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viernes, 23 de octubre de 2026

Los límites de lo imaginable

https://www.youtube.com/watch?v=kef7jG0-ecg 

 

 

Wittgenstein dijo que «Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo», queriendo decir que lo que no somos capaces de nombrar o describir, para nosotros no existe. Esto se entiende mejor a la inversa: no somos capaces de imaginar como es un gjjersltez, porque para nosotros esa palabra no existe. Y no somos capaces de nombrar ese animal tan extraño que hasta somos incapaces de imaginarlo.

Supongamos un lerdo que sólo conozca cinco palabras muy básicas para describir un estado emocional: contento, triste, enfadado, decepcionado, ilusionado. Tendría problemas para responder a una pregunta tan sencilla como un «¿cómo te encuentras?». No podría explicar si se encuentra melancólico o con añoranza, esperanzado o superado por las circunstancias. Necesita más palabras para desarrollarse por completo.

Otro ejemplo: un jurista, un médico, un filósofo o un ingeniero sólo podrá tener con nosotros conversaciones muy básicas sobre sus campos. Por ejemplo, si se discute si "la ordenación de una sustitución pupilar llevaba implícita la vulgar". No sabe de qué le estoy hablando.

El fin último original de esta discusión, que no empezó Wittgenstein sino al menos mil años antes, es si Dios existe: uno de los problemas humanos es que nuestra mente no consigue abarcar el infinito, y no pudiendo concebir el infinito no conseguimos concebir la verdadera idea de Dios.

Pero no es por ahí por donde quería plantear mi discusión, sino a propósito de esta imagen que hoy ha publicado la NASA:

Imagen: NASA/CXC/A. Botteon et al.
 

En primer lugar, se llama Treble Clef. Un Treble Clef no es algo, es esa cosa.

Esa cosa, que parece una nota musical en el espacio, se descubrió (la parte roja) en 2004, sin que nadie pudiera explicarlo. Recientemente se ha descubierto lo coloreado en azul, que emite como rayos X. Mide más de dos millones de años luz de largo. Lo cual a usted no le dice nada, pero la Vía Láctea, que es una galaxia tirando a grande, mide 100.000 años luz de punta a punta. Esa cosa mide dos millones.

¿Qué es esa cosa?

Digamos que un agujero negro estallado. Digamos, para empezar, que allí están chocando dos cúmulos de galaxias. No dos galaxias, sino dos cúmulos. Cada cúmulo, de cientos o tal vez miles de galaxias. Digamos que había un agujero negro que lo estaba absorbiendo todo, como suelen hacer. Y que absorbió tanto que reventó. En un sentido humano, no es que explotara, sino que empezó a vomitar el exceso de masa absorbida y que no podía manejar. El caso es que arrojó una cantidad inmensa de materia (que ni siquiera son átomos de hidrógeno, sino los protones y los electrones sueltos, desperdigados) al espacio. Y los dos cúmulos de galaxias chocaron con esa masa que estaba allí. Lo que vemos es la luz (la energía) que se libera en ese choque.

¿Ven lo que le digo? He intentado explicarles el Treble Clef, y lo cierto es que me faltan palabras para hacerlo.

Denme otra oportunidad.

Aceptemos lo de que el agujero negro ha expelido materia en una cantidad absolutamente colosal e inimaginable, en una cantidad tal que ocupa lo que veinte galaxias como la nuestra.

Supongamos que a un lado de esa materia tenemos un cúmulo con cientos o miles de galaxias, y otro cúmulo similar al otro lado, y supongamos que ambos cúmulos se atraen entre sí y están chocando.

Chocar. Como si fueran dos bolas de billar.

Como todo el mundo sabe, el espacio entre la Tierra y el Sol está vacío. Entre el Sol y las estrellas más cercanas, mucho más vacío. Entre las estrellas de la galaxia, tremendamente vacío. Y entre una galaxia y otra, mucho más que tremendamente vacío. 

Pero vamos a decir que los cúmulos de galaxias están chocando unos con otros, porque no tenemos una palabra más adecuada.

Y la materia que soltó ese agujero negro es tanta que, a escala cósmica, esos cúmulos de galaxias se están lanzando contra ella.

Aunque no van a chocar, ni siquiera átomo contra átomo. Y eso que una galaxia no es sólo una colección de estrellas: también incluye lo que se llama gas intergaláctico. Que lo llaman gas para que lo entendamos, pero en rigor deberían cambiarlo a plasma, ya que la materia que lo forma no está compuesta de átomos, sino de protones, electrones y partículas subatómicas que están ahí fuera, flotando. Pero tampoco es este gas intergaláctico el que choca con el gas del otro cúmulo de galaxias, ya que la densidad material es tan nimia que un choque de partículas es casi imposible. Lo que ocurre es que junto con las galaxias de estrellas y el gas intergalactico, tenemos algo más: campos de fuerza, gravitatorios, electromagnéticos. Campos de fuerzas... colosales.

Tampoco nos imaginamos bien cómo se mueven las galaxias. Las imaginamos a la deriva, mezclándose lentamente, como si fuera la película 2001.

Como todo el mundo sabe, la Tierra tarda un año en dar la vuelta alrededor del sol. Eso significa que se mueve a una velocidad de más de cien mil kilómetros por hora. 30 kilómetros por segundo. Pero resulta que el Sol también se está moviendo, dando vueltas en torno al centro de la galaxia, y eso lo hace a una velocidad de unos 220 km/s. Y la Vía Láctea también se está moviendo, y aún más rápido. Así que, para un observador anclado fuera de la Vía Láctea, nos estaríamos moviendo a una velocidad de unos dos millones de kilómetros por hora, unos 600 kilómetros por segundo.

Así que imaginemos que los cúmulos de galaxia chocan con la materia expelida a una velocidad de varios millones de kilómetros por hora, y que el contacto no lo hacen las estrellas propiamente dichas, sino los campos gravitatorios y electromagnéticos. Es Alta Física, pero no nos detengamos. Los campos comprimen el espacio que ocupa esa materia, y lo que vemos es la energía que irradian los electrones de esa materia al ser agitados por esos campos de fuerza.

¿Tal vez ahora sí?

No podemos hacernos una idea de lo que estamos describiendo. Nuestra mente humana, el mundo en el que nos movemos, es tan pequeño que no alcanzamos a concebir lo que significan las magnitudes colosales de lo que ha generado el Treble Clef. Para empezar, necesitamos más vocabulario.

Y más conocimiento, claro. Porque cuantas más cosas sepamos, más ancho será nuestro mundo. 

 

 

Alexander Borodin - Danzas polovotsianas: Principe Igor 

miércoles, 14 de octubre de 2026

¿Debería escribir sobre política?

https://www.youtube.com/watch?v=9eWewdTkghM 

 

 

Los cuatro planetas interiores, Mercurio, Venus, la Tierra y Marte, están apagados desde un punto de vista energético: la energía que reciben del Sol es la que sale de ellos. Y es natural que sea así: la Tierra, por ejemplo, tiende a enfriarse (el magma del manto) y además tiene elementos radiactivos que irradian energía al descomponerse. Esto hace que emitan energía (en el campo de los infrarrojos). Pero reciben mucha energía del Sol, que los calienta, y ese calor recibido es el calor que emiten a su vez al espacio. Al final es lo comido por lo servido. Pero en los planetas exteriores las cosas no son así.

