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martes, 18 de agosto de 2026

Cuarenta mil

Antes de irme de vacaciones entré en la página web de Amazon, para comprarme algunos libros. Nada pretencioso: que me entretuvieran, sin más. Así que marqué lo que quería: libros en formato kindle, idioma inglés o español, género ciencia ficción, sección militar space opera.

 

Cuarenta mil. Amazon me ofrecía 40.000 títulos que cumplían esos requisitos. Vale que yo sea un tipo poco exigente y fácil de contentar, pero ¡caray!

¿Cómo es posible?

Imaginemos que el autor promedio tiene publicados una media de 5 títulos de ese estilo. Significa que hay 8.000 autores que cultivan ese estilo. ¿Hay más autores de novelas de ciencia ficción rama militar space opera que grupos de rock? La gran mayoría de los grupos de rock son bastante malillos, y apenas son un puñado los que vale la pena que nos gastemos dinero y tiempo en escucharlos. Pues imaginen una novela de ésas.

La explicación, claro, es la IA. Que escribe libros como churros. En los dos sentidos. 

Por no hablar que la inmensa, muy inmensa mayoría de los libros será una repetición de todos los clichés del género. Aunque se consideren origi­nales. Gente que ha leído libros de este tipo, decidido que ellos también pueden escribirlos, se "inventan" variantes de ideas y argumentos ya escritos, copian recursos y tramas de otros géneros, y voila!: ya tenemos un escritor de ciencia ficción.

Al final no compré ninguno. Curioseé un poco, y lo dejé. Porque hay otro requisito que suelo imponerme, pero que por desgracia el menú de Amazon no me ofrece: que al leerlo no considere que vaya pérdida de tiempo está siendo leer esa bazofia. Cuando hay tantas maravillas ahí fuera esperando ser leídas.

Total, que he vuelto a hacer lo que he estado haciendo casi todo el año: escribir mi propia novela. Y les diré una cosa: me he entretenido mucho más. Tanto es así que voy a escribir una serie y algún spin-off. Queda mal decirlo, pero me gusto mucho más yo.

 

domingo, 9 de agosto de 2026

A la sombra de un olmo

He pasado unos breves (siempre son breves) días de asueto a la sombra de un olmo. De un olmo común, debo precisar: no un olmo siberiano. Lo cual es llamativo, porque la grafiosis de los años 80 prácticamente aniquiló todos los olmedos de España y del Viejo Continente (más información, aquí). 

¿Cómo es que había olmos comunes? Porque era un jardín del Estado: el Parador Nacional de Manzanares. Estarían, imagino, bien cuidados en su momento por los jardineros del Parador, y se libraron de la pandemia. El caso es que había unos ejemplares magníficos que me dieron la sombra que necesitaba.  

 

En el jardín había algunos tocones, olmos que habrían tenido que podar, y unos cuantos olmos siberianos.  Estos últimos no me gustaban tanto.

¿Y a qué me he dedicado? A dormir la siesta y a leer. A esperar que llegue la hora de la comida o de la cena. Casualmente, uno de los libros que leía era La vida secreta de los árboles, de Peter Wohlleben. Lo que pasa es que Wohlleben es en realidad un guardabosques alemán, y no quedan olmos en Centroeuropa: su libro habla, sobre todo, de las hayas.

La Vida Secreta De Los Árboles - Wohlleben, Peter | Envío gratis 

Como explica Wohlleben, las hayas son árboles de bosque. Necesitan estar todas agrupadas, cerca las unas de las otras, para ayudarse entre ellas. Cuando están aisladas, su vida media cae en picado.

En España, en cambio, teníamos olmos. La grafiosis, un hongo, los mató a todos. A casi todos. Y cada vez que los miraba y agradecía la sombra que me proporcionaban, no dejaba de acordarme del poema, ya saben:

Al olmo viejo, hendido por el rayo

y en su mitad podrido,

con las lluvias de abril y el sol de mayo,

algunas hojas verdes le han salido.

 

¡El olmo centenario en la colina

que lame el Duero! Un musgo amarillento

le mancha la corteza blanquecina

al tronco carcomido y polvoriento.

 

No será, cual los álamos cantores

que guardan el camino y la ribera,

habitado de pardos ruiseñores.

 

Ejército de hormigas en hilera

va trepando por él, y en sus entrañas

urden sus telas grises las arañas.

 

Antes que te derribe, olmo del Duero,

con su hacha el leñador, y el carpintero

te convierta en melena de campana,

lanza de carro o yugo de carreta;

antes que rojo en el hogar, mañana,

ardas en alguna mísera caseta,

al borde de un camino;

antes que te descuaje un torbellino

y tronche el soplo de las sierras blancas;

antes que el río hasta la mar te empuje

por valles y barrancas,

olmo, quiero anotar en mi cartera

la gracia de tu rama verdecida.

Mi corazón espera

también, hacia la luz y hacia la vida,

otro milagro de la primavera.

Es que los dos poemas sobre árboles más famosos en español son el del ciprés de Silos, de Gerardo Diego, y el del olmo viejo, hendido por el rayo, de Antonio Machado. 

Lo que he echado de menos era precisamente que el Parador aportara algo de información al huésped, en el que le explicara que los árboles de su jardín eran olmos. Para que éstos fueran, al menos, conscientes de la majestuosidad de los árboles que les proporcionaban la sombra que anhelaban.

Yo, no sé si lo he dicho ya, he pasado unos días bajo unos olmos. Han sido unos días magníficos. 

 

 

martes, 28 de abril de 2026

El señor de los anillos

https://www.youtube.com/watch?v=Veog9lA_3Zo 

 

En estos días de viajes y largas esperas en aeropuertos he tenido que matar los ratos muertos como he podido; uno de ellos ha sido con un librito de uno o dos divulgadores franceses (ojo, ese detalle es clave) que contaba, de manera resumida, la Historia del mundo. Este tipo de libros suelen ser como ver una película de las que me gustan a mí (con acción y sin besos, para empezar): no es que alberguen grandes sorpresas, pero siempre es divertida la nueva historia del pistolero que llega a un pueblo del Far West dominado por un rico terrateniente con una pandilla de matones a sueldo o del ex-Navy Seal que ha querido dejar atrás todo su pasado pero tiene que ponerse a ello una vez más cuando los malos se meten con la persona equivocada.

 

El libro, ya lo he dicho, lo han escrito franceses. Y para franceses. Como uno ya conoce a los franceses, pues no les tiene en cuenta lo encantados que están de conocerse; al contrario, lo leí como una oportunidad excelente para saber cómo ven el mundo, o su Historia. Como detalles, baste decir que citan a España dos veces: una para decir que en el siglo XVI, tras la guerra de Granada, mandaron mucho, y otra para lamentar que Napoleón, en el apogeo de su gloria, hubiera decidido meterse en España. Esto último los autores lo achacan a la hybris griega que arruina a todos los humanos que llegan a creerse dioses y que hizo que Napoleón quisiera darle un reino a su hermanito José. Explican entonces que la diferencia fundamental entre España y Europa es que en España no se sentía aprecio por los soldados franceses y, a diferencia de los demás países, allí los soldados no podían alojarse en las casas de los lugareños. ¡Porque los degollarían! Bueno, también explican (en una idea que me parece muy interesante) que la clave del éxito de la conquista de América es la enorme distancia psicológica que había entre los españoles, que vivían en la Edad Moderna, y los americanos, que en los mejores casos estaban recién salidos de la Prehistoria. Y que lo mismo habría ocurrido si aquellos españoles hubieran desembarcado en el Egipto de los faraones, se habrían hecho con el poder en un plisplás. Claro que hay que entender que el autor es francés: considera un gran explorador-descubridor al señor de LaSalle, que en realidad fue un loco iluminado vendehumos, y considera que en los siglos XVII-XVIII Francia dominaba un tercio de América del Norte (aunque tiene la deferencia de apuntar que lo hacía sin apenas franceses allí). Se ve que consideran que si un francés desciende en barca un tramo del Misisipi, toda la cuenca del río es suya. En fin, quizá algún día escriba sobre esto, porque el tema tiene mucha miga y los franceses, desde luego, no lo van a hacer.

