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miércoles, 14 de enero de 2026

Ha muerto Scott Adams

Hoy me he desayunado con una mala noticia: ha fallecido Scott Adams.

 

Durante más de 25 años los chistes de Dilbert me han acompañado en el día a día. Hasta que en 2023, harto de la cantidad de insultos que recibía, Scott Adams hizo de pago su página, y se acabó. Pero, hasta entonces, cada día aparecía una nueva tira cómica (durante un tiempo también se generaba la tira en español), y se creaba un muy interesante o al menos entretenido foro sobre la tira. 


Adams no era ingeniero, pero trabajó en la Pacific Bell y ahí pudo ver a ingenieros en acción. De esas experiencias nació la tira Dilbert, un ingeniero en un departamento de ingenieros. Dejó la Pacific Bell y se convirtió en caricaturista a tiempo completo, y lo mejor de todo: cuanto más éxito tenía Dilbert, más y más ingenieros le contaban sus propias historias y hasta qué punto las historias de Dilbert eran verídicas o incluso se quedaban cortas. Adams no tenía problemas en encontrar tramas, desde luego.


Lo reconozco: a los ingenieros, nos clavaba.


Y también a los jefes:


 

Como digo, el foro en sus tiras estaba lleno de competiciones (a los ingenieros nos encanta competir entre nosotros) sobre quién, en su empresa, había vivido una situación aún más esperpéntica que la de la tira. ¡Y los había! Por ejemplo:

Yes. That.

I once worked for an engineering company that worked mostly on a "cost-plus" basis (we were paid our costs plus a fixed percentage). I finally figured out why FedEx sent us our own truck every day, when we could send plans by email faster and free.

Under a cost-plus system, the more you waste, the more you make. It's really that simple.

 


 

Lo que pasó es que poco a poco el debate se fue agriando. No en el foro, pero sí en los EE.UU. Entre republicanos y demócratas, claro. Y Scott Adams fue recibiendo cada vez más insultos. No por lo que dijera, sino por lo que pasaba en su tira. Porque, y eso es cierto, no paraba de mofarse de lo woke. Lo woke, en las sentinas de los departamentos de ingeniería, la verdad es que no casa bien.


Insisto en que, en esto del debate, Adams era una persona muy normal y muy razonable. Pero escribía una tira cómica todos los días, y caricaturizaba situaciones que le enviaban ingenieros, por lo que estaban basadas en situaciones reales.

 

Es más que posible, claro, que la mayoría de las tiras sólo nos hicieran gracia a los ingenieros, que eramos los que nos veíamos reflejados y más reconocíamos las situaciones que parodiaba.


Lo que la mayoría de las personas no sabe es que, al principio, internet no tenía contenido. No había páginas web que mereciera la pena visitar. Apenas algunas compañías tenían una página de tipo publicitario, pero nada más. No se hacía nada. No había vídeos, no había compras, no había prensa apenas, no había blogs ni foros, no había casi nada. Y Dilbert fue una de las primeras, si no la primera, tira cómica que se publicó en internet.


 

Scott Adams tenía 68 años. Cáncer de páncreas. Requiescat in pace.


 

 
 

lunes, 16 de diciembre de 2024

IA: Inteligencia artificial

https://www.youtube.com/watch?v=tu-V8jtBBV8 

 

 

El artículo anterior no lo escribí yo: lo hizo ChatGPT, una inteligencia artificial.

Bueno, esa afirmación es más falsa que Judas: ChatGPT acabó haciendo de amanuense... o quizá no. El tema tiene mucha más miga de la que parece, pero como en realidad ese artículo era solo para servir de contexto a éste, aparco el tema para después.

IA significa Inteligencia Artificial. Los ingleses escriben 'ai', si quiere localizar a un pedante ya tiene un truco.

La primera cuestión es qué es la IA. Pues ¿acaso no hacen las máquinas aquello para lo que los humanos las han programado? ¿La verdad? No.

Lo más antiguo que se hace es programar. Es darle a las máquinas las instrucciones de lo que han de hacer con toda claridad. Por ejemplo, aquellos autómatas de las fábricas de hace cuarenta años, programas que movían relés que activaban cosas. Abre la válvula 1, pon en marcha el motor 1, espera 30 segundos, apaga el motor 1, espera que el detector 1 se active, cierra la válvula 1, abre la válvula 2, etc.

Luego los programas empezaron a reaccionar a lo que ocurría: Si [ocurre tal cosa] PASA A LA LÍNEA DE PROGRAMA [x], Y SI NO PASA A LA LÍNEA DE PROGRAMA [y]. Aquello se fue complicando y complicando, pero en el fondo era lo mismo. El programador tenía que prever todas las posibilidades. O dar las pautas al programa para actuar en todas las posibilidades. Pensemos, por ejemplo, un programa que ordena una ristra de nombres alfabéticamente: el programador no ha programado todos los nombres posibles, pero le ha dado al programa las instrucciones necesarias.

