Mostrando entradas con la etiqueta ingenieros. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ingenieros. Mostrar todas las entradas

martes, 18 de febrero de 2025

Explosión de ingenieros

https://www.youtube.com/watch?v=szLegn9ZmPk 

 

 

Me envía mi colegio profesional la lista (provisional) de los compañeros que se jubilan este año, y la lista (también provisional) de los compañeros que cumplen 25 años en el ejercicio de la profesión. Se jubilan 5.

Supongamos que la lista definitiva no difiere de la profesional. Soy del Colegio Oficial de Ingenieros Industriales de Aragón y La Rioja, así que ¿sólo se jubilan 5 ingenieros en Aragón y La Rioja?

En realidad, no: se jubilan bastantes más, pero estos no están colegiados: trabajan por cuenta ajena, no firman proyectos y no sienten la necesidad o conveniencia de colegiarse. No pasa nada.

Los que cumplen 25 años son, si no he contado mal, 84. Supongamos para lo que sigue que la proporción entre colegiados y no colegiados de los que se encuentran en esa tesitura es más o menos la misma que los jubilados. Supongamos también que a esas alturas los ingenieros colegiados que deciden darse de baja antes de jubilarse es despreciable, o que se ve compensado por los ingenieros que se colegian poco antes de jubilarse (por ejemplo, porque cesan en un empleo anterior y deciden darse de alta como autónomos).

Lo primero que llama la atención es la diferencia entre cifras. Si el número de ingenieros se mantuviera estable, significaría que de los 84 que llegaron a 25 años de ejercicio profesional sólo 5 conseguirían jubilarse. ¿Porque un ingeniero jamás se jubila? No, sería más bien porque 79 de cada 84(el 94%) muere antes de jubilarse. 

Pero no parece que la de ingeniero superior industrial sea una profesión de tanto riesgo.

Supongamos también que la edad media de empezar en la profesión es a los 25 años y la de jubilarse, 65. Edades medias. ¿La edad media de los que cumplen 25 años en el ejercicio? 50 años. Es obligatorio contar entonces las inclemencias de la vida: pongamos que a los que cumplen 25 años se les han muerto 6 compañeros, empezaron 90, y que a los que se jubilan se les ha muerto también 1 compañero, empezaron 6. ¿Suena raro? La mortalidad total del grupo que se jubila (1 de 6) es del 16,67%; para igualarlo, en los (más o menos) 15 años siguientes, de los 84 del grupo de 25 años tendrían que morir 9 personas y sólo 75 de ellos llegarían a la jubilación. En tasas anuales, la mortalidad en los primeros 25 años es del 2,76‰, y en los siguientes 15 años del 7,55‰: el triple.

Así pues, podemos suponer que hace 40 años entraron 6 personas y hace 25 entraron 90. O lo que es lo mismo, 15 veces más 15 años más tarde. Una tasa de crecimiento del 20% anual.

¿Por qué crece (creció) el número de ingenieros a un ritmo del 20% anual? 

¿Porque el prestigio de la profesión se ha disparado y cada vez más personas quieren ser ingenieros? ¿Porque la diferencia de sueldos entre ingenieros y no ingenieros se ha disparado? ¿Por una explosión demográfica? ¿Porque cada vez es más fácil ser ingeniero?

Soy ingeniero, así que creo que puedo afirmar que ninguna de las dos primeras posibles razones es la correcta. También podemos descartar que entre 1960 (año típico de nacimiento de los que se jubilan) y 1975 (año típico de nacimiento de los otros) se produjera en Aragón y La Rioja una explosión demográfica. En 1960 la población de ambas regiones era de 1.335.598 almas; si hubiera crecido a un 20%, en 1975 sería de 20 millones, y sólo era de 1.421.415 habitantes. Sí, debería contar los nacidos esos años, pero imagino que los porcentajes sobre el total serían más o menos similares. Menor crecimiento se produjo por los años típicos que nuestros ingenieros empezaron la carrera: 1.441.220 en 1978 y 1.461.440 en 1993: un raquítico 1,4% de más. Así que la demografía puede que contribuyera, pero ni de lejos explica el boom.

No, la explicación más convincente es que cada vez sea más fácil ser ingeniero. Entre 1985 y 2000, 15 veces más fácil. Sí, ya sé que he hecho muchas suposiciones, pero los números reales son bastante parecidos y el argumento no cambia: a fin de cuentas, igual da que el aumento de ingenieros fuera de un 1.300%, un 1.500% o un 2.000%. En aquellos años se produjo una multiplicación del número de ingenieros.

Ya he escrito en otras ocasiones mi opinión al respecto, por ejemplo en esta entrada de marzo de 2022; pero se me ocurre que no todo tenga que ver con el sistema educativo general. Se me ocurre que también influye la aparición de un artefacto casi mitológico para la inmensa mayoría en 1978 y de lo más común en 1993: el computador.

Los estudiantes que empezaron la carrera en 1978 tenían que escribir sus trabajos a máquina. Por si alguien no las conoció, me refiero a algo como esto:

 


Para los cálculos, tenían calculadoras. Al final de la carrera tendrían calculadoras "programables": podrían "programar" que resolvieran ecuaciones de 2º grado, ya ven. Calculaban con lápiz, papel y goma de borrar.

Y, por supuesto, para dibujar empleaban la tinta china.

Nada de internet, nada de información accesible, nada de nada de lo que ahora nos parece imprescindible para la vida.

Por su parte, los que empezaron en 1993 ya tendrían, todos, un ordenador en su casa. Ordenadores con procesadores de textos y programas de dibujo y trazadores de planos. También, seguramente, programas de cálculo en los últimos años; más rudimentarios que los actuales, pero a años luz de las calculadoras. En cuanto a internet, yo me conecté en 1995 ó 1996, así que entiendo que los jóvenes estudiantes, sin duda mucho más abiertos a la tecnología que yo, hicieron la carrera ya conectados.

El ordenador facilita mucho el trabajo, es la verdad. Ejercer de ingeniero teniendo un ordenador es mucho más fácil que sin tenerlo. Por lo tanto, colijo que estudiar la carrera también lo fue. 

En 1978 se consideraba Ingeniería una de las carreras más difíciles; en Aragón y La Rioja, en donde no se podía estudiar otra ingeniería, la carrera más difícil. Fácil es entender que eso echara para atrás a muchos estudiantes. En 1993 no sé si se mantendría esa idea, pero desde luego la existencia de ordenadores hacía que no fuera una carrera taaan difícil. Sumen que aquel año de 1993 estábamos sumergidos en una crisis terrible en la que apenas los ingenieros parecían encontrar trabajo, y ya lo tienen.

Aunque quizá el sistema educativo también tuvo algo que ver. Y no solo porque en 1984 cambió el plan de estudios de la carrera.

 

 

Bay city rollers - Saturday night 

martes, 11 de febrero de 2025

Un examen específico para estudiar Ingeniería

https://www.youtube.com/watch?v=Fowldx4hRtI 

 

 

En mi época de estudiante, para estudiar Enfermería había que aprobar un examen específico de ingreso, pues no se regía por el examen general de acceso a la universidad como ahora. En la Universidad de Zaragoza recuerdo que mi año había 80 plazas: los 80 mejores en ese examen entraban, y listos. Claro que en aquella época la Selectividad sólo regía para las licenciaturas y estudios superiores (esto es, ingenierías). Las carreras de ciclo medio, las diplomaturas, no necesitaban examen previo. Y si alguien que no hubiera cursado el bachillerato quisiera entrar en una carrera de ciclo superior, lo que tenía que hacer - al no poder presentarse a la Selectividad- era, si tenía más de 25 años, hacer un examen especial de ingreso, y si no los tenía cursar la carrera media del ramo correspondiente y luego el curso puente. Maneras de entrar había. Pero, eso sí, Enfermería tenía su examen propio. Que se podía esquivar aprobando un primer curso de otra carrera y pidiendo el traslado: creo que en alguna ocasión habré mencionado que en 1º de carrera tenía una compañera, Dora, que no había conseguido aprobar el examen de Enfermería y pensó que quizá aprobar 1º de Ingeniería Superior le iba a resultar más fácil. Ya digo, hablo de memoria de cosas que yo no tuve que experimentar y de hace muchos años.

El caso es que hasta el plan de estudios de ingeniería de 1957 también se exigía un examen específico para cursar la carrera. Solo que no era como el examen de enfermería de mi época, ni mucho menos (ni muchísimo menos, ahora verán) como el examen de ingreso en la universidad de ahora.