En fin, a lo que iba. O no, una digresión previa: es curioso cómo tratan los autores la caída del imperio romano (de Occidente). Como el librito es un manual sencillo, no profundiza mucho en los porqués, básicamente ocurre. ¿Empieza entonces la Edad Media? Según ellos, no. Según ellos, empieza el año 987 con la proclamación de Hugo Capeto como rey de Francia (por cierto: traté el tema en esta entrada). Lo que hay entre los romanos y Hugo Capeto son simplemente años oscuros. Y dice que Carlomagno era un patán y que es incomprensible la alta estima que se le tiene hoy en día. Para ilustrar la oscuridad de esos años, apunta que en aquella época (en Francia) no se construyó nada. Ni un monumento, ni una iglesia, nada. ¡Estos franceses...!

La caída de Roma supuso un paso atrás civilizatorio descomunal, de eso no hay duda, pero no fue igual en todas partes. En Inglaterra supuso la vuelta a la Edad de Piedra. En el norte de África, la desolación. En Francia, ya lo vemos: los arquetipos de francos, merovingios o caloringios, analfabetismo rampante. Pero la Iglesia Católica perdura, y las sociedades, más o menos, se mantienen Vale, lo compro. Pero en la península ibérica la cosa fue diferente: estaban los visigodos. De hecho, estaban como reyes antes incluso de la caída del imperio, por lo que la caída les afectó lo mismo que nos afectaría a nosotros la desaparición de los EE.UU.: nos quedaríamos sin películas de Jason Staham, sin internet y sin montones de cosas, sería duro, pero no el fin del mundo. Los visigodos mantuvieron el tipo: la monarquía persistió, se fundaron ciudades (tres), se acuñó moneda, se promulgaron leyes (y códigos legales), se erigieron iglesias, se hicieron concilios, la sociedad se mantuvo. Y san Isidoro de Sevilla escribió las Etimologías, ahí es nada. No era una sociedad inculta, al menos no más que la romana justo antes de su caída. Eso, hasta el 711. Y desde el 711 hasta el francés 987... tampoco puede decirse que España hubiera caído en la prehistoria. La mezquita de Córdoba dice lo contrario, sin ir más lejos. Pero, insisto, no hemos de ofendernos. Es un francés escribiendo para franceses, y nuestro interés es saber cómo ven el mundo ellos, no comprobar que lo ven como a nosotros nos gustaría.

A lo que iba de verdad. El libro empieza con una reflexión, que voy a denominar El señor de los anillos porque se escribió en 2006 y las películas de ese nombre estaban de moda hasta el punto de que el autor las elige para ilustrar su tesis:

En Francia, hace un siglo, todo aquel que sabía leer también sabía situarse en el tiempo y en el espacio. Un manual redactado por dos eminentes profesores, el "Malet-Isaac", mencionaba las referencias históricas y geográficas que conocían las personas que habían superado el graduado escolar. Sin embargo, esto ya no es así. La mayor parte de los franceses, y de los occidentales en general, se han convertido en personas sin pasado, en "desmemoriados" (esta palabra describe bastante bien la situación). Por una irónica paradoja, nunca se ha hablado tanto del "deber de la memoria" como en esta época de olvido; ya se sabe, sólo se insiste en una cualidad cuando ésta se ha olvidado.

Hasta hace poco tiempo, aún se escuchaba a los franceses quejarse cuando no se sentían contentos: "si una vez hicimos la Revolución, podríamos volver a hacerla", manifestaban así que eran conscientes de una bonita continuidad histórica. ¿Qué encontraríamos hoy en la cabeza de sus hijos (al menos en la de los que no han cursado el tercer ciclo)? ¡Un caballero de la Edad Media con su armadura, cabalgando sobre un cohete interplanetario, a modo de caballo, en un lugar indeterminado! 

La película en varias entregas El señor de los anillos, una epopeya que no se desarrolla en ninguna parte, nos proporciona con su éxito el testimonio de la ignorancia universal. La culpa no es de nuestros contemporáneos si se ha descuidado instruirles sobre hechos y lugares. Un mundo apremiante ha querido sustituir el estudio de la historia cronológica por el de los temas que cabalgan por los siglos, del tipo "Los medios de comunicación a través de los tiempos". En cuanto a los lugares, todos son iguales para los apresurados técnicos que ya no quieren tener en cuenta los parajes, las ciudades actuales alinean por todas partes las mismas torres de cristal. Dentro de este barullo, los paisajes se difuminan, las culturas se disuelven, las historias colectivas se borran.  

Esta mezcolanza provoca la desaparición  de aquello que permitía a los individuos efectuar el inventario de su herencia. Si a esto se añade un tremendo desprecio por el pasado lejano y el culto a lo "inmediato", se entiende que nuestra modernidad fabrique más consumidores, "zapeadores" e hijos de la publicidad que ciudadanos responsables, deseosos de comprender y construir. Así pues, hay que ponerse en guardia: la misión más importante de una civilización es transmitir a sus hijos un patrimonio, queda a cargo de estos últimos rechazar, dilapidar o hacer fructificar su herencia.

Jean-Claude Barreau: Toda la Historia del Mundo 


Es una tesis clara con la que me temo que estoy de acuerdo. Cuando yo era chaval todos los niños leíamos tebeos del Capitán Trueno o del Guerrero del Antifaz. O del Jabato, Roberto Alcázar y Pedrín, Historias Bélicas. Astérix. Tintín. Lucky Luke. Da igual cuál. Todas eran historias que estaban centradas en un tiempo y un lugar. Fijémonos, por ejemplo, en los álbumes de Asterix: la primera página de todos ellos empieza con una pequeña "lección" de Historia: 

«Estamos en el año 50 antes de Jesucristo. Toda la Galia está ocupada por los romanos... ¿Toda? ¡No! Una aldea poblada por irreductibles galos resiste todavía y siempre al invasor. Y la vida no es fácil para las guarniciones de legionarios romanos en los reducidos campamentos de Babaórum, Acuárum, Laudánum y Petibónum...»

Con el correspondiente mapa del hexágono y la lupa centrada en ese rincón de Bretaña.


