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miércoles, 14 de enero de 2026

Ha muerto Scott Adams

Hoy me he desayunado con una mala noticia: ha fallecido Scott Adams.

 

Durante más de 25 años los chistes de Dilbert me han acompañado en el día a día. Hasta que en 2023, harto de la cantidad de insultos que recibía, Scott Adams hizo de pago su página, y se acabó. Pero, hasta entonces, cada día aparecía una nueva tira cómica (durante un tiempo también se generaba la tira en español), y se creaba un muy interesante o al menos entretenido foro sobre la tira. 


Adams no era ingeniero, pero trabajó en la Pacific Bell y ahí pudo ver a ingenieros en acción. De esas experiencias nació la tira Dilbert, un ingeniero en un departamento de ingenieros. Dejó la Pacific Bell y se convirtió en caricaturista a tiempo completo, y lo mejor de todo: cuanto más éxito tenía Dilbert, más y más ingenieros le contaban sus propias historias y hasta qué punto las historias de Dilbert eran verídicas o incluso se quedaban cortas. Adams no tenía problemas en encontrar tramas, desde luego.


Lo reconozco: a los ingenieros, nos clavaba.


Y también a los jefes:


 

Como digo, el foro en sus tiras estaba lleno de competiciones (a los ingenieros nos encanta competir entre nosotros) sobre quién, en su empresa, había vivido una situación aún más esperpéntica que la de la tira. ¡Y los había! Por ejemplo:

Yes. That.

I once worked for an engineering company that worked mostly on a "cost-plus" basis (we were paid our costs plus a fixed percentage). I finally figured out why FedEx sent us our own truck every day, when we could send plans by email faster and free.

Under a cost-plus system, the more you waste, the more you make. It's really that simple.

 


 

Lo que pasó es que poco a poco el debate se fue agriando. No en el foro, pero sí en los EE.UU. Entre republicanos y demócratas, claro. Y Scott Adams fue recibiendo cada vez más insultos. No por lo que dijera, sino por lo que pasaba en su tira. Porque, y eso es cierto, no paraba de mofarse de lo woke. Lo woke, en las sentinas de los departamentos de ingeniería, la verdad es que no casa bien.


Insisto en que, en esto del debate, Adams era una persona muy normal y muy razonable. Pero escribía una tira cómica todos los días, y caricaturizaba situaciones que le enviaban ingenieros, por lo que estaban basadas en situaciones reales.

 

Es más que posible, claro, que la mayoría de las tiras sólo nos hicieran gracia a los ingenieros, que eramos los que nos veíamos reflejados y más reconocíamos las situaciones que parodiaba.


Lo que la mayoría de las personas no sabe es que, al principio, internet no tenía contenido. No había páginas web que mereciera la pena visitar. Apenas algunas compañías tenían una página de tipo publicitario, pero nada más. No se hacía nada. No había vídeos, no había compras, no había prensa apenas, no había blogs ni foros, no había casi nada. Y Dilbert fue una de las primeras, si no la primera, tira cómica que se publicó en internet.


 

Scott Adams tenía 68 años. Cáncer de páncreas. Requiescat in pace.


 

 
 

miércoles, 30 de abril de 2025

ChatGPT para ingenieros

En el principio fue ChatGPT: el primer motor de inteligencia artificial con fines conversacionales que saltó a la fama. Lo desarrolló OpenAI. Luego OpenAI lo desarrolló más, y lo nombró SearchGPT, pero el nombre coloquial de chatGPT se mantuvo. Así que denominaremos ChatGPT a los motores de IA que empleamos para conversar.

Funcionan muy bien, pero.

Se ha vendido que ChatGPT es el futuro hecho realidad, que es la repanocha y una revolución. No tienen ni idea la cantidad de vendehúmos que hay ahí fuera intentando vender cursos de formación de IA porque, dicen, la IA es el futuro que está ya aquí y si usted no se forma (traducción: si no me compra el curso que quiero venderle) se va a quedar usted en la Edad de Piedra.

Y no.