Durante décadas, todos los programas han ido en esta dirección con una excepción. Y, durante décadas, ningún programa ha hecho lo que el hombre soñaba que los programas harían, con una excepción.

Y es que lo que el hombre sueña desde hace décadas es con robots que piensen por sí solos. Con robots como R2-D2, pero sobre todo como C3P-O. Con robots que hablen con nosotros, que piensen pero que obedezcan órdenes. Y que jueguen al ajedrez y sepan cuándo han de dejarse ganar, no se vaya a enfadar el Chewaka de turno. Pero los programadores sólo conseguían hacer R2-D2. Aunque, al menos, jugaban al ajedrez.

¿Cuál era la excepción que he mencionado antes? ¡Jugar al ajedrez! Jugar al ajedrez es la medida de la inteligencia: no se puede programar. Y, sin embargo, ya en los años 50 se desarrolló el lenguaje de programación que durante décadas se asoció a la IA (no sé cuál es el lenguaje actual o la base en bajo nivel del lenguaje de alto nivel que se emplee ahora). No se puede programar una partida de ajedrez, se puede programar las reglas que rigen las jugadas. También se pueden programar criterios para encontrar una posición preferible a otra, pero a partir de ahí la máquina ha de ir por libre.

En realidad, eso es lo que hacemos los humanos: tenemos las reglas del lenguaje y los criterios para elegir una actuación o una situación. Si la máquina puede hacer eso, entonces hemos dado un paso de gigante para conseguir que piense sola.

Y en mayo de 1997 una máquina, denominada Deep Blue, ganó a Garry Kasparov al ajedrez. En un torneo de 6 partidas, Deep Blue obtuvo 3,5 puntos y Kasparov sólo 2,5. Las máquinas podían superar a los humanos: ya solo faltaba C3P-O.

Construir un robot como C3P-O es fácil: hace años que se fabrican robots. No hay mucha salida comercial aún a los de formato humanoide, así que no hay muchos, pero no hay ninguna barrera técnica que no sepamos cruzar. Lo que pasa es que... sería un robot sin inteligencia. Nos diría unas frases preprogramadas ("buenos días, señor, hace una mañana excelente hoy, señor, lástima que llueva. Su whisky con hielo, señor. Y recuerde que esta noche ha de llevar a su santa a cenar, a las 9 en el Derby's") y poco más.

Hasta que hace 2 años OpenAI lanzó ChatGPT. Por fin, una IA. El cerebro que necesitaba ese C3P-O.

Aunque, claro: ahora que por fin la IA es algo real de lo que hablar, surge la confusión. Qué es la IA y para qué sirve.

Llevo unos seis meses interactuando con la IA e investigando qué es y para qué sirve, y creo que ya lo tengo claro:

La IA es C3P-O. Ni más ni menos. Puede conversar con nosotros. En el idioma que queramos. Cambia sin problemas. Traduce. Y nos puede llamar 'amo Luke', si queremos.

Éste es un fragmento de conversación que acabo de tener mientras escribo este texto:

Estoy algo cansado, pero quiero terminar una cosa antes de irme a casa.

[Respuesta]

Entiendo, Amo Luke. A veces, es importante completar tareas antes de descansar. Aquí tienes algunos consejos para ayudarte a terminar lo que necesitas hacer de manera eficiente:

Consejos para Terminar Tareas Eficazmente

1. Prioriza tus Tareas

Haz una lista de lo que necesitas completar y clasifica las tareas por orden de importancia. Enfócate primero en las más críticas.

2. Establece un Tiempo Límite

Asigna un tiempo específico para cada tarea. Esto puede ayudarte a mantenerte enfocado y evitar distracciones.

3. Elimina Distracciones

Apaga notificaciones del teléfono y cierra pestañas innecesarias en tu computadora. Un entorno tranquilo puede mejorar tu concentración. 

Ya ven, no es gran cosa. No, en realidad sí es gran cosa. La máquina conversa. Y tiene una gran capacidad para entender las preguntas: no hace falta formularlas con claridad. Diantres, ni siquiera hace falta escribirlas sin errores: capta lo que queremos decir.

¡Es muy fácil decir que priorice mis tareas!

Tienes razón, Amo Luke. Priorizar tareas puede sonar simple, pero en la práctica puede ser un desafío, especialmente cuando hay muchas cosas en juego. [la respuesta sigue, pero corto aquí]

 

Bonito juguete, ¿verdad? Luego volveremos a este punto, pero esto muestra el problema: ¿es un juguete? ¿Para qué sirve? Muchos de nosotros somos personas eminentemente prácticas, y queremos que las cosas tengan una utilidad... para nosotros. Si no, no compramos. Y si nadie compra, OpenAI no desarrolla la IA. Así que OpenAI y multitud de competidoras que han surgido, cada una con su propia IA, han intentado que la IA haga cosas.