Sí, ya desde el principio aparece la situación geográfica e histórica. Pero esa acotación no era exclusiva de Astérix ni de los tebeos: películas (¡tantas películas empezaban con una introducción asterixiana!), series de televisión, novelas,... La Historia y la Geografía estaba siempre presente, sutil en ocasiones y evidente en otras. Era una lluvia fina que calaba. Puede que el ciudadano común no tuviera un profundo conocimiento de la Historia, pero las líneas generales sí las sabía. Era parte de esa cultura general que se consideraba que no tener equivalía a ser un patán.

Esa lluvia cesó. El resultado es que el conocimiento histórico y geográfico dejó de calar, dejó de tenerse. Ahora se lo considera algo a evitar, en lo que respecta a la formación de los niños, y una pedantería si un adulto lo posee y, craso error, lo exhibe. La incultura es lo que está en boga. 

¿Cuándo dejamos de valorar el conocimiento y la cultura? ¿Cuándo dejamos de considerar que las personas cultas eran la élite de la sociedad y las incultas los villanos, los destinados a ser meros braceros, el proletariado? 

No lo sé. En algún momento, tal vez poco a poco. ¿Alguien duda de que eso sea un error social? Claro que sí, hay mucha gente que sigue defendiéndolo. Los maestros, los pedagogos, los psicólogos, los políticos. Sobre todo, ellos.

Para que quede claro el párrafo anterior: lo que estoy diciendo es que los maestros, políticos y pedagogos son los principales defensores de que no se enseñe el conocimiento, Historia o Geografía. No al revés, como habría pensado cualquier ciudadano hace 100 años. 

El cambio de valores no ha sido baladí. Hace 50 años, queríamos que nuestros líderes fueran figuras sobresalientes en sus campos. Los mejores en lo suyo. Ahora no les pedimos nada de nada. Un maestro de escuela puede ser la máxima autoridad nacional sobre aeropuertos, vías férreas, carreteras y obras públicas, manejar presupuestos colosales y tener poder sobre cientos de miles de trabajadores. En otros campos ponemos a personas sin la menor cualificación. Y si no tienen siquiera el bachiller, ¿qué? Si alguien protesta, se le tilda de elitista y de facha. Que porqué no va a ser ministra una mujer que se gana la vida fregando escaleras, decía una vicepresidente del Gobierno. Koldo, el famoso portero de burdel, fue designado por ese Gobierno consejero de Renfe Mercancías. Si a nuestros gobernantes, a nuestros líderes, les importa un higo el conocimiento, el mérito, la maestría, ¿quiénes somos nosotros para exigirlo? En efecto: ya apenas requerimos a los recién licenciados que sepan de lo suyo. Becarios, se llaman. Junior, también. Y nos encontramos con ingenieros de 40 años a los que se considera "juniors" y que se dicen que están aprendiendo. Como si tuvieran todavía 18 años.

Se cometen muchos errores en el trabajo. En el campo mío, un gran porcentaje de los errores son por falta de atención. La información está proporcionada, bien clara en los planos, pero el que los tiene que interpretar no los ve. Hay muchísimas personas ahí fuera que si un plano tiene 100 palabras lee solo 30 ó menos. Y que si tiene 10 palabras no lee ninguna. Asombroso pero cierto. Otro porcentaje importante es porque leen, pero no saben interpretar. Es como si usted escuchara una canción en ruso: la oiría, pero no intentaría entender la letra. Pues lo mismo: leen, pero no hacen ningún esfuerzo por entender lo que leen. Una instrucción: ir a Rue 13 del Percebe, comprar 2 tomates, volver. ¿Qué hacen? Van a Rue 13 del Percebe y vuelven. ¿Los tomates? ¡Ah, no habían caído en la cuenta de que tenían que comprarlos! No se fijaron, dicen. 

Pero, claro, esta Semana Santa hice esta foto:


No sé si maravillarme u horrorizarme. La criatura no tiene 24 meses, y ya maneja una tableta. Y un lápiz señalador, o como se llame. No sabe leer, pero interactuar con pantallas informáticas lo hace sola. Hace 25, 30 años, se decía que hay que ver, en el futuro los "nativos digitales", un término que se creó para referirnos a los que, a diferencia de nosotros, vivían en un mundo informatizado, patatín, incluso se hablaba de que tendrían los pulgares no sé cómo, etc. 

Pero ¿cómo será de ese bebé cuando sea adulto? ¡Ah, datis! Voy a especular: asombrosamente fluido y cómodo cuando se trata de moverse a través de cuestionarios y pasar pantallas, excelente interpretando botones y encontrando opciones "ocultas", pero incapaz de enfrentarse a un libro. Si puede, esperará a que salga la película. Si no, para eso estarán los audiolibros. Puede incluso que la IA genere audiolibros con audiovídeos, y así es más fácil, no ha de imaginar a Ivanhoe o a Robinson en su isla.

Ese futuro no está tan lejano: ya hoy en día los jóvenes ingenieros prefieren ver vídeos tutoriales en Youtube en vez de atender explicaciones. Los ingenieros, según mi concepción del mundo, somos la élite de la sociedad: pues imagine, entonces. O los mapas: no es que no se miran, es que son incapaces de localizar una población en un plano y encontrar la ruta hasta allí. El año pasado paré en una gasolinera a comprar un mapa de carreteras de Michelin y el dependiente me miró como si hubiera bajado de una nave espacial. Huelga decir, no tenía. Desde hacía años.

El otro día, una señora (ya mayor) me preguntó por una dirección. Estaba dos calles más abajo, por cierto. Me llamó la atención porque ya nadie pregunta direcciones. Todos tenemos móvil, ¿no? Pero esto también tiene consecuencias: los jóvenes ya no saben los nombres de las calles, y los recorridos habituales se los saben de memoria, pero los recorridos no usuales los hacen móvil en mano. Sí, la tecnología nos cambia. Cambia primero nuestros hábitos, y luego cambiamos nosotros. Hace 20 años me habría reído o me habría encolerizado si me dijeran que el dinero en efectivo iba a desaparecer. Hoy, para mí, es (casi) sólo un recuerdo. Algo que usaban los cromagnones, aunque aún queda alguno por ahí.

Así que sí. Hace 20 años El señor de los Anillos era un síntoma de lo que se nos venía encima. Hoy podemos confirmar que la evolución es cierta. Y no tiene marcha atrás. ¿Cuánto sobrevivirá "el mundo antiguo"? Lo que sobrevivamos nosotros. Cuando muere el penúltimo hablante de una lengua, la lengua muere (el último no tiene con quién hablarla, ¿no?). Cuando muera el último analógico, sólo quedarán digitales. 

Un último ejemplo. De vez en cuando me toca interactuar con ingenieros jóvenes, arquitectos jóvenes, aparejadores jóvenes. Titulados universitarios. No saben croquizar a mano, es decir, no saben plasmar sus ideas con un dibujo a mano (necesitan un ordenador), pero bueno. Ahora bien, tampoco saben explicarlas. Al menos, por escrito. No saben escribir. Saben pedirle a la IA que lo escriba por ellos. Pero ellos no saben. ¿El paso siguiente, en la evolución? Hoy, no saben expresar con precisión lo que se les ocurre; mañana, quizás no se les ocurrirá nada.

Pero no es algo que me preocupe. No es mi problema. 

 

 

 G.F. Händel - Sabaranda para cuerda y continuo 

 

   

 

jueves, 23 de abril de 2026

El Caballero y la Princesa

San Jorge. Un día muy especial, dedicado —ya no —a un santo muy especial.