Por ejemplo, el plan de 1948 para la carrera de Ingeniería Industrial exigía además del título de bachiller aprobar, para matricularse, un examen de ingreso con dos grupos de materias:

En un primer grupo:

    - Aritmética racional y aplicada

    - Análisis algebraico en el campo real y en el complejo

    - Cálculo combinatorio

    - Geometría métrica y Trigonometría

    - Geometría proyectiva

    - Física General, y 

    - Cosmografía y Geología

En un segundo grupo: 

    - Cálculo diferencial y aplicaciones

    - Teoría general de ecuaciones

    - Funciones primitivas

    - Geometría analítica plana y del espacio

    - Nomografía

    - Introducción en la Química, Mineralogía y Petrografía

Y además, examen eliminatorio de: 

    - Suficiencia en Dibujo lineal

    - Dibujo a mano alzada

    - Francés (versión y tema)

    - Inglés y alemán (versión con auxilio de diccionario)

A quien superara esa prueba le esperaba un plan de estudios de Preparación científica y técnica general (Primer, Segundo y Tercer año), especialización (Cuarto y Quinto año) a elección entre cuatro grupos de intensificación: Mecánica, Química, Electricidad y Textil, y las asignaturas de Economía, Administración de Empresas y Derecho y ejercicios de fin de carrera -prácticas en fábricas, talleres u oficinas de proyecto- y proyecto fin de carrera (Sexto año).

Conocí a ingenieros del plan del 48. Hay... diferencia.

 

 

 

Sam & Dave - Hold on, I'm coming

 

 


lunes, 13 de enero de 2025

Libros de consulta profesional

Quise consultar unas dimensiones típicas, y... quizá deba actualizar mi biblioteca profesional:


Aunque, para lo que me queda en el convento... nah, no vale la pena.



miércoles, 11 de diciembre de 2024

La ley de Price en las ingenierías

El sector de la ingeniería está enfrentando una crisis silenciosa pero alarmante: la escasez de talento especializado. Esta situación no es nueva, pero se está agravando:

  • Según un estudio de Randstad, las vacantes en ingeniería representan más del 21% de todos los puestos de trabajo disponibles.
  • Ideas similares transmiten informes de otras empresasa de contratación, como Addeco o ManpowerGroup. Podemos colegir, pues, que la demanda de ingenieros técnicos, de proyectos y de mantenimiento está por las nubes.
  • Esta escasez es un problema global que afecta a empresas de todos los tamaños y sectores.
Sorprendentemente, un artículo de Bizintek señala que el número de graduados en ingeniería en 2022 fue más o menos el mismo que en 1996, a pesar del crecimiento exponencial de la demanda. Pero... ¿cómo es que hay escasez de ingenieros si el país los sigue produciendo al mismo nivel que en 1996? Para comprender mejor esta situación, consideremos el siguiente ejemplo: 
 
Imaginemos los aparatos de aire acondicionado. En 1996, estos dispositivos eran mucho menos comunes que hoy. Si el número de técnicos especializados en aire acondicionado se hubiera mantenido igual desde entonces hasta ahora, claramente percibiríamos una escasez de estos profesionales.  
 
De manera similar, nuestra sociedad actual está mucho más tecnificada que hace 30 años. Esto es algo que los más veteranos pueden atestiguar fácilmente. Hoy en día, la tecnología está presente en casi todos los aspectos de nuestras vidas: desde los smartphones que llevamos en el bolsillo hasta los sistemas de automatización en fábricas y hogares, pasando por la inteligencia artificial y el Internet de las cosas. Dado este aumento exponencial en la presencia y complejidad de la tecnología, lo lógico sería que el número de ingenieros hubiera crecido proporcionalmente. Sin embargo, al mantenerse estable, se crea un desequilibrio cada vez mayor entre la oferta de profesionales cualificados y la demanda de sus servicios. 
 
En este contexto, entra en juego la Ley de Price, formulada por Derek J. de Solla Price en 1965. Esta ley establece que:
  • La raíz cuadrada del número total de personas en un grupo es responsable del 50% del trabajo.
  • En otras palabras, en un equipo de 100 personas, solo 10 realizan la mitad de todo el trabajo.
Esta ley se ha observado en diversos campos, desde la investigación científica hasta la producción de software, y el sector de la ingeniería no es una excepción. La combinación de la escasez de talento y la Ley de Price crea un escenario particularmente intenso en el mundo de la ingeniería:
  1. Con menos ingenieros disponibles, la contribución de los más competentes se vuelve aún más crucial.
  2. La creciente complejidad de los proyectos de ingeniería modernos acentúa aún más esta disparidad.
  3. Los pocos ingenieros de alto rendimiento no solo son más productivos, sino que también son esenciales para navegar por desafíos técnicos cada vez más complejos.
Es crucial no confundir, especialmente en ingeniería, el trabajo bruto con el genio. Como dice el refrán, "más vale maña que fuerza", y esto no podría ser más cierto en nuestro campo:
  • Un ingeniero que encuentra una solución brillante en poco tiempo es infinitamente más valioso que uno que emplea muchas horas en una solución mediocre.
  • La eficiencia y la innovación deben ser más apreciadas que las largas horas de trabajo.
  • En proyectos complejos de ingeniería, podemos hacer un paralelo con la cocina: lo verdaderamente crucial es establecer la "receta" correcta, aunque la mayor parte del tiempo se invierta en su ejecución.
Esta realidad subraya aún más la importancia de los ingenieros de alto rendimiento, cuya capacidad para idear soluciones elegantes y eficientes puede marcar la diferencia entre el éxito y el fracaso de un proyecto. Y aquí viene lo más frustrante: a pesar de su contribución desproporcionada y su capacidad para resolver problemas de manera eficiente, estos ingenieros de alto rendimiento a menudo no reciben el reconocimiento ni la recompensa que merecen. Es indignante ver cómo:
  • Se les remunera con salarios similares a los de sus colegas menos productivos o innovadores.
  • Se les carga con más trabajo, aprovechando su eficiencia sin compensarla adecuadamente.
  • Su valor añadido, que va mucho más allá de las horas trabajadas, no se refleja en su posición o en sus beneficios dentro de la empresa.
Esta falta de reconocimiento no solo es injusta, sino que también es contraproducente. Corre el riesgo de desmotivar a estos profesionales clave, lo que podría llevar a su salida de la empresa o incluso del sector, agravando aún más el problema de escasez de talento. Además, uno de los mayores peligros de esta situación es que los clientes de las ingenierías -industrias y empresas con presupuestos mucho mayores- pueden fácilmente tentar a estos profesionales clave. Estas empresas, que han podido comprobar de primera mano la valía excepcional de estos ingenieros, pueden ofrecerles puestos más relajados y mucho mejor remunerados. Esto es especialmente atractivo para los ingenieros de alto rendimiento, que en las consultorías de ingeniería suelen estar sometidos a niveles de estrés muy altos, con gran exigencia y mucha responsabilidad. La pérdida de estos talentos no solo perjudica a la ingeniería, sino que también puede comprometer su relación con los clientes y su capacidad para abordar proyectos complejos en el futuro.

El meollo del problema radica en una paradoja peculiar: los ingenieros, especialmente aquellos de alto rendimiento que son los más "ingenieriles" entre sus pares, a menudo carecen de las habilidades necesarias para negociar adecuadamente sus retribuciones. Irónicamente, su pasión por el trabajo y su dedicación a resolver problemas complejos pueden jugar en su contra en el ámbito de la negociación salarial. Esta situación se ve exacerbada por la falta de reconocimiento social de la profesión de ingeniero. Si la sociedad en general comprendiera y valorara más el papel crucial que juegan los ingenieros en el desarrollo y mantenimiento de nuestra infraestructura tecnológica y social, esto podría tener un efecto dominó positivo. Un mayor prestigio social de la ingeniería no solo atraería más talento a la profesión, sino que también podría influir en los dueños y directivos de las empresas de ingeniería para que valoren adecuadamente a sus ingenieros clave. Es fundamental que se produzca un cambio en la percepción y valoración de la ingeniería, tanto dentro como fuera del sector. Solo así podremos asegurar que los ingenieros de alto rendimiento reciban el reconocimiento y la compensación que merecen, garantizando la retención del talento vital para enfrentar los desafíos tecnológicos del futuro. La sociedad en su conjunto se beneficiará de una profesión de ingeniería más valorada y justamente recompensada. 

 

Firmado: el Ingeniero Accidental,  ChatGPT gestionado por Perplexity. De esto hablaremos en el siguiente artículo.

 

lunes, 9 de septiembre de 2024

Un cliente más habitual de lo que se cree

https://www.youtube.com/watch?v=vfTHe64HQB0 

 

 

Imaginen ustedes que son el jefe de una empresa de limpieza o de un departamento de mantenimiento y que tienen que fregar una zona por la que pasan muchas personas. Y, para que nadie resbale o al menos usted no tenga responsabilidad por ello, les indico que lo que tiene que hacer es, antes de fregar, poner un cartel de plástico con la advertencia de "cuidado, suelo mojado". Imaginen ustedes que me dicen que no, que friegan muchos suelos (es su trabajo), y que si además de fregar han de poner carteles, sus trabajadores no van a poner el cartel. Y que piense otra cosa. Que por qué no va a bastar con dejar la luz encendida para que la gente vea que el suelo está mojado.