La IA hace algunas cosas. Y algunas las hace muy bien. Lo que pasa es que no todas las hace bien. Aquí hay que hacer un inciso: es pronto. Hay una pléyade de IA por ahí, pero no funcionan bien. Son versiones beta. Son los primeros prototipos. Las venden como que hacen un montón de cosas, cuando en realidad aún no lo han conseguido. Tiempo al tiempo, eso sí.

Lo primero que hace una IA es redactar. Uno quiere una redacción sobre la vaca, y la IA la hace en 2 segundos. Uno quiere saber cómo ordeñar una vaca, y la IA escribe un tratado sobre el tema en menos tiempo aún. El problema es que esa vaca puede que coma carne, o que nos diga que para ordeñar lo mejor es el toro. Y si el conversador de la IA no sabe que las vacas no comen carne, pues igual la hemos liado. Pero fuera de, digamos, tareas administrativas... ¿qué puede hacer la IA por mí? 

Podría explayarme, pero voy a ir al grano: para un ingeniero de estructuras, bien poco. Ya contamos con programas que con unas indicaciones básicas de diseño - tan sencillas que las puede realizar un delineante o un becario- calculan los edificios, conocen y aplican las normas, deciden las soluciones, generan los planos, realizan las mediciones y los presupuestos y escriben las memorias. Todo eso, un único programa. ¿Necesitamos una IA? ¿Aún queremos intervenir menos en el proyecto del edificio? Desde luego, en lo que respecta al cálculo de estructuras los ordenadores ya son bastante inteligentes, mucho más que lo que son en cualquier otro campo. Sí, hay muchos planos. Hay muchos sueños. Pero de momento esos sueños son futuro.

Lo que pasa es que el futuro llegará. Y antes de lo que esperamos. Algunos expertos opinan que en dos años, en 2026, tendremos IA hasta en la sopa. Los juguetes de los niños incorporarán una IA que interaccione con ellos, las Alexias, Siris y demás conversarán con nosotros con una fluidez y profundidad que muchas personas tendrán conversaciones con ellas por simple placer, y no hace falta decir que serán asistentes de cada uno de nosotros como si tuviéramos un secretario personal. Sí, ese futuro está muy próximo y nos cambiará de tal manera que en breve nos referiremos a los años anteriores a 2025 como "cuando no había IA...".

Es importante que quede claro. Lo que hoy en día entendemos en la calle por IA es C3P-O. Un conversador excelente, con acceso al conocimiento disponible en internet y que puede realizar por nosotros muchas tareas "robóticas". Los ingenieros se desaniman, porque confían en que la IA "sepa", y no, no sabe. De ingeniería, al menos. Quiero decir, tiene un conocimiento muy limitado. Vale para preguntas muy básicas, y además tiene un peligro enorme porque pocas veces se queda callada o reconoce que no sabe la respuesta. A menudo responde, y la respuesta es incorrecta. Cuando uno se lo hace notar, reconoce el error e intenta encontrar la respuesta correcta (o manifiesta que no sabe responder). Esto, los ingenieros senior lo cazamos al vuelo, pero los ingenieros junior no: al contrario, como la respuesta está muy bien contada se la creen. Peligroso, ¿verdad? 

El peligro se ve acentuado porque los que nos venden la IA nos insisten en que la IA aprende. Que sí, que al principio es 'tonta', pero que nosotros la tenemos que adiestrar y al final, si somos buenos adiestradores, será de enorme utilidad. Supongo que lo hacen para que la asimilemos a cuando contratamos a un joven ingeniero de ayudante: sabemos que al principio sabe poco, pero confiamos en que conseguiremos enseñarle, él aprender y con el tiempo conseguiremos que nos ayude de verdad.

De momento, esto es falso. La IA no aprende.