Cuanto más uso ChatGPT (en mi caso, Perplexity), más me convenzo: es una secretaria. Ni siquiera es, como me vendieron al principio, un becario al que he de enseñar y sabrá cada vez ayudarme más. En absoluto. Es una secretaria especializada a la que le puedo pedir tareas de tipo administrativo, que me ayude con el software que empleo y que me escriba programitas simples, pedirle artículos y normas e incluso discutir con ella el sentido de aspectos de la norma. Lo que no hace, de ninguna manera, es ingeniería por mí.

Si fuera un hospital, podría rellenar la ficha de admisión del enfermo y, a lo sumo, hacer el triaje. Para todo lo demás, los profesionales de verdad.

Y eso que le saco partido y la hago trabajar. Pero, insisto, ingeniería por mí no lo va a hacer.

Quizás en el futuro, pero me parece que ese futuro no me va a pillar. 

martes, 18 de febrero de 2025

Explosión de ingenieros

https://www.youtube.com/watch?v=szLegn9ZmPk 

 

 

Me envía mi colegio profesional la lista (provisional) de los compañeros que se jubilan este año, y la lista (también provisional) de los compañeros que cumplen 25 años en el ejercicio de la profesión. Se jubilan 5.

Supongamos que la lista definitiva no difiere de la profesional. Soy del Colegio Oficial de Ingenieros Industriales de Aragón y La Rioja, así que ¿sólo se jubilan 5 ingenieros en Aragón y La Rioja?

En realidad, no: se jubilan bastantes más, pero estos no están colegiados: trabajan por cuenta ajena, no firman proyectos y no sienten la necesidad o conveniencia de colegiarse. No pasa nada.

Los que cumplen 25 años son, si no he contado mal, 84. Supongamos para lo que sigue que la proporción entre colegiados y no colegiados de los que se encuentran en esa tesitura es más o menos la misma que los jubilados. Supongamos también que a esas alturas los ingenieros colegiados que deciden darse de baja antes de jubilarse es despreciable, o que se ve compensado por los ingenieros que se colegian poco antes de jubilarse (por ejemplo, porque cesan en un empleo anterior y deciden darse de alta como autónomos).

Lo primero que llama la atención es la diferencia entre cifras. Si el número de ingenieros se mantuviera estable, significaría que de los 84 que llegaron a 25 años de ejercicio profesional sólo 5 conseguirían jubilarse. ¿Porque un ingeniero jamás se jubila? No, sería más bien porque 79 de cada 84(el 94%) muere antes de jubilarse. 

Pero no parece que la de ingeniero superior industrial sea una profesión de tanto riesgo.

Supongamos también que la edad media de empezar en la profesión es a los 25 años y la de jubilarse, 65. Edades medias. ¿La edad media de los que cumplen 25 años en el ejercicio? 50 años. Es obligatorio contar entonces las inclemencias de la vida: pongamos que a los que cumplen 25 años se les han muerto 6 compañeros, empezaron 90, y que a los que se jubilan se les ha muerto también 1 compañero, empezaron 6. ¿Suena raro? La mortalidad total del grupo que se jubila (1 de 6) es del 16,67%; para igualarlo, en los (más o menos) 15 años siguientes, de los 84 del grupo de 25 años tendrían que morir 9 personas y sólo 75 de ellos llegarían a la jubilación. En tasas anuales, la mortalidad en los primeros 25 años es del 2,76‰, y en los siguientes 15 años del 7,55‰: el triple.

Así pues, podemos suponer que hace 40 años entraron 6 personas y hace 25 entraron 90. O lo que es lo mismo, 15 veces más 15 años más tarde. Una tasa de crecimiento del 20% anual.

¿Por qué crece (creció) el número de ingenieros a un ritmo del 20% anual? 

¿Porque el prestigio de la profesión se ha disparado y cada vez más personas quieren ser ingenieros? ¿Porque la diferencia de sueldos entre ingenieros y no ingenieros se ha disparado? ¿Por una explosión demográfica? ¿Porque cada vez es más fácil ser ingeniero?

Soy ingeniero, así que creo que puedo afirmar que ninguna de las dos primeras posibles razones es la correcta. También podemos descartar que entre 1960 (año típico de nacimiento de los que se jubilan) y 1975 (año típico de nacimiento de los otros) se produjera en Aragón y La Rioja una explosión demográfica. En 1960 la población de ambas regiones era de 1.335.598 almas; si hubiera crecido a un 20%, en 1975 sería de 20 millones, y sólo era de 1.421.415 habitantes. Sí, debería contar los nacidos esos años, pero imagino que los porcentajes sobre el total serían más o menos similares. Menor crecimiento se produjo por los años típicos que nuestros ingenieros empezaron la carrera: 1.441.220 en 1978 y 1.461.440 en 1993: un raquítico 1,4% de más. Así que la demografía puede que contribuyera, pero ni de lejos explica el boom.