Júpiter, mi planeta favorito. Es un planeta que irradia mucha energía. Está compuesto de hidrógeno y helio (como las estrellas, qué coincidencia), y el helio, más pesado que el hidrógeno, tiende a caer hacia el centro del planeta y comprimirse por las increíbles presiones que allí se alcanzan. Ese desplazamiento es una pérdida de energía potencial, que se manifiesta en forma de emisión de energía. Como en las estrellas, otra coincidencia. Lo que diferencia a Júpiter de una estrella es que la presión en el núcleo no es tanta como fusionar los átomos de hidrógeno en átomos de helio; si Júpiter fuera un poco mayor, digamos que tuviera cuatro o cinco veces su diámetro (el Sol es unas 10 veces su diámetro) ya tendría la masa suficiente para iniciar las reacciones termonucleares de las estrellas. Pero, bueno, al menos sí emite mucha energía. Aunque todavía en el espectro infrarrojo, y por eso sólo vemos la luz que devuelve del Sol.

Veamos Saturno, mi otro planeta favorito. También de hidrógeno y helio como Júpiter, pero no tan masivo. Lo que ocurre en Saturno es que allí el helio llueve, y esa lluvia, al caer, genera fricción que provoca un calentamiento. Saturno también irradia mucha energía, pues.

Urano, que también es mi planeta favorito... es un misterio. Es un planeta muy raro: por ejemplo, gira en un eje a 90 grados del plano de la elíptica, muy diferente a todos los demás. ¿Por qué? Nadie lo sabe. Y tampoco irradia energía propia. De nuevo, nadie sabe porqué. Hay quien opina que es porque la perdió toda hace mucho tiempo, tal vez cuando se estaba formando, pero eso no aclara mucho: ¿qué pasó, porqué la perdió? Lo cierto es que Urano, hoy, emite tanta energía como energía recibe del Sol. Apenas nada, vaya.

Y por último tenemos a Neptuno, mi verdadero planeta favorito. Neptuno, que recibe una cantidad ridícula de energía del Sol, emite mucha energía. Mucha. ¿De dónde sale? No se sabe, ni se sospecha. Tal vez sea que hay muchos elementos pesados en su interior y éstos se van desplazando hacia el centro y liberando energía en el movimiento.

Pero yo no quería hablarles de mis planetas favoritos. O sí. O no.

Quiero decir, llevo ya quince años escribiendo en este blog. A veces escribo sobre temas que me interesan, como la astronomía. Otras, sobre cosas que me llaman la atención, como esos árboles de la misma especie que se ayudan entre sí pasándose azúcares y nutrientes a través de las raíces para sanar a los heridos. Historias de Física, de Biología, de Música o de Arte, de Historia o de Geografía.

Me fascina recordar cómo España y Portugal se repartieron América del Sur trazando líneas sobre las cuencas hidrográficas, y cómo unos exploradores españoles se encontraron en la Venezuela profunda con portugueses porque el Orinoco, rompiendo la lógica geográfica de los ríos que se juntan en forma de "Y", hacía lo contrario: se dividía enviando una rama hacia el Amazonas a través del canal de Casiquiare. O me pregunto por qué las fronteras de Kirguistán son tan enrevesadas. 

En el fondo, como decía la zarzuela, hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad, y el mundo está lleno de descubrimientos que fascinan.En el fondo, lo que pasa es que, como dijo don Hilarión a don Sebastián (o al revés, pero no importa), hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad. Y hay muchos descubrimientos que son fascinantes. Que fascinan.

Sin embargo, a veces escribo lo que en ese momento quiero decir. Es decir, de política.

Las más de las veces lo hago por puro encorajinamiento ante el deterioro institucional, para dejar constancia de cómo son estos tiempos y de lo que tenemos que aguantar. Escribo para rescatar pequeños detalles que pronto se olvidan y que servirían para envolver el pescado de mañana (si no fuera porque hoy en España eso ya es ilegal); cosas que conviene recordar porque, a lo mejor, en el futuro nadie se las creería.

De cómo Pedro Sánchez, por ejemplo, está pudriendo la democracia española y se comporta como la Argentina de los Kirchner. Para advertir que, igual que un día los venezolanos se encontraron con Maduro al mando sin comerlo ni beberlo, también nosotros llevamos camino de caer igual de bajo.

De hecho, tengo guardadas en el cajón de borradores un par de entradas que al final no quise publicar. En una de ellas querría haber contado cómo RTVE, la oficial, disfraza a una sindicalista de médico (con bata y fonendoscopio al cuello) para manipular la opinión pública contra la oposición y, una vez pillados, aducen que era administrativa en las cocinas del hospital. En la otra, querría haber narrado cómo el PSOE presiona al clan de narcotraficantes que reveló que las cloacas querían "eliminar" a la juez que juzgaba al hermano del presidente; una presión infame que ha consistido en meter en prisión provisional a un chaval de 18 años, hijo de la jefa del clan, acusándolo de haber robado un patinete. Da igual que la defensa aporte fotos, facturas y la declaración de la dentista demostrando que a esa hora el chico estaba en Marbella en una operación dental y no en Badajoz. Da igual que el fiscal no tenga una sola prueba o imagen, o que la defensa clame con lógica elemental para qué diantres iba a robar un patinete un chaval que conduce habitualmente un Lamborghini Urus.

Querría contar muchas cosas que ahora me parecen increíbles por miedo a que en unos años las encontremos incluso tiernas. Para gritar que saltemos del coche antes de caer por el acantilado; que peor va a ser no saltar.

Hay una etiqueta que suelo usar en algunas entradas: "Daniel Quinn". La aplico cuando hablo de esos errores garrafales que cometemos como sociedad, esos que nos destruirán y de los que casi nadie se da cuenta. Llevo quince años advirtiendo, por ejemplo, sobre la caída demográfica y su impacto inevitable en la deuda pública: cada vez seremos menos personas para pagar muchísimo más dinero. Cuando veo que avanzamos ciegamente hacia ese colapso, me quema por dentro y necesito decirlo. Es mi blog, después de todo.

Y sin embargo... qué mal envejecen las entradas de política.

Las otras me gusta releerlas de vez en cuando, porque versan sobre temas interesantes, interesantes entonces e interesantes ahora (y porque, ¡caramba!, cuando escribo no lo hago mal del todo), pero las políticas, al volver a ellas pasado el tiempo... ¡qué mezquindades!

 

 

Por cierto: 15 años cumplidos. Empecé en septiembre de 2011, por probar qué era eso de los blogs y sin ningún ánimo de perdurar. Una veintena de entradas a lo sumo, 40 en el mejor de mis sueños. 1.250 entradas después, creo que aún me quedan 20 o así en el tintero. O 40, no sé. Ya veremos.

 

 

 

Ólafur Arnalds - Only the winds 

miércoles, 7 de octubre de 2026

¡Los astronautas se están cayendo!

https://www.youtube.com/watch?v=PhHm0lzomdA 

 

 

Los astronautas, cuando están en la Estación Espacial Internacional o en sus paseos por el espacio, están flotando. Sí, sí, que yo lo he visto. En ingravidez absoluta.

Generada con IA

Solo hay un pequeño problema. La ley de Newton. La de la gravitación universal, vaya. Ésa que dice que entre dos masas siempre aparece una fuerza de atracción que es directamente proporcional a las masas e inversamente proporcional al cuadrado de la distancia que las separa. O, en su formulación matemática, F=G·m1·m2 / R². G es la constante de gravitación universal, por si no lo sabía.

La Tierra tiene un radio aproximado de 6.371 km. En la superficie de la Tierra, 1 kg pesa 1 kg, lo dice la ley (de Newton). La estación espacial se encuentra a unos 400 km de altura, con lo que la distancia al centro de la Tierra es algo mayor: 6.771. Lo que significa que 1 kg, allí, pesaría 0,885 kg. Un astronauta que con su equipo pesara 100 kg, allí pesaría 88,5. Más o menos, pero en cualquier caso se lo digo yo: no flotaría. Allí, de ingravidez, nada de nada.

¿Entonces?