 En mi libro escolar de lecturas de cuando tenía 7 años, la historia de san Jorge se contaba así:


 

¿Igualito que ahora? Lo dudo.

Para empezar, mi libro era tamaño cuartilla. Es decir, cada hoja era tamaño A5 aproximadamente. La mitad que los libros de ahora. Dejo que cada uno busque las otras diferencias. 

Y en otra entrada volveré al tema. 

jueves, 29 de enero de 2026

Las novelas en 2035. O en 2045.

Las cosas como son: 2025 ha conocido una explosión de los LLM (las IA, como se conocen popularmente) y una tremenda popularización. Ya quedan pocos estudiantes que no las empleen, menos aún periodistas, han irrumpido en los despachos profesionales y hasta jueces y fiscales confían sus escritos e incluso sentencias a estas inteligencias artificiales. ¿Alguien cree que los novelistas no lo hacen, o no lo hacen todavía?

En realidad, es que no importa si no lo hacen o no lo hacen todavía: lo van a hacer. Y en diez años creo que podemos estar seguros del paisaje que ofrecerá el mundo de las novelas.

Se escribirán millones al año. Miles de millones. Las escribirán las IA, los "novelistas", mantengámosles ese título, le darán a las IA unas instrucciones con las líneas generales para escribir la novela, y en minutos la IA la habrá escrito. Seguramente le dará unas instrucciones similares con algunas modificaciones, y novela nueva. "Escríbela para que guste a muchachas adolescentes": ¡pumba!. "Ahora, para muchachos adolescentes": ¡pumba de nuevo! ". Ahora, para quien ha de coger un avión, para quien tiene que hacer un regalo navideño o por el día del libro. Las IA escribirán novelas a cascoporro. El novelista le dirá que ponga un misterio de habitación cerrada, y voilá. Con una reflexión psicológica sobre el carácter del criminal o sobre la supervivencia en la Europa medieval, y listo. En minutos uno tendrá una novela, y Amazon o el portal de novelas que se elija la publicará instantáneamente. Para entonces todos, cuando leamos una novela, recibiremos sugerencias sobre qué leer a continuación; y si no, tendremos menús para encontrar lo que nos interese: una novela de zombies en la época vikinga, con algo de sexo pero no muy explícito, con una muchacha de 14 años protagonista y dos amigos de edad similar... Sin problemas. Y si no nos gusta, diez segundos después tenemos otra.

Más aún: multitud de lectores se "escribirán" ellos mismos las novelas que quieren leer. Se las escribirá la IA, claro, pero las instrucciones, temática, ambientación, argumento, aspectos que tratar, todo lo que el lector quiera leer se lo habrá dicho él mismo. A fin de cuentas, tampoco habría mucha diferencia con lo que generaría el novelista profesional. Tal vez, que éstos combinan más "ambientes": las instrucciones que dará un escritor amateur serán muy simples, las que dará un profesional serán mucho más elaboradas: tramas secundarias, contextos históricos, ambientaciones más detalladas, giros más imaginativos o sorprendentes, etc. 

Esto será el grueso de las novelas que se escribirán.

Un grande pero reducido número de novelas tendrán más tratamiento humano: serán aquellas que el novelista crea que pueden triunfar, tener más éxito. En ésas el autor pulirá el texto de la IA, refinará las instrucciones, la mejorará en suma. Supongo que estas novelas las reconoceremos porque serán más caras que las anteriores.

El tercer grupo de novelas serán las ya escritas. La Ilíada, la Odisea, Robinson Crusoe o La tía Tula, la caza del Octubre Rojo o Malena es un nombre de tango. Novelas escritas por novelistas humanos, novelas de siempre. Éstas las leerán los lectores más cultos, no serán lecturas de masas pero se seguirán leyendo. También, por supuesto, las leerán los lectores antediluvianos que no hayan hecho la transición a las novelas del siglo XXI, pero a medida que vayan muriendo sus bibliotecas irán camino de los vertederos: en 30 años, pongamos 2055, esas novelas las leerán las mismas personas que todavía leen El Quijote o las obras de Tirso de Molina.

Y luego habrá lo que llamaremos las novelas "premium": novelas modernas, escritas íntegramente por humanos, publicadas por editoriales que incorporarán un sello tipo "AI Free" y que certificarán que sus novelas son 100% humanas. Estas novelas, como es lógico, serán mucho más caras que las novelas que las IA generan en segundos, así que será un sector de lujo. Como el que tiene un retrato al óleo en su casa en vez de una simple fotografía enmarcada.

Una variante serán también las novelas "vivas": a medida que el lector va leyendo (recordemos, en un dispositivo electrónico) la novela le ofrecerá opciones para continuar y la misma novela irá mutando según las indicaciones del lector; incluso si quiere que se le detalle más o menos una escena, por ejemplo. Sin duda, los algoritmos de los proveedores de las novelas irán tomando buena nota de las preferencias de los lectores, y las sugerencias irán afinándose cada vez más.

Sí, se escribirán millones y millones de novelas. Si se puede seguir describiendo su creación como "escribir". Y a los autores, como autores. Y sin embargo, seguirán apareciendo novelas "auténticas". En realidad, da un poco igual. Lo importante es que seguirán leyéndose novelas, porque las novelas son historias contadas de manera que no hay vídeo o película que pueda igualar. Y los verdaderos novelistas saldrán adelante.

 

Ahora bien, les confieso una cosa: como lector de Maigret, echaré de menos ya el olor a tabaco en las tabernas parisinas que Simenon describía con tanta maestría y que, me temo, una IA no captará nunca 

    

lunes, 12 de enero de 2026

Estoy escribiendo un libro

https://www.youtube.com/watch?v=Lu-E-mBNLP4 

 

 

De hecho, estoy escribiendo varios. Aunque huelga decir que ninguno de ellos llegará a ver la luz: ni siquiera los voy a terminar.

¿Entonces? ¿Por qué?

Por ejercicio mental. He leído mucho, he resuelto incontables rompecabezas y pasatiempos y, en el ámbito laboral, me he dedicado toda la vida a solucionar problemas que la mayoría eran incapaces siquiera de plantear correctamente. Pero escribir un libro es otro tipo de ejercicio mental. Y uno que, lo reconozco, me está gustando mucho. 

Es un trabajo doble. El primero de ellos es pensar. Pensar qué ocurre, qué se cuenta, cómo se cuenta. Es todo un ejercicio mental, porque uno no escribe todo lo que piensa, hay que afinar, perfilar, depurar. Y si hablamos de un libro, hay que estructurar, planificar, pensar en líneas generales y en detalles. Es, ya digo, muy entretenido. Y en cualquier momento libre: andando por la calle, nadando en la piscina, conduciendo, viajando, esperando. En cada momento que a uno le dejan tranquilo hay una ocasión para rumiar un pasaje cualquiera.

El segundo ejercicio es escribir. Hay que recordar lo pensado (no es tan fácil como se cree), y escribirlo. Y al escribirlo, otra vez: afinar, perfilar, depurar. Y no, escribir no es como pensar. Es un ejercicio distinto. Pensar, pensamos todos, y todos pensamos que, en consonancia, somos capaces de escribir. En rigor es así, pero.. haga una prueba: escriba una anécdota suya de este verano. Escríbala de forma que otra persona quiera leerla hasta el final. Cuesta más de lo que creía, ¿verdad? Y si además ha optado por escribir a mano (ni punto de comparación con la escritura por teclado)...