Pues estas cosas pasan.

Tengo un cliente que alardea, de puertas afuera, de la máxima calidad. La máxima. De puertas adentro, una vez que se traspasan los muros y se firman los acuerdos de confidencialidad, la cosa no es del todo así. El caso es que mi cliente tenía un problema que no sabía cómo resolver, y me pide una solución. El problema se originaba cuando movía una carga suspendida en el puente grúa y esa carga, por error, al balancearse golpeaba materiales que tenía apilados por ahí. También cuando una carretilla sufría un accidente y se producía el impacto contra esos materiales. Lo que el cliente pedía era que el impacto no tuviera consecuencias.

Tras mucho pensarlo, se me ocurrió una solución que además cuadraba con lo que había discutido en su día con el cliente sobre cuáles serían las soluciones aceptables. Más o menos venía a ser como que cuando el cliente colocase el material allí colocase también un elemento que lo protegiera del golpe. Y, como procede, la desarrollé para que el cliente la viera en detalle.

El cliente empezó a poner pegas a los detalles. No a la filosofía de la solución, sino a los detalles. Esto así no, esto mejor en el otro lado, esto tal y esto cual. Todo como un goteo. Al final, todas las pegas que ponía el cliente provenían de que ellos no iban a hacer su parte, que no iban a poner la protección antigolpes. Por supuesto, podía haber desarrollado la solución original de manera que el cliente no tuviera que hacer nada. Motorizar la solución, por ejemplo, y que el cliente sólo tuviera que apretar un botón (creo que eso sí aceptaría hacerlo); pero ni el cliente me iba a pagar el coste de desarrollar esa solución, ni yo sé desarrollar en detalle una instalación motorizada, ni el cliente iba a pagar el coste de la instalación en sí: esto, ni se planteaba.

Total, que una vez que lo entendí le dije al cliente que de acuerdo, que pasaba entonces a desarrollar la solución que se le había ocurrido a él inicialmente. Y que venía a ser como colocar un antivuelco detrás de los materiales para que una vez se lleven el golpe por lo menos no se caigan por detrás: ni impide el golpe ni salva los materiales, pero se ahorra recoger el destrozo en un área mayor. 

Es, ya digo, una comparación: lo que me interesa resaltar es la actitud del cliente. La mía la puedo describir: a estas alturas de la película, yo había perdido ya todo mi interés, todo el tiempo presupuestado y todas las ganas de resolverle a él un problema, y sólo quería salir de allí.

Hay clientes así. No sé para qué me llaman.

 

 

Amy Winehouse - Valerie 

lunes, 2 de septiembre de 2024

Ingenieros del Estado

El BOE del 15 de abril de 2024 sacó a concurso 220 plazas de ingeniero industrial para el Cuerpo de Ingenieros del Estado: 208 para personas normales y 12 para discapacitadas. Estas 208 se repartieron así: 84 según se aprobó sacarlas a concurso en decreto del 1 de julio de 2023 (se han tomado su tiempo), y las otras 124 son las que quedaron vacantes en el proceso selectivo convocado en BOE del 7 de julio de 2022. En dicho BOE se sacaron a concurso 193 plazas para personas normales y 11 para discapacitados. 

Si de 193 quedaron 124 sin cubrir, es el 64% de las plazas. Puestos de trabajo de ingeniero que ningún ingeniero quiso.

Se me ocurren varias razones para que no haya suficientes ingenieros industriales para cubrir esas plazas:

  1. Que el proceso de selección sea muy complicado para el sueldo que se promete.
  2. Que el proceso de selección sea muy exigente para el sueldo que se promete.
  3. Que el puesto de trabajo no sea atractivo por el sueldo que se promete.
  4. Que el puesto de trabajo no sea atractivo, punto.
  5. Que no se quiera trabajar para ese empleador por el sueldo que se promete.
  6. Que no se quiera trabajar para ese empleador, punto.

La 4ª razón sería el caso, por ejemplo, si se pidiera que se matara a alguna persona (hay asesinos muy bien pagados, según películas y novelas) o algún tipo de comportamiento manifiestamente inmoral (hay profesionales en esos ámbitos muy bien pagados, según es fama). Pero, por lo general, para esos propósitos no suelen buscarse específicamente ingenieros industriales, así que creo que podemos descartar que la 4ª sea una razón real.

Es decir, las razones se resumen, en la práctica, en 2: o el sueldo es muy bajo, o los ingenieros no quieren trabajar para el Estado. O el sueldo es demasiado bajo para los ingenieros que sí estarían dispuestos a trabajar para el Estado, o los ingenieros que sí trabajarían por ese sueldo no lo harían si el empleador fuera el Estado; pero como reza el dicho catalán "pagando, San Pedro canta", la razón 6ª se convierte siempre en la razón 5ª.

En cualquier caso, no parece que el empleador tenga una valoración de la profesión de ingeniero industrial acorde con la que estos tienen de sí mismos.

 

 

 

P.S.: el sueldo de un ingeniero del Estado, si es del grupo A1 (lo más alto), es de algo menos de 41.000 €, que al empezar no hay trienios. Si es del grupo A2, unos 32.000 €. Brutos al año, claro. El salario mínimo en España, que se gana sólo acudiendo 8 horas al día al trabajo, es de 15.876 €. Definitivamente, el empleador no valora mucho la profesión de ingeniero. Y se comprende que las oposiciones se queden sin agotar.

martes, 16 de abril de 2024

75 ingenieros navales

https://www.youtube.com/watch?v=1HoVF6iv7OE 

 

 

 

Se publicaba el otro día (aquí) que en España se licencian cada año 75 ingenieros navales. El equivalente, entiéndase. El lamento era que España necesita 300 cada año. Que muchos no acababan la carrera porque ya en 3º, no digamos en 4º, se colocaban en las empresas que no podían esperar más. Y que más jóvenes deberían animarse, una carrera con tantas salidas, tan demandada.

El año 2019 8.246 estudiantes terminaron el grado de Psicología en España y 4.867 el de máster. 

Criminología se puede estudiar en 46 centros universitarios por toda la piel de toro. Creo que producimos 2.464 al año. Criminólogos.

Pero sólo producimos, como país, 75 ingenieros navales al año.

¿Alguien más ve un problema aquí?

Por cierto: ¿qué futuro espera a esos 11.000 psicólogos y 2.400 criminólogos que producimos cada año? ¿Cuántos no trabajarán de psicólogos o criminólogos? Seguro que el porcentaje no es residual, así que ¿porqué les pagamos unos estudios universitarios a unos estudiantes que no los van a aplicar? No digo que enseñemos a esos estudiantes a elegir bien sus estudios, digo que no ofertemos tantas plazas. Si España necesita 1.000 criminólogos y 5.000 psicólogos más cada año, pues que se oferten sólo esas plazas.

No necesitamos 13.000 psicólogos y 2.400 criminólogos, pero sí algo más de 75 ingenieros navales. Creo que en esto estamos todos de acuerdo. Y creo que estamos todos de acuerdo también en que no es un problema de que falten mujeres que quieran ser ingenieras navales, si fuera un asunto de paridad se resuelve fácil prohibiendo a las mujeres ser psicólogas o criminólogas hasta que no completen su cuota de 37 ingenieras navales. El problema verdadero es que no conseguimos en España que los jóvenes quieran ser ingenieros navales. Me parece increíble, porque en mi opinión la ingeniería naval y la de minas son las dos ingenierías más fascinantes, completas y atractivas de todas. Y a pesar de todo, a la vista está: casi nadie quiere ser ingeniero naval.

Si las autoridades estuvieran por lo que hay que estar, en vez de tanta chorrada educativa deberían fomentar que los chicos (chicos y chicas) quieran ser ingenieros. Aunque no sean navales, pero seguro que alguno caería. Hay que fomentar que se estudie ingeniería. 

Para empezar, los chicos (chicos y chicas) en los colegios no saben bien qué hace un ingeniero. Saben que la profesión existe, pero no saben en qué consiste. Como mucho, lo asocian con los diseñadores de coches. Las más de las veces, con cosas que no son de verdad de ingenieros (al menos, de lo que yo entiendo que es cosa de ingenieros de verdad). Resolver este problema no es difícil: seguro que todas las escuelas pueden contactar con ingenieros que se ofrezcan a dar charlas sobre su profesión. Un ingeniero de caminos, uno agrónomo, uno industrial, uno aeronáutico,... Cuantos más tipos de ingenieros mejor. Un ingeniero especializado en centrales y redes eléctricas puede descubrir a los alumnos un mundo que ni se imaginaban, un ingeniero de fábrica explicar cómo es en verdad una fábrica y la importancia de los ingenieros en ellas. Y un ingeniero naval puede contar las múltiples ocupaciones que tienen, sus responsabilidades y los retos a los que se enfrentan. Estas charlas no tienen coste, y seguro que serían muy fructíferas. Sin conocimiento no hay vocación.