 

Si usted estuviera en un ascensor y se cortaran los cables y el ascensor no tuviera un sistema de seguridad (lo tienen), el ascensor se precipitaría al foso y usted con él. ¿Qué notaría? Que está flotando. No estaría flotando, claro, pues pocos segundos después se estamparía contra el fondo del foso, pero como todo lo que vería es la cabina del ascensor y esa cabina cae con usted, su percepción sería que flota. Si una webcam lo estuviera retransmitiendo, le veríamos flotar. Ingrávido.

¿Y qué tiene que ver eso del ascensor con la Estación Espacial y los astronautas? Pues que allí ocurre lo mismo: la cámara que nos los retransmite se mueve con ellos, y por eso los vemos… flotar. Pero no están flotando, están cayendo.

¿Perdón, me lo repite, cómo que cayendo?

Sí, sí. ¿Nunca ha escuchado que un satélite se ha salido de su órbita y está cayendo? ¿Es usted tan joven que no recuerda la "caída" del Sky Lab? La Estación Espacial, y los astronautas que están ahí fuera, y en realidad todos los satélites que están "flotando" en el espacio se están cayendo. Y si se pregunta adónde, la respuesta es obvia: al único sitio que se caen las cosas, al suelo.

Ahora bien, hay un detalle menor e insignificante que también deberíamos tener en cuenta.Si usted suelta una piedra, la piedra cae. Inmediatamente, a sus pies. Si la lanza en horizontal con fuerza, la piedra tarda más en caer (aunque usted no lo aprecie) y cae más lejos. Si dispara una bala con un fusil potente (de los de matar presidentes en las películas), la bala recorre mil metros antes de caer.

Pues con la Estación Espacial y con los satélites, lo mismo: los han disparado. Y no con la mano, sino (aprovechando que no hay aire que oponga resistencia) a una velocidad altísima. En el caso concreto de la Estación Espacial, unos 27.600 km por hora. A esa velocidad y la altura en la que se encuentran, la distancia que recorren antes de llegar al suelo es mucho mayor que la de una bala. Muchísimo más, hasta el punto de que… a esas distancias empieza a notarse que la Tierra es redonda. Con la piedra lanzada con la mano o con la bala disparada con un fusil no se nota, pero con los satélites sí. ¿Y qué significa que la Tierra sea redonda? Pues que el efecto es que el propio suelo "también se cae". El suelo, que usted percibe horizontal, en realidad describe una curva como si se estuviera cayendo hacia su centro. Lo que, por cierto, era el argumento de Aristóteles para demostrar la esfericidad de la Tierra: lo natural es que las cosas caigan, y la forma geométrica en la que todo ha caído al máximo es la esfera. Pues bien, si el ritmo al que cae el satélite es igual al ritmo en el que cae la superficie de la Tierra (dicho así para que se me entienda), el resultado neto es que el objeto que cae (el satélite) nunca encuentra la superficie de la Tierra: nunca cae. Visto desde la Tierra, nunca se baja de su órbita. 

Eso requiere, insisto, que el satélite o el astronauta estén avanzando por el espacio a la vertiginosa velocidad que les he dicho (y que permite que den la vuelta a la Tierra en menos de dos horas).

Y por eso el astronauta, desde su cámara, se ve flotando. Aunque está cayendo.

 

 

Por cierto: entonces, ¿por qué se cayó el Sky Lab?

Pues porque cuando he dicho que ahí arriba no hay atmósfera, sí que hay. Un poquitito, pero algo es algo. Y ese algo genera un mínimo y despreciable rozamiento que tiende a frenar el satélite (o el Sky Lab). Por eso, de vez en cuando hay que reencender los motores de la Estación Espacial: para recobrar impulso (y altura). Y por eso los satélites tienen una vida determinada. En el caso del Sky Lab, como no tenía motores propios la idea era que el trasbordador espacial se le acoplara y le diera un arreón, pero hubo algunos problemillas de retrasos que además coincidieron con una intensa actividad solar que aumentó la densidad de la atmósfera exterior y... Poco a poco, esa despreciable atmósfera lo fue ralentizando… y el Sky Lab sí acabó encontrando la Tierra en su caída.

 

 

 

Vladimir Vavilov - Ave María

  

sábado, 5 de septiembre de 2026

El cielo de Ursa Major III

Mi entrada anterior versaba sobre la galaxia Ursa Major III. Y terminaba con una más o menos poética idea: que al ser tan pocas estrellas, por la noche sería un cielo sin estrellas.

Pero no siempre sería así. Las noches que el habitante del planeta estuviera orientado hacia nosotros... el panorama sería espectacular. Piense: el radio de la Vía Láctea es de unos 50.000 años luz, y la galaxia Ursa Major III está a unos 30.000. No de las afueras, del centro. ¿Está dentro? No, está más o menos en perpendicular al plano de la espiral de nuestra galaxia. Los cálculos astronómicos indican que el remolino galáctico abarcaría 113 grados en su firmamento. La Luna llena desde la Tierra solo ocupa 0,5 grados, así que las dimensiones son sobrecogedoras. Que la Vía Láctea ocupe 113 grados significa que cubriría más de la mitad de todo el firmamento visible en ese planeta. Sería imposible mirarlo de un solo vistazo; habría que girar físicamente el cuello de izquierda a derecha y de arriba abajo para poder ver el contorno completo de la galaxia. Estaría tan cerca que dejaría de parecer un objeto astronómico de fondo para convertirse en el techo absoluto de su mundo.

La Vía Láctea se vería como una luz imponente en el cielo, pero no puntual, sino perfecta. Las simulaciones que hacen las IA de cómo es la Vía Láctea son similares a ésta:

 


Pero abarcando casi todo el firmamento. Háganse una idea. 

Es posible que algunas estrellas se pudieran distinguir a simple vista. Las que estén más cerca, tal vez. Que muy bien podrían ser miles, ya que tenemos cientos de miles de millones de estrellas. Una parte importante de la galaxia estaría a sólo unos miles de años luz, y las estrellas más brillantes de esa zona se verían perfectamente. Sin duda, sería espectacular. Por supuesto, las novas que estuvieran por allí, los días que durasen. Y las supernovas que estallaran en nuestra galaxia se verían como si de pronto apareciera una luna llena, capaces de proyectar sombras sobre el hipotético planeta en el que estuviéramos. Durante unas semanas, al menos. Luego se apagarían, y me pregunto qué explicación darían a ese fenómeno. Estoy seguro de que tendrían una mitología muy interesante.

¿Tendrían los observadores la sensación de que la Vía Láctea se los iba a comer? Porque es lo que en verdad está ocurriendo.

Lo más triste serían las noches en las que el planeta estuviera mirando hacia el otro lado. Entonces verían sólo la realidad de su propia galaxia. La más pura oscuridad, con algunos puntitos brillantes en el cielo. Para que se hagan una idea, ésta es la fotografía que han hecho nuestros telescopios de su microgalaxia:

La elusiva agrupación de unas 60 estrellas de Ursa Major III fotografiada por los telescopios de Hawái. (Fuente: CFHT/S. Gwyn / W. M. Keck Observatory).

 

 

Para más información sobre la galaxia Ursa Major III: por ejemplo, aasnova.org/2026/03/02/ursa-major-iii 

martes, 1 de septiembre de 2026

La galaxia contra la que nos vamos a estrellar

https://www.youtube.com/watch?v=qAJNnhM0jfc 

 

 

La Vía Láctea es una galaxia en espiral que podríamos meter en un círculo de 50.000 años luz de radio. Hay que recordar que un año luz son unos 9,4 billones de kilómetros, así que es una distancia bastante respetable.

Entre 1923 y 1924 el sr. Hubble midió la distancia hasta la, entonces, nebulosa de Andrómeda. Resultó ser de unos 900.000 años luz. Hoy, con métodos más precisos, se estima que es de 2,5 millones de años luz, pero el concepto no cambia: esa nebulosa estaba demasiado lejos. Ergo no estaba en nuestra galaxia. Ergo hay objetos fuera de nuestra galaxia, ergo... hay más galaxias.