Las IA vienen enseñadas, con un aprendizaje 'de fábrica'. Luego nosotros las configuramos dándoles unas pistas de qué vamos a querer de ellas. Es como si nos enviaran unos robots y a medida que los desembalamos les fuéramos diciendo: «tú serás camarero, tú recibirás a las visitas, tú te especializarás en vino y arte,...». A este último le diremos que se lea unos manuales de vino, y poco más podremos hacer. Se nos vende que con el tiempo le podremos ir enseñando cosas de vinos, pero no es cierto (al menos todavía). Sí aprende en las conversaciones de todo lo que se hable, pero cuando se termina la conversación ese conocimiento se olvida. La IA (insisto, hoy) no almacena ni traslada lo que aprende de una conversación a otra. ¿Y si mantenemos una única, larga conversación? Tampoco es buena idea, porque terminaríamos confundiendo a la IA. Puede que no en una misma conversación corta, pero sin duda nosotros a menudo decimos lo contrario de lo que en cierta ocasión dijimos. Imaginemos que nos escucha atentamente un robot y que éste interpretara de manera literal todo lo que decimos: sin duda, terminaría metiendo la pata. ¿Es Juan estúpido o ha tenido una gran idea? ¿Y si me dice que no haga caso de la idea de Juan (que, en realidad, es una gran idea) porque en su día dije que no hay que hacer caso de nada de lo que diga Juan? Hay que tener cuidado.

Insisto: todo esto que opino lo baso en las experencias que estoy teniendo con la tecnología a la que puedo acceder en 2024. Seguro que en diciembre de 2025  o 2026 todo esto no habrán sido sino problemillas originales que ya se resolvieron y que los jóvenes ni se los creerán.



Y a todo esto, ¿quién escribió el artículo?

La cosa empezó con esta instrucción a la IA:

Escribe un artículo sobre la ley de price (sobre la incompetencia) aplicándolo al sector de las ingenierías.

Y la IA lo hizo. Pero era un petardo de artículo, así que le dije:

Intenta darle un tono más coloquial, no emplees tantas palabras largas. 

Lo reescribió, y estuve comentando con ella algunos aspectos del problema. Cuando me pareció que había encontrado el enfoque que me gustaba, le dije: 

Vaya, este tema se pone cada vez más interesante. Resalta en el artículo cómo importa la ley de Price por la complejidad de los proyectos y la escasez de talento especializado.

Pero luego tuve que decirle:

Vamos a rehacer el artículo. Te voy a explicar los pasos argumentativos que lo formarán. Primero, expón la escasez de talento especializado en las ingenierías. Luego, enuncia la ley de Price, su historia y su cumplimiento general. Expón entonces la incidencia de esa ley dada la escasez del talento y la complejidad de los trabajos a realizar. Y termina quejándote amargamente de cómo, a menudo, los ingenieros top-performers no son debidamente reconocidos ni recompensados, sino que se les remunera como a los ingenieros mediocres y a cambio se les carga con más trabajo del que les correspondería.

Y también:

Añade al artículo que no se debe confundir, en ingeniería, trabajo bruto con genio pues, como dice el dicho, más vale maña que fuerza. Un ingeniero que encuentra una solución en mucho menos tiempo es siempre preferible a uno que emplee muchas horas en encontrarla, aunque aparentemente el 2º trabaje mucho más. Y que en los proyectos complejos es como cocinar: lo importante es establecer la receta, aunque el grueso del trabajo sea su ejecución.

 

Para explicar cómo el que no se gradúen más ingenieros ahora que hace 30 años, vamos a poner un ejemplo: si ahora hay más aparatos de aire acondicionado que hace 30 años pero el número de técnicos en aire acondicionado se mantiene estable, la percepción es que hay escasez de técnicos. Dado que nuestra sociedad está ahora mucho más tecnificada que en 1996 (algo que los más veteranos podemos atestiguar), debería haber más ingenieros.

Como se ve, tenía que darle instrucciones constantes. La parte positiva es que la IA nunca se quejaba. Le pedía que lo reescribiera, y lo reescribía. Le pedía que cambiara una expresión por otra, y lo hacía. Esto, con un humano no es tan fácil: notas que esa persona se cansa, se desanima, se molesta con tanta corrección, uno mismo se frustra...

Bien, vamos a por el último párrafo del artículo, que no me ha gustado. La clave de todo es que en general los ingenieros, y sobre todo los ingenieros de alto rendimiento (los más ingenieriles de entre los ingenieros) no suelen tener grandes habilidades para negociar sus retribuciones (y además les gusta su trabajo, lo que hacen). Termina diciendo que la cosa mejoraría si la profesión de ingeniero tuviera un prestigio mayor y la sociedad la valorara más, pues de rebote también los dueños de las ingenierías tenderían a revalorar a los ingenieros clave.

Llegó un momento en que era yo mismo quien me aburría.

Bien, hasta aquí. Escribe el artículo completo y fírmalo.

En ese momento tuvimos una curiosa discusión, la IA y yo. La firma. Quién redacta, realmente, el artículo. No voy a incluirla aquí, pero fue instructiva. De todas formas, no creo que vuelva a hacerlo, el pedir a la IA que escriba un artículo en mi lugar. No me gustó el resultado, y no creo que a ustedes les hubiera gustado la primera versión que escribió; pienso que si leen ustedes este blog es porque aprecian el toque humano en los escritos, no buscan un texto robótico.

