Hoy me he desayunado con una mala noticia: ha fallecido Scott Adams.
Durante más de 25 años los chistes de Dilbert me han acompañado en el día a día. Hasta que en 2023, harto de la cantidad de insultos que recibía, Scott Adams hizo de pago su página, y se acabó. Pero, hasta entonces, cada día aparecía una nueva tira cómica (durante un tiempo también se generaba la tira en español), y se creaba un muy interesante o al menos entretenido foro sobre la tira.
Adams no era ingeniero, pero trabajó en la Pacific Bell y ahí pudo ver a ingenieros en acción. De esas experiencias nació la tira Dilbert, un ingeniero en un departamento de ingenieros. Dejó la Pacific Bell y se convirtió en caricaturista a tiempo completo, y lo mejor de todo: cuanto más éxito tenía Dilbert, más y más ingenieros le contaban sus propias historias y hasta qué punto las historias de Dilbert eran verídicas o incluso se quedaban cortas. Adams no tenía problemas en encontrar tramas, desde luego.
Lo reconozco: a los ingenieros, nos clavaba.
Y también a los jefes:
Como digo, el foro en sus tiras estaba lleno de competiciones (a los ingenieros nos encanta competir entre nosotros) sobre quién, en su empresa, había vivido una situación aún más esperpéntica que la de la tira. ¡Y los había! Por ejemplo:
Yes. That.
I once worked for an engineering company that worked mostly on a "cost-plus" basis (we were paid our costs plus a fixed percentage). I finally figured out why FedEx sent us our own truck every day, when we could send plans by email faster and free.
Under a cost-plus system, the more you waste, the more you make. It's really that simple.
Lo que pasó es que poco a poco el debate se fue agriando. No en el foro, pero sí en los EE.UU. Entre republicanos y demócratas, claro. Y Scott Adams fue recibiendo cada vez más insultos. No por lo que dijera, sino por lo que pasaba en su tira. Porque, y eso es cierto, no paraba de mofarse de lo woke. Lo woke, en las sentinas de los departamentos de ingeniería, la verdad es que no casa bien.
Es más que posible, claro, que la mayoría de las tiras sólo nos hicieran gracia a los ingenieros, que eramos los que nos veíamos reflejados y más reconocíamos las situaciones que parodiaba.
Scott Adams tenía 68 años. Cáncer de páncreas. Requiescat in pace.












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