Hoy sabemos todos que hay unas decenas de miles de millones de galaxias ahí fuera. Prácticamente todas ellas, lejísimas. 

La, desde entonces, Galaxia de Andrómeda, es el objeto más lejano que podemos ver a simple vista. Otros objetos que se ven a simple vista y que están fuera de nuestra galaxia son las Nubes de Magallanes, la Pequeña y la Grande. Que también son galaxias. Y que están más cerca que la de Andrómeda. Estas tres galaxias cercanas, junto con la Galaxia del Triángulo, nuestra galaxia y unas pocas galaxias más forman lo que se llama el Grupo Local. Un grupito de galaxias en un volumen pequeño (en sentido cósmico). Según los astrónomos, estas galaxias se están acercando (a diferencia de las demás, que se están alejando) y posiblemente algún día nos chocaremos. Nos fundiremos unos con otros, y el resultado será una galaxia más grande, y tremendamente sola. Las estimaciones son que ocurrirá dentro de 4.500 millones de años.

La colosal y violenta fusión de las galaxias NGC 7253, captada por el Telescopio Gemini Norte. (Crédito: NSF NOIRLab / AURA / NASA APOD).

La primera galaxia con la que nos estrellaremos será la Ursa Major III. ¿Ha oído hablar de ella? No se culpe si no, porque hasta hace un par de años nadie había oído hablar de ella: se descubrió en 2024. Hace un par de años, repito. Y usted se preguntará cómo es posible, si estaba tan cerca.

La primera explicación es que no se ve. Bueno, ahora con los supertelescopios como el satélite espacial Gaia y los que estamos lanzando ya sí, pero hasta entonces nadie la había visto.

La segunda explicación, es que no se ve porque es una galaxia pequeña. Pequeñita. Enana.

La Vía Láctea tiene entre 400.000 y 100.000 millones de estrellas. Más o menos. Es una galaxia de tamaño medio: la de Andrómeda, sin más lejos, es más grande. Las Nubes de Magallanes, que también son galaxias enanas, tienen, la Grande, 30.000 millones de estrellas, y la Pequeña 3.000 millones. ¿Cuántas estrellas cree que tiene la Ursa Major III?

No, en serio: ¿cuántas cree que tiene?

Sesenta. Sesenta estrellas, más o menos. En número, por si no me cree: 60. 

Y sigue siendo una galaxia, porque son 60 estrellas, supongo que con sus planetas y cometas correspondientes, que viajan juntas por el espacio en una soledad galáctica. Rumbo al choque con nosotros. Choque que, por cierto, parece ser que ya ha empezado: la Ursa Major III está a unos 30.000 años luz de nosotros y seguramente ya está sintiendo la atracción gravitatoria de la Vía Láctea. Hay muchas imágenes captadas de galaxias chocando unas con otras: pues bien, contra Ursa Major III ya nos estamos chocando.

Imagine que vive en algún planeta de la galaxia Ursa Major III. Si el planeta está centrado, en las noches claras verá... unas 30 estrellas. Desparramadas por todo el cielo nocturno. Si no está centrado, pues menos aún. Por si se lo pregunta, en la Tierra vemos unas 2.500 de un vistazo.

Olvídese de cantar allí eso de "Hay mil millones de estrellas". 

 

 

 

Coros parroquiales - Hay mil millones de estrellas 


lunes, 29 de junio de 2026

Proyecto Gaia

https://www.youtube.com/watch?v=v-qqi7-Q19k 

 

 

La Ciencia es la formulación de los principios que rigen la Naturaleza (la Realidad), y se basa, como es lógico, en la observación de los fenómenos naturales. Con ese conocimiento, la Ingeniería establece la Técnica. La astronomía es una ciencia, pero la mejora de la técnica hace que la observación de esos fenómenos naturales mejore a pasos agigantados, y esto lleva a que (en astronomía) se produzcan avances asombrosos.

Un ejemplo de la mejora que la ingeniería aporta a la astronomía fue Gaia. Y lo pongo en pasado, porque cuando se le acabó el combustible se canceló y destruyó.

Gaia fue un proyecto europeo (de la ESA, la Agencia Espacial Europea) para poner un telescopio en el espacio. Un detalle que no les habrá llamado la atención es que era un telescopio, no un radiotelescopio. Cuando yo era chico, los grandes telescopios eran en realidad radiotelescopios: no buscaban en el espectro visible, sino en ondas de radio. Esto aportaba grandes ventajas: por ejemplo, se pueden usar de día, con lo que de golpe y porrazo son útiles a todas horas, no les afecta que esté nublado (las ondas de radio atraviesan las nubes como si nada), no les afecta el polvo cósmico,... El gran radiotelescopio fue el de Monte Palomar, y algún día hablaré del él, pero luego llegó el Hubble, que estaba en el espacio exterior y era, de nuevo, un telescopio óptico. Como el James Webb. Y Gaia.

Gaia lo situaron en el punto de Lagrange L2, a 1,5 millones de kilómetros de la Tierra. Todo lo relacionado con Gaia es muy interesante, pero hoy quería hablar de su precisión: 7 microsegundos de arco.

En ingeniería, los ángulos se miden en radianes. Un radián es el ángulo cuya longitud de arco es igual a la longitud de su radio. Ustedes, los ángulos los miden en grados, minutos y segundos; pues vale: un radián son, aproximadamente, 57,2 grados. Por lo que si usted ve un arco de 1 m con un ángulo de 57,2 grados, ese arco está a 1 m de usted. Fácil es comprender que si ve ese arco de 1 m con un ángulo de 1 grado, ese arco está a 57,2 m de usted.

Un grado son 60 minutos, y un minuto sesenta segundos, así que un grado son 3600 segundos. Si ese arco de 1 m sólo abarca 1 segundo, entonces está a 57,2x3.600, aproximadamente 206 kilómetros. 

Pero Gaia tiene una precisión de 7 microsegundos. Significa que distingue un objeto de 1 m a casi treinta millones de kilómetros de distancia. Significa que vería la Estación Espacial Internacional a 3.200 millones de kilómetros. Que distinguiría a una persona en la superficie de Marte. Que leería un periódico que estuviera en la Luna (si Gaia estuviera en la Tierra). Y que vería un pelo humano a 2.000 km de distancia.

Pero no se construyó un telescopio y se lanzó a 1,5 millones de kilómetros para descubrir si a 2.000 km de por ahí había pelos. Se envió para descubrir la Vía Láctea. Parece ser que el resultado ha sido espectacular (e insospechado: ha cambiado muchas cosas que se creían hasta ahora, como la forma de las galaxias en espiral).

Y no solo. La cantidad de datos que aportó el telescopio (el proyecto, sería su nombre correcto) es tal que se tardará años en examinarla toda: las imágenes que tomó tenían la increíble resolución de mil millones de pixeles, y tomaba una imagen cada milisegundo. Pensemos, por ejemplo, que podía ver las estrellas de la constelación de Andrómeda una a una: de hecho, identificó y monitorizó más de 1.200.000 estrellas allí. Y planetas extrasolares. Aún no se ha analizado todo, pero parece ser que permitirá localizar bastantes miles. Y lo hace no como hasta entonces, confiando en verlo cuando el planeta pasa por delante de su estrella, sino que con la precisión que tiene detecta cuándo la estrella se mueve (un pelín, precisamente).

En fin, el proyecto Gaia (recordemos: europeo) ha sido una exhibición de Técnica asombrosa. Y la Astronomía, con semejantes avances técnicos, está avanzando también a pasos agigantados. 

El próximo día les cuento una también del espacio que... seguro que no se la esperan.

