, el impacto en la sociedad y la situación por regiones.

🌡️ Récords Históricos de Temperatura

Múltiples países europeos han registrado las temperaturas absolutas más altas desde que existen mediciones oficiales:

  • Alemania: Registró un récord absoluto de 41,5 °C en el municipio de Möckern (Sajonia-Anhalt).

  • República Checa: Alcanzó los 40,8 °C, desatando alertas por contaminación de ozono.

  • Dinamarca: Rompió su récord histórico desde 1874 con 37 °C en el norte de Aarhus.

  • Francia y España: Vivieron jornadas consecutivas por encima de los 40 °C. En España, la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) catalogó el 22 y 23 de junio como los días más cálidos de este mes desde 1950.

🚨 Emergencia Sanitaria y Mortalidad

El calor extremo nocturno (que apenas baja de los 22 °C en algunas zonas) ha impedido la recuperación térmica del cuerpo humano. El consorcio científico World Weather Attribution (WWA) estima que el 88% de las víctimas fatales son mayores de 65 años o personas con patologías previas.

  • Servicios de emergencia saturados: En Bélgica las llamadas de auxilio se duplicaron. En París las solicitudes de urgencia aumentaron cuatro veces lo habitual.

  • Plan ORSAN: Francia activó el nivel máximo de este protocolo hospitalario para liberar recursos, algo que no ocurría desde hace diez años.

  • Ahogamientos masivos: Al menos 74 personas han muerto ahogadas en Francia al buscar alivio en ríos o lagos no aptos.

📉 Impacto Crítico en la Infraestructura

La ola de calor ha evidenciado que las estructuras del centro y norte del continente no están diseñadas para este clima:

  1. Red Eléctrica y Nuclear: Decenas de miles de hogares en Francia se quedaron sin luz por fallos en la red. La central nuclear de Paks en Hungría tuvo que reducir su potencia en 243 megavatios porque el agua del río Danubio superó los 29,7 °C, imposibilitando su refrigeración segura.

  2. Transporte: Se agrietó el asfalto de importantes autopistas en Hamburgo (Alemania). Además, las vías del tren se deformaron en Austria, obligando a reducir drásticamente la velocidad ferroviaria.

  3. Escuelas: Cientos de centros educativos suspendieron las clases ante la falta de sistemas de aire acondicionado en las aulas.

🗺️ Evolución Meteorológica Reciente

Mientras que las tormentas eléctricas están dando una breve tregua y un descenso térmico en Europa Occidental (Francia, España y Reino Unido), la masa de aire sahariano se desplaza ahora con fuerza hacia Europa Central, el Este y los Balcanes, donde países como Polonia ya superan los 30 °C generalizados. Los meteorólogos advierten que un segundo fenómeno térmico similar podría formarse en los próximos días.

Hasta aquí. Uno no sabe qué admirarles más a nuestros vecinos europeos: si lo tontos que son, lo julais que son, lo inconscientes que son o lo babaos que son.

Terremoto en Venezuela. Máxima destrucción en La Guaira y en Caracas. Multitud de edificios, que obviamente no cumplen la norma sísmica, se han venido abajo. Muertos, desaparecidos entre los escombros, minutos de portada en los telediarios y noticieros. Los países desarrollados (y España) envían toneladas y toneladas de ayuda directa. La siguiente noticia eran los saqueos y que la ayuda enviada la roban y se la quedan, directamente, la policía y los militares desplegados, y que son ellos los que luego la venden en el mercado negro. Todo ello no causa ninguna sorpresa: como todo el mundo sabe, desde hace al menos 25 años allí uno se mete en la policía para poder robar. ¿Qué esperaban que ocurriera, los bienpensantes que hicieron las aportaciones?

Pues con la Europa acalorada pasa lo mismo. Cambio climático, calentamiento global. ¿Qué llevamos, 25 años con la matraca? No hay día ni político que no esté con la murga. ¿Llueve? Cambio climático. ¿Sequía? Cambio climático. ¿Calor, frío? Cambio climático. ¿Sube el pan? Cambio climático. Si no fuera porque el covid-19 cambió la conversación a tiempo, ahora mismo uno de los meses de nuestro calendario se llamaría Gretario o Thunbergio. Quiero decir, llevamos décadas alertando que cada vez va a hacer más calor, que se avecinan veranos tórridos con olas de calor abrasadoras, y todas esas cosas... ¿y no han hecho nada al respecto?

¿Es que creen que no pudiendo separar el tapón de las botellas y cajas de leche se van a impedir las olas de calor? Pues que disfruten el resultado de su ingenuidad. Yo seguiré tan fresquito en mi casa, convertida en un refugio climático, en mi oficina, convertida en un refugio climático, o viajando en vagones de metro, autobuses o coches particulares convertidos en refugios climáticos. Aunque el sobreconsumo que supone aumente el cambio climático.

Porque es lo que se dice: el pesimista se queja del viento, el optimista espera que cambie. Y el realista ajusta las velas.