En segundo lugar, ha de cambiar el ánimo con el que se trata a la ingeniería. No es cosa de cerebritos incapaces de relacionarse con el mundo y ojalá hubiera más mujeres ingenieras, entonces sí que cambiarían las cosas con las mujeres empleando su cerebro. No. Los ingenieros somos la élite del país. La categoría del país no la dan sus atletas o sus futbolistas, y tampoco sus funcionarios, sus psicólogos o sus notarios. La dan sus ingenieros. Somos los que hemos sacado a la humanidad de las cavernas, qué caramba. No hay carrera más difícil que la nuestra, aunque algunas alardeen de requerir memorizar tochos enormes y cientos de palabras de 30 letras. Y así como debería animarse a los chicos a buscar la excelencia y a intentar ser los mejores, debería animarse a los chicos a intentar ser ingenieros si se ven capaces de ello. Desde luego, burlarse de los ingenieros no es el camino.

Y para terminar por ahora, tampoco estaría mal que los medios de comunicación reflejaran también la dificultad técnica de la noticia. Si una empresa española monta una plataforma petrolífera en el mar del Norte, si cualquier problema con un barco de transporte de contenedores, si se bota un submarino o se consigue un contrato de fabricación. Pero también si una lancha o un velero participa en una prueba de velocidad o resistencia. Por ejemplo. Un barco, desde un gigantesco superpetrolero hasta el más frágil esquife pasando por el prodigio técnico de los veleros IMOCA de 60 pies, todos son en realidad una obra de ingeniería. No estaría de más que alguna vez se hablara de ello.

En cualquier caso, me parece muy lamentable. 50 millones de españoles y sólo producimos 75 ingenieros navales al año. Psicólogos y criminólogos para aburrir, pero de lo que verdad importa, más bien poco. No sé qué decirles, hay países con un alto conocimiento tecnológico y países sin ello. No sé en qué grupo creemos que estamos, y en qué grupo queremos estar. 

 

 

Sam Cooke - Wonderful world 

jueves, 21 de marzo de 2024

El ingeniero, la constructora, el error y el dilema

https://www.youtube.com/watch?v=PaEJtodoh5c 

 

 

El ingeniero ha sido contratado por una constructora para que le ayude en la ejecución de una obra.

El ingeniero descubre un error en el proyecto e informa a la constructora. No informa a la Dirección Facultativa ni a la Propiedad, porque la constructora no le ha contratado para que la puentee. Lo más correcto sería que la constructora avisara a la DF del error, pero ¿y si la constructora guarda el informe en el cajón y se calla? ¿Debe el ingeniero saltarse el conducto reglamentario?

Imaginemos que la constructora decide callar porque el error no comporta un peligro y además le beneficia. Por ejemplo, que se obliga (y paga) apuntalar una zona que no es necesario apuntalar, o compactar un terreno que ya está compactado. La constructora va a realizar (y cobrar) un trabajo que no es necesario. O supongamos incluso que es un error en las mediciones o en los presupuestos, que redunda a favor del contratista (si no fuera así el contratista no callaría).

Ciertamente, lo más ético sería que la constructora avisara a la DF, pero ¿y si no lo hace? ¿Debe el ingeniero realizar un acto inapropiado - saltarse el implícito deber de secreto en la información que le pasa a la constructora- para precisamente perjudicar a la constructora? En mi opinión, no. Perdería a su cliente y le perjudicaría, y todo por beneficiar a un tercero (la Propiedad) que ha cometido el error de contratar a una DF no tan atenta como el ingeniero. El juicio ético de avisar o no a la Propiedad le corresponde hacerlo a la constructora, no al ingeniero.

Ahora bien, ¿y si el error afectara a la seguridad? ¿Y si la estructura proyectada fuera insegura?

Lo primero es entender porqué iba la constructora a no avisar del error.

Tal vez el trabajo está ya muy avanzado y la Propiedad no va a pagar deshacerlo y hacerlo correctamente. Pensemos que se ha excavado el túnel y los trenes son demasiado grandes, como ha pasado en este gran país. Recuerdo la reforma de un hospital, todas las medidas me daban que no iba a caber el despacho de un médico, advertí numerosas veces, pero la constructora no trasladó el aviso y el despacho del médico terminó siendo más un armario que un despacho. Y hubo que achaflanar una esquina para poner la puerta al bies y que cupiera (no se abría del todo). O tal vez simplemente la Propiedad no va a pagar la corrección, o sí la pagaría pero sólo si era derrotada en una pelea a muerte en el pozo de los lagartos de fuego. Y la constructora no tiene ganas de pelear a muerte porque ya tiene suficientes peleas con ese cliente en la agenda.

Pero, claro, lo que está en juego es la seguridad. Sí, eso con lo que en teoría no se juega.

Dicho esto, hay que asegurarse de que la constructora entiende el error y lo que significa, e insistir en que avise a la DF. 

Si esto no funciona (y en realidad aunque funcionara: hay que hacerlo antes) hay que reflexionar un poco sobre nuestra actuación. ¿Tan grave es el error? Las más de las veces no lo es, pero nos pierde nuestras ganas de parecer mejores que la DF. O la merma de la seguridad no es tanta como para montar un escándalo.

Pensemos, por ejemplo, en una tienda de muebles (tradicional, no un IKEA) o un concesionario de coches. Son tiendas con una gran superficie. Las normas asignan una ocupación por metro cuadrado que difícilmente se alcanza, más bien jamás. El proyecto ha dimensionado unas medidas de protección contra incendios suficientes para la ocupación real, pero insuficientes para la teórica que manda la normativa. Y el ingeniero lo sabe. Puede que no haya sido lo querido por la DF, pero es el resultado.

O que según el proyecto se alcanza un coeficiente de seguridad estructural de 1,8 cuando en realidad es 1,55. El mínimo normativo es, pongamos, 1,50, así que aun así se cumple la norma. O se alcanza sólo 1,49, no cumple por poco.

En mi opinión, si la constructora decide no informar a la DF el ingeniero ha de callarse. Que quede constancia de su aviso, y ya está.

Imaginemos que el error es grosero y la pérdida de seguridad es importante, pero sin alcanzar el nivel crítico. Que no va a ocurrir el desastre, pero ni de lejos la Propiedad va a tener el nivel de seguridad que esperaba. Y que a pesar de que la constructora ha sido informada, ésta decide no avisar.

O imaginemos que el error es tal que el desastre es casi seguro . En este último caso, si la constructora no quiere avisar lo mejor que puede hacer el ingeniero es dejar de tenerla como cliente.

¿Qué ocurre si en estos dos últimos supuestos no hay contacto posible entre la DF y el ingeniero? Pongamos que la obra se desarrolla en el extranjero, en Vietnam o en Chile. Ahí no hay nada que hacer, el ingeniero debe dejar constancia de que comunica a la constructora (a persona responsable) el error detectado, y no hay más que hacer.

Pero ¿y si sí puede contactar con la DF? Por ejemplo, porque el ingeniero también va a la obra y tiene además trato profesional con la DF aparte de esta obra. ¿Debe traicionar a la constructora?

En el último supuesto, sí si el mal de la traición es menor que el mal del desastre. Si el desastre no es tan desastre, no hay muertos, no hay heridos, no se producen daños económicos significativos ni importantes perjuicios a terceros, el ingeniero se debe a la constructora que lo contrata. Sí, ha sido una chapuza, sí, el ingeniero lo sabía y ha sido parte, pero insisto en el supuesto inicial: el error no es de la constructora sino del proyecto.

En el otro supuesto, lo que puede hacer el ingeniero es aconsejar a la DF que se asegure: "¿has comprobado que...? ¿Estás seguro de que...?". Las más de las veces la DF no hará nada (¡cómo a va ser que ese ingeniero sea mejor que ella!), pero el ingeniero puede tener la conciencia limpia: ha hecho bien su trabajo, ha advertido a la constructora y se ha encargado de que la DF sea consciente de la necesidad de reestudiar aquello que ha hecho mal. Puede que se considere que ha traicionado a la constructora, pero hay que reconocer también que el deseo de la constructora de tapar un problema importante no era muy ético. Además, no solo le obligaba la cortesía profesional sino también el deber moral de ayudar a un técnico con el que se colabora. Tomase el ingeniero la decisión que tomase, razones para tomar la contraría tendría.