 

 

The Crystals - Da Doo Ron Ron 

 

 

viernes, 22 de mayo de 2026

Rigel D

Rigel es una de las estrellas más brillantes del cielo. Y es fácil de localizar: el pie (rodilla, en realidad) izquierdo de la constelación de Orión:

 


Es una estrella muy grande, de las que se cree que algún día explotará como supernova y acabará siendo una estrella de neutrones o un agujero negro, y se encuentra a unos 800 años luz de nosotros.

Resulta que Rigel tiene una estrella asociada. Llamémosla Rigel B, y se encuentra a unas dos semanas-luz de Rigel (Rigel A, por lo tanto). No es una estrella pequeña, es de magnitud siete, por lo que no se ve a simple vista (sólo se "ven" las estrellas de magnitud 6 o inferior), pero en condiciones normales se vería con un telescopio de medio pelo. Claro que, tan cerca de Rigel, no. Y resulta que Rigel B no es una estrella: son dos, Rigel B y Rigel C. La separación entre ellas es de unas 14 horas-luz. ¿Termina aquí la cosa? ¡No! Rigel B se cree, no se sabe, que son dos estrellas. Tan juntas (tal vez la distancia que separa al Sol de la Tierra o de Marte) que no se pueden distinguir. Este tipo de estrellas asociadas se llaman (atención al palabrejo) binarias espectroscópicas. El problema con este tipo de estrellas es que desde la Tierra no se pueden apreciar, son en realidad deducciones. Dado que Rigel B ya es difícil de diferenciar de por sí, esa cuarta estrella es sólo una suposición.

Pero esa estrella no es Rigel D. Rigel D es otra estrella. Pequeñita, una enana de clase K (esto es, más pequeña y más fría que el Sol pero no aún lo que se llama una "enana roja"), de magnitud 15. Realmente difícil de ver. Y se encuentra (o se encontraría) a unos 66 días-luz de Rigel. No hay confirmación oficial todavía de que pertenece al grupo de Rigel, pero todos estamos convencidos de que sí.

Así que tenemos la estrella Rigel, que se ve a simple vista y está a unos 800 años-luz. A dos semanas-luz de Rigel A están Rigel B y Rigel C, separadas entre sí apenas 14 horas luz. Rigel B se cree que son dos estrellas tan juntas como el Sol y la Tierra. Y a dos meses-luz de Rigel, una estrella más, Rigel D. Que es una estrella de clase K, lo que no lo diría si no fuera porque cuando se buscan exoplanetas habitables se buscan en las estrellas de clase K.

Debe de ser curioso el cielo desde un planeta alrededor de Rigel D. Me pregunto si sería el típico de las novelas y películas de ciencia ficción, con varios soles. 

  

domingo, 15 de febrero de 2026

El buscador de estrellas

https://www.youtube.com/watch?v=DZ43IGuvtD4 

 

 

Tal vez le haya llamado la atención, en la imagen típica de un telescopio, la existencia de como una mirilla o visor que parece independiente del telescopio:


 

Esa "mirilla" se llama "buscador". Y su misión es, como su propio nombre indica, buscar estrellas. O lo que se quiera ver.

En teoría, la observación de un astro que se ve a simple vista (la Luna, los planetas, las estrellas brillantes, etc.) es muy sencilla: basta con apuntar el telescopio hacia ese astro y mirar. Ocurre, en cambio, que el campo de visión del telescopio es muy reducido, aunque tenga muy pocos aumentos, y la sección del cielo que se ve a través de él es pequeñísima, así que si el telescopio no está automatizado y conectado a un ordenador en el que se introducen las coordenadas espaciales de a dónde se quiere mirar, lo normal es que no se vea lo que se quiere ver: el telescopista ha fallado al apuntar el telescopio. No es tan fácil como parece, desde luego. Y ahí es donde entra el buscador.

El buscador es un aparato muy sencillo: es poco más que un anteojo, que tiene por lo tanto un campo de visión bastante amplio. Tiene muy pocos aumentos (y ninguno en los telescopios baratos), pero permite localizar fácilmente el punto que se busca. Pues bien, en el centro del campo del buscador hay una cruz, y lo que hay que hacer es girar el telescopio hasta que el astro buscado esté en el centro de la cruz: en ese momento, si el buscador está correctamente alineado con el telescopio, éste está apuntando a lo que se quiere ver, y ya se puede mirar. Sencillo, ¿no? 


 

 

 

Joan Osborne - One of us (interpretada por Matthew Griswold) 

  

sábado, 17 de mayo de 2025

Las fotografías astronómicas ya no son lo que eran

En los buenos viejos tiempos, una fotografía astronómica era... una fotografía astronómica. Aquellos tiempos ya pasaron.

Ésta es la fotografía oficial de la galaxia M101:

La "foto" es del telescopio Hubble, que hace unas fotos fantásticas. Pero en realidad no es una foto: es una composición de 51 fotografías tomadas por el Hubble más una serie de fotos tomadas desde la Tierra. Y no solamente una composición de fotos, sino una composición de fotos... tomadas a lo largo de 10 años. Según explica la NASA: 

«La imagen recientemente compuesta fue ensamblada a partir de imágenes archivadas del Hubble tomadas con la Cámara Avanzada para Sondeos y la Cámara de Gran Campo y Planetaria 2 durante casi 10 años: en marzo de 1994, septiembre de 1994, junio de 1999, noviembre de 2002 y enero de 2003. Las exposiciones del Hubble se han superpuesto sobre imágenes tomadas desde tierra, visibles en el borde de la imagen, obtenidas en el Telescopio Canadá-Francia-Hawai en Hawai y en el telescopio de 0,9 metros del Observatorio Nacional Kitt Peak, que forma parte del Observatorio Nacional de Astronomía Óptica en Arizona. La imagen final en color fue ensamblada a partir de exposiciones individuales tomadas a través de filtros azul, verde y rojo (infrarrojo)».

Así, cualquiera.

Por otro lado, ésta es una buena ocasión para hablar sobre la M101.

Lo primero, M101: significa que es el objeto 101 que identificó el astrónomo frances Messier en su catálogo de objetos del espacio a finales del siglo XVIII. El objeto de Messier era identificar elementos raros y que no eran cometas, para facilitar el trabajo a los buscadores de éstos. Uno de los últimos (son 110 objetos), pero desde luego no uno de los menores: resulta que no era una nube de gas perdida en algún lugar de la Vía Láctea como creía Messier, sino una galaxia, y enorme: el doble de grande que la Vía Láctea. La galaxia del Molinete, que se encuentra a unos 25 millones de años luz. Por comparar, nuestra galaxia más cercana, la de Andrómeda, está a 2,5 millones de años luz, así que la del Molinete está relativamente cercana. De hecho, todas las que están más cerca son las que conforman lo que se llama el "grupo local" de galaxias, casi todas salvo la nuestra, Andrómeda y la del Triángulo, galaxias enanas.

Volvamos al catálogo de Messier. La galaxia del Molinete la descubrió su amigo Pierre Mechain en 1781, y se lo contó a Messier. Éste la incluyó en su catálogo de objetos raros del cielo, describiéndola como una "nebulosa sin estrellas, oscura y difícil de distinguir". En 1851, con un telescopio ya potente, se describió la "extraña" forma en espiral de sus brazos, pero sin saber realmente que era una galaxia independiente. Y es que hasta 1924 se creía que sólo existía una galaxia, la nuestra; el descubridor de que no es así fue, precisamente, Edwin Hubble.  

Lo que hace más interesante a la M101 es su posición: está de frente con respecto a nosotros, de ahí que se vea la espiral en todo su esplendor. Eso hace que se pueda estudiar a fondo (por ejemplo, se han detectado dos supernovas en ella). Caray, es que en noches muy oscuras incluso se puede ver con prismáticos: en algo tenía que notarse el contener un billón de estrellas. Está cerca de la cola de la Osa Mayor, por si les interesa.