A estas alturas de la película, y con el dinero que tienen, que los europeos se asfixien de calor y que se quejen de que "no estamos preparados" es culpa suya, y en el pecado llevan la penitencia. 

 

 

Johann Strauss (hjo) - Tritsch-tratsch polka, op. 214 

miércoles, 27 de mayo de 2026

Los abuelos III

El tiempo no hace prisioneros. 

 

Para lo que sigue, hay que escuchar la canción "Mañana", de Silvia Pérez Cruz: https://www.youtube.com/watch?v=_EXUe6Vchr4

La canción musicaliza una letra de Ana María Moix, y esa letra cuenta una curiosa verdad:

Cuando yo muera amado mío
No cantes para mí canciones tristes
Olvida falsedades del pasado
Recuerda que fueron solo sueños que tuviste

¡Que falsa invulnerabilidad la felicidad!
¡Que falsa invulnerabilidad la felicidad!
¿Dónde estará ahora, dónde estará mañana?
Cuando yo muera amado mío

No me mandes flores a casa
No pongas rosas sobre el mármol de mi fosa, no
No escribas cartas sentimentales que serían solo para ti
No escribas cartas sentimentales que serían solo para ti

Cuando yo muera mañana, mañana, mañana
Habrá cesado el miedo de pensar que ya siempre estaré sola
Que ya siempre estaré sola mañana, mañana

Cuando yo muera mañana, mañana, mañana
Ya habrá cesado el miedo de pensar que ya siempre estaré sola
Que ya siempre estaré sola, mañana

 

Dos abuelos. Décadas casados, viviendo siempre juntos. El mundo que existía antes de vivir juntos ya no existe: hace muchos años que desapareció.

¿Usted cree que ellos no han hablado entre sí nunca de la muerte? ¿De que cuando uno muera el otro quedará solo? ¿Y de qué será del otro, cuando quede solo?

La protagonista de la canción espera la muerte aliviada porque significa que ella no vivirá sola.

Tengo para mí que lo contrario es lo que da la fuerza para seguir viviendo.  Vivir, para que el otro no se quede solo. Porque ¿qué sería de él, solo? Siempre me ha tenido a mí. Todos conocemos casos en los que el segundo sigue al primero a los pocos días. Recuerdo, hace años, una amiga cuyo abuela murió un viernes. Acudieron a la casa de los abuelos, en Francia., y el domingo estaba mi amiga comiendo con el abuelo en la planta baja mientras la familia comía en la planta superior. Y, mientras comía, el abuelo murió. No quiso vivir más, pero ¿porqué quiso vivir hasta entonces? Yo creo que porque no quería dejar sola a su mujer. Mientras ella no muriera, él viviría.

Estoy seguro de que es un caso más común de lo que se cree.

Cuando veo ancianos que siguen juntos tras muchas décadas, siempre me pregunto si ése no será uno de esos casos. En los que a la muerte de uno sigue más o menos rápido la del otro. Es que no sé cómo funciona esto de la muerte: si muere uno cuando quiere, si las ganas de vivir mandan más que la biología. 

Claro que tampoco sé porqué vivimos (muchos) tanto. Los abuelos son para los niños pequeños y para los padres jóvenes, ¿no están de acuerdo? 

El secreto es que el propósito de que los muy mayores vivan tanto es cómo nos comportamos los demás con ellos. Sobre todo los que ya no somos jóvenes. Unos se portan bien, y otros mal. Portarse mal con ellos, desatenderlos, burlarse, evitarlos, impacientarse, despreciarlos, es fácil. Lo que hay que hacer es portarse bien. 

domingo, 17 de mayo de 2026

Los abuelos II

https://www.youtube.com/watch?v=UqMD3cg1qxM 

 

 

Los niños son el pasado. Los abuelos, el futuro.

«No, no», me dirá usted. «Está usted equivocado». No, no lo estoy.

Los niños son el futuro. No tienen pasado, tienen todo el futuro por delante. El futuro de la sociedad está en sus niños.

Los abuelos, los ancianos, son el pasado. No tienen futuro, lo que tienen es pasado. El pasado de la sociedad está en sus ancianos. 

Es lo que usted está pensando, ¿verdad? 

Pasa que aquí ocurre algo parecido a la emigración.

Un emigrante es una persona que nos abandona y se va a buscarse la vida en otro lugar. Si un país o región tiene un problema de emigración, lo que le ocurre es que una parte de su población se está marchando y eso supone un problema.

Un inmigrante es una persona que abandona su lugar de origen y se viene a buscarse la vida entre nosotros. Si un país o región tiene un problema de inmigración, lo que le ocurre es que está recibiendo una cantidad importante de habitantes de otro país o región.

Un migrante es un animal que pasa el invierno en unas zonas y el verano en otras, y lo que hace es desplazarse entre ambas. O, como los salmones y las tortugas, viven en un sitio y cuando les toca se desplazan a otro a desovar. Y si usted es un tonto de izquierdas (no se sabe qué acarrea lo otro), un migrante es un emigrante o un inmigrante pero usted no sabe si va o si viene, si decirle hola o adiós.

