lunes, 5 de enero de 2026

Empeza el año con Arte

https://www.youtube.com/watch?v=vB9BjGPx2GY 

 

 

Empezó 2026 con Arte en la TV. Hablo, claro está, del Concierto de Año Nuevo, pero no solo.

El director fue Yannick Nézet-Séguin, canadiense, 50 años y que se estrenaba en la plaza. Dio, decididamente, un concierto distinto a todos.

La primera diferencia fue estética: frente a los habituales directores de orquesta serios y rigurosos, poco amigos de juergas y francachelas, el canadiense, con su traje Louis Vuitton, sin atril, sin parrafada en alemán sino en su lengua materna (francés) y luego en inglés, su evidente homosexualidad,... era distinto. Incluso los ballets: precioso, pero con un vestuario poco balletístico. El ballet con carpetas y hojas de papel que se lanzaban al aire me pareció magnífico.

El repertorio: dicen los melómanos que introdujo varias obras compuestas por mujeres, pero a mí eso me importó poco. No terminó de gustarme que hubiera poco Strauss, al menos en comparación con anteriores conciertos, pero me encantó que varias piezas fueran galopes. Otros años el concierto se basaba en valses y algunas polcas para subir el ritmo; este año, las polcas parecían serenar un poco. Genial los galopes. 

Y luego, lo innegable: el tipo era un guasón. Multitud de bromas. Galopes con la orquesta haciendo las voces, instrumentos divertidísimos,... Es tradición, por ejemplo, que El bello Danubio Azul, el segundo bis, se amaga en las primeras notas y se interrumpe para desear el año nuevo. Siempre hay aplausos en la interrupción, este año también. Pero este año, en ese momento, el director se dirige al público y les dice: «no se preocupen, la tocaremos más tarde». Y la Marcha Radeztky (con los arreglos, se nos explica, que desde hace unos años no son los de siempre porque los tradicionales "los hizo un nazi", hasta ahí podíamos llegar). En la Marcha Radeztky ya fue la apoteosis, el director recorría las filas del público y se desentendía (parecía) de la orquesta (que, por otra parte, es más que capaz de tocar la marcha sin director, y en cualquier caso a nadie le importaba si les quedaba bien o mal). La guasa del director con el público en esa pieza fue lo nunca visto, y los aplausos y bravos al terminar, también.

No fue, pues, un concierto convencional. ¿Estuvo bien, o mal? Sin duda, un Karajan habría hecho un concierto más riguroso. Más perfecto. ¿Se trataba de eso? En mi opinión, no. No en ese concierto. Para oír música clásica perfectamente ejecutada ya están los discos de la DD y multitud de conciertos en otras salas y ocasiones, pero la ventana al mundo que supone el concierto de Año Nuevo es incomparable. Es la única ocasión que tiene la música clásica de mostrarse al público popular; no pasa nada por mostrar que puede ser divertida.

Así que bien por Yannick Nézet-Séguin.

Pero no sólo hubo música clásica en la programación de ese día. Justo antes del concierto (que dieron en TVE-1), TVE-2 emitió otra gema artística que se les escapó: la retransmisión de la misa desde la basílica de San Pedro del Vaticano. Como misa estuvo bien, no fue nada especial, pero a mí me atraían dos líneas diferentes.

La primera fuente de atracción era la arquitectura. La basílica de San Pedro es preciosa, realmente uno de las obras cumbre de la creación humana, pero cuando uno la visita lo hace a pie de calle. A ras de suelo, y nunca mejor dicho porque la nave principal mide 46 m de altura.. En la retransmisión, en cambio, se ofrecían perspectivas insólitas, nunca vistas. Aquello era alucinante, uno se quedaba embobado. De hecho, pensé para mis adentros que probablemente la basílica tenga la culpa de la herejía luterana, e imaginaba todos los desafueros que debieron cometerse para poder pagarla, pero caray: tal vez valiera la pena. Solo por contemplar la arquitectura de la basílica sí valía la pena ver la retransmisión.

La segunda fuente de atracción era la música. Música sacra, en este caso. La misa era papal, solemne. Y se interpretaron deliciosamente algunas piezas de la música sacra que valía la pena escuchar. El Gloria, el Agnus Dei,... Piezas escritas para ser cantadas y escuchadas en lugares semejantes en ocasiones semejantes. El Credo para coro y pueblo fue soberbio, aunque aquí ayuda el haber, en alguna ocasión, estado en alguna misa en la que se interpretó y ser parte del pueblo. Esto último también lo considero una experiencia maravillosa, y si alguna vez tiene la oportunidad de participar no la desprecie.

En la comunión el coro nos deleitó con el Noche de paz, y ¡oh!

Pero la retransmisión adoleció de la peor retransmisión que pueda uno imaginarse. Porque RTVE tuvo a bien colocar un locutor que iba traduciendo. La misa era en italiano, pero todos los que estaban interesados en entender qué se decían sabían de memoria qué se decía: no hacía falta traducir. Y al traducir impedía oír lo que se decía, aparte de que tampoco se entendía muy bien al locutor traductor. Pero mi problema mayor lo tengo en la parte musical: por alguna razón el locutor sentía la irrefrenable necesidad de decir algo, algo además que estuviera a tono con el momento, no quedarse callado. Y en vez de dejarnos disfrutar de esa bellísima música nos soltaba unas peroratas (que no entendí porque no atendí) con los tópicos buenos deseos que soltaría una candidata a miss, paz en el mundo y todo eso. Nadie decía nada, no había necesidad de traducir nada, sólo se cantaba Noche de paz, pero eso al hombre le daba igual: lo importante era no estar callado, era su misión. Espero que alguien le explique esto, o que el año que viene no repita.

La pieza que acompaña esta entrada es uno de los galopes del concierto. Cortito, poco serio, muy divertido. Me encantó. Si encuentro el vídeo de la interpretación del concierto, la pondré; hasta entonces, la tienen en este enlace: https://www.youtube.com/watch?v=vM7pkMqu-VU, a partir del minuto 15'21".

 

 

Joshep Lanner - Malapou-Galoppe op 148/1


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