 

En definitiva, si se fijan, la IA es C3P-O. La versión mía no es oral, pero cuando la tenga y la pueda tener como una voz.. espero que sea una melodiosa y sensual voz femenina.

Y es tan tan, que dentro de unos años no nos moveremos sin ella.



Silvio Rodríguez - Con 10 años de menos

miércoles, 27 de noviembre de 2024

Queremos comprarle a Toño un lector de libros electrónicos. ¿Algún consejo?

Cuando uno se plantea qué lector de libros se compra, lo que se está planteando es si se compra un Kindle o un no-Kindle. Para encontrar la solución idónea hay 3 aspectos que considerar.

 

1º: En lo básico, todos los lectores de libros son iguales, todos hacen lo mismo y todos permiten lo mismo (más o menos). En todas las marcas hay un nivel base, que sólo permite leer, y diversos niveles hasta uno superior, que permiten escribir dentro del mismo libro. En mi opinión, el único extra que ha de tener el lector es luz para poder leer en situaciones de iluminación insuficiente. Todas las marcas tienen modelos con luz.

 

2º: Por tu pregunta infiero que en casa sois todos legos en el mundo de los libros electrónicos. Por lo tanto, no conoces Calibre. Calibre es un programa que permite tener ordenada la biblioteca de libros electrónicos en el ordenador (piensa que esas bibliotecas son de cientos de libros casi desde el primer día, y no se tarda mucho en tener miles). Todo usuario de lectores tiene el programa Calibre. Además de tener ordenado el ordenador, Calibre permite tener ordenado el propio lector de libros y además transferir con comodidad libros del ordenador al lector. Se puede hacer la transferencia de manera manual, claro que sí, pero teniendo Calibre nadie lo hace. Se usa Calibre.

 

Otro uso muy importante de Calibre es que permite copiar los libros a un formato distinto. Los libros electrónicos son archivos informáticos, que tienen un determinado formato. Pero igual que hay archivos de texto que son TXT, otros RTF, otros en formato word y en formato pdf, los libros electrónicos pueden ser en todos esos formatos y muchos otros. El epub fue, en su momento, el formato estrella, pero no es el único.

 

3º: En principio, todos los lectores de libros leen libros en todos los formatos… con una excepción: sólo kindle lee los libros en formato kindle. Por eso te decía que la decisión es si se elige un kindle o un no kindle. En principio, un kindle te aporta todo lo que los otros lectores y mucho más. Pero también tiene un lado tenebroso del que debes ser consciente. Y eso está ligado con una decisión adicional que hay que tomar: ¿comprarás libros en portales de librerías, o los conseguirás de manera gratuita en páginas de descarga en internet?

 

En casa hemos tenido muchos lectores de libros. Al final, todos usamos kindle. La razón fundamental es que cuando hemos querido comprar un libro de manera legal en las muchas librerías electrónicas no lo hemos conseguido. En algunos casos llegamos incluso a perder el dinero: pudimos descargar el libro, pero no leerlo. Eso, con un kindle no pasa. Como supongo que ya sabrás, Kindle es un lector desarrollado por Amazon. Amazon, te recuerdo, empezó como un negocio de venta de libros por internet. En su día yo era escéptico, pero te aseguro que mis primeros libros por internet los compré a finales de los 90 y me quedé maravillado de hacerlo. Estos tíos, de esto, saben. Así que lo fuerte del Kindle es la compra de libros por Amazon.

 

Yo casi nunca descargo un libro por internet: alguna vez, libros descatalogados que no existen en formato electrónico. Normalmente, los compro. Amazon tiene muchas ofertas, y hay libros que valen 50 céntimos. Por menos de 1 € tienes muchísimos. Si lo piensas, por lo que vale una Coca-cola en un bar puedes acceder a un catálogo enorme, y un libro lo disfrutas muchísimo más que una Coca-cola en un bar. Yo compro.

 

Comprar un libro electrónico en Amazon es fantástico: en que pagas se te descarga en el kindle. Yo tengo una tableta Fire (que también es de Amazon) además del kindle, así que el libro se me descarga en los dos aparatos. Sin tener que hacer nada, nada más encenderlo me aparece. Por cierto que cuando leo un libro en un aparato y cambio al otro, ¡el libro se sincroniza y sigo donde lo dejé en el otro!

 

Además, comprar los libros en Amazon hace que los tengas "en la nube", signifique eso lo que significa. Si pierdes el lector, los libros en la nube siguen ahí: cuando te compres un nuevo kindle esos libros los recuperas de manera automática, sin hacer nada. Si pierdes el ordenador, lo mismo. Fíjate que esto sólo pasa con los libros en la nube, los libros normales olvídalo. Sólo por eso, mi recomendación es un kindle.