Son situaciones complicadas que es mejor no tener. Pero ocurren.



Chiquetete - Esta cobardía

 

miércoles, 6 de marzo de 2024

Faltan ingenieros

El año 2018 el salario mínimo interprofesional en España era de 735 € en 14 pagas. Este año se ha establecido en 1.134 € en 14 pagas, lo que equivale a una subida anual del 7,5%.

Sin entrar (en este artículo) sobre la conveniencia o no de tal salario mínimo, echemos una mirada a cómo han evolucionado los salarios de los ingenieros. 

Supongamos que un ingeniero cobraba en 2018 2.200 € en 14 pagas (por si les interesa, el convenio de las ingenierías de 2021 establecía, para los ingenieros superiores, 1.880 € en 14 pagas). Supongamos también que el sueldo de un ingenieros se revalorizaba un 1% anual. Eso significaría que en 2024 ese ingeniero superior cobraría 2.335 € en 14 pagas (sigue estando muy por encima del convenio).

En 2018 ese ingeniero superior estaría cobrando 3 veces el salario mínimo interprofesional. En 2024, sólo el doble. Sin comparación posible entre las responsabilidades de los trabajadores de ambos grupos o los esfuerzos y las renuncias vitales de cada uno para llegar a donde han llegado (recuerden los ingenieros, sin ir más lejos, las juventudes que vivieron y las que vivieron otros muchos).

Que ya sé que los ingenieros no se hacen ingenieros por el dinero, pero cabe preguntarse si la política de subir el SMI contribuye a paliar la denunciada falta de ingenieros en España y la también denunciada falta de estudiantes féminas en las escuelas de ingeniería.  

lunes, 18 de diciembre de 2023

Ingenieros y políticos

Me produce una mezcla de tristeza, rabia y desengaño notar cómo se están comportando los políticos actuales y cómo deberían comportarse si fueran ingenieros. Hablo, por ejemplo, de las reacciones que han tenido a los resultados del Informe Pisa 2022, pero es extensible a muchos otros temas.

El año pasado, más o menos por estas fechas, publiqué una entrada (ingenieros de trafico) en la que opinaba que uno de los problemas de Tráfico es que tienen órdenes de ser tan buenos que no cometen errores, nada es culpa de ellos nunca. Y como nunca cometen errores, no mejoran. En esto de los políticos ocurre lo mismo.

Los resultados están ahí y se han hecho públicos: el nivel educativo ha descendido. ¿Cuál ha sido la reacción de los responsables políticos? Negarlo. Ocultarlo. Insinuar que no es así. Intentar mostrarlo desde otro ángulo, uno que les dé un resultado favorecedor (el clásico "otros están peor" y su hispánica variante "¡pues anda que tú!"). Cualquier cosa antes de reconocer que algo va mal estando ellos al cargo.

Sin embargo, como ciudadanos no queremos que nuestros políticos sean unos seres de luz cuasiperfectos, sino personas que están dispuestos a mejorar lo que se esté haciendo mal: no les juzgaremos por lo que ellos hayan hecho mal, sino por lo que ellos hayan conseguido mejorar. Si han gestionado mal la educación pero consiguen enderezar la nave y que quedemos contentos, pues bien está. Pero si no reconocen que hacen las cosas mal ¿cómo van a corregirlas?

¡Qué diferentes son en esto de los ingenieros! El ingeniero siempre habría buscado la perfección. Incluso si fuéramos los mejores del mundo, habría dicho "somos los mejores del mundo, pero aún podemos ser más buenos".

Quizás esto explique porqué tan pocos ingenieros se dedican a la política.

jueves, 16 de noviembre de 2023

El futuro es imparable

https://www.youtube.com/watch?v=06o-EYH9svs 

 

Paradoja de Fredkin: cuanto más similares parecen dos opciones menos debería importar la decisión, pero más difícil elegir entre ellas. Como resultado, a menudo pasamos la mayor parte del tiempo en las decisiones que menos importan.

 

 

 

A estas alturas de la película, es que da igual. Ya no cabe discutir sobre el BIM, sobre si es bueno o malo, sobre sus ventajas o desventajas. El tiempo para discutir ya pasó, y se decidió que sus ventajas superaban a sus desventajas. Ahora, el BIM es lo que va a ser y es ya indiscutible. Hay que reconocer cuándo se ha perdido, y seguir adelante.

Así que toca aceptar el BIM y sacarle el máximo partido. Y para ello hay que entenderlo verdaderamente. Ahí es donde falla la mayoría de las personas, y es lo que quiero explicar.

El BIM es modelar en el ordenador lo que se quiere construir. Antes del BIM, o se hacían maquetas de lo que se quería construir o se dibujaban planos (PLANOS, es decir, superficies planas) en los que, con criterios de interpretación ampliamente divulgados y aceptados, se representaban las ideas que se querían transmitir. El BIM no hace eso, y hay que asumirlo.

Repinto, el BIM no es hacer planos. Es hacer un modelo de ordenador que contiene toda la información necesaria. Lo que pasa es que las personas que han de trabajar en la actualidad están acostumbradas a que la información se transmita en planos. En el futuro, cuando esa costumbre haya desaparecido, no habrá planos porque no serán necesarios, pero hoy en día es un peaje al cambio de paradigma que hay que pagar. Así que pedimos al BIM que haga planos.

Y el BIM hace planos, pero sólo lo mejor que puede. No sólo no es instantáneo, sino que ademas carece de los convenios de dibujo. Los convenios de dibujo son reglas de representación adoptadas con los años por las cuales se renuncia a que lo dibujado sea exacto a cambio de que se entienda mejor la idea. El BIM, claro, no tiene convenios de dibujo porque lo que hace es reflejar el modelo que imita la realidad. De ahí que muchos planos hechos a partir de modelos BIM se vean raros, mal dibujados, difíciles de entender por lo poco agraciado del punto de vista asignado.

Así pues, lo que tiene que hacer el ingeniero del pleistoceno es adaptarse él. El BIM no se va a adaptar a hacer las cosas como se hacían antes del BIM, porque es otra cosa. Es como si antes tuviera un coche de caballos y llegaran los vehículos con motor. Sí, el caballo tiene cosas que el coche no tiene, aunque sabemos que el coche se va a imponer. El desplazamiento en coche de motor es diferente, y no tiene sentido pedirle al coche que imite lo más posible al caballo porque me haya acostumbrado al coche de caballos. Mejor hacerse cuanto antes a la conducción del coche, ¿no?

Pues eso es lo que hay que hacer. Ya sé que (hasta ahora) el lenguaje del técnico es el plano, y ya sé que estamos hechos a representar nuestro trabajo en planos. Vale. Transitoriamente, los años que sean necesarios, habrá que seguir con planos; pero entendiendo plano una superficie de papel (o equivalente). Hay que olvidarse del Dibujo Técnico, y averiguar cómo expresar las ideas con las capacidades y las fortalezas del programa BIM. Probablemente, lo que salga será muy diferente de lo que se hacía antes. Es de esperar. Pero ya no se trata de que nos guste más o menos, es lo que hay y ahora depende de nosotros que lo que consigamos nos guste.

Es el futuro y nosotros, reconozcámoslo, no lo vamos a parar. Es el dicho, «si no puedes vencerle, únete a él». Yo creo que es lo más inteligente a estas alturas. 

 

 

 

Sara Evans - Suds in the bucket 

martes, 24 de octubre de 2023

El buen ingeniero no deja solos

https://www.youtube.com/watch?v=rfoakeJeR1Q 

 

 

En mis primeros años como ingeniero, pongamos con 24-25 años, trabajé como director de una fábrica. La fábrica era pequeñita, pero trabajaba a 3 turnos. Salvo los técnicos y yo. Mi horario era el más especial: de 9 a 1 y de 4 a 8. 

Como ocurre a menudo con los directores de la fábrica, yo no cumplía el horario a rajatabla. Sobre todo lo de irme a las 8. Y no porque tuviera tanto trabajo atrasado cada día que lo necesitara, qué va. Era tan solo que me gustaba quedarme. Estar en la fábrica, pasearme, hablar con los obreros, observarles mientras trabajan. Digamos que, terminada mi faena diaria, dedicaba un rato a conocer. Recordemos que yo tenía 24 años, por lo que mi experiencia de la vida era limitada, y la confraternización con los obreros, que me cuenten sus historias, sus cuitas o cómo ven ellos (y viven ) la realidad me interesaba mucho.

Los obreros a mí me respetaban muchísimo, y me trataban siempre de "señor". La fábrica estaba en un pueblecito, los obreros habían sido todos labradores antes que obreros (salvo los más pobres, que no tenían tierras y con 8 años ya los habían puesto a trabajar), por descontado ninguno tenía estudios y yo era tal vez el único ilustrado al que tenían acceso. Aunque yo tuviera sólo 24 años, para ellos yo era una persona que entendía las cosas, que veía cosas que ellos no veían, que realmente sabía. Yo, por supuesto, intentaba estar a la altura que me atribuían.