Son dos maneras de ejercitar la mente. Y entretenidas, ambas. Por eso lo hago, me está gustando. Y por eso se lo recomiendo. Nunca es demasiado pronto para empezar; intente que no sea demasiado tarde.

 

 

Haendel - Il delirio amoroso HWV 99 "Un pensiero voli in ciel"

jueves, 1 de enero de 2026

El fúlgido planeta

Luis de Camoes, Los Lusíadas, canto II, estrofa 1:

Ya en este tiempo el fúlgido planeta

Que las horas del día midiendo

Llegaba lento a la anhelada meta,

La alba luz a las gentes encubriendo,

Y de la casa de la mar, secreta,

La puerta el Dios nocturno le está abriendo,

... 

Un escritor moderno habría escrito:

Al caer la noche,

...

Por detalles como éste Luis de Camoes, que escribía en portugués y en español, es uno de los más grandes y a los escritores modernos nadie los lee 500 años después.

 

Por cierto, faltan los dos últimos versos de la estrofa:

Cuando los de la Isla se llegaron

A las naves, que ha poco que ancoraron. 

 

Ojalá en este 2026 que empieza aprendamos a valorar un poco más las cosas bien hechas. 

 

sábado, 6 de diciembre de 2025

Los años que se tienen

 

 

ABUELO.—Si fuera por mí, te recibiría tranquilo. Tengo setenta años.

PEREGRINA.(Con suave ironía.) Muchos menos, abuelo. Esos 70 que dices son los que no tienes ya.

 

Es un fragmento de La dama del alba, de Alejandro Casona. A esas alturas de la obra tanto el abuelo como los espectadores saben que la peregrina es, en realidad, la Muerte. Por eso la peregrina, que sabe cuándo tendrá que volver a por el abuelo, le dice que no alardee, que los que tiene son los que le quedan por vivir, muchos menos; los setenta son los que ya ha gastado de los que tenía al nacer.

Es, digámoslo así, otro planteamiento. Otra forma de ver la vida.

 

En otro orden de cosas, provoca cierta ternura comprobar que, en 1944 una persona de 70 años era "ya muy vieja". Y lo era. 

 

miércoles, 3 de diciembre de 2025

El libro es mejor

https://www.youtube.com/watch?v=u3xmGjr_xMk 

 

 

La otra tarde me encontré con la película "El guía", de Alfonso Cuarón, 2023. Sólo viendo la imagen del cartel supe que era un relato del mismo título de Frederick Forsyth, llevado al cine.


Hace algún tiempo, pongamos que 50 años, los autores que dominaban la escena eran Graham Greene, Morris West, John Le Carré y Frederick Forsyth. Y algún otro que me dejo (D.L.&L.C. entre ellos). Eran autores de novelas basadas en el mundo de la guerra fría y la Segunda Guerra Mundial, espías y soldados de fortuna, también otros pero sobre todo, siempre muy bien llevados, atrapando al lector hasta la sorpresa final. Los clásicos libros que de pronto uno se da cuenta de que son las dos y media de la madrugada.

Pues bien, ese año de 1975 Frederick Forsyth escribió "El Guía", un relato corto sobre un piloto que sobrevuela el Mar del Norte una Nochebuena y se queda sin instrumentos de navegación. Por decirlo al modo de los estadounidenses, si discutiéramos sobre cuál es el mejor relato corto de siempre éste estaría en la conversación. Es un relato genial, fantástico, y no puedo menos que recomendarles que lo compren estas navidades si no es que lo tienen ya.

Así que es fácil comprender que me lancé a ver la película de inmediato. Un mediometraje, 39 minutos, como corresponde a un relato corto. 

Y está muy bien.

Si no ha leído usted el libro, claro. En cuyo caso no hay color. Y no es porque cambien el final, que lo cambian.

Supongo que es porque el mediometraje es para Disney+, una especie de cuento de navidad: desde luego, el filme insiste mucho en que es la noche de Navidad y cosas de ésas, y el relato original se centra en la angustia del piloto mientras está perdido y la manera en la que se explica el asunto, después. Claro, sin sentir la angustia del perdido todo lo demás falla. Y cuida que era fácil, habría bastado con unos flashbacks en los que aparezca el piloto en las clases, con el viejo sargento instructor Norris explicando qué han de hacer a medida que el piloto lo intenta y falla. Sí, en el filme da unas pistas sobre ello, pero no funciona. No sé porqué no se centra en el piloto perdido, supongo que porque si sólo sale el piloto no se puede expresar que es Nochebuena.

En fin, un buen mediometraje. Pero el libro es mucho mejor. Dentro de 50 años alguien seguirá leyendo el relato, de 100 años entonces, pero nadie verá ya la película. 

 

 

Un chascarrillo final: la película está producida por John Travolta, quien imagino que por edad fue quien había leído el relato en su tiempo y quiso llevarlo a la gran pantalla. Como es el productor, se reservó un pequeño papel. Pero en la historia sólo participan británicos, y me temo que Travolta no logra imitar el acento británico (impagable, el del ordenanza Joe). Así que en la película... es canadiense.

 

 

Anne Chmelewsky - El guía (BSO): Fallo del compás 

sábado, 22 de noviembre de 2025

El abad, el superior y Pedrillo

https://www.youtube.com/watch?v=yEbaeLv-aOo 

 

 

Un cuento de mi infancia. No sé si sería tradicional antes, tristemente ya no lo es ahora. Signo de los tiempos, me temo.

El caso es que no recuerdo bien el cuento. Ni su título, ni su planteamiento ni su desenlace. Pero sí recuerdo el meollo del nudo. Vamos allá.

La historia versa sobre un monasterio en la Edad Media. Los monjes han acogido a Pedrillo (no recuerdo el nombre, pero éste me vale), muchacho despierto pero travieso: todos los monjes le quieren, pero sus trastadas les exasperan.

El monasterio está regido por un abad con fama de sabio. Un buen día, Pedrillo encuentra al abad todo alterado y al preguntarle el porqué de sus nervios éste le cuenta que ha recibido un aviso de que le va a visitar el superior de la orden, que tiene fama de ser muy exigente, y seguro que le buscará las cosquillas para pillarle en un renuncio. Pedrillo se ríe, y le dice que no se preocupe, que él le sacará del apuro.

Llega el superior y visita el monasterio. Después del refrigerio se aparta con el abad a una cámara a charlar con él, y entonces le dice que ha oído que tiene fama de sabio y que quiere ponerle a prueba para comprobar esa afirmación. Para ello le hace tres preguntas:

—¿Dónde está el centro de la Tierra?

    ¿Cuánto dinero valgo yo?

    Y ¿Qué estoy pensando que es cierto y no es verdad? 

El abad medita unos segundos y entonces le responde:

—El centro de la Tierra está debajo de vuestros mismísimos pies, pues que siendo la Tierra redonda todo punto marca el centro.

    Valéis 29 monedas, pues a Nuestro Señor lo tasaron en 30 y todos nosotros valemos menos que Él;

    Y lo que estáis pensando que es cierto y no lo es es que estáis hablando con el abad, pues yo no lo soy.