 

La parte negativa es que cuando compras un libro electrónico en Amazon (o en cualquier librería), en la mayoría de los casos no compras realmente el libro, sino sólo el derecho a leerlo. Esto se consigue con los derechos DRM. Cuando el archivo tiene derechos DRM, Calibre no puede copiarlo con otro formato: está protegido. Puedes comprar libros sin DRM en Amazon y esos los puedes cambiar con Calibre a formatos que leen otros lectores, pero son pocos libros. Así que estás comprando una librería que sólo puedes leer con Kindle y equipos Amazon. Quedas atado a ellos.

 

Por último: no, no te preocupes: con un kindle puedes leer libros pirata sin ningún problema. A Amazon eso le da igual.

 

 

Y otro por último: cuando compres el lector electrónico, acuérdate de comprar también la funda-tapa. Todas las marcas los venden sin la funda-tapa, la funda-tapa se vende aparte. Usar un lector sin funda-tapa es como usar un ordenador sin la carcasa metálica. Eso sí, ¡asegúrate que la funda-tapa es válida para ese lector!




Comentario fuera de la respuesta que di: existe software que puede eliminar los DRM de un libro de Amazon. Calibre, por ejemplo, tiene un plug-in que lo hace (tengo entendido, yo no lo he probado). Ahora bien, no voy a recomendarle a unos padres amantísimos que quieren comprarle un lector a su hijo el empleo de software para  piratear libros. Eso, que lo descubran ellos por su cuenta. O el chaval.

lunes, 25 de septiembre de 2023

Mil

https://www.youtube.com/watch?v=U4yH4B9deok 

 

 

Ésta es la entrada número mil de este blog. No me había dado cuenta, y ya tenía varias entradas programadas; pero tres minutos antes de que se publicase la que entonces sería la 1000 me entró la curiosidad por saber cuántas llevaba. Digamos que esa entrada programada no merecía la significación que conlleva ser la milésima.

Sé que debo escribir algo al respecto, pero no tenía nada preparado. No había pensado sobre el tema. Ayer, recuerdo, estuve pensando sobre el futuro de lo que se escribe en internet. Este blog, por ejemplo. Es gracias a un servicio gratuito de Google, pero si un día dejo de escribir... ¿se mantendrá? ¿Conservará Google las páginas escritas por tiempo ilimitado? Supongo que no, supongo que al cabo de 5, 10 ó 20 años de estar un blog sin actividad lo cerrarán. Como las cuentas de correo que no se usan y esas cosas. Quizás cuando adviertan que nadie ha accedido a leer alguna de las páginas escritas en años, tal vez. Pero llegará un momento en que se cerrará y no será accesible. Para entonces no le importará a nadie, pero es que en realidad tampoco sería importante si desapareciera ahora: el blog no aporta nada a nadie, fuera de que me guste escribirlo. Albergo la esperanza de que mis hijos y nietos quieran leerlo para saber más de mí, pero dado el nulo interés que hasta la fecha han demostrado, es una esperanza muy pequeñita. ¿Me echaréis de menos cuando yo no esté, cabrones? Por si acaso, registro en este blog lo que pienso, lo que me interesa y la música que me gusta. Saberlo o no es ya cosa de ellos, yo más no voy a hacer.

Volviendo al tema del borrado en internet, tampoco hay que echarse las manos a la cabeza: ha ocurrido desde que se inventó la escritura. Tal vez el primero que escribió un contrato de compraventa, un edicto o una efemérides pensaría que al hacerlo se conservaría ese recuerdo hasta el fin de los tiempos, pero hace mucho que la humanidad descubrió que no. Muy poco se conserva de la infinidad de cosas que se han escrito, una fracción ridícula. ¿Por qué iba a ser diferente en nuestro tiempo? Claro que las cosas en internet ocupan espacio y requieren energía, y cuando el escrito no interese a nadie ese espacio y esa energía multiplicarán su valor. Ocurre como con las fotos. Cuando nadie reconoce a nadie de una foto, cuando el nombre de los que aparecen no dice nada, si la fotografía no tiene un valor estético inusual, esa fotografía va a la basura. Los libros en papel acaban también allí, no nos engañemos: pocos se quedan la biblioteca de sus mayores, y apenas alguno acaba intentando venderla al peso. Lo mismo ocurrirá con las cosas digitales. Un día alguien cogerá un disco duro "antiguo", que resulta que tiene cien mil fotos de ya nadie recuerda qué persona, y decidirá que adiós al disco duro. Puede que incluso el que tire el almacenador sea la misma persona que hizo las fotos: pasados suficientes años, casi todas las fotos dejan de interesarnos. Sic transit gloria mundi, dijo un clásico, y nihil novum sub sole se escribió en el Eclesiastés, así que no nos hagamos ilusiones.