Para los que lo despiden, esa persona es un emigrante. Para los que lo reciben, un inmigrante. Esa persona, así mismo se trata de Juan, y en cuanto a frente a los demás adopta la postura del interlocutor. Si le deja o llega junto a él.

Pues con los niños y los ancianos ocurre lo mismo. Depende de nuestro punto de vista.

Cuando vemos a un niño, vemos el pasado. Vemos el niño que fuimos. Recordamos cómo éramos, qué hacíamos. Y así, les comprendemos y sabemos cómo hay que tratarles. Y también entendemos entonces porqué nuestros mayores nos trataron así cuando nosotros éramos esos niños.

Cuando vemos a un anciano, vemos el futuro. No sabemos cómo se siente, porque nosotros aún no somos ancianos. Pero vemos cómo seremos, si llegamos a su edad. Lo que les ocurre nos ocurrirá. La pérdida de capacidades, la decadencia física y mental, la tendremos. Por eso, hemos de tratarles como nos gustarían que nos tratasen a nosotros si fuéramos ellos. Con cariño y con respeto. Sobre todo, con respeto y con cariño.

No nos riamos de los ancianos. No nos aprovechemos de ellos. Y enseñemos a los niños que a los ancianos, y en especial a los abuelos, se les trata con cariño y respeto, porque nuestro futuro es ser ancianos y querremos que los ahora niños nos traten así.

 

 

José Luis Perales - Tú como yo 

 

sábado, 9 de mayo de 2026

En el refugio atómico

https://www.youtube.com/watch?v=X2re0kACKy0 

 

 

¿Querría usted vivir en un refugio atómico?

¿No? ¿Por qué no?

A fin de cuentas, dentro del refugio se está muy bien. No importa si fuera el ambiente es radiactivo y el agua está contaminada, si todo son escombros y ruinas y el aire es irrespirable. En el refugio el aire está tratado y es perfecto, el agua se depura en un ciclo de recirculación perfecto, no falta comida ni energía. Hay espacio de sobra, y otras personas con las que pasar el rato. De hecho, si es usted varón y heterosexual es probable que localice féminas que estén dispuestas a repoblar la Tierra, y ya se sabe, todo sea por el bien del planeta.

En el refugio usted está a salvo y le va bien. Lo que pase fuera no le afecta.

Pero, claro: fuera es un desastre. Y eso hace que no nos guste.

En nuestras vidas estamos viviendo en un refugio atómico. Tenemos comida, bebida, energía los más de los días. Nuestra microeconomía funciona: el tráfico es un desastre y las carreteras están a veces cortadas, del tren ni hablemos, los precios no paran de subir y los servicios públicos se están deteriorando a pasos agigantados. Pero, oiga, seguimos adelante. A todo se acostumbra uno. La educación, la sanidad, la composición de nuestra sociedad, los medios de comunicación,... Cuando uno lo piensa, parece que todo se está yendo al garete. Que nuestra civilización se cae a pedazos y que en cincuenta años estos serán los dolores de Fabio.

No sé cómo es la vida en un refugio atómico, pero imagino que uno se aísla mentalmente del exterior. Vive su vida intentando no pensar cómo están las cosas ahí fuera. Por su salud mental. Pues aquí y ahora, más o menos igual. Ya no miro los informativos de la TV (con lo que ya no miro, de facto, la TV), y me dan igual, en la prensa escrita, en papel o en internet, las noticias de política, nacional o internacional (la local y autonómica hace mucho que dejó de tener cualquier tipo de interés). No me atraen los artículos de opinión política. En el momento de escribir estas líneas, lo último que sabía es que el gobierno había tomado por asalto la AIREF, la "autoridad independiente de responsabilidad fiscal", que es un organismo que se supone que fiscaliza al gobierno desde la independencia; ahora cesa su directora, y el gobierno ha nombrado como sustituta a una acólita que formaba parte del segundo escalón del gobierno. Pues bien, ahora que retomo el artículo lo más reciente es que la fiscal general nombrada por Sánchez actúa ya sin tapujos: sustituye a fiscales de larga experiencia por los de su cuerda, saltándose cientos de puestos de escalafón, porque ella lo vale. Y le dice al fiscal del caso Ábalos que nada de incentivar al arrepentido Aldama que está revelando los secretos. Aunque cuando ha ocurrido algo parecido (un arrepentido) en un caso del PP (caso Gürtel), al arrepentido en cuestión le den la inmunidad y el ministro de Justicia de Sánchez proclama que cuando alguien colabora con la justicia el gobierno le va a ayudar. Lo dicho, da igual lo que pase actúan a calzón quitado. Y claro, uno prefiere aislarse. Dado que no puedo hacer nada, prefiero no saber. Total, para qué. Para amargarme, para enfadarme, para indignarme. Paso. Me vuelvo al refugio atómico.

Y así sobrevivimos, concentrándonos en las miserias nuestras del día a día, en lo que nos atañe y nada más.