No, la explicación más convincente es que cada vez sea más fácil ser ingeniero. Entre 1985 y 2000, 15 veces más fácil. Sí, ya sé que he hecho muchas suposiciones, pero los números reales son bastante parecidos y el argumento no cambia: a fin de cuentas, igual da que el aumento de ingenieros fuera de un 1.300%, un 1.500% o un 2.000%. En aquellos años se produjo una multiplicación del número de ingenieros.

Ya he escrito en otras ocasiones mi opinión al respecto, por ejemplo en esta entrada de marzo de 2022; pero se me ocurre que no todo tenga que ver con el sistema educativo general. Se me ocurre que también influye la aparición de un artefacto casi mitológico para la inmensa mayoría en 1978 y de lo más común en 1993: el computador.

Los estudiantes que empezaron la carrera en 1978 tenían que escribir sus trabajos a máquina. Por si alguien no las conoció, me refiero a algo como esto:

 


Para los cálculos, tenían calculadoras. Al final de la carrera tendrían calculadoras "programables": podrían "programar" que resolvieran ecuaciones de 2º grado, ya ven. Calculaban con lápiz, papel y goma de borrar.

Y, por supuesto, para dibujar empleaban la tinta china.

Nada de internet, nada de información accesible, nada de nada de lo que ahora nos parece imprescindible para la vida.

Por su parte, los que empezaron en 1993 ya tendrían, todos, un ordenador en su casa. Ordenadores con procesadores de textos y programas de dibujo y trazadores de planos. También, seguramente, programas de cálculo en los últimos años; más rudimentarios que los actuales, pero a años luz de las calculadoras. En cuanto a internet, yo me conecté en 1995 ó 1996, así que entiendo que los jóvenes estudiantes, sin duda mucho más abiertos a la tecnología que yo, hicieron la carrera ya conectados.

El ordenador facilita mucho el trabajo, es la verdad. Ejercer de ingeniero teniendo un ordenador es mucho más fácil que sin tenerlo. Por lo tanto, colijo que estudiar la carrera también lo fue. 

En 1978 se consideraba Ingeniería una de las carreras más difíciles; en Aragón y La Rioja, en donde no se podía estudiar otra ingeniería, la carrera más difícil. Fácil es entender que eso echara para atrás a muchos estudiantes. En 1993 no sé si se mantendría esa idea, pero desde luego la existencia de ordenadores hacía que no fuera una carrera taaan difícil. Sumen que aquel año de 1993 estábamos sumergidos en una crisis terrible en la que apenas los ingenieros parecían encontrar trabajo, y ya lo tienen.

Aunque quizá el sistema educativo también tuvo algo que ver. Y no solo porque en 1984 cambió el plan de estudios de la carrera.

 

 

Bay city rollers - Saturday night 

martes, 11 de febrero de 2025

Un examen específico para estudiar Ingeniería

https://www.youtube.com/watch?v=Fowldx4hRtI 

 

 

En mi época de estudiante, para estudiar Enfermería había que aprobar un examen específico de ingreso, pues no se regía por el examen general de acceso a la universidad como ahora. En la Universidad de Zaragoza recuerdo que mi año había 80 plazas: los 80 mejores en ese examen entraban, y listos. Claro que en aquella época la Selectividad sólo regía para las licenciaturas y estudios superiores (esto es, ingenierías). Las carreras de ciclo medio, las diplomaturas, no necesitaban examen previo. Y si alguien que no hubiera cursado el bachillerato quisiera entrar en una carrera de ciclo superior, lo que tenía que hacer - al no poder presentarse a la Selectividad- era, si tenía más de 25 años, hacer un examen especial de ingreso, y si no los tenía cursar la carrera media del ramo correspondiente y luego el curso puente. Maneras de entrar había. Pero, eso sí, Enfermería tenía su examen propio. Que se podía esquivar aprobando un primer curso de otra carrera y pidiendo el traslado: creo que en alguna ocasión habré mencionado que en 1º de carrera tenía una compañera, Dora, que no había conseguido aprobar el examen de Enfermería y pensó que quizá aprobar 1º de Ingeniería Superior le iba a resultar más fácil. Ya digo, hablo de memoria de cosas que yo no tuve que experimentar y de hace muchos años.