Con todo, mil entradas son muchas entradas. La gran mayoría son lo que esperaríamos que nos contara nuestro cuñado; muchas, también, de un ingeniero obsoleto, de un carrozón  y también prueba fehaciente de que no se debería dejar escribir en internet a cualquiera, pero no todos tenemos que estar dotados para esto, no pasa nada: basta con dejar de leer lo que no gusta. De todas maneras, intentaré en los próximos días recordar 10 entradas que me haya gustado publicarlas, que quiera recomendar que se leyeran de nuevo. Si encuentro 10, publicaré esa lista.

Por lo demás, reitero mi incitación a todos ustedes a que creen también sus blogs, piensen que vayan a ser buenos o malos. No se pongan el listón muy alto, y ya verán como lo disfrutan.


 

 

 

Paul Dukas - El aprendiz de brujo 

domingo, 6 de marzo de 2022

Sesgo en Wikipedia y posverdad

https://www.youtube.com/watch?v=qI1WcylNEuY 

 

 

Nos guste o no, Wikipedia es ya un estándar. Es ya la enciclopedia que todos tenemos; donde está el saber humano. Y ese ser el estándar ha desembocado no sólo en que lo que es, está, sino incluso en que lo que está, es. Lo primero, tristemente, está convirtiendo a Wikipedia en el depositario de nuestro conocimiento: si algo no tiene su entrada en la wikipedia, su conocimiento acabará perdiéndose. Pero lo segundo es aún más preocupante, pues nuestra identificación entre ser y tener una entrada en la Wikipedia nos lleva, inconscientemente, a identificar lo que dice Wikipedia con lo que realmente es. Por ejemplo, si Wikipedia dice que el río Yeyuayo mide 1.258 km, el río Yeyuayó mide 1.258 km. Aunque mida en realidad 1.400 ó 1.200.

A veces uno se encuentra con esto:

Según Wikipedia, Batista era un dictador; Castro, no, aunque tuvo el poder en su país durante casi 50 años. Nos avisa, eso sí, que hay algunos fanáticos - a los que no hay que hacerles mucho caso- que dicen que entra dentro de la categoría de dictador, pero es porque se dejan llevar por su inquina.

Si miramos la entrada de Hugo Chávez, Wikipedia nos informa que "Hugo Rafael Chávez Frías (Sabaneta, 28 de julio de 1954-Caracas, 5 de marzo de 2013) fue un político y militar venezolano, presidente de Venezuela desde 1999 hasta su fallecimiento en 2013". A Chávez ya le conocemos todos, y sabemos que dejó de ser el mandamás porque se murió, que si no aún seguiría. A su sucesor designado, Maduro, la Wikipedia le define como "un político, diplomático y dirigente sindical venezolano que ha ejercido como ministro de relaciones exteriores entre 2006 y 2012, como vicepresidente de la república desde 2012 al 2013 y presidente de Venezuela durante el período 2013-20195​ y el periodo presidencial 2019-2025,6​ este último con reconocimiento parcial de su mandato". Como ven, ninguno de los dos es un dictador.

En cambio, no duda en señalar como dictador a uno de derechas: "Augusto José Ramón Pinochet Ugarte (Valparaíso, 25 de noviembre de 1915-Santiago, 10 de diciembre de 2006) fue un militar, político y dictador chileno en el período comprendido entre 1973 y 1990".

¿Ven algún tipo de patrón aquí? No sé ustedes, pero a mí me da la impresión de que para los escritores de la wikipedia (y por lo tanto y en la práctica, para Wikipedia) cuando el político es de derechas es malo, y un dictador, y si es de izquierdas es bueno, y en ese caso es sólo un político.

El tema no va de si las entradas sobre los políticos citados son correctas o sesgadas, sino de si es admisible. ¿Hay sesgo en Wikipedia? Ya vemos que sí. Teniendo en cuenta que se va a convertir en los anales de nuestro tiempo, ¿no deberíamos exigirle una objetividad ultraexquisita? Y me dirán que es que no está claro que Castro fuera un dictador, ya se ve que hay gente que opina que no, y en cambio sí hay consenso en que Batista lo era, pero no cuela. O todos tirios o todos troyanos.

Los escritores de Wikipedia, cuando tratan temas controvertidos (no la longitud del río Yeyuayo), deberían dejar a un lado sus filias y sus fobias. Y, si no se ven capaces, no deberían tratar esos temas, deben inhibirse. Y los grandes gestores de Wikipedia deberían tener esa política como un principio sagrado, porque su responsabilidad es muy grande. El prestigio es casi como la honra, que es como un plato de porcelana: si se rompe, puede intentar recomponerse, pero no va a ser como antes. Y puede, incluso, ocurrirle como al cine español, que ya apenas hay un español que lo quiera ver, no porque las películas sean malas sino porque es cine español.