Muchos pensamos que Sánchez no convocará elecciones en el 27. Otros pensamos que sí, pero que estarán amañadas. Otros, que algo hará o se sacará de la manga, que Sánchez no se va a ir. Y lo encontraremos aceptable, y será legal aunque haya tenido que cambiar la ley para ello y lo que no haya podido cambiar haya tenido que salir su lacayo del Constitucional para decir que sí que lo es. Capaz es, capacísimo, de extender el hantavirus por la península y obligarnos a confinarnos y así anular las elecciones. ¡Vaya que si es capaz!

Por eso vivimos en un refugio atómico. Por prescripción facultativa. O por automedicación.

Poco a poco, todos nos vamos encerrando. A veces alguien que no se ha metido aún exclama que no comprende por qué no pasa nada, por qué se les sigue votando o cómo es que permanecemos indiferentes viendo cómo todo se va al garete. La respuesta es obvia: porque nos encerramos en nuestros refugios atómicos. No somos capaces de vivir en el exterior, sabiendo lo que está pasando.

Puede que tal vez un día quizás una turba tome al asalto el palacio de la Moncloa y cuelgue al condotiero por los pies de un balcón. Y a su esposa, ya puestos. Y a muchos de los que estaban por allí y a sus escoltas si se oponen. Ese día que tal vez quizá ocurra puede que los buscados por la turba clamen y pidan ayuda. Y que se encuentren con que nadie se la brinda. ¿Saben por qué? Porque estaremos todos en nuestros refugios atómicos, donde ellos nos forzaron a encerrarnos, y nos dará igual lo que les pase. 

Así que yo, a lo mío. A buscar una fémina a la que convencer de la necesidad de repoblar la Tierra. 

 

 

 

Ludovico Einaudo y Ballaké Sissoko - Chanson d'amour 

 

 

 

martes, 28 de abril de 2026

El señor de los anillos

https://www.youtube.com/watch?v=Veog9lA_3Zo 

 

En estos días de viajes y largas esperas en aeropuertos he tenido que matar los ratos muertos como he podido; uno de ellos ha sido con un librito de uno o dos divulgadores franceses (ojo, ese detalle es clave) que contaba, de manera resumida, la Historia del mundo. Este tipo de libros suelen ser como ver una película de las que me gustan a mí (con acción y sin besos, para empezar): no es que alberguen grandes sorpresas, pero siempre es divertida la nueva historia del pistolero que llega a un pueblo del Far West dominado por un rico terrateniente con una pandilla de matones a sueldo o del ex-Navy Seal que ha querido dejar atrás todo su pasado pero tiene que ponerse a ello una vez más cuando los malos se meten con la persona equivocada.

 

El libro, ya lo he dicho, lo han escrito franceses. Y para franceses. Como uno ya conoce a los franceses, pues no les tiene en cuenta lo encantados que están de conocerse; al contrario, lo leí como una oportunidad excelente para saber cómo ven el mundo, o su Historia. Como detalles, baste decir que citan a España dos veces: una para decir que en el siglo XVI, tras la guerra de Granada, mandaron mucho, y otra para lamentar que Napoleón, en el apogeo de su gloria, hubiera decidido meterse en España. Esto último los autores lo achacan a la hybris griega que arruina a todos los humanos que llegan a creerse dioses y que hizo que Napoleón quisiera darle un reino a su hermanito José. Explican entonces que la diferencia fundamental entre España y Europa es que en España no se sentía aprecio por los soldados franceses y, a diferencia de los demás países, allí los soldados no podían alojarse en las casas de los lugareños. ¡Porque los degollarían! Bueno, también explican (en una idea que me parece muy interesante) que la clave del éxito de la conquista de América es la enorme distancia psicológica que había entre los españoles, que vivían en la Edad Moderna, y los americanos, que en los mejores casos estaban recién salidos de la Prehistoria. Y que lo mismo habría ocurrido si aquellos españoles hubieran desembarcado en el Egipto de los faraones, se habrían hecho con el poder en un plisplás. Claro que hay que entender que el autor es francés: considera un gran explorador-descubridor al señor de LaSalle, que en realidad fue un loco iluminado vendehumos, y considera que en los siglos XVII-XVIII Francia dominaba un tercio de América del Norte (aunque tiene la deferencia de apuntar que lo hacía sin apenas franceses allí). Se ve que consideran que si un francés desciende en barca un tramo del Misisipi, toda la cuenca del río es suya. En fin, quizá algún día escriba sobre esto, porque el tema tiene mucha miga y los franceses, desde luego, no lo van a hacer.

En fin, a lo que iba. O no, una digresión previa: es curioso cómo tratan los autores la caída del imperio romano (de Occidente). Como el librito es un manual sencillo, no profundiza mucho en los porqués, básicamente ocurre. ¿Empieza entonces la Edad Media? Según ellos, no. Según ellos, empieza el año 987 con la proclamación de Hugo Capeto como rey de Francia (por cierto: traté el tema en esta entrada). Lo que hay entre los romanos y Hugo Capeto son simplemente años oscuros. Y dice que Carlomagno era un patán y que es incomprensible la alta estima que se le tiene hoy en día. Para ilustrar la oscuridad de esos años, apunta que en aquella época (en Francia) no se construyó nada. Ni un monumento, ni una iglesia, nada. ¡Estos franceses...!