El caso es que recuerdo una ocasión, ya tarde, uno de ellos, que se llamaba Vicente, me dijo que les gustaba que yo me quedara, porque cuando yo me iba ellos se quedaban "muy solos".

Ésa fue una una conversación que todo ingeniero debería tener con sus obreros.

Cuando yo me iba, los obreros se quedaban solos. Los de la tarde debían terminar el turno solos hasta que llegara el relevo de la noche, los de la noche trabajar solos en un más bien defender el fuerte, y los de la mañana entrar y aguantar hasta que a las 8 empezaran a llegar los demás. Cualquier situación que surgiera en ese periodo debían afrontarla y resolverla ellos solos. Lo que Vicente me venía a decir es que agradecían infinito mi esfuerzo en que ese periodo fuera lo más corto posible.

La semana pasada estuve en una obra. No debería haber estado, porque yo sólo tenía que hacer el cálculo y de la ejecución se encargaban otros, pero había dudas sobre la idoneidad de mi propuesta de pilotaje y yo la había defendido diciendo que cuando se hicieran los pilotes yo estaría y que si surgía algún problema o algo anormal, al estar yo se detectaría y podría reaccionar en consecuencia. El caso es que cuando se ejecutaron los pilotes allí que me fui.

La obra era pequeñita, pero para mi sorpresa allí, fuera de los peones, no había nadie de la constructora. Ni encargado, ni jefe de obra ni nada. Ni siquiera se acercaron a saludarme, nada. Los peones supongo que sabrían que yo iba a ir, en cualquier caso me dejaron aparcar el coche en la obra y moverme como Pedro por su casa. En cuanto a la empresa que ejecutaba los pilotes, sí es cierto que a media mañana se acercó la responsable de la empresa para comprobar que todo estaba bien. Sólo el primer día, claro, luego ya iban solos.

Yo estuve durante la ejecución de todos los pilotes. Luego ya me da igual, el resto de la obra la hace un tonto, pero en la fase más importante, en la que más desconocimiento hay y la única que ya no tendría arreglo posible, ahí estuve. Por cierto que la responsable de la empresa pilotadora me dijo que posiblemente yo era el único técnico que ella conociera que hacía lo que yo hacía, el estar ahí presente e involucrarse.

Y se notaba, que el maquinista pilotador confiaba en mí, que le tranquilizaba que yo estuviera. A todos en general. Uno de los peones me estuvo contando, que tenía 60 años, que ya su padre había sido peón en la construcción, que en cierta ocasión hace ya años su empresa tenía que ejecutar una obra y no sabía cómo y él se acordó de cosas de su padre y se lo dijo al jefe y a éste le pareció muy buena idea y funcionó y todas esas cosas.

Yo no pude menos que acordarme de aquello que me dijo Vicente hace muchos años.



Jacques Offenbach - Orfeo en los infiernos: galope infernal

 

lunes, 2 de octubre de 2023

BIM: ¿nos estamos volviendo todos majara?

https://www.youtube.com/watch?v=fTqra4YSsaM&pp=ygUSd2hhdCB3YXMgaSB0aGlua2lu

 

 

¡Ah, el BIM! Lejos quedan aquellos tiempos en los que los proyectos se hacían con ingenieros y arquitectos bosquejando a lápiz y avezados delineantes trazando en tinta china sobre papel vegetal los planos que reflejaban las ideas, los diseños y las medidas. Ahora es todo mucho más fácil: se le dice al ordenador que se quiere una ventana en tal sitio, y voilà!, aparece la ventana. Y automáticamente queda incluida la ventana en las mediciones, descontada la parte de pared que ocupa, y por supuesto en todas las vistas de todos los planos de todos los oficios pasa a aparecer esa ventana. Es fantástico, la repanocha.

Acabo de participar en un proyecto que hacen en BIM, y no me extraña que este país se esté yendo al carajo: nos hemos vuelto majaras.

Para empezar, la cosa no empezó bien: mi interlocutor ya no fue un arquitecto, sino un delineante. El delineante conocía el proyecto como nadie, y parece ser que bastaba. A su vez, él no entendía mis preguntas: «Está todo en el BIM», me decía, «allí puedes verlo todo». No había manera de hacerle entender que yo no quería ver la realidad, sino representarla de una forma esquemática que me permitiera comprenderla con facilidad. Lo mismo que un ingeniero eléctrico no quiere ver una foto del cableado del edificio, sino el esquema eléctrico. Pero bueno, cabezón que soy, al final... yo hacía los croquis, y si algo no era correcto él me advertía que eso no era así, yo lo corregía y si acertaba entonces decía que sí. Incapaz de dibujar un croquis a mano, el tío, y eso que a lo mejor era más viejo que yo. Pero tras años de usar un ordenador y dibujar con BIM, me parece a mí había perdido el oficio.

Pero todo esto son problemas de ajuste, causado por ser yo un austrolopiteco. Los ingenieros jóvenes, que se manejan con total soltura con los programas BIM, no tendrán ninguno de los inconvenientes con los que yo me he encontrado. Ahora bien...

El delineante metía todo en el BIM. El modelo BIM reflejaba perfectamente el edificio, hasta en sus más nimios detalles.

En sus más nimios detalles.

A ver si me explico.

La verdadera misión de un proyecto es expresar las ideas del proyectista, lo que quiere hacer. Esas ideas, expresadas mediante planos, memorias, cálculos y mediciones, han de estar lo suficientemente bien expresadas para que se entienda lo que quiere el proyectista (sobre todo la Administración y el cliente final) y para que una constructora pueda dar precio. A partir de ahí, cualquier duda que se tenga debe resolverse en obra, que para eso está la Dirección Facultativa de la misma. En el aspecto eléctrico, con unos esquemas eléctricos, una planta de emplazamiento de los puntos de conexión, iluminación, etc., y un estado de mediciones de suficiente aproximación a la medición final, debería ser suficiente. No es necesario meter el ordenador el recorrido de cada cable. En el aspecto estructural, la estructura puede estar definida a grandes rasgos, y luego algunos detalles especiales resueltos; unos por su importancia, y otros porque son generales y sirven de orientación para adaptarse a muchos puntos. No es necesario que en el proyecto aparezcan todas las armaduras con sus despieces y empalmes correspondientes ni todos los tornillos dibujados con sus arandelas.

Pero con el BIM no se hace eso. Se desarrollan todos los detalles constructivos, y todos son todos. Y se desarrollan todos, teniendo en cuenta las diferencias de cada uno. El modelo del ordenador es exacto y completo. Y así no hay ninguna duda.

Por eso digo que nos estamos volviendo majara. 

En la construcción de un edificio no participa sólo el proyectista. También está el director de las obras, el arquitecto técnico que supervisa la ejecución, la empresa constructora con sus técnicos de gabinete, el jefe de las obras, el encargado, los capataces, los oficiales y los peones. Todos ellos, en mayor o menor medida, aportan su conocimiento y su pericia. No es necesario, en el proyecto, definir muchas cosas, indicar cómo se hacen o resolver muchas otras: ya aportarán todos los demás lo necesario para salir del paso (y si no, sin duda se preguntará al proyectista, por ejemplo si éste introduce una técnica o un material novedoso del que el equipo de obra no tiene experiencia).

Con el BIM la obsesión del proyectista es resolverlo todo él, y con ello está renunciando al gran caudal de conocimiento que aportarían todos los demás. Con razón a las constructoras les encantan los proyectos en BIM: como si les sirvieran las naranjas peladas. A cambio, todo el estrés pasa al proyectista, que carga con más del que le corresponde.

El problema - aquí pienso como ingeniero proyectista- es que el proyectista se ha excedido en su encargo. Se le encargó un proyecto, y el BIM es mucho más. Aunque se le hubiera encargado un modelo BIM: lo que tendría que entregar el proyectista es un modelo BIM tosco, con muchas indefiniciones, muchas "colisiones". Suficiente para hacerse entender, y que luego resuelvan otros esas indefiniciones y esas colisiones. Porque lo que se le paga al proyectista es un proyecto, los honorarios son de un proyecto, y el plazo que se le da es el de un proyecto. Normal que al proyectista no le salgan los números, y que además le surjan cien mil reclamaciones porque se ha olvidado de definir tal o cual detalle. Un ejemplo prototípico de lo que pasa cuando los que ofertan un trabajo no son los que lo hacen. Supongo que tarde o temprano las direcciones de los estudios de arquitectura y de ingeniería se plantearán por qué sus proyectos con BIM les arrojan tantas pérdidas.

