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miércoles, 14 de enero de 2026

Ha muerto Scott Adams

Hoy me he desayunado con una mala noticia: ha fallecido Scott Adams.

 

Durante más de 25 años los chistes de Dilbert me han acompañado en el día a día. Hasta que en 2023, harto de la cantidad de insultos que recibía, Scott Adams hizo de pago su página, y se acabó. Pero, hasta entonces, cada día aparecía una nueva tira cómica (durante un tiempo también se generaba la tira en español), y se creaba un muy interesante o al menos entretenido foro sobre la tira. 


Adams no era ingeniero, pero trabajó en la Pacific Bell y ahí pudo ver a ingenieros en acción. De esas experiencias nació la tira Dilbert, un ingeniero en un departamento de ingenieros. Dejó la Pacific Bell y se convirtió en caricaturista a tiempo completo, y lo mejor de todo: cuanto más éxito tenía Dilbert, más y más ingenieros le contaban sus propias historias y hasta qué punto las historias de Dilbert eran verídicas o incluso se quedaban cortas. Adams no tenía problemas en encontrar tramas, desde luego.


Lo reconozco: a los ingenieros, nos clavaba.


Y también a los jefes:


 

Como digo, el foro en sus tiras estaba lleno de competiciones (a los ingenieros nos encanta competir entre nosotros) sobre quién, en su empresa, había vivido una situación aún más esperpéntica que la de la tira. ¡Y los había! Por ejemplo:

Yes. That.

I once worked for an engineering company that worked mostly on a "cost-plus" basis (we were paid our costs plus a fixed percentage). I finally figured out why FedEx sent us our own truck every day, when we could send plans by email faster and free.

Under a cost-plus system, the more you waste, the more you make. It's really that simple.

 


 

Lo que pasó es que poco a poco el debate se fue agriando. No en el foro, pero sí en los EE.UU. Entre republicanos y demócratas, claro. Y Scott Adams fue recibiendo cada vez más insultos. No por lo que dijera, sino por lo que pasaba en su tira. Porque, y eso es cierto, no paraba de mofarse de lo woke. Lo woke, en las sentinas de los departamentos de ingeniería, la verdad es que no casa bien.


Insisto en que, en esto del debate, Adams era una persona muy normal y muy razonable. Pero escribía una tira cómica todos los días, y caricaturizaba situaciones que le enviaban ingenieros, por lo que estaban basadas en situaciones reales.

 

Es más que posible, claro, que la mayoría de las tiras sólo nos hicieran gracia a los ingenieros, que eramos los que nos veíamos reflejados y más reconocíamos las situaciones que parodiaba.


Lo que la mayoría de las personas no sabe es que, al principio, internet no tenía contenido. No había páginas web que mereciera la pena visitar. Apenas algunas compañías tenían una página de tipo publicitario, pero nada más. No se hacía nada. No había vídeos, no había compras, no había prensa apenas, no había blogs ni foros, no había casi nada. Y Dilbert fue una de las primeras, si no la primera, tira cómica que se publicó en internet.


 

Scott Adams tenía 68 años. Cáncer de páncreas. Requiescat in pace.


 

 
 

martes, 1 de enero de 2019

Tiempo de almanaques



Espero que hayan empezado bien este 2019. Como se debe, es decir: escuchando el Concierto de Año Nuevo.

 

El otro día estuve comprando unos libros para regalar. El primero de ellos fue "Annapurna, primer ocho mil", de Maurice Herzog. En que lo vi dije "¡éste!". Y es que en mi mocedad había leido el relato de Lionel Terray de la ascensión (y creo que todavía lo tengo), y creo que el libro de Herzog lo había sacado de la biblioteca; en cualquier caso, la ascensión de la expedición francesa, Terray, Herzog y Lachenal al Annapurna me parece una verdadera hazaña de la Humanidad, muy por delante de subir al Everest - de hecho, dudo de que lo hubieran logrado sin el éxito del Annapurna-, y más aún, nes posible que un día de éstos escriba un artículo sobre esa expedición, por lo que no es de extrañar que eligiera ese libro. Casi que iba buscándolo.

El segundo libro es un relato sobre Narváez, pero no sobre Pánfilo (tan grande era España que hasta los indeseables de esa época tenían madera de héroes), sino sobre un navegante español de finales del siglo XVIII del que nunca había oído hablar y que parece que exploró el Pacífico norte. Veremos, pero promete.

El caso es que tras comprar los libros me di un paseo por la sección de cómics, por verla, y me sorprendió unas reediciones de El Jabato. Y entonces me acordé de cuánto me gustaban los Almanaques de Navidad.

Es un mundo que ya ha desaparecido, y me vuelve nostálgico. Es el mundo en que los niños leíamos tebeos.

El "Almanaque" era un tebeo especial, de mayor precio y contenido, que se publicaba coincidiendo con las vacaciones navideñas. MI favorito, el más esperado, era por supuesto el almanaque del Guerrero del Antifaz, que solía traer una aventura autoconclusiva o más (no recuerdo bien), más chistes, etc.

No sé cuándo dejaron los niños de leer tebeos, pero siempre pienso que fue un paso atrás para la sociedad muy grande. Por ejemplo, supuso los siguientes cambios:

1) Antes los niños encontraban su divertimiento en leer. Leer tebeos era el principio, luego novelas infantiles (ahora se dirían "juveniles") con ilustraciones, luego sin ellas, etc. Los tebeos eran un gancho. Ahora los niños no tienen ese gancho; su divertimiento no pasa por leer. Es más difícil que se aficionen a la lectura, y sin duda lo hacen más tarde.

2) Antes la cultura de los niños estaba en manos de personas próximas. Uno leía el Jabato o el Guerrero del Antifaz, o también Astérix, Tintín, Alix o Lucky Luke.  O Mortadelo y Filemón, Zipi y Zape o Carpanta, da igual. Ahora son videojuegos japoneses, Pokémon o qué sé yo. Astérix era un tebeo, pero era un tebeo que iba sobre nuestras raíces, sobre nuestra Historia. Cuesta ver eso en una serie infantil de Disney.

3) Los tebeos eran muy variados. Eran un collage de historietas, chistes, pasatiempos. Y había muchos. Además salían todas las semanas, y costaban una cantidad de dinero. Pero una cantidad pequeña. Ahora el divertimiento o bien no cuesta dinero (televisión, internet) o bien cuesta demasiado para unos niños (los videojuegos). Antaño, el tebeo costaba una cantidad de dinero pequeña que el niño podía ganarse, por ejemplo haciendo tareas específicas en la casa que justificasen una pequeña paga semanal. Ese dinerito servía para comprar el tebeo (y unos caramelos), y esa gestión era muy formativa. Ahora es impensable que un videojuego dure una semana (imagino), y desde luego un niño pequeño no puede afrontar su compra.

4) Los tebeos se cuidaban y se prestaban. Los programas de televisión ni se cuidan ni se prestan, y los videojuegos no requieren los cuidados de los tebeos y no creo que se presten a otros niños.

No menciono la bondad del entretenimiento en sí mediante el tebeo frente a la de la contemplación de las pantallas de televisión o a los videojuegos; estoy seguro de que muchos pedagogos sabrían explicarla muy bien, y en cualquier caso si usted leía tebeos sabe de lo que hablo; si no lo hacía, dudo que lo entienda.

En fin. En realidad lo que pasa es que ya soy un año más viejo, y añoro mi infancia. Si a usted no le pasa, no se preocupe: ya le pasará. 



Que este 2019 sea tan bueno que el 2018 se muera de envidia.



Johan Strauss, hijo - Marcha egipcia