El caso es que hasta el plan de estudios de ingeniería de 1957 también se exigía un examen específico para cursar la carrera. Solo que no era como el examen de enfermería de mi época, ni mucho menos (ni muchísimo menos, ahora verán) como el examen de ingreso en la universidad de ahora.

Por ejemplo, el plan de 1948 para la carrera de Ingeniería Industrial exigía además del título de bachiller aprobar, para matricularse, un examen de ingreso con dos grupos de materias:

En un primer grupo:

    - Aritmética racional y aplicada

    - Análisis algebraico en el campo real y en el complejo

    - Cálculo combinatorio

    - Geometría métrica y Trigonometría

    - Geometría proyectiva

    - Física General, y 

    - Cosmografía y Geología

En un segundo grupo: 

    - Cálculo diferencial y aplicaciones

    - Teoría general de ecuaciones

    - Funciones primitivas

    - Geometría analítica plana y del espacio

    - Nomografía

    - Introducción en la Química, Mineralogía y Petrografía

Y además, examen eliminatorio de: 

    - Suficiencia en Dibujo lineal

    - Dibujo a mano alzada

    - Francés (versión y tema)

    - Inglés y alemán (versión con auxilio de diccionario)

A quien superara esa prueba le esperaba un plan de estudios de Preparación científica y técnica general (Primer, Segundo y Tercer año), especialización (Cuarto y Quinto año) a elección entre cuatro grupos de intensificación: Mecánica, Química, Electricidad y Textil, y las asignaturas de Economía, Administración de Empresas y Derecho y ejercicios de fin de carrera -prácticas en fábricas, talleres u oficinas de proyecto- y proyecto fin de carrera (Sexto año).

Conocí a ingenieros del plan del 48. Hay... diferencia.

 

 

 

Sam & Dave - Hold on, I'm coming

 

 


lunes, 13 de enero de 2025

Libros de consulta profesional

Quise consultar unas dimensiones típicas, y... quizá deba actualizar mi biblioteca profesional:


Aunque, para lo que me queda en el convento... nah, no vale la pena.



miércoles, 11 de diciembre de 2024

La ley de Price en las ingenierías

El sector de la ingeniería está enfrentando una crisis silenciosa pero alarmante: la escasez de talento especializado. Esta situación no es nueva, pero se está agravando:

  • Según un estudio de Randstad, las vacantes en ingeniería representan más del 21% de todos los puestos de trabajo disponibles.
  • Ideas similares transmiten informes de otras empresasa de contratación, como Addeco o ManpowerGroup. Podemos colegir, pues, que la demanda de ingenieros técnicos, de proyectos y de mantenimiento está por las nubes.
  • Esta escasez es un problema global que afecta a empresas de todos los tamaños y sectores.
Sorprendentemente, un artículo de Bizintek señala que el número de graduados en ingeniería en 2022 fue más o menos el mismo que en 1996, a pesar del crecimiento exponencial de la demanda. Pero... ¿cómo es que hay escasez de ingenieros si el país los sigue produciendo al mismo nivel que en 1996? Para comprender mejor esta situación, consideremos el siguiente ejemplo: 
 
Imaginemos los aparatos de aire acondicionado. En 1996, estos dispositivos eran mucho menos comunes que hoy. Si el número de técnicos especializados en aire acondicionado se hubiera mantenido igual desde entonces hasta ahora, claramente percibiríamos una escasez de estos profesionales.  
 
De manera similar, nuestra sociedad actual está mucho más tecnificada que hace 30 años. Esto es algo que los más veteranos pueden atestiguar fácilmente. Hoy en día, la tecnología está presente en casi todos los aspectos de nuestras vidas: desde los smartphones que llevamos en el bolsillo hasta los sistemas de automatización en fábricas y hogares, pasando por la inteligencia artificial y el Internet de las cosas. Dado este aumento exponencial en la presencia y complejidad de la tecnología, lo lógico sería que el número de ingenieros hubiera crecido proporcionalmente. Sin embargo, al mantenerse estable, se crea un desequilibrio cada vez mayor entre la oferta de profesionales cualificados y la demanda de sus servicios. 
 