La caída de Roma supuso un paso atrás civilizatorio descomunal, de eso no hay duda, pero no fue igual en todas partes. En Inglaterra supuso la vuelta a la Edad de Piedra. En el norte de África, la desolación. En Francia, ya lo vemos: los arquetipos de francos, merovingios o caloringios, analfabetismo rampante. Pero la Iglesia Católica perdura, y las sociedades, más o menos, se mantienen Vale, lo compro. Pero en la península ibérica la cosa fue diferente: estaban los visigodos. De hecho, estaban como reyes antes incluso de la caída del imperio, por lo que la caída les afectó lo mismo que nos afectaría a nosotros la desaparición de los EE.UU.: nos quedaríamos sin películas de Jason Staham, sin internet y sin montones de cosas, sería duro, pero no el fin del mundo. Los visigodos mantuvieron el tipo: la monarquía persistió, se fundaron ciudades (tres), se acuñó moneda, se promulgaron leyes (y códigos legales), se erigieron iglesias, se hicieron concilios, la sociedad se mantuvo. Y san Isidoro de Sevilla escribió las Etimologías, ahí es nada. No era una sociedad inculta, al menos no más que la romana justo antes de su caída. Eso, hasta el 711. Y desde el 711 hasta el francés 987... tampoco puede decirse que España hubiera caído en la prehistoria. La mezquita de Córdoba dice lo contrario, sin ir más lejos. Pero, insisto, no hemos de ofendernos. Es un francés escribiendo para franceses, y nuestro interés es saber cómo ven el mundo ellos, no comprobar que lo ven como a nosotros nos gustaría.

A lo que iba de verdad. El libro empieza con una reflexión, que voy a denominar El señor de los anillos porque se escribió en 2006 y las películas de ese nombre estaban de moda hasta el punto de que el autor las elige para ilustrar su tesis:

En Francia, hace un siglo, todo aquel que sabía leer también sabía situarse en el tiempo y en el espacio. Un manual redactado por dos eminentes profesores, el "Malet-Isaac", mencionaba las referencias históricas y geográficas que conocían las personas que habían superado el graduado escolar. Sin embargo, esto ya no es así. La mayor parte de los franceses, y de los occidentales en general, se han convertido en personas sin pasado, en "desmemoriados" (esta palabra describe bastante bien la situación). Por una irónica paradoja, nunca se ha hablado tanto del "deber de la memoria" como en esta época de olvido; ya se sabe, sólo se insiste en una cualidad cuando ésta se ha olvidado.

Hasta hace poco tiempo, aún se escuchaba a los franceses quejarse cuando no se sentían contentos: "si una vez hicimos la Revolución, podríamos volver a hacerla", manifestaban así que eran conscientes de una bonita continuidad histórica. ¿Qué encontraríamos hoy en la cabeza de sus hijos (al menos en la de los que no han cursado el tercer ciclo)? ¡Un caballero de la Edad Media con su armadura, cabalgando sobre un cohete interplanetario, a modo de caballo, en un lugar indeterminado! 

La película en varias entregas El señor de los anillos, una epopeya que no se desarrolla en ninguna parte, nos proporciona con su éxito el testimonio de la ignorancia universal. La culpa no es de nuestros contemporáneos si se ha descuidado instruirles sobre hechos y lugares. Un mundo apremiante ha querido sustituir el estudio de la historia cronológica por el de los temas que cabalgan por los siglos, del tipo "Los medios de comunicación a través de los tiempos". En cuanto a los lugares, todos son iguales para los apresurados técnicos que ya no quieren tener en cuenta los parajes, las ciudades actuales alinean por todas partes las mismas torres de cristal. Dentro de este barullo, los paisajes se difuminan, las culturas se disuelven, las historias colectivas se borran.  

Esta mezcolanza provoca la desaparición  de aquello que permitía a los individuos efectuar el inventario de su herencia. Si a esto se añade un tremendo desprecio por el pasado lejano y el culto a lo "inmediato", se entiende que nuestra modernidad fabrique más consumidores, "zapeadores" e hijos de la publicidad que ciudadanos responsables, deseosos de comprender y construir. Así pues, hay que ponerse en guardia: la misión más importante de una civilización es transmitir a sus hijos un patrimonio, queda a cargo de estos últimos rechazar, dilapidar o hacer fructificar su herencia.

Jean-Claude Barreau: Toda la Historia del Mundo 


Es una tesis clara con la que me temo que estoy de acuerdo. Cuando yo era chaval todos los niños leíamos tebeos del Capitán Trueno o del Guerrero del Antifaz. O del Jabato, Roberto Alcázar y Pedrín, Historias Bélicas. Astérix. Tintín. Lucky Luke. Da igual cuál. Todas eran historias que estaban centradas en un tiempo y un lugar. Fijémonos, por ejemplo, en los álbumes de Asterix: la primera página de todos ellos empieza con una pequeña "lección" de Historia: 

«Estamos en el año 50 antes de Jesucristo. Toda la Galia está ocupada por los romanos... ¿Toda? ¡No! Una aldea poblada por irreductibles galos resiste todavía y siempre al invasor. Y la vida no es fácil para las guarniciones de legionarios romanos en los reducidos campamentos de Babaórum, Acuárum, Laudánum y Petibónum...»