En esto el falso abad se quita la capucha del hábito y se descubre que no es el abad sino Pedrillo, que se ha hecho pasar por él.

El superior reconoció el ingenio y la picardía del abad y del muchacho, y se marchó complacido de allí.

 

 

Una vez escrito hasta aquí entro en internet y encuentro que hay un cuento muy parecido: "El abad y los tres enigmas". No es como yo lo he contado, las preguntas y respuestas son un poco diferentes, también el entorno, los personajes y sus motivaciones,... en fin, los cuentos los personaliza cada uno como quiere. Lo que es seguro es que este cuento se está perdiendo. No se ha perdido del todo porque todavía queda algo en internet, pero en la práctica, como si estuviera ya erradicado.

Y es que ya ni se cuentan cuentos a los niños ni estos leen cuentos. El lema de ahora parece ser que donde haya una play o un teléfono con internet, que se dejen de cuentos. 

 

 

Donna Summer - I feel love

viernes, 17 de octubre de 2025

Naves en anillo entrando en el hiperespacio

 https://www.youtube.com/watch?v=BiIB-08dLXw

 

 

Este verano he leído muchas novelas de ciencia ficción, rama ciencia ficción militar que creo que los americanos denominan militar space opera. Star Treck es un buen ejemplo de este estilo de novelas, series de televisión y películas, también Star Wars. Aunque éstas en concreto no son las que yo leo o veo, pero para que se hagan una idea. A veces un autor da con una buena trama, y de la idea salen las novelas que quiera ambientadas en un mismo universo. A veces salen 4 novelas, a veces 8 y hay una serie que llevo ya 22 novelas. 

Lo confieso: me gustan, me entretienen.

Pero... a veces, algunos detalles científicos o técnicos que el novelista se inventa me chirrían demasiado. Claro que hay que entender que el autor es novelista y cuentacuentos, no científico ni ingeniero. Y que, caramba, aquí lo que importa es que la historia esté bien contada, no su riguroso realismo, que entonces no habría ni novela. Es importante el matiz de que es el subgénero de la ciencia ficción militar: no son novelas de ciencia ficción pura, en las que la clave de la historia es un avance científico o tecnológico, sino novelas en las que ese desarrollo tecnológico es sólo el ambiente en el que transcurre la novela. Repito, como en La guerra de las galaxias.

Originalmente empecé este artículo para explicar cómo deberían ser en realidad las naves espaciales, en anillo, como cilindros lo más chatos posible, en vez de los barcos y submarinos espaciales que se acostumbran a describir en novelas y mostrar en series, pero he decidido cambiar su rumbo a errores groseros de la ciencia ficción militar.

El primero de ellos es el tránsito entre sistemas estelares. Algunas series centran la trama en el mismo sistema estelar, sin abandonarlo, por lo que no les afecta este detalle, pero muchas son de ámbito galáctico. Y las naves pasan de un sistema estelar a otro que está a lo mejor a 20 años luz como quien va a comprar tabaco. Hacen un "salto". En algunas novelas, el salto es instantáneo, llegando a explicarlo como que la nave pasa a un universo alternativo en el que es todo igual pero esa nave está en el otro sistema estelar, ya ven el nivel; en otras, el salto dura horas, y en otras días (pero no muchos). En todos los casos la nave se ha de aproximar al punto de salto, que es un lugar indeterminado que está por ahí, y en esto se difiere de La guerra de las galaxias, donde las naves tenían tan solo que "saltar" al hiperespacio pero podían hacerlo en cualquier sitio y momento.

Lo más gracioso, para mí, es que los novelistas suelen describir cómo es ese salto, pero nunca lo explican. Incluso llegan a hacer decir a los protagonistas que "no saben cómo funcionan". Yo no soy novelista, pero estoy seguro de que no me costaría nada encontrar una explicación perfectamente lógica. Vamos, que sé cómo lo explicaría y les aseguro que les convencería.

Otro aspecto que me llama la atención es la velocidad de las naves. Es evidente que han de tomarse licencias poéticas, pero naves que se ponen a 108 millones de kilómetros por hora e incluso más en lo que les cuesta apretar el acelerador... Casi prefiero a los novelistas que confunden aceleración con velocidad y escriben que las naves van a 5g. Pero, claro, si una nave tiene que tardar un mes entero en cruzar un sistema estelar, no digamos un año,... es como ver una película en la que el protagonista se baja del taxi y se espera a que el taxista le devuelva el cambio o pase la tarjeta por el tpv y "espere que le doy el recibo".

Luego, el tema de los sensores. Es algo que me molesta especialmente. Llega una nave a un sistema estelar, y desde el punto en el que accede es capaz de detectar todo. Puede haber una nave a 6 millones de kilómetros, y no sólo identifican la nave sino que si en ese momento sale un tipo de esa nave a hacer un paseo espacial, también. El Hubble es incapaz de siluetear Plutón, no proporciona nada mejor que un simple punto por más zoom que se haga, y cualquier nave en una novela detecta una manifestación de protesta en las calles de una ciudad de un planeta. Algunos novelistas no caen en la trampa que supone ser capaz de verlo todo y pueden permitirse ataques sorpresa, que las naves no sepan qué pasa realmente en los planetas y todo eso, pero muchos sí. 

Por supuesto, la gravedad en las naves espaciales y en las estaciones orbitales. Está claro que no tienen ni idea de cómo se generaría la gravedad en una nave o estación espacial.

¿Dónde se construyen esas naves? Nunca se sabe. Se habla de astilleros, de dársenas (en las novelas, las naves son barcos espaciales, y toda la terminología pasa a ser marina), pero todo muy genérico, sin entrar en detalles. Hay una serie de novelas muy buenas en las que la Tierra tiene un puerto espacial al que se accede mediante un ascensor directo de 500 km de recorrido.

La sanidad futura da lugar a ciertas paradojas. Hay novelas en las que se es capaz incluso de resucitar a un muerto (si no ha llegado a estar muerto más allá de lo recuperable): es llevar un poco más allá el que no muera quien ha tenido un infarto o se ha ahogado en el mar, pero en cambio no hay ultraviejos y a los 100 años todos muertos. Curioso.

En algunas novelas el universo está vacío o cuasivacío (me refiero a otras especies inteligentes), lo que me parece bien. A veces hay alguna que otra especie inteligente. Pero en otras novelas el universo es un hervidero, y no nos habíamos enterado. Curiosamente, el ser humano casi siempre es capaz de comunicarse con fluidez con esas especies.

En fin, hay muchos aspectos a los que podría sacarles punta. Y es que todos los escritores de ciencia ficción, Julio Verne incluido, sólo imaginan cosas que ya se pueden imaginar: Verne, por ejemplo, nunca escribió sobre el teléfono o sobre los ordenadores, y por eso el viaje a la Luna fue dentro de un obús disparado con un cañón. Y si el novelista no sabe mucho sobre construir barcos, por ejemplo, pues poco podrá escribir sobre cómo se construye una nave espacial. Y si quiere que la nave espacial sea como un buque militar pero no ha navegado en buques militares, pues sólo podrá sacar las ideas de las películas de barcos.

Pese a todo, me gustan. Me entretienen. ¿Les recomiendo una? Redshirts, de John Scalzi. Aunque quizá no sería correcto que su primera novela de ciencia ficción militar sea una tan buena.