En este contexto, entra en juego la Ley de Price, formulada por Derek J. de Solla Price en 1965. Esta ley establece que:
  • La raíz cuadrada del número total de personas en un grupo es responsable del 50% del trabajo.
  • En otras palabras, en un equipo de 100 personas, solo 10 realizan la mitad de todo el trabajo.
Esta ley se ha observado en diversos campos, desde la investigación científica hasta la producción de software, y el sector de la ingeniería no es una excepción. La combinación de la escasez de talento y la Ley de Price crea un escenario particularmente intenso en el mundo de la ingeniería:
  1. Con menos ingenieros disponibles, la contribución de los más competentes se vuelve aún más crucial.
  2. La creciente complejidad de los proyectos de ingeniería modernos acentúa aún más esta disparidad.
  3. Los pocos ingenieros de alto rendimiento no solo son más productivos, sino que también son esenciales para navegar por desafíos técnicos cada vez más complejos.
Es crucial no confundir, especialmente en ingeniería, el trabajo bruto con el genio. Como dice el refrán, "más vale maña que fuerza", y esto no podría ser más cierto en nuestro campo:
  • Un ingeniero que encuentra una solución brillante en poco tiempo es infinitamente más valioso que uno que emplea muchas horas en una solución mediocre.
  • La eficiencia y la innovación deben ser más apreciadas que las largas horas de trabajo.
  • En proyectos complejos de ingeniería, podemos hacer un paralelo con la cocina: lo verdaderamente crucial es establecer la "receta" correcta, aunque la mayor parte del tiempo se invierta en su ejecución.
Esta realidad subraya aún más la importancia de los ingenieros de alto rendimiento, cuya capacidad para idear soluciones elegantes y eficientes puede marcar la diferencia entre el éxito y el fracaso de un proyecto. Y aquí viene lo más frustrante: a pesar de su contribución desproporcionada y su capacidad para resolver problemas de manera eficiente, estos ingenieros de alto rendimiento a menudo no reciben el reconocimiento ni la recompensa que merecen. Es indignante ver cómo:
  • Se les remunera con salarios similares a los de sus colegas menos productivos o innovadores.
  • Se les carga con más trabajo, aprovechando su eficiencia sin compensarla adecuadamente.
  • Su valor añadido, que va mucho más allá de las horas trabajadas, no se refleja en su posición o en sus beneficios dentro de la empresa.
Esta falta de reconocimiento no solo es injusta, sino que también es contraproducente. Corre el riesgo de desmotivar a estos profesionales clave, lo que podría llevar a su salida de la empresa o incluso del sector, agravando aún más el problema de escasez de talento. Además, uno de los mayores peligros de esta situación es que los clientes de las ingenierías -industrias y empresas con presupuestos mucho mayores- pueden fácilmente tentar a estos profesionales clave. Estas empresas, que han podido comprobar de primera mano la valía excepcional de estos ingenieros, pueden ofrecerles puestos más relajados y mucho mejor remunerados. Esto es especialmente atractivo para los ingenieros de alto rendimiento, que en las consultorías de ingeniería suelen estar sometidos a niveles de estrés muy altos, con gran exigencia y mucha responsabilidad. La pérdida de estos talentos no solo perjudica a la ingeniería, sino que también puede comprometer su relación con los clientes y su capacidad para abordar proyectos complejos en el futuro.

