miércoles, 11 de diciembre de 2024

La ley de Price en las ingenierías

El sector de la ingeniería está enfrentando una crisis silenciosa pero alarmante: la escasez de talento especializado. Esta situación no es nueva, pero se está agravando:

  • Según un estudio de Randstad, las vacantes en ingeniería representan más del 21% de todos los puestos de trabajo disponibles.
  • Ideas similares transmiten informes de otras empresasa de contratación, como Addeco o ManpowerGroup. Podemos colegir, pues, que la demanda de ingenieros técnicos, de proyectos y de mantenimiento está por las nubes.
  • Esta escasez es un problema global que afecta a empresas de todos los tamaños y sectores.
Sorprendentemente, un artículo de Bizintek señala que el número de graduados en ingeniería en 2022 fue más o menos el mismo que en 1996, a pesar del crecimiento exponencial de la demanda. Pero... ¿cómo es que hay escasez de ingenieros si el país los sigue produciendo al mismo nivel que en 1996? Para comprender mejor esta situación, consideremos el siguiente ejemplo: 
 
Imaginemos los aparatos de aire acondicionado. En 1996, estos dispositivos eran mucho menos comunes que hoy. Si el número de técnicos especializados en aire acondicionado se hubiera mantenido igual desde entonces hasta ahora, claramente percibiríamos una escasez de estos profesionales.  
 
De manera similar, nuestra sociedad actual está mucho más tecnificada que hace 30 años. Esto es algo que los más veteranos pueden atestiguar fácilmente. Hoy en día, la tecnología está presente en casi todos los aspectos de nuestras vidas: desde los smartphones que llevamos en el bolsillo hasta los sistemas de automatización en fábricas y hogares, pasando por la inteligencia artificial y el Internet de las cosas. Dado este aumento exponencial en la presencia y complejidad de la tecnología, lo lógico sería que el número de ingenieros hubiera crecido proporcionalmente. Sin embargo, al mantenerse estable, se crea un desequilibrio cada vez mayor entre la oferta de profesionales cualificados y la demanda de sus servicios. 
 
En este contexto, entra en juego la Ley de Price, formulada por Derek J. de Solla Price en 1965. Esta ley establece que:
  • La raíz cuadrada del número total de personas en un grupo es responsable del 50% del trabajo.
  • En otras palabras, en un equipo de 100 personas, solo 10 realizan la mitad de todo el trabajo.
Esta ley se ha observado en diversos campos, desde la investigación científica hasta la producción de software, y el sector de la ingeniería no es una excepción. La combinación de la escasez de talento y la Ley de Price crea un escenario particularmente intenso en el mundo de la ingeniería:
  1. Con menos ingenieros disponibles, la contribución de los más competentes se vuelve aún más crucial.
  2. La creciente complejidad de los proyectos de ingeniería modernos acentúa aún más esta disparidad.
  3. Los pocos ingenieros de alto rendimiento no solo son más productivos, sino que también son esenciales para navegar por desafíos técnicos cada vez más complejos.
Es crucial no confundir, especialmente en ingeniería, el trabajo bruto con el genio. Como dice el refrán, "más vale maña que fuerza", y esto no podría ser más cierto en nuestro campo:
  • Un ingeniero que encuentra una solución brillante en poco tiempo es infinitamente más valioso que uno que emplea muchas horas en una solución mediocre.
  • La eficiencia y la innovación deben ser más apreciadas que las largas horas de trabajo.
  • En proyectos complejos de ingeniería, podemos hacer un paralelo con la cocina: lo verdaderamente crucial es establecer la "receta" correcta, aunque la mayor parte del tiempo se invierta en su ejecución.
Esta realidad subraya aún más la importancia de los ingenieros de alto rendimiento, cuya capacidad para idear soluciones elegantes y eficientes puede marcar la diferencia entre el éxito y el fracaso de un proyecto. Y aquí viene lo más frustrante: a pesar de su contribución desproporcionada y su capacidad para resolver problemas de manera eficiente, estos ingenieros de alto rendimiento a menudo no reciben el reconocimiento ni la recompensa que merecen. Es indignante ver cómo:
  • Se les remunera con salarios similares a los de sus colegas menos productivos o innovadores.
  • Se les carga con más trabajo, aprovechando su eficiencia sin compensarla adecuadamente.
  • Su valor añadido, que va mucho más allá de las horas trabajadas, no se refleja en su posición o en sus beneficios dentro de la empresa.
Esta falta de reconocimiento no solo es injusta, sino que también es contraproducente. Corre el riesgo de desmotivar a estos profesionales clave, lo que podría llevar a su salida de la empresa o incluso del sector, agravando aún más el problema de escasez de talento. Además, uno de los mayores peligros de esta situación es que los clientes de las ingenierías -industrias y empresas con presupuestos mucho mayores- pueden fácilmente tentar a estos profesionales clave. Estas empresas, que han podido comprobar de primera mano la valía excepcional de estos ingenieros, pueden ofrecerles puestos más relajados y mucho mejor remunerados. Esto es especialmente atractivo para los ingenieros de alto rendimiento, que en las consultorías de ingeniería suelen estar sometidos a niveles de estrés muy altos, con gran exigencia y mucha responsabilidad. La pérdida de estos talentos no solo perjudica a la ingeniería, sino que también puede comprometer su relación con los clientes y su capacidad para abordar proyectos complejos en el futuro.

El meollo del problema radica en una paradoja peculiar: los ingenieros, especialmente aquellos de alto rendimiento que son los más "ingenieriles" entre sus pares, a menudo carecen de las habilidades necesarias para negociar adecuadamente sus retribuciones. Irónicamente, su pasión por el trabajo y su dedicación a resolver problemas complejos pueden jugar en su contra en el ámbito de la negociación salarial. Esta situación se ve exacerbada por la falta de reconocimiento social de la profesión de ingeniero. Si la sociedad en general comprendiera y valorara más el papel crucial que juegan los ingenieros en el desarrollo y mantenimiento de nuestra infraestructura tecnológica y social, esto podría tener un efecto dominó positivo. Un mayor prestigio social de la ingeniería no solo atraería más talento a la profesión, sino que también podría influir en los dueños y directivos de las empresas de ingeniería para que valoren adecuadamente a sus ingenieros clave. Es fundamental que se produzca un cambio en la percepción y valoración de la ingeniería, tanto dentro como fuera del sector. Solo así podremos asegurar que los ingenieros de alto rendimiento reciban el reconocimiento y la compensación que merecen, garantizando la retención del talento vital para enfrentar los desafíos tecnológicos del futuro. La sociedad en su conjunto se beneficiará de una profesión de ingeniería más valorada y justamente recompensada. 

 

Firmado: el Ingeniero Accidental,  ChatGPT gestionado por Perplexity. De esto hablaremos en el siguiente artículo.

 

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