 

 

Mary Hopkin - Those were the days 

miércoles, 2 de abril de 2025

La evolución demógrafica explicada en 4 líneas

«A lo largo de la historia evolutiva humana, puede haber habido algunas mujeres de mente independiente que se pensaron bien las cosas y decidieron evitar el dolor y los riesgos de la maternidad. Esas mujeres no son nuestras antepasadas.

También puede haber habido familias que decidieron acabar con las reglas y costumbres que fomentaban la crianza de los hijos. Nuestros antepasados no pertenecían a familias como ésas.

Nuestros antepasados formaban parte de familias que creían en la importancia de los niños y trabajaban duro para producir la siguiente generación».

 

La cita es de "A Story of Us: A New Look at Human Evolution" (2021) de Lesley Newson y Peter J. Richerson, un matrimonio de la Universidad de California que se dedica a la investigación en evolución humana y antropología evolucionista. 

Su tesis es que los humanos no triunfan por ser los más fuertes, sino los mejores colaboradores en la tarea interminable de criar a la siguiente generación.

Y no les falta razón.

jueves, 20 de marzo de 2025

Sufragio universal

https://www.youtube.com/watch?v=kd5dcirhjoQ

 

 

Leo una entrevista en prensa a un economista, y no he podido menos que recordar el relato de Isaac Asimov "Sufragio universal", escrito en 1955. Sorprendente además que la acción transcurre en 2008 (en 1955 eso estaba muuuuy lejos), y diría que en 2028 sí podría ser. Que no será, pero desde un punto de vista técnico sí podría ser.

El relato imaginaba que en 2008 (y antes, pero la acción pasa ese año) las elecciones presidenciales de los EE.UU. no se hacen como siempre, votando muchos millones de estadounidenses, sino que las supercomputadoras (en los relatos de Asimov es siempre MULTIVAC, un supercomputador central con datos de todo y todos; en 1955 creo que le parecería demasiado fantasioso que todo el mundo tuviera varias en su casa y una en el bolsillo) elegían a un ciudadano típico, y era ese ciudadano el que elegía al presidente. MULTIVAC sabía los gustos, las preferencias, los deseos y los intereses de todos, y establecía quién era el ciudadano más promedio posible; este ciudadano era el día de las elecciones sometido a un intenso interrogatorio, y de ahí salía el designado. La idea base es que la elección del ciudadano seleccionado sería a la postre la misma que si hubieran votado todos los votantes. 

¿Por qué digo que en 2028 podría ser? Internet ya lo sabe casi todo de nosotros, y cuando la IA entre de verdad, el conocimiento de la psique humana que tendrán las máquinas (todas las máquinas del mundo, conectadas, es lo mismo que un MULTIVAC, o en cualquier caso los servidores de Silicon Valley dan el pego) será tremendo. 

¿Y por qué me he acordado de este relato al leer la entrevista? Por respuestas como ésta:

«La idea central de [su libro] El mito del votante racional es que cuando tus errores tienen consecuencias directas sobre ti mismo, tiendes a ser más racional. No perfectamente racional, pero sí más cuidadoso. Si gastas tu propio dinero y tomas malas decisiones, tú sufres las pérdidas. Esto aumenta la probabilidad de que actúes racionalmente. Por el contrario, cuando las decisiones no tienen consecuencias personales directas, la racionalidad disminuye de forma drástica. Lo vemos en política: la gente muestra su peor versión, actuando de forma dogmática, irracional e injusta. Ocurre porque el voto individual apenas tiene consecuencias prácticas. Si votas por políticas nefastas, las consecuencias para ti son iguales que si hubieras votado racionalmente, porque eres solo una persona entre millones. Imagina que vas al supermercado y llenas tu carro con productos que no te gustan. Al salir, lamentarás haber gastado tu dinero así. Pero el sistema democrático parece diseñado precisamente para animar a la gente a defender ideas extremas o absurdas con consecuencias mínimas».

El votante actual (al menos en España, en Iowa no sé) vota sin pensar. No sabe qué vota. No conoce el programa electoral, no cree siquiera que tengan intención de cumplirlo, no conoce siquiera a los que se presentan (¿alguien puede decir los nombres de los que se presentaban por el partido que votó al Congreso por su provincia?),... Por lo general, en nuestra piel de toro se vota a la contra: al partido que más detesta el candidato al que más detestamos. Los que ése no quieren que gane, esos son los nuestros. ¿Es racional esto? Claro que no.

Además, visto cómo votamos, a veces pienso que daría lo mismo que las computadoras eligieran una persona al azar y que esa persona fuera la que votara por todos. 

Por cierto: el relato de Asimov lo pueden leer en este enlace: https://lecturia.org/cuentos-y-relatos/isaac-asimov-democracia-electronica/16953/ 

 

Little big town - Tornado 

domingo, 16 de febrero de 2025

La humanidad de Hacienda... en el siglo XVI

https://www.youtube.com/watch?v=ne_ubZipcew

 

 

[...]

Esta fue la primera vez que se empleó la donación como estrategia de pacificación de los nativos y no sería la última, aunque no siempre se consiguió el éxito deseado. Los presidios pasaron a ser agencias de paz, y los capitanes almacenaban los productos que debían repartir entre los pacificados chichimecas. Los utensilios para la cocina y la ropa eran los regalos más apreciados. No teniendo que guerrear más, los capitanes presidiales se convirtieron en protectores de indios, alejándolos de la influencia de otros grupos aún belicosos y de algunos mineros que intentaban esclavizarlos.

    Con la llegada de la paz también regresaron los frailes, quienes establecieron misiones entre los indios, era el compromiso de la Corona, convertirlos al cristianismo y españoles de provecho. A esto colaboraron en gran medida los tlaxcaltecos ya totalmente hispanizados, los otomíes y otras naciones de indios, que sirvieron de modelo para los neófitos. Con este plan, un par de familias de la Tlxacala se establecían en cada asentamiento indio, relativo sacrificio para ellos con el que, a cambio, obtuvieron exenciones en el pago de impuestos y otras prebendas. 

    El tema de los impuestos tampoco fue regular a lo largo de los años. Teóricamente todas las actividades debían pagar el quinto real, pero en la práctica y en regiones tan depauperadas como el norte de la Nueva España esto sólo afectaba a los mineros, a pesar de que el rendimiento de las minas era muy dispar. Salvo algunos puntos de gran abundancia como Zacatecas, la media general no era para hacerse rico, lo que retraía a otros mineros de poblar el territorio. Se introdujeron descuentos en el impuesto real, pasando del quinto habitual al décimo y en algunos casos al vigésimo. En la Nueva Vizcaya no comenzaron a pagar ese impuesto hasta el descubrimiento de las minas de Indé y Santa Bárbara en 1567.

    Otras actividades como la ganadería o la agricultura eran poco menos que de subsistencia, salvo en el caso de los grandes terratenientes, pero con los continuos ataques de los indios era difícil para las autoridades gravar a los ricos hacendados, quienes, en muchos casos, mantenían de su bolsillo cuerpos militares que sujetaban la frontera, y lo que no querían las autoridades era que estos también despoblasen el  territorio.