Y si van alguna noche a un parque astronómico (se lo recomiendo), pidan al guía si pueden ver la galaxia por el telescopio. Sí, no la verán como la muestra el Hubble, pero ¡es que está a 25 millones de años luz!

Como chascarrillo final, les dejo una foto de la M101 que tomó un astrónomo aficionado:

    - El foro: https://www.astronomo.org/foro/index.php?topic=26396.0 

    - Y la foto, en grande: http://www.astrosurf.com/ilizaso/orriak/3maila/M101_FSQ_U16m.htm. Ya les adelanto que es ALUCINANTE.

 


 

martes, 2 de julio de 2024

Los meses musulmanes

 https://www.youtube.com/watch?v=hVcV4aIv6FQ

 

 

Aprovechando la entrada anterior sobre un tema musulmán, poca gente sabe cómo funciona su calendario.

Lo primero que hay que tener en cuenta es que tiene una base lunar, no solar como la nuestra. Su calendario se basa en las vueltas de la luna, con lo que en teoría cada mes debería durar 29 días, 12 horas, 44 minutos y unos segundos; al final, lo que hacen es que sean meses alternativos de 29 y 30 días, lo que implica años de 354 días, y para tener en cuenta los 44 minutos añaden un día a ciertos años. El resultado es que cada ciclo de 30 años tiene 11 años de 355 días y 19 de 354. Complicado, y tampoco muy ortodoxo: es inevitable una falta de correspondencia entre el calendario y las revoluciones lunares.

Y un guirigay: los meses pueden caer en verano, en invierno, en otoño,... ¡Como se nota que esto lo inventaron donde no hay estaciones, siempre hace calor y cerca del trópico!

Pero lo más curioso es cuándo empieza o termina un mes. En principio, el mes empieza en el momento en que se descubre la luna nueva (el creciente de la luna nueva, se entiende) a simple vista. Pero esto es más fácil de decir que de hacer, sobre todo en las noches nubladas. Para proclamar la entrada del mes basta la declaración de dos testigos que depongan ante el cadí haber visto la luna nueva, y en caso de que las nubes impidiesen verla, el cumplimiento de los treinta días del mes anterior da lugar al nuevo. Aunque... ¡alto!: los dos testigos han de ser cualificados (esto es, honorables, irreprochables y conocidos del cadí). Si sólo lo es uno de ellos, hacen falta seis testigos ordinarios (buenos musulmanes y, huelga decirlo, de sexo masculino). Y si no hay testigos cualificados, 12 ordinarios. O bien que la aparición de la luna sea notoria al haber sido vista por gran número de personas.

Y lo mismo ocurre para declarar terminado un mes. 

Así que si la última noche del Ramadán está nublado y no se ve la luna, pues tal vez al día siguiente habrá que ayunar también. Hasta que se cumplan 30 días de la luna nueva anterior. Y viceversa: si la noche anterior a empezar el Ramadán está nublado y no se ve la luna, pues al día siguiente no se ayuna. 

¿Y si la luna se ve en el norte de Marruecos pero no en el sur? ¿Y si uno está viajando de un lado a otro, en el origen se ha visto pero en el destino no? Sí, ya sé que a nosotros nos pasa algo parecido cuando cambiamos de huso horario, pero no es lo mismo, aquí puede ser tan sencillo como irse al valle de al lado. Vamos, que no me parece muy serio, todo esto. 

Porque, como digo, el comienzo y el fin de cada mes, y en especial el del ayuno, no puede fijarse por el cálculo astronómico sino sólo por la visión directa. Y aún lo complican más: una de las 4 ramas ortodoxas (la shafi'í) sí acepta el método científico... de forma que obliga a quien crea en él y además lo conozca. 

Lo dicho: un guirigay. 



Lady Gaga - Always remember us this way

viernes, 28 de junio de 2024

Superplaneta K2-18b

https://www.youtube.com/watch?v=LTeGe2EVREE 

 

 

A 124 años luz, en la constelación de Leo, hay una estrella sin nombre que los astrónomos denominan K2-18. En esa estrella hay un planeta, descubierto en 2015 en la misión K2 de la NASA e identificado de momento como K2-18b. Lo interesante es que ese planeta orbita en la zona habitable de esa estrella. La zona habitable no es una distancia fija, sino que depende de cada estrella: es la zona en la que podría haber agua en estado líquido en la superficie de un planeta.

Así que K2-18b cumple la primera de las condiciones para llamar nuestra atención: sigamos mirando. En 2019, en concreto, lo miraban los telescopios espaciales Hubble, Spitzer y Kepler. Y cuando el planeta pasó por delante de su estrella detectaron las franjas que revelan vapor de agua. En la superficie del planeta hay vapor de agua... Esto se pone cada vez más interesante.

Se cree que entre el 5 y el 20% de los planetas están localizados en la zona habitable de sus estrellas, pero K2-18b es el primero en el que se detecta agua. No porque sea el único, sino porque es complicadísimo, desde aquí, averiguarlo. K2-18b es el primero en el que se consigue. Y según informó La Universidad de Montreal, el profesor Björn Benneke, del Instituto de Investigaciones de Exoplanetas de la Udem y su doctorando Caroline Piaulet creen haber detectado incluso agua líquida en forma de nubes en su atmósfera.

K2-18b es mucho más grande que la Tierra, por eso se le considera un superplaneta, pero eso no nos importa; no en este momento. Ciertamente, llama la atención que haya un planeta del tamaño de Neptuno en la posición equivalente a la Tierra: imagino que la acreción de materia que dio origen a la Tierra, Venus, Marte y los demás allí se concentró en un único planeta, K2-18b (se cree que hay otro planeta cerca, pero no se ha encontrado). Lo que interesa es que está en la zona térmicamente idónea, con atmósfera con vapor de agua y tal vez nubes. Las nubes implicarían el ciclo del agua que se estudia en la escuela, así que...

Pues bien, en 2023 el nuevo gran telescopio, el James Webb, detectó en K2-18b... metano y otras moléculas con carbono, principalmente CO2. También dimetil sulfuro. E, importante, ausencia de amoniaco. Todos esos componentes serían esperables en un océano de agua con actividad biológica. Aquí, la nota de la Universidad de Cornwell sobre el descubrimiento. Y es que en la Tierra el dimetil sulfuro sólo lo producen organismos vivos, en concreto el fitoplacton del océano.

Imagen de la espectrometría en infrarrojos tomada por el telescopio Webb

La existencia del dimetil no es todavía irrebatible y hay que seguir explorando para validarla, pero como escribí en mis notas cuando supe de la historia: aquí huele a tigre. Sí, aún es pronto para afirmar nada, pero yo iría buscándole un nombre de verdad a K2-18b.

Y, si finalmente, se queda en nada, no importa: es sólo el primer exoplaneta en el que se detectan estos componentes, seguro que hay más allá fuera. Sólo es cuestión de tiempo el localizar más.

En cualquier caso, apoyo que los astrónomos sigan con un ojo en el superplaneta k2-18b.

 

 

 

 

Salvador Bacarisse - Romanza del concertino para guitarra y orquesta





 

martes, 11 de junio de 2024

Antares la roja

https://www.youtube.com/watch?v=18tFsq-u6QY 

 

 

Hace bastantes años, trabajaba en una fábrica y mi ordenador era de tipo portátil. En aquella época sólo el gerente y yo teníamos portátil, pues los demás que viajaban no empleaban ordenadores más que cuando volvían a la base, y el mandamás absoluto ni siquiera tenía ordenador en su despacho (y alardeaba de ello). El caso es que, como se estilaba entonces, mi portátil tenía una contraseña de arranque, previa a que se cargara el sistema operativo. Y sólo yo sabía la contraseña de mi ordenador. El departamento de informática sabía la contraseña de Windows, pero la del arranque no.