Esto se debe en parte a la demagogia que existe en torno a los proyectos: ¿cómo vas a entregar el proyecto sin tener resueltos todos los detalles? El cliente pensará que el proyecto está mal, está incompleto, y exigirá al proyectista que lo haga bien y completo. Y quien dice el cliente dice, en muchas ocasiones, el revisor, la Administración o, sobre todo, el jefe del proyectista cuando lo tiene. Llegados a ese punto, el proyectista debe decir que sí, que él es capaz de desarrollar esos detalles, pero que eso requiere un tiempo X que se le ha de conceder y un coste Y que se tendrá que abonar. Que si la otra parte está dispuesta, él encantado. Si no lo hace, se tiene merecido lo que le va a caer. Que una cosa es un proyecto ejecutivo y otra un proyecto "de taller". 

Con el BIM se están haciendo, hoy, proyectos de taller. Y los vendedores de los BIM alardean "fíjate qué calidad de proyecto, qué diferencia con los proyectos ejecutivos que hacías hasta ahora". Ha de ser consciente, entonces, el vendedor de BIM que está vendiendo un proyecto de taller, y no venderlo al precio de un proyecto ejecutivo. Pero, claro, lo que el cliente está dispuesto a pagar es el coste del proyecto ejecutivo, no más. Este malentendido es el que genera muchos de los problemas.

La visión de un ingeniero del pleistoceno, eso sí. Próximo a la extinción. Suerte para los vendedores de BIM que no es mi opinión la que importa.

 

 

 

Dierks Bentley - What was I thinkin

 

lunes, 21 de noviembre de 2022

Ingenieros de Tráfico: ser buenos no es tan bueno

https://www.youtube.com/watch?v=PaVvaXAZUEs 

 

 

Cuando hay un accidente en carretera, de los que conllevan víctimas mortales o que requieren la intervención de la Guardia Civil, Tráfico hace un atestado y una investigación de lo ocurrido y la conclusión impepinable siempre es que la causa del accidente es la velocidad inadecuada o la falta de atención del conductor.

La culpa, siempre, es del conductor. Nunca de nada que pueda achacarse a la DGT. Ni el estado de la vía, ni la señalización, ni que no circularan quitanieves,... nada, nunca.

Estoy convencido de que la DGT y las organizaciones homólogas de las autonomías que las tengan están dirigidas por ingenieros. Puede que no en la cúspide, en los puestos de designación política, pero seguramente sí en los que toman las decisiones técnicas. Quiero creer que la orden de limitar una velocidad en un sector o poner un radar en un determinado punto la toma un ingeniero en función de su criterio técnico. Que no la da un político experto en tragar y pelotear o licenciados en Filosofía y Letras o decoradores. Sin embargo, mucho me temo que el estar en una organización gubernamental ha erosionado a estos ingenieros muchas de sus virtudes ingenieriles, y ya son más funcionarios que ingenieros. 

Porque un ingeniero de verdad, uno que se faje en las fábricas o en las obras, uno que de verdad ame su trabajo, no aceptaría que las investigaciones echaran la culpa al conductor. No, nunca: exigiría que el investigador averiguara qué falló por parte de ellos, qué se pudo hacer para evitar el accidente. Sí, vale, la velocidad era inadecuada, pero ¿hacía mucho que no pasaba el quitanieves? ¿Se había extendido sal? ¿Eran visibles las señales de poner cadenas? ¿Se había habilitado un espacio para que los coches se detuvieran a ponérselas? ¿Había a pie de puerto una pareja de la GC? Y también: ¿era adecuada la formación que había recibido el conductor? Vale que no supo reaccionar al haber hielo en la carretera, pero ¿habría ayudado que se le hubiera dado formación en ese sentido?

¿Y si se hubiera cambiado el asfaltado en el tramo más peligroso del puerto a un firme de hormigón con resaltes antideslizantes? 

Pero no. La culpa, siempre del automovilista. Que no solo sufre el accidente, sino que además es que se lo ha buscado.

Si la DGT y las autonómicas se plantearan los accidentes como digo, estoy seguro de que año a año se irían reduciendo las cifras de accidentes y siniestros en carretera porque cada año se iría mejorando. Si buscasen qué culpa podrían tener, si no quisieran figurar siempre como los buenos, si pensasen qué errores habrían podido cometer, sería mejor para todos.

A fin de cuentas, en la Fórmula 1 la culpa de los accidentes nunca es de que el conductor iba a una velocidad inapropiada, pongamos 300 km/h, sino a fallos que obligan a mejorar los circuitos y los diseños de los bólidos. ¡Ah, pero es que la F-1 es una organización privada, no es cosa de funcionarios!

Es la filosofía de todo lo que ataña a la administración pública: la culpa siempre es de los ciudadanos, que paguen por ello. 

 

 

Coro del Ejército Rojo - El Ejército Rojo es el más fuerte 

miércoles, 2 de noviembre de 2022

La caseta multidisciplinar

https://www.youtube.com/watch?v=UFpaHMqz0nM 

 

 

Imaginemos que, en pleno campo, proyectamos una caseta. Un cobertizo para guardar herramientas. ¿Qué ingeniero ha de proyectar tal edificio? Depende.

Como hemos dicho, la caseta está en el campo. Así que es cosa de los ingenieros agrónomos: será para que el labriego guarde el arado y la azada.. Pero si el suelo no es plano, sino que es en el monte, entonces es cosa de ingenieros de montes. O no. Porque si las herramientas que se van a guardar lo son para una mina cercana, es de un ingeniero de minas. Si lo son para una carretera cercana que se está construyendo, es cosa de los ingenieros de caminos. Si no es una carretera, sino una vía férrea, es cosa de ingenieros industriales. O para un aerogenerador. Si en vez de un aerogenerador hablamos de una antena de telefonía, es para ingenieros de telecomunicaciones. Si la antena no es de telefonía, sino para el balizamiento de aviones, intervienen los ingenieros aeronáuticos. Y, como se imaginarán, si las herramientas son para construir una atarazana, un ingeniero naval. 

Ahora bien: si en vez de una caseta para herramientas el edificio es para las viviendas de los obreros que han de construir lo dicho, el ingeniero competente es el mismo que el del proyecto general. Ya sé que no es muy normal en España, en estos tiempos, construir viviendas para los obreros como parte de los trabajos de la obra, pero lo fue. Y lo sigue siendo si la obra se realiza en según dónde. Por ejemplo, en Argelia: la constructora desplaza a todo el personal a una especie de "campamento", una villa cerrada aislada que incluye además el equipamiento de asueto necesario para los bastantes meses que pasaran todos ahí encerrados. Pues bien, si los obreros están construyendo un puente, el ingenieros es de caminos; si un aeropuerto, un aeronáutico; si un puente... para ferrocarril, un ingeniero industrial. Si unos cortafuegos, un ingeniero de montes. Si una deshidratadora de alfalfa, un agrónomo. Y así todo.

Y lo mejor: si lo que van a construir los obreros es una futura urbanización de chalets y viviendas pareadas... no puede hacerlo ningún ingeniero: ha de proyectarlo un arquitecto.

Menudo guirigay, dirán. Y sí, pero es que hemos de pensar en los ingenieros como antiguos cuerpos del Estado, y por lo tanto cada uno con sus competencias y funciones. Según para qué sean las herramientas, el proyecto será de esos ingenieros o de otros. 

Esto, la legislación lo recoge con la expresión "técnico competente". Competente porque tenga autorización para hacerlo, y porque sea técnicamente capaz de ello. Y de esto quería hablar: la legislación considera que, si el técnico está autorizado, entonces sabe hacerlo. No pone en duda la valía técnica del ingeniero. Si se tiene el título, se sabe. El problema es que eso no es muy real: me juego el cuello a que casi ningún ingenieros es capaz de proyectar un edificio de viviendas -completito, ¡eh!, con su instalación eléctrica, fontanería, comunicaciones, etc.- por más que el legislador le otorgue la competencia técnica.

Lo queramos o no, los ingenieros no somos tan multidisciplinares como la ley nos considera. Ni de lejos. Pero entre saber hacer mil cosas y saber sólo cinco hay mucho entre medio. Hay ingenieros que sólo saben hacer 5 cosas, otros 10, otros 100. Los que saben 5 sabrán esas 5 cosas mejor que los de 100, pero claro.

¿Qué es mejor, ser especialista o ser multidisciplinar?