    Esa era básicamente la situación económica en el norte de la Nueva España, de los impuestos recaudados había que mantener misiones, presidios y los regalos de pacificación a los indios, quienes eran los principales beneficiarios de los ingresos de la Caja Real, sin colaborar en el incremento de ésta por ningún concepto. Con el paso de los años, el aumento de las necesidades de defensa y misionales, y la multiplicación de los enemigos, agravó la situación económica. El norte de la Nueva España fue deficitario a lo largo de todo el periodo español.

 

Es un fragmento de Presidio (ed. 2024, pp 79-80), de Jorge Luis García Ruiz, "la historia documentada de 300 años en la frontera norte". En el siglo XVI se pagaba a Hacienda (no tenía ese nombre aún) el quinto real, el 20% de los ingresos (y de los botines de guerra). Pero, como se ve, había suficiente humanidad como para flexibilizar la regla.

Como ahora.

 

 

Comentario adicional: es un libro muy interesante que me trajeron los siempre acertados Reyes Magos, pero en realidad lo compré a finales de septiembre o primeros de octubre, durante una visita de obra en Valencia; al terminar la visita di un paseo por los alrededores, tal vez buscando dónde comer, vi una librería, entré, el libro me pareció interesante y lo compré. Según la página de créditos el libro se editó en septiembre, así que la visita de obra se produjo justo a tiempo. Quiero resaltar además la importancia de las librerías como comercio de proximidad: sin ellas dudo que hubiera descubierto o comprado el libro. 

 

 

The Dixie cups - Chapel of love 

miércoles, 27 de noviembre de 2024

Queremos comprarle a Toño un lector de libros electrónicos. ¿Algún consejo?

Cuando uno se plantea qué lector de libros se compra, lo que se está planteando es si se compra un Kindle o un no-Kindle. Para encontrar la solución idónea hay 3 aspectos que considerar.

 

1º: En lo básico, todos los lectores de libros son iguales, todos hacen lo mismo y todos permiten lo mismo (más o menos). En todas las marcas hay un nivel base, que sólo permite leer, y diversos niveles hasta uno superior, que permiten escribir dentro del mismo libro. En mi opinión, el único extra que ha de tener el lector es luz para poder leer en situaciones de iluminación insuficiente. Todas las marcas tienen modelos con luz.

 

2º: Por tu pregunta infiero que en casa sois todos legos en el mundo de los libros electrónicos. Por lo tanto, no conoces Calibre. Calibre es un programa que permite tener ordenada la biblioteca de libros electrónicos en el ordenador (piensa que esas bibliotecas son de cientos de libros casi desde el primer día, y no se tarda mucho en tener miles). Todo usuario de lectores tiene el programa Calibre. Además de tener ordenado el ordenador, Calibre permite tener ordenado el propio lector de libros y además transferir con comodidad libros del ordenador al lector. Se puede hacer la transferencia de manera manual, claro que sí, pero teniendo Calibre nadie lo hace. Se usa Calibre.

 

Otro uso muy importante de Calibre es que permite copiar los libros a un formato distinto. Los libros electrónicos son archivos informáticos, que tienen un determinado formato. Pero igual que hay archivos de texto que son TXT, otros RTF, otros en formato word y en formato pdf, los libros electrónicos pueden ser en todos esos formatos y muchos otros. El epub fue, en su momento, el formato estrella, pero no es el único.

 

3º: En principio, todos los lectores de libros leen libros en todos los formatos… con una excepción: sólo kindle lee los libros en formato kindle. Por eso te decía que la decisión es si se elige un kindle o un no kindle. En principio, un kindle te aporta todo lo que los otros lectores y mucho más. Pero también tiene un lado tenebroso del que debes ser consciente. Y eso está ligado con una decisión adicional que hay que tomar: ¿comprarás libros en portales de librerías, o los conseguirás de manera gratuita en páginas de descarga en internet?

 

En casa hemos tenido muchos lectores de libros. Al final, todos usamos kindle. La razón fundamental es que cuando hemos querido comprar un libro de manera legal en las muchas librerías electrónicas no lo hemos conseguido. En algunos casos llegamos incluso a perder el dinero: pudimos descargar el libro, pero no leerlo. Eso, con un kindle no pasa. Como supongo que ya sabrás, Kindle es un lector desarrollado por Amazon. Amazon, te recuerdo, empezó como un negocio de venta de libros por internet. En su día yo era escéptico, pero te aseguro que mis primeros libros por internet los compré a finales de los 90 y me quedé maravillado de hacerlo. Estos tíos, de esto, saben. Así que lo fuerte del Kindle es la compra de libros por Amazon.

 

Yo casi nunca descargo un libro por internet: alguna vez, libros descatalogados que no existen en formato electrónico. Normalmente, los compro. Amazon tiene muchas ofertas, y hay libros que valen 50 céntimos. Por menos de 1 € tienes muchísimos. Si lo piensas, por lo que vale una Coca-cola en un bar puedes acceder a un catálogo enorme, y un libro lo disfrutas muchísimo más que una Coca-cola en un bar. Yo compro.

 

Comprar un libro electrónico en Amazon es fantástico: en que pagas se te descarga en el kindle. Yo tengo una tableta Fire (que también es de Amazon) además del kindle, así que el libro se me descarga en los dos aparatos. Sin tener que hacer nada, nada más encenderlo me aparece. Por cierto que cuando leo un libro en un aparato y cambio al otro, ¡el libro se sincroniza y sigo donde lo dejé en el otro!

 

Además, comprar los libros en Amazon hace que los tengas "en la nube", signifique eso lo que significa. Si pierdes el lector, los libros en la nube siguen ahí: cuando te compres un nuevo kindle esos libros los recuperas de manera automática, sin hacer nada. Si pierdes el ordenador, lo mismo. Fíjate que esto sólo pasa con los libros en la nube, los libros normales olvídalo. Sólo por eso, mi recomendación es un kindle.

 

La parte negativa es que cuando compras un libro electrónico en Amazon (o en cualquier librería), en la mayoría de los casos no compras realmente el libro, sino sólo el derecho a leerlo. Esto se consigue con los derechos DRM. Cuando el archivo tiene derechos DRM, Calibre no puede copiarlo con otro formato: está protegido. Puedes comprar libros sin DRM en Amazon y esos los puedes cambiar con Calibre a formatos que leen otros lectores, pero son pocos libros. Así que estás comprando una librería que sólo puedes leer con Kindle y equipos Amazon. Quedas atado a ellos.

 

Por último: no, no te preocupes: con un kindle puedes leer libros pirata sin ningún problema. A Amazon eso le da igual.

 

 

Y otro por último: cuando compres el lector electrónico, acuérdate de comprar también la funda-tapa. Todas las marcas los venden sin la funda-tapa, la funda-tapa se vende aparte. Usar un lector sin funda-tapa es como usar un ordenador sin la carcasa metálica. Eso sí, ¡asegúrate que la funda-tapa es válida para ese lector!




Comentario fuera de la respuesta que di: existe software que puede eliminar los DRM de un libro de Amazon. Calibre, por ejemplo, tiene un plug-in que lo hace (tengo entendido, yo no lo he probado). Ahora bien, no voy a recomendarle a unos padres amantísimos que quieren comprarle un lector a su hijo el empleo de software para  piratear libros. Eso, que lo descubran ellos por su cuenta. O el chaval.