Con el correspondiente mapa del hexágono y la lupa centrada en ese rincón de Bretaña.


Sí, ya desde el principio aparece la situación geográfica e histórica. Pero esa acotación no era exclusiva de Astérix ni de los tebeos: películas (¡tantas películas empezaban con una introducción asterixiana!), series de televisión, novelas,... La Historia y la Geografía estaba siempre presente, sutil en ocasiones y evidente en otras. Era una lluvia fina que calaba. Puede que el ciudadano común no tuviera un profundo conocimiento de la Historia, pero las líneas generales sí las sabía. Era parte de esa cultura general que se consideraba que no tener equivalía a ser un patán.

Esa lluvia cesó. El resultado es que el conocimiento histórico y geográfico dejó de calar, dejó de tenerse. Ahora se lo considera algo a evitar, en lo que respecta a la formación de los niños, y una pedantería si un adulto lo posee y, craso error, lo exhibe. La incultura es lo que está en boga. 

¿Cuándo dejamos de valorar el conocimiento y la cultura? ¿Cuándo dejamos de considerar que las personas cultas eran la élite de la sociedad y las incultas los villanos, los destinados a ser meros braceros, el proletariado? 

No lo sé. En algún momento, tal vez poco a poco. ¿Alguien duda de que eso sea un error social? Claro que sí, hay mucha gente que sigue defendiéndolo. Los maestros, los pedagogos, los psicólogos, los políticos. Sobre todo, ellos.

Para que quede claro el párrafo anterior: lo que estoy diciendo es que los maestros, políticos y pedagogos son los principales defensores de que no se enseñe el conocimiento, Historia o Geografía. No al revés, como habría pensado cualquier ciudadano hace 100 años. 

El cambio de valores no ha sido baladí. Hace 50 años, queríamos que nuestros líderes fueran figuras sobresalientes en sus campos. Los mejores en lo suyo. Ahora no les pedimos nada de nada. Un maestro de escuela puede ser la máxima autoridad nacional sobre aeropuertos, vías férreas, carreteras y obras públicas, manejar presupuestos colosales y tener poder sobre cientos de miles de trabajadores. En otros campos ponemos a personas sin la menor cualificación. Y si no tienen siquiera el bachiller, ¿qué? Si alguien protesta, se le tilda de elitista y de facha. Que porqué no va a ser ministra una mujer que se gana la vida fregando escaleras, decía una vicepresidente del Gobierno. Koldo, el famoso portero de burdel, fue designado por ese Gobierno consejero de Renfe Mercancías. Si a nuestros gobernantes, a nuestros líderes, les importa un higo el conocimiento, el mérito, la maestría, ¿quiénes somos nosotros para exigirlo? En efecto: ya apenas requerimos a los recién licenciados que sepan de lo suyo. Becarios, se llaman. Junior, también. Y nos encontramos con ingenieros de 40 años a los que se considera "juniors" y que se dicen que están aprendiendo. Como si tuvieran todavía 18 años.

Se cometen muchos errores en el trabajo. En el campo mío, un gran porcentaje de los errores son por falta de atención. La información está proporcionada, bien clara en los planos, pero el que los tiene que interpretar no los ve. Hay muchísimas personas ahí fuera que si un plano tiene 100 palabras lee solo 30 ó menos. Y que si tiene 10 palabras no lee ninguna. Asombroso pero cierto. Otro porcentaje importante es porque leen, pero no saben interpretar. Es como si usted escuchara una canción en ruso: la oiría, pero no intentaría entender la letra. Pues lo mismo: leen, pero no hacen ningún esfuerzo por entender lo que leen. Una instrucción: ir a Rue 13 del Percebe, comprar 2 tomates, volver. ¿Qué hacen? Van a Rue 13 del Percebe y vuelven. ¿Los tomates? ¡Ah, no habían caído en la cuenta de que tenían que comprarlos! No se fijaron, dicen. 

Pero, claro, esta Semana Santa hice esta foto:


No sé si maravillarme u horrorizarme. La criatura no tiene 24 meses, y ya maneja una tableta. Y un lápiz señalador, o como se llame. No sabe leer, pero interactuar con pantallas informáticas lo hace sola. Hace 25, 30 años, se decía que hay que ver, en el futuro los "nativos digitales", un término que se creó para referirnos a los que, a diferencia de nosotros, vivían en un mundo informatizado, patatín, incluso se hablaba de que tendrían los pulgares no sé cómo, etc. 