El meollo del problema radica en una paradoja peculiar: los ingenieros, especialmente aquellos de alto rendimiento que son los más "ingenieriles" entre sus pares, a menudo carecen de las habilidades necesarias para negociar adecuadamente sus retribuciones. Irónicamente, su pasión por el trabajo y su dedicación a resolver problemas complejos pueden jugar en su contra en el ámbito de la negociación salarial. Esta situación se ve exacerbada por la falta de reconocimiento social de la profesión de ingeniero. Si la sociedad en general comprendiera y valorara más el papel crucial que juegan los ingenieros en el desarrollo y mantenimiento de nuestra infraestructura tecnológica y social, esto podría tener un efecto dominó positivo. Un mayor prestigio social de la ingeniería no solo atraería más talento a la profesión, sino que también podría influir en los dueños y directivos de las empresas de ingeniería para que valoren adecuadamente a sus ingenieros clave. Es fundamental que se produzca un cambio en la percepción y valoración de la ingeniería, tanto dentro como fuera del sector. Solo así podremos asegurar que los ingenieros de alto rendimiento reciban el reconocimiento y la compensación que merecen, garantizando la retención del talento vital para enfrentar los desafíos tecnológicos del futuro. La sociedad en su conjunto se beneficiará de una profesión de ingeniería más valorada y justamente recompensada. 

 

Firmado: el Ingeniero Accidental,  ChatGPT gestionado por Perplexity. De esto hablaremos en el siguiente artículo.

 

lunes, 9 de septiembre de 2024

Un cliente más habitual de lo que se cree

https://www.youtube.com/watch?v=vfTHe64HQB0 

 

 

Imaginen ustedes que son el jefe de una empresa de limpieza o de un departamento de mantenimiento y que tienen que fregar una zona por la que pasan muchas personas. Y, para que nadie resbale o al menos usted no tenga responsabilidad por ello, les indico que lo que tiene que hacer es, antes de fregar, poner un cartel de plástico con la advertencia de "cuidado, suelo mojado". Imaginen ustedes que me dicen que no, que friegan muchos suelos (es su trabajo), y que si además de fregar han de poner carteles, sus trabajadores no van a poner el cartel. Y que piense otra cosa. Que por qué no va a bastar con dejar la luz encendida para que la gente vea que el suelo está mojado.

Pues estas cosas pasan.

Tengo un cliente que alardea, de puertas afuera, de la máxima calidad. La máxima. De puertas adentro, una vez que se traspasan los muros y se firman los acuerdos de confidencialidad, la cosa no es del todo así. El caso es que mi cliente tenía un problema que no sabía cómo resolver, y me pide una solución. El problema se originaba cuando movía una carga suspendida en el puente grúa y esa carga, por error, al balancearse golpeaba materiales que tenía apilados por ahí. También cuando una carretilla sufría un accidente y se producía el impacto contra esos materiales. Lo que el cliente pedía era que el impacto no tuviera consecuencias.

Tras mucho pensarlo, se me ocurrió una solución que además cuadraba con lo que había discutido en su día con el cliente sobre cuáles serían las soluciones aceptables. Más o menos venía a ser como que cuando el cliente colocase el material allí colocase también un elemento que lo protegiera del golpe. Y, como procede, la desarrollé para que el cliente la viera en detalle.

El cliente empezó a poner pegas a los detalles. No a la filosofía de la solución, sino a los detalles. Esto así no, esto mejor en el otro lado, esto tal y esto cual. Todo como un goteo. Al final, todas las pegas que ponía el cliente provenían de que ellos no iban a hacer su parte, que no iban a poner la protección antigolpes. Por supuesto, podía haber desarrollado la solución original de manera que el cliente no tuviera que hacer nada. Motorizar la solución, por ejemplo, y que el cliente sólo tuviera que apretar un botón (creo que eso sí aceptaría hacerlo); pero ni el cliente me iba a pagar el coste de desarrollar esa solución, ni yo sé desarrollar en detalle una instalación motorizada, ni el cliente iba a pagar el coste de la instalación en sí: esto, ni se planteaba.

Total, que una vez que lo entendí le dije al cliente que de acuerdo, que pasaba entonces a desarrollar la solución que se le había ocurrido a él inicialmente. Y que venía a ser como colocar un antivuelco detrás de los materiales para que una vez se lleven el golpe por lo menos no se caigan por detrás: ni impide el golpe ni salva los materiales, pero se ahorra recoger el destrozo en un área mayor. 

Es, ya digo, una comparación: lo que me interesa resaltar es la actitud del cliente. La mía la puedo describir: a estas alturas de la película, yo había perdido ya todo mi interés, todo el tiempo presupuestado y todas las ganas de resolverle a él un problema, y sólo quería salir de allí.

Hay clientes así. No sé para qué me llaman.