Yo, por ejemplo. Estudié con un plan ya extinto que daba una formación general, no especializada. Apta para todo y con la que apenas aprendíamos algo de nada. Luego, la vida, las circunstancias,... en mis primeros quince años de profesional toqué muchos palos. Trabajé como mecánico de reparaciones en una acería, con mi mono naranja y mis manchas de grasa, y fui director de fábrica. Proyecté instalaciones de refrigeración, de estructuras, de actividad, de incendios, eléctricas,... Construí maquinaria de muy diverso tipo, construí instalaciones industriales. Desarrollé software industrial y software comercial, trabajé con ordenadores antiguos ahora inimaginables, con miniordenadores y con microordenadores, con compatibles IBM y con ordenadores especiales no compatibles. Llevé gestiones económicas, proyectos de integración de empresas, viajé al extranjero y por España, me encargué de clientes y de proveedores, participé en el boom de los sistemas de calidad,... 

Y luego, cosas que pasan, me encontré establecido como calculista de estructuras. Precisamente uno de esos campos en los que todos los ingenieros tenemos competencias y por lo tanto deberíamos ser competentes. Y no sólo los ingenieros: también los arquitectos. El caso es que lo que me encontré fue un mundo de especialistas: todos eran especialistas en estructuras, y sabían un montón. Y yo ahí, con mis nociones generales y poco más pero con una vitola de "experto" que a mi pesar proclamaba mi aspecto de ingeniero "con experiencia". La experiencia, ya se sabe, no hace a alguien experto sino experimentado, que no es lo mismo.

¿Saben qué pasó? Que los especialistas de estructura con los que me batía el cobre carecían de cualquier experiencia o conocimiento fuera de su campo de trabajo. Digamos que sabían construir casetas, pero no sabían nada de las herramientas que iban a guardarse ni lo que hacía el cliente con esas herramientas. Y yo no sabía mucho de casetas, pero sí de todo lo demás.

Para más inri, en los años que habían pasado desde mi instrucción el mundo había cambiado. Yo aprendí a calcular estructuras a mano, no existían programas para calcularlas. Pero cuando entré en el sector, ya existían esos programas. De repente, el cálculo propiamente dicho de una estructura no lo hacía el ingeniero, sino una máquina. Por descontado, aquellos expertos en estructuras manejaban esos programas mil veces mejor que yo (que ni sé emplear el Cype), pero la habilidad en sí de calcular estaba dejando de ser necesaria. Bastaba con saber lo que se hacía. Y como yo entendía los problemas del cliente mucho mejor que los expertos de estructuras y preveía el uso futuro también mucho mejor, y me había visto en muchos fregados en los que un ingeniero de estructuras jamás se mete, pues se pueden imaginar: encontré mi hueco, y aquí sigo. 

Soy, por lo tanto, un firme defensor del ingeniero multidisciplinar. Si es necesario, ya se buscará luego los especialistas que necesite. Insisto, el multidisciplinar no sabe mucho de nada, sólo un poco de muchas cosas. 

Nado contracorriente, me temo. Quizá, sólo quizá, sea porque los jóvenes de ahora carecen de algo fundamental que yo sí tuve: conocimiento de más cosas. Sin conocimiento de más cosas, no cambian. Ni ellos se atreven, ni otros se lo piden. En mi opinión, una mala política, pero ya no es cosa mía.  




The Chicks - Not ready to be nice

 

miércoles, 24 de agosto de 2022

Mantisas

https://www.youtube.com/watch?v=S-Xm7s9eGxU 

 

 

Dudo que cualquiera que haya vomitado la escuela en los últimos, pongamos, 30 ó 35 años sepa lo que es la mantisa. Y dudo de que cualquiera que haya obtenido el título de ingeniero en estos 30 años lo sepa, tampoco.

Lo noto en mis contactos profesionales con otros ingenieros. La mantisa es algo fundamental, porque es lo que para un ingeniero calculista como yo es despreciable. No despreciar la mantisa supone complicarse la vida innecesariamente, hasta el punto de requerir ordenadores para ayudarles. Como los ordenadores no desprecian las mantisas, los ingenieros terminan creyendo que son importantes, más incluso que lo que no es mantisa, y la cosa degenera en un círculo vicioso.

La mantisa es la parte decimal de un número puesto en notación exponencial. Todo número puede expresarse como una parte entera menor de diez, una parte decimal (la mantisa) y 10 elevado a una determinada potencia. Por ejemplo, el número 789,2564 se puede expresar como 7,892564 x 100, o lo que es lo mismo, 7,892564 x 10², también escrito (sobre todo en calculadoras) como 7,892564E02. La mantisa del número no es la parte decimal real (2564), sino la de la notación exponencial, 892564. El buen calculista despreciaría la mantisa, se quedaría con que el número en cuestión es 700 "y pico". No necesita más precisión. Sabe que es más de 700, y menos de 800. Si es una pieza que pesa esos kilos, si su grúa puede levantar 800 kg podrá con ella, y si sólo levanta hasta 700 no; como de lo que se trata es de saber si la grúa puede levantar la pieza o no, la respuesta del ingeniero que desprecie las mantisas es rápida. No pierde el tiempo en establecer la mantisa. Y lo mismo hizo el ingeniero que estableció lo que podía levantar esa grúa, pues seguro que si levantaba 800 kg podría también levantar 810. Pero esos 10 kg son la mantisa, y los despreció.

Ochenta y tantos. El tantos no importa, o no importa demasiado. Los ingenieros no necesitan una gran precisión, sino el orden de magnitud. El "ochenta y".

Para un ingeniero, digamos, antiguo, la mantisa se desprecia; no porque no se pueda calcular con precisión, sino porque no afectará a la decisión final (si la grúa ha de levantar o no la pieza) y en cambio complica las cosas. Y las mejores decisiones se toman cuando se simplifica, no cuando se complica.

Los ingenieros jóvenes, su pecado original es que no tienen el concepto de mantisa. Al no tenerlo, no saben que es una (la) parte despreciable del número. Al no saberlo, no la desprecian. Al creerla importante, la calculan. Calcular con números decimales es laborioso (4x20 es rápido y se hace de cabeza, 4,23x23,1 es lento y requiere papel y lápiz o una máquina que haga el cálculo). Al involucrar cálculos lentos, se recurre al ordenador. Recurrir al ordenador crea dependencia, y a la larga el ingeniero se convierte, por un lado, en un simple operador del ordenador, y por el otro pierde el conocimiento de lo que está haciendo. Normal que cuando coincide en obra con un ingeniero antiguo se maraville de lo rápido que éste resuelve los problemas que se planteen y la seguridad con la que adopta las decisiones que tome.

Por no mencionar las ridiculeces a las que les lleva el considerar las mantisas; estoy, por ejemplo, repasando un proyecto de no me importa qué ingeniería (y que ni se ha molestado en disimular que ha puesto lo que directamente escupe el programa CYPE), y veo que dimensionan zapatas de 110x110 cm de largo, con barras Ø16 de 212 cm de largo, tanto arriba como abajo, con un enano de 53x53 que además ni siguiera está centrado con el pilar porque el eje del pilar está a 25 cm del borde de la zapata... Queda claro que la ingeniería en cuestión no ha aplicado, al resultado del ordenador, ningún ajuste fruto de la sapiencia ingenieril, puede que porque no les pagaran para ello pero yo diría que porque quien lo ha hecho no la tiene. 

Esta última expresión que he empleado me parece interesante: a los resultados del ordenador el ingeniero ha de darles un tratamiento posterior, no puede (no debe) escupirlos como el ordenador se los escupe a él. Para ese tratamiento, lo que el ingeniero necesita es sapiencia ingenieril. La sapiencia es como la experiencia: si no se practica se acaba perdiendo. Pero nos hemos acostumbrado, las ingenierías se han acostumbrado, a dar por bueno lo del ordenador y no hacerle ninguna cocina posterior, y pasa lo que pasa.

Esto de la mantisa es una señal: desde hace ya bastantes años, los ingenieros salen muy flojitos en matemáticas. Puede que yo también saliera más flojo que mis antecesores, pero me atrevo a asegurar que la diferencia con los modernos es abismal. Ocurrió, con las matemáticas, lo mismo que con la lengua: ¿para qué esforzarse en saber y en no cometer errores, si los ordenadores se encargarán de que esté bien? En el caso de la lengua, la idea de partida es que, habiendo autocorrectores, ¿qué importancia tiene mecanografiar bien, saber las reglas de ortografía, si se acentúa o no 'estáis' y dónde o si 'paraguas' ha de llevar diéresis o no. Tampoco es importante la caligrafía, tener buena letra, porque son las máquinas las que escriben de verdad. Y así constantemente. Al final, el deterioro del dominio de la lengua ha tenido y tiene consecuencias, todos hemos percibido muchas de ellas. Montones de escritos técnicos parecen escritos por el Tarzán o un indio comanche de las películas. Pues con las matemáticas ocurre lo mismo. Y, siendo las matemáticas una herramienta esencial para el ingeniero, el menor conocimiento de ellas está acarreando un descenso en el nivel de estos.

Ceteris paribus, por supuesto.

 

 

Éric Satie - Gymnopédie nº 1 (lento y doloroso)