Pero ¿cómo será de ese bebé cuando sea adulto? ¡Ah, datis! Voy a especular: asombrosamente fluido y cómodo cuando se trata de moverse a través de cuestionarios y pasar pantallas, excelente interpretando botones y encontrando opciones "ocultas", pero incapaz de enfrentarse a un libro. Si puede, esperará a que salga la película. Si no, para eso estarán los audiolibros. Puede incluso que la IA genere audiolibros con audiovídeos, y así es más fácil, no ha de imaginar a Ivanhoe o a Robinson en su isla.

Ese futuro no está tan lejano: ya hoy en día los jóvenes ingenieros prefieren ver vídeos tutoriales en Youtube en vez de atender explicaciones. Los ingenieros, según mi concepción del mundo, somos la élite de la sociedad: pues imagine, entonces. O los mapas: no es que no se miran, es que son incapaces de localizar una población en un plano y encontrar la ruta hasta allí. El año pasado paré en una gasolinera a comprar un mapa de carreteras de Michelin y el dependiente me miró como si hubiera bajado de una nave espacial. Huelga decir, no tenía. Desde hacía años.

El otro día, una señora (ya mayor) me preguntó por una dirección. Estaba dos calles más abajo, por cierto. Me llamó la atención porque ya nadie pregunta direcciones. Todos tenemos móvil, ¿no? Pero esto también tiene consecuencias: los jóvenes ya no saben los nombres de las calles, y los recorridos habituales se los saben de memoria, pero los recorridos no usuales los hacen móvil en mano. Sí, la tecnología nos cambia. Cambia primero nuestros hábitos, y luego cambiamos nosotros. Hace 20 años me habría reído o me habría encolerizado si me dijeran que el dinero en efectivo iba a desaparecer. Hoy, para mí, es (casi) sólo un recuerdo. Algo que usaban los cromagnones, aunque aún queda alguno por ahí.

Así que sí. Hace 20 años El señor de los Anillos era un síntoma de lo que se nos venía encima. Hoy podemos confirmar que la evolución es cierta. Y no tiene marcha atrás. ¿Cuánto sobrevivirá "el mundo antiguo"? Lo que sobrevivamos nosotros. Cuando muere el penúltimo hablante de una lengua, la lengua muere (el último no tiene con quién hablarla, ¿no?). Cuando muera el último analógico, sólo quedarán digitales. 

Un último ejemplo. De vez en cuando me toca interactuar con ingenieros jóvenes, arquitectos jóvenes, aparejadores jóvenes. Titulados universitarios. No saben croquizar a mano, es decir, no saben plasmar sus ideas con un dibujo a mano (necesitan un ordenador), pero bueno. Ahora bien, tampoco saben explicarlas. Al menos, por escrito. No saben escribir. Saben pedirle a la IA que lo escriba por ellos. Pero ellos no saben. ¿El paso siguiente, en la evolución? Hoy, no saben expresar con precisión lo que se les ocurre; mañana, quizás no se les ocurrirá nada.

Pero no es algo que me preocupe. No es mi problema. 

 

 

 G.F. Händel - Sabaranda para cuerda y continuo 

 

   

 

martes, 10 de marzo de 2026

Unos números sobre el tiempo (para pasar el rato)

Es un conocimiento que nunca está de más:

Mil segundos son casi 17 minutos. 17 minutos son exactamente 1.020 segundos.

Un millón de segundos son doce días. En concreto, doce días exactos son 1.036.800 segundos, por lo que es una aproximación muy razonable.

Mil millones de segundos son casi 32 años. 32 años exactos son un pelín menos de 1.010 millones de segundos. 

Un billón de segundos son 32.000 años. Obviamente. 

En horas:

Mil horas son 42 días, casi clavado porque 42 días son 1.008 horas.

Un millón de horas son 114 años, con mucha exactitud. Si contamos 28 años bisiestos, 114 años son 999.312 horas. 

Y mil millones de horas son 114.000 años, claro. 

viernes, 6 de marzo de 2026

Sobre el burka

https://www.youtube.com/watch?v=22zB6Soc2Gk 

 

 

Está usted comiendo en un restaurante. En una mesa cercana, una familia: padre, madre y algunos hijos. Uno de los hijos, de corta edad, se está portando mal. Berrea, chilla, canta, tira cosas al suelo, lo que usted prefiera. Los padres le amonestan, pero el chico no depone su actitud. Usted está perdiendo los nervios y se pregunta porqué admiten niños en los restaurantes, pero sigue comiendo su filet mignon a la pimienta. Hasta que el padre le arrea un sopapo al chaval. Que, a partir de entonces, se porta bien y el resto del aforo termina su comida en paz.

Usted:

  1. Llama a la policía y les pide que vengan a detener al padre por maltrato infantil. A la cárcel y que pierda la patria potestad.
  2. Se levanta y afea al padre su actitud delante de todos. Cuando el padre le responde, le pega una paliza delante de su familia o en el callejón de atrás.
  3. Sin levantarse, afea en voz alta la actitud del padre.
  4. Sigue comiendo, tal vez aliviado, tal vez molesto por la escena que ha presenciado.
  5. Se levanta, rompe en aplausos y pide que el padre dé una vuelta entre las mesas recibiendo las felicitaciones de todos. Anima también a su santa esposa a que le arroje al héroe su sostén.