 

 

Amy Winehouse - Valerie 

lunes, 2 de septiembre de 2024

Ingenieros del Estado

El BOE del 15 de abril de 2024 sacó a concurso 220 plazas de ingeniero industrial para el Cuerpo de Ingenieros del Estado: 208 para personas normales y 12 para discapacitadas. Estas 208 se repartieron así: 84 según se aprobó sacarlas a concurso en decreto del 1 de julio de 2023 (se han tomado su tiempo), y las otras 124 son las que quedaron vacantes en el proceso selectivo convocado en BOE del 7 de julio de 2022. En dicho BOE se sacaron a concurso 193 plazas para personas normales y 11 para discapacitados. 

Si de 193 quedaron 124 sin cubrir, es el 64% de las plazas. Puestos de trabajo de ingeniero que ningún ingeniero quiso.

Se me ocurren varias razones para que no haya suficientes ingenieros industriales para cubrir esas plazas:

  1. Que el proceso de selección sea muy complicado para el sueldo que se promete.
  2. Que el proceso de selección sea muy exigente para el sueldo que se promete.
  3. Que el puesto de trabajo no sea atractivo por el sueldo que se promete.
  4. Que el puesto de trabajo no sea atractivo, punto.
  5. Que no se quiera trabajar para ese empleador por el sueldo que se promete.
  6. Que no se quiera trabajar para ese empleador, punto.

La 4ª razón sería el caso, por ejemplo, si se pidiera que se matara a alguna persona (hay asesinos muy bien pagados, según películas y novelas) o algún tipo de comportamiento manifiestamente inmoral (hay profesionales en esos ámbitos muy bien pagados, según es fama). Pero, por lo general, para esos propósitos no suelen buscarse específicamente ingenieros industriales, así que creo que podemos descartar que la 4ª sea una razón real.

Es decir, las razones se resumen, en la práctica, en 2: o el sueldo es muy bajo, o los ingenieros no quieren trabajar para el Estado. O el sueldo es demasiado bajo para los ingenieros que sí estarían dispuestos a trabajar para el Estado, o los ingenieros que sí trabajarían por ese sueldo no lo harían si el empleador fuera el Estado; pero como reza el dicho catalán "pagando, San Pedro canta", la razón 6ª se convierte siempre en la razón 5ª.

En cualquier caso, no parece que el empleador tenga una valoración de la profesión de ingeniero industrial acorde con la que estos tienen de sí mismos.

 

 

 

P.S.: el sueldo de un ingeniero del Estado, si es del grupo A1 (lo más alto), es de algo menos de 41.000 €, que al empezar no hay trienios. Si es del grupo A2, unos 32.000 €. Brutos al año, claro. El salario mínimo en España, que se gana sólo acudiendo 8 horas al día al trabajo, es de 15.876 €. Definitivamente, el empleador no valora mucho la profesión de ingeniero. Y se comprende que las oposiciones se queden sin agotar.

martes, 16 de abril de 2024

75 ingenieros navales

https://www.youtube.com/watch?v=1HoVF6iv7OE 

 

 

 

Se publicaba el otro día (aquí) que en España se licencian cada año 75 ingenieros navales. El equivalente, entiéndase. El lamento era que España necesita 300 cada año. Que muchos no acababan la carrera porque ya en 3º, no digamos en 4º, se colocaban en las empresas que no podían esperar más. Y que más jóvenes deberían animarse, una carrera con tantas salidas, tan demandada.

El año 2019 8.246 estudiantes terminaron el grado de Psicología en España y 4.867 el de máster. 

Criminología se puede estudiar en 46 centros universitarios por toda la piel de toro. Creo que producimos 2.464 al año. Criminólogos.

Pero sólo producimos, como país, 75 ingenieros navales al año.

¿Alguien más ve un problema aquí?

Por cierto: ¿qué futuro espera a esos 11.000 psicólogos y 2.400 criminólogos que producimos cada año? ¿Cuántos no trabajarán de psicólogos o criminólogos? Seguro que el porcentaje no es residual, así que ¿porqué les pagamos unos estudios universitarios a unos estudiantes que no los van a aplicar? No digo que enseñemos a esos estudiantes a elegir bien sus estudios, digo que no ofertemos tantas plazas. Si España necesita 1.000 criminólogos y 5.000 psicólogos más cada año, pues que se oferten sólo esas plazas.