La segunda reflexión que me hago es la constatación de que hemos dejado que sea una parte, y una parte muy muy escorada, la que cuente las cosas. Que las cuenta a su manera, muy muy escorada, y los demás callamos. Los que no conocen las cosas, y les escuchan, creen que efectivamente las cosas fueron así. Y a partir de entonces hemos de discutir con personas que sinceramente creen que fueron así, no vayamos a contarles ahora mentiras que ellos lo saben de primera mano.

Posverdad. Crece y circula delante de nuestras narices, y no nos damos cuenta. O sí, pero no hacemos nada, que es aún peor.

 

Por si acaso: el río Yeyuayo no existe, pero me gusta como suena.



Barbra Streisand - Woman in love

lunes, 28 de febrero de 2022

El piropo público

https://www.youtube.com/watch?v=YPIPRbWuKg4 

 

 

La sempiterna guerra de sexos. He escrito sobre el tema muchas veces, y siempre sostengo que parte del problema es que las mujeres quieren que los hombres se comporten como mujeres, no admiten que hombres y mujeres sean diferentes y no aceptan que los hombres se comporten... como hombres.

He leído, en un periódico digital, un artículo escrito por una periodista en el que nos contaba que un reconocido psiquiatra de Nueva York escribió un mensaje en una red social más que conocida por nutrirse de mensajes no reflexionados; por cierto que ahora recuerdo que, al principio de la andadura de la famosa red, cuando los políticos metían la pata y decían alguna burrada (juzgada como tal por los usuarios de ese ejemplo de tolerancia que es esa red) el político solía justificante diciendo que había sido un calentón, que él no pensaba así y todo eso. Hoy ya no se justifican. 

A lo que iba. El mensaje en cuestión alababa la belleza de una modelo (negra ella, un matiz muy importante) que había publicado una foto de sí misma con un vestido negro muy escotado sobre una cama. La loa fue, para ser precisos (traducción), “ya sea una obra de arte o una rareza de la naturaleza, es un hermoso espectáculo para la vista”.

Twitter, por descontado, se abalanzó sobre el médico. ¡Cómo se atrevía! Cosificaba a la mujer, y como era negra, cosificaba a las mujeres negras.

Y la periodista se ponía de parte de... los críticos. En su opinión, el médico trataba a la mujer como si fuera un objeto, un algo que contemplar, y eso, se quejaba, los hombres no se daban cuenta de que resultaba ofensivo.

Pero yo me pregunto... ¿por qué publicó aquella fotografía aquella mujer? Vale que porque quería, porque podía y porque estaba en su derecho, pero mi pregunta es por qué quería. Qué pretendía. Y sólo se me ocurre una respuesta: quería que los demás vieran cuán hermosa era, y por lo tanto que la admiraran. Si alguna mujer cree que hay alguna razón más probable, le agradecería que me lo dijera. No, yo creo que ella quería que todos supiéramos que era hermosa. Y por hermosa hemos de entender que era capaz de atraer a los hombres, no nos engañemos. ¿Y cuál fue la consecuencia? Que un hombre vio la foto, la encontró ciertamente muy hermosa y alabó su hermosura. Ya que el hombre era un hombre, y se comportó como tal. Si nos atenemos a los hechos, estos son. ¿Debió haberse callado? ¿Deben los hombres callar los piropos y las galanterías, dejar de decir a las señoras o a las muchachas lo hermosas que están, alabar lo bien que les sienta un peinado, un vestido o un bronceado, so pena de ser insultados y acusados de cosificar a las mujeres?

¿Eso es, de verdad, lo que quieren las mujeres?

La periodista nunca lo reconocerá, pero por mucho que ella se ponga vestidos negros muy escotados y se fotografíe con ellos en una cama no conseguirá que reconocidos psiquiatras de Nueva York proclamen públicamente que ella es una obra de arte o un fenómeno de la naturaleza y eso es lo que en verdad le molesta. Así que, como ella no puede, que nadie pueda: que se prohíba decirlo.

Son las mujeres que no consiguen esos piropos, dirigidos a otras, las que los encuentran ofensivos. Las que los consiguen pero no son en ese momento las destinatarias, lo más que llegan a hacer es molestarse por no ser ellas. Esto jamás lo reconocerán, ni entre ellas, pero es.

El hombre sólo tuvo una galantería pública hacia la mujer que exhibió en público su belleza. Sólo eso. No la cosificó. No sólo las cosas son bellas, también las personas pueden ser bellas.

El hombre se comportó como un hombre bien educado. Y se le ataca por eso. No sé si es la sociedad que queremos.



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