Unas vacaciones de verano, un día de playa o piscina, me vino a la cabeza que no recordaba la contraseña. ¡Glup! Sin contraseña no podía encender el portátil. Pero no era capaz de recordarla. Ahora tengo una libreta negra en la que apunto las contraseñas de todo, pero entonces no.

Poco a poco el terror de no recordarla se me apoderó. Por la noche me acostaba pensando cuál sería, de madrugada me despertaba con esa idea fija. La víspera de volver al trabajo no sabía dónde esconderme.

Aquel lunes, a las 8:30 entré en la fábrica presa de sudores fríos. Tenía algunas posibles contraseñas en la cabeza, pero sabía que ninguna de ellas era. Ni idea de cómo iba a salir del trago. En la soledad de mi despacho, encendí el ordenador.

Y escribí la contraseña. Sin pensarla, como un automatismo que se ejecuta de manera inconsciente. Ni me había dado cuenta de que la tecleaba. Simplemente, mi cuerpo reaccionó como lo había hecho tantas veces antes sentado en ese mismo escritorio tantas mañanas al encender ese mismo ordenador.

Antares. Mi contraseña era Antares y aunque han pasado décadas, sigo recordando los nervios y mi asombro.

Pero ya no he vuelto a usar Antares como contraseña.

 

 

Antares es una estrella. Una supergigante roja, relativamente cerca de la Tierra (a "sólo" 550 años luz) de la constelación de Escorpio. Escorpio es una constelación zodiacal; estas constelaciones se encuentran en el aparente camino por el firmamento del Sol y los planetas, y de ahí su nombre: Ant-Ares, "el anti-Marte" (recordemos que Marte es el Ares de los romanos). Como decía, Antares es gigantesca: aunque su tamaño no se puede determinar con precisión (es comprensible), la temperatura en la superficie se estima en unos 3.600° K, lo que hace que gran parte de la luz que emite lo hace en infrarrojo, y cuando se incluye ese dato en la ecuación se concluye teóricamente que la estrella verdadera tiene un radio de unos 3 UA. 1 UA, una unidad astronómica, es la distancia media entre el Sol y la Tierra, en torno a los 150 millones de kilómetros, así que Antares tendría un radio de unos 450 millones. Más aún, es tan grande que los astrónomos pueden detectar el disco e incluso medir su tamaño: más o menos, 3,4 UA. Por comparar: el Sol tiene un radio de unos 0,7 millones de kilómetros. A escala: si el Sol es una pelota de tenis y la Tierra un finísimo grano de arena de 6 décimas de milímetro, Antares es una esfera de 51 m de diámetro y 70.000 m³ de capacidad. Grande, ¿verdad?

 (lea la nota de prensa del primer mapa de la superficie de una estrella que no es el Sol)

Antares es tan brillante que nos tapa una estrella que tiene como compañera. Esa estrella está, de Antares, a apenas 550 UA: de nuevo, por comparar, es como si la estrella más próxima del Sol estuviera a 3 días luz de distancia (la estrella más cercana, Alfa Centauri, está a 4,36 años luz).

Pero lo mejor de Antares es que no le queda mucho: cualquier día de estos explotará como una brillante supernova, así que durante unos cuantos meses tendremos una estrella en el cielo que brillará tanto como una luna llena y que se verá incluso de día. Y luego, probablemente, se convertirá en una estrella de neutrones. ¿Cuándo ocurrirá eso? Como comprenderá, no se sabe. Se cree que tal vez dentro de un millón de años (un parpadeo, en términos astronómicos), pero podría ocurrir… tal vez esta misma noche.

Cuando ocurra, nos enteraremos porque la veremos. O, bueno, en realidad 550 años después.

 

 

Johan Strauss (hijo) - Perpetuum mobile

lunes, 11 de marzo de 2024

Historias de la carrera espacial

https://www.youtube.com/watch?v=X7SvBtJuh3Y 

 

La Guerra fría, la pugna declarada y soterrada entre los EE.UU. y la URSS  produjo también la carrera espacial, algo quizás irrepetible: dos países pugnando por ser el primero en conseguir un logro que "sólo" beneficiaba... a toda la humanidad, y con unos resultados tan espectaculares que realmente han ampliado nuestra imaginación.

El caso es que esta semana se cumplen años de dos hitos cruciales, y cada país consiguió uno; juzguen ustedes cuál fue más importante.

El primero de ellos sucedió el 18 de marzo de 1965. Dos rusos, Pavel Belaiev y Alexis Leonov, pilotos militares, se subieron al misil Voskhod 2 con una misión especial: cuando alcanzan los 500 km de altura, Leonov (Belaiev está a los mandos) se mete en una cabina con una escafandra blanca que le protege de las radiaciones cósmicas y de las quemaduras de los rayos del sol, y dos bombonas de oxígeno a la espalda. Belaiev extrae el aire de la cabina y entonces Leonov abre una escotilla y sale al exterior. Es el primer paseo espacial. Durante 10 minutos se mueve por el espacio y filma la escena. Está conectado a la nave con un cable en cuyo interior hay un hilo para el enlace telefónico y un tubo de gas a presión para permitirle los desplazamientos en el espacio. El cable mide 5 m, porque tampoco hay que exagerar: lo importante es que está en el exterior y todo sale según lo planeado.

Hasta que decide volver: no cabe por la escotilla. ¿Por qué no? Porque su traje, ante la ausencia de presión exterior, se ha hinchado como un globo. En la carrera espacial muchos de los retos que se resolvieron ni siquiera se sabía que se iban a afrontar, les pasaron cosas que a nadie se le ocurrió que les pasarían. Y ésta fue una de ellas. Yo no sé si en aquella época hacían los cascos de las escafandras herméticos con respecto a los trajes, me da a mí que no. Tampoco estoy seguro de que deban serlo, porque si la presión en el interior del traje es la misma que la del exterior, no tengo claro que el cosmonauta (es ruso) pueda generar la presión necesaria para expirar; aparte de que por muy hermético que sea el cierre del casco con el traje, siempre habría aire en el interior del traje. El caso es que, poco a poco, el traje se hincha. Hasta el punto de que los guantes se le salen de las manos y las botas de los pies. Y pierde el control del cable.

Peor aún, el Voskhod 2 sigue viajando por el espacio y queda poco para entrar en la zona nocturna: Leonov corre además el riesgo de quedarse a oscuras. ¿Houston, tenemos un problema? Los dos cosmonautas deciden no avisar a la base y operar por su cuenta, se les acaba el tiempo. Leonov abre una válvula que hay en su traje para expulsar el aire que hay en su traje. Corre el riesgo de quedarse sin oxígeno, pero si no lo hace su muerte es segura. A medida que se descomprime el traje... Leonov empieza a notar que él también se descomprime. Uy, uy. Ha de ser rápido: tira del cable y se mete de cabeza en la cabina. ¡Ay, la cosa estaba pensada para meterse por los pies! ¡El cable se va a quedar fuera y la escotilla no cerrará! De alguna manera, Leonov consigue girarse dentro del recinto y recoger el cable. Luego confesó que ese día perdió 6 kilos por el sudor: los esfuerzos que tuvo que hacer fueron tales que su temperatura corporal subió rápidamente (me lo creo: el cuerpo humano no se diseñó para esas circunstancias), y el sudor le empaño el cristal del casco impidiéndole ver lo que hacía. Cerrada la escotilla empiezan a meter oxígeno en el habitáculo, pero la humedad y la alta temperatura crean un entorno muy inflamable, de máximo peligro. Al final lo consiguen y los dos cosmonautas regresan a la Tierra... y cuando tienen que entrar en funcionamiento los motores de propulsión inversa el sistema automático falla.