No necesitamos 13.000 psicólogos y 2.400 criminólogos, pero sí algo más de 75 ingenieros navales. Creo que en esto estamos todos de acuerdo. Y creo que estamos todos de acuerdo también en que no es un problema de que falten mujeres que quieran ser ingenieras navales, si fuera un asunto de paridad se resuelve fácil prohibiendo a las mujeres ser psicólogas o criminólogas hasta que no completen su cuota de 37 ingenieras navales. El problema verdadero es que no conseguimos en España que los jóvenes quieran ser ingenieros navales. Me parece increíble, porque en mi opinión la ingeniería naval y la de minas son las dos ingenierías más fascinantes, completas y atractivas de todas. Y a pesar de todo, a la vista está: casi nadie quiere ser ingeniero naval.

Si las autoridades estuvieran por lo que hay que estar, en vez de tanta chorrada educativa deberían fomentar que los chicos (chicos y chicas) quieran ser ingenieros. Aunque no sean navales, pero seguro que alguno caería. Hay que fomentar que se estudie ingeniería. 

Para empezar, los chicos (chicos y chicas) en los colegios no saben bien qué hace un ingeniero. Saben que la profesión existe, pero no saben en qué consiste. Como mucho, lo asocian con los diseñadores de coches. Las más de las veces, con cosas que no son de verdad de ingenieros (al menos, de lo que yo entiendo que es cosa de ingenieros de verdad). Resolver este problema no es difícil: seguro que todas las escuelas pueden contactar con ingenieros que se ofrezcan a dar charlas sobre su profesión. Un ingeniero de caminos, uno agrónomo, uno industrial, uno aeronáutico,... Cuantos más tipos de ingenieros mejor. Un ingeniero especializado en centrales y redes eléctricas puede descubrir a los alumnos un mundo que ni se imaginaban, un ingeniero de fábrica explicar cómo es en verdad una fábrica y la importancia de los ingenieros en ellas. Y un ingeniero naval puede contar las múltiples ocupaciones que tienen, sus responsabilidades y los retos a los que se enfrentan. Estas charlas no tienen coste, y seguro que serían muy fructíferas. Sin conocimiento no hay vocación.

En segundo lugar, ha de cambiar el ánimo con el que se trata a la ingeniería. No es cosa de cerebritos incapaces de relacionarse con el mundo y ojalá hubiera más mujeres ingenieras, entonces sí que cambiarían las cosas con las mujeres empleando su cerebro. No. Los ingenieros somos la élite del país. La categoría del país no la dan sus atletas o sus futbolistas, y tampoco sus funcionarios, sus psicólogos o sus notarios. La dan sus ingenieros. Somos los que hemos sacado a la humanidad de las cavernas, qué caramba. No hay carrera más difícil que la nuestra, aunque algunas alardeen de requerir memorizar tochos enormes y cientos de palabras de 30 letras. Y así como debería animarse a los chicos a buscar la excelencia y a intentar ser los mejores, debería animarse a los chicos a intentar ser ingenieros si se ven capaces de ello. Desde luego, burlarse de los ingenieros no es el camino.

Y para terminar por ahora, tampoco estaría mal que los medios de comunicación reflejaran también la dificultad técnica de la noticia. Si una empresa española monta una plataforma petrolífera en el mar del Norte, si cualquier problema con un barco de transporte de contenedores, si se bota un submarino o se consigue un contrato de fabricación. Pero también si una lancha o un velero participa en una prueba de velocidad o resistencia. Por ejemplo. Un barco, desde un gigantesco superpetrolero hasta el más frágil esquife pasando por el prodigio técnico de los veleros IMOCA de 60 pies, todos son en realidad una obra de ingeniería. No estaría de más que alguna vez se hablara de ello.

En cualquier caso, me parece muy lamentable. 50 millones de españoles y sólo producimos 75 ingenieros navales al año. Psicólogos y criminólogos para aburrir, pero de lo que verdad importa, más bien poco. No sé qué decirles, hay países con un alto conocimiento tecnológico y países sin ello. No sé en qué grupo creemos que estamos, y en qué grupo queremos estar. 

 

 

Sam Cooke - Wonderful world