Antes de continuar, debe usted meditar bien qué opción sería la suya. Si no lo ha decidido, no ha de seguir leyendo porque carecerá de sentido. Elija su opción.

Con el burka, el niqab, el chador y todas esas prendas islámicas que están ahora en el candelero ocurre algo parecido. Es un tema privado, de esa mujer y de su familia. También de cuando esa mujer es una niña y de su familia. Es un tema privado de esa familia. No nos molestan, o sí pero nos aguantamos, los mamarrachos que nos cruzamos por la calle. Les aseguro que a menudo veo muchas escenas en la calle que me disgustan, pero aparte de pensar que pobre juventud y que o tempora o mores, me aguanto y sigo mi camino. Pero en el caso del burka, como en el del restaurante, hay un detalle adicional: el maltrato al niño, a la niña, a la mujer sometida a las exigencias del marido.

En el caso islámico, el maltrato a la niña y a la mujer es clamoroso: basta notar que, en libertad, ninguna otra mujer del mundo adopta las normas de pudor islamistas. En Barcelona hay ciudadanos de más de cien países, seguro. En primavera, verano, otoño e invierno las mujeres y niñas visten de muy diversas maneras. Algunas muy ligeras de ropa, otras muy tapadas. Algunas llevan vestimentas claramente subsaharianas, otras llevan ropa típica del Indostán, pero uno no aprecia imposición, sino una clara preferencia de esa mujer. Y luego están las islámicas. No voy a decir las musulmanas, porque no todas. Las islámicas, en invierno muy bien, pero en primavera obviamente se comen las ganas de lucirse, y en verano es asombroso que sigan respirando. Aun así, esto no está aún en la polémica. La polémica va a los casos extremos, el burka y el niqab. Eso es maltrato, nadie puede querer vestirlo voluntariamente como regla universal salvo que le hayan formateado el cerebro desde niña o lo prefiera a recibir una paliza. Y ante esto, lo que tenemos que hacer, lo que pedimos a nuestros gobernantes que hagan, es…

Piense en el restaurante. Sobre todo si eligió usted la opción d). Si eligió la a) o la b), es evidente que es usted partidario de legislar y prohibir. Pero ¿y si eligió la d)? ¿Por qué no intervino en el restaurante? Es evidente que no le gustó la escena, pero ¿acaso piensa que es un tema privado y que cada cual ha de poder educar a sus hijos como crea conveniente? ¿Acaso piensa que cada cual ha de poder educar a sus hijos como crea conveniente, excepto si ese cual es musulmán?

 

¿Mi postura personal? La expuse en esta entrada: la libertad religiosa.

 

 

 Sara Evans - A little bit stronger

lunes, 12 de enero de 2026

Estoy escribiendo un libro

https://www.youtube.com/watch?v=Lu-E-mBNLP4 

 

 

De hecho, estoy escribiendo varios. Aunque huelga decir que ninguno de ellos llegará a ver la luz: ni siquiera los voy a terminar.

¿Entonces? ¿Por qué?

Por ejercicio mental. He leído mucho, he resuelto incontables rompecabezas y pasatiempos y, en el ámbito laboral, me he dedicado toda la vida a solucionar problemas que la mayoría eran incapaces siquiera de plantear correctamente. Pero escribir un libro es otro tipo de ejercicio mental. Y uno que, lo reconozco, me está gustando mucho. 

Es un trabajo doble. El primero de ellos es pensar. Pensar qué ocurre, qué se cuenta, cómo se cuenta. Es todo un ejercicio mental, porque uno no escribe todo lo que piensa, hay que afinar, perfilar, depurar. Y si hablamos de un libro, hay que estructurar, planificar, pensar en líneas generales y en detalles. Es, ya digo, muy entretenido. Y en cualquier momento libre: andando por la calle, nadando en la piscina, conduciendo, viajando, esperando. En cada momento que a uno le dejan tranquilo hay una ocasión para rumiar un pasaje cualquiera.

El segundo ejercicio es escribir. Hay que recordar lo pensado (no es tan fácil como se cree), y escribirlo. Y al escribirlo, otra vez: afinar, perfilar, depurar. Y no, escribir no es como pensar. Es un ejercicio distinto. Pensar, pensamos todos, y todos pensamos que, en consonancia, somos capaces de escribir. En rigor es así, pero.. haga una prueba: escriba una anécdota suya de este verano. Escríbala de forma que otra persona quiera leerla hasta el final. Cuesta más de lo que creía, ¿verdad? Y si además ha optado por escribir a mano (ni punto de comparación con la escritura por teclado)...

Son dos maneras de ejercitar la mente. Y entretenidas, ambas. Por eso lo hago, me está gustando. Y por eso se lo recomiendo. Nunca es demasiado pronto para empezar; intente que no sea demasiado tarde.

 

 

Haendel - Il delirio amoroso HWV 99 "Un pensiero voli in ciel"