No se había hecho nunca antes, pero los dos cosmonautas no tienen otra que encenderlos de manera manual. Y, como sabemos por la película Apolo XIII, han de tenerlos encendidos un tiempo preciso: si es poco tiempo rebotarán en la atmósfera, si es mucho entrarán a demasiada velocidad y el Voskhod 2 se destruiría. Lo consiguen, pero no tienen ni idea de dónde aterrizarán. ¿Donde aterrizan? En Siberia. Fuera, en el exterior, la temperatura era de -25°. Y una vez abiertas las escotillas ya no pueden cerrarse de nuevo. Por suerte, los dos cosmonautas eran rusos (rusos de campo y de la época, quiero decir). Una estación de radio de Alemania Oriental capta los mensajes (cifrados) de socorro y un equipo de rescate aterriza a 9 km y esquían hasta allí. Cuando los encuentran, los calientan, pero... ¿cómo los sacan de allí? ¿Cómo los llevan a lugar seguro? El rescate no ha terminado: construyen una cabaña (choza) para los dos héroes, que deben pasar allí la noche. Al día siguiente, por fin se resuelve todo. Todo que, huelga decirlo, se mantuvo en secreto. Oficialmente, todo resultó a pedir de boca. Y tres meses más tarde, el 3 de junio, hubo un nuevo paseo espacial. Pero esta vez era el norteamericano White.

Que se tapen los problemas que ha habido y la brillante forma (o heroica, o lo que quieran) de solucionarlos no siempre es una gran política. La segunda efeméride lo acentúa.

El 16 de marzo de 1966 (un año después del paseo de Leonov) son los americanos los que se apuntan un tanto. Y un tanto curioso. El artífice, en esta ocasión, es Neil Armstrong (sí, el que pisará la luna). Ese día se lanzó desde Cabo Kennedy el proyectil Agena y, 100 minutos después, la cápsula Geminis 8 en la que viajaban Armstrong y David Scott en persecución del Agena. Armstrong consigue seguir la ruta del proyectil y alcanzarlo y acoplarse a él a las 23 horas y 15 minutos. Es el primer acoplamiento de la historia de la astronáutica. Es fácil imaginar la explosión de alegría en el centro de control de vuelo en Houston, lo hemos visto mil veces en películas, pero en esta ocasión la alegría dura poco: Armstrong avisa que los cohetes de estabilización de la cabina no responden a los mandos y se ha visto obligado a separar el Geminis 8 del Agena. Habían estado fuera de contacto con la NASA y habían tenido que decidir ellos qué estaba pasando y cómo actuar, y Armstrong (comienza su leyenda) tomó todas las decisiones correctas.

Finalmente, emprendieron el regreso a la Tierra (uno de los objetivos secundarios de la misión era probar la reentrada controlada en la atmósfera), y una hora después son recogidos sanos y salvo flotando en el océano. Sí, la misión ha fallado, pero la experiencia ha sido muy enriquecedora y supone el primer paso para la creación de las estaciones orbitales. Ahora estamos acostumbrados y no nos asombra, pero es cierto: el primer intento del primer paso salió mal. ¿Y qué? No se rindieron, siguieron intentándolo y lo demás es historia. Y una historia pública: pueden leerla en la web de la NASA.

Eso sí, unos y otros, Leonov y Belaiev y Armstrong y Scott, se comportaron como los héroes que fueron. Las hazañas de los pioneros nunca se contarán lo suficiente.

 

 

Stanley Myers - Cavatina

 

 

 

domingo, 10 de diciembre de 2023

Proyecto Artemisa

https://www.youtube.com/watch?v=9X_ViIPA-Gcr 

 

 

Artemisa es una de las principales diosas del panteón griego. Siempre me ha asombrado que se tilde de machista a un pueblo que tiene a mujeres entre sus principales dioses, pero eso no viene ahora al caso. Que Artemisa fuera la diosa de la caza, la virginidad y en general de las mujeres tampoco. Aquí se trata del Proyecto Artemisa.

Acostumbrados como estamos a las mezquindades nuestras de cada día, no nos damos cuenta de que es cierto, sólo son eso: mezquindades. Nada de lo que nos atañe importará dentro de cien años, y los más importantes de entre nosotros apenas serán unos renglones en vete tú a saber qué libros. Por fortuna, hay algunos que sí viven pensando en el futuro de todos dentro de cien años.

Por ejemplo, ir a Marte. ¿Seremos capaces de viajar con "normalidad" a Marte dentro de 100 años? Hace más de 50 que se llegó a la Luna, y aunque técnicamente se sería capaz de volver a pisarla, no podemos decir que un viaje a la Luna sea hoy normal. Pero si comparamos la situación actual con la de 1923: los vuelos con los escasos turistas "espaciales" son asimilables a la situación de los aviones entonces, y ya ven ahora. Pues si la Técnica avanza de manera acelerada, ¿acaso no sería una realidad entonces?

Pero no se puede ir a Marte sólo con desearlo. Hay que aprender a hacerlo, hay que desarrollar las técnicas adecuadas, hay que... hay que recorrer todas las etapas necesarias. Hay que gatear y luego andar antes de poder correr. Ese recorrido de las etapas, al menos de las primeras etapas a partir de ahora, es el Proyecto Artemisa. Una serie de misiones, cada una de mayor dificultad que la anterior, con el objetivo, de momento, de llevar a cabo exploraciones humanas en la Luna y futuro de viajar a Marte.

Actualmente está en marcha la misión Artemisa I.

El año que viene, en principio en mayo, Space X (sí, la compañía privada de Elon Musk de la que todo el mundo se reía cuando hacía sus pruebas hace unos años y cada vez que tiene un fracaso; luego, que no se queje la gente dentro de unas décadas porque unas pocas empresas acaparen todo el negocio de los viajes espaciales y no se pueda competir con ellas) llevará los primeros módulos de lo que se espera que sea una estación espacial pero en la órbita lunar. Un primer paso. Más adelante, se llevarán astronautas a esa estación y habrá unas lanzaderas que los bajarán a la Luna y vuelta, así los transportes se especializan cada uno en una cosa.

¡Un momento: vamos a crear un satélite de nuestro satélite!

La nave que hará el viaje hasta la estación lunar será la Orión. De momento, en un vuelo de prueba ha batido el récord de lo más lejos que ha llegado una nave que ha de ser tripulada por humanos; en ese periplo tomó esta preciosa fotografía con la nave, la Luna y más allá la Tierra:

Una vez "normalizada" la presencia en una estación orbital lunar, el paso siguiente (se habla de 2028) será crear una estación estable en la Luna misma.

Y hasta aquí puedo leer. Supongo que luego se intentará llevar astronautas a Marte con billete de regreso, luego montar una estación orbital marciana y luego una base en la superficie; la misma estrategia que en la Luna. Tal vez dentro de 100 años... Sí, ¿por qué no?

De momento, la misión Artemisa I ha sido llevar la Orión hasta allí y volver. Un vuelo de prueba, no tripulado. Del 25 de noviembre al 11 de diciembre de 2022. El año que viene para estas fechas, si todo va bien, despegará la misión Artemisa II: 4 astronautas (un negro y una mujer entre ellos, todos tranquilos), que no bajarán a la Luna pero sí la rodearán. A fin de cuentas, no pisa la Luna nadie desde 1972, y estamos un poco desentrenados.


Luego vendrán Artemisa III, Artemisa IV, etc. Ya veremos cómo evoluciona todo esto.

En fin, yo no iré a Marte (ni a la Luna), pero me alegra saber que hay gente que está pensando en ello. Como he dicho, las miserias nuestras pasarán y se olvidarán, pero los pasos que ellos están dando son necesarios para lo que el futuro tiene que ser. Y si alguna vez lee en los diarios o escucha en las noticias algo del proyecto Artemisa, preste atención. Es de lo más interesante que está haciendo la Humanidad ahora mismo.



Meat Loaf - I'do anything for love (but I won't do that)