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Uno de los rasgos definitorios es que la culpa siempre es de otro. Como mínimo, desde la manzana: Adán culpó a Eva, por ofrecerle la tentadora fruta, y a Dios mismo, por darle a Eva como compañera. Eva, a su vez, culpó a la serpiente. Incluso cuando la culpa es del todo nuestra y a nosotros mismos nos reconocemos que es así, ante los demás le echaremos la culpa a lo que sea.
Por ejemplo: cerramos la puerta de casa y nos hemos dejado las llaves dentro.
A nosotros mismos nos decimos: «¡Mecachis en la mar! Me he dejado las llaves dentro».
A los demás les diremos: «Justo cuando iba a salir estaba la rubia de enfrente sujetándome la puerta del ascensor para que bajara con ella, y con las prisas y los nervios me dejé las llaves dentro». La culpa no es nuestra, es de la rubia.
O si nos multan porque en la carretera que atraviesa un pueblo, una madrugada un radar nos hace una foto a 120 km/h.
Nosotros nos decimos: «¡Mecachis en la mar! Me ha pillado el radar, por idiota. Tenía que haber ido a 50. En fin...».
Pero no contaremos la multa así, sino: «Me pusieron una multa por ir a 120 a las 3 de la mañana en un pueblo de mala muerte, como si alguien fuera a cruzar la carretera a esa hora». La culpa es de la norma, que estúpidamente sigue prohibiendo ir a más de 50 incluso cuando es evidente que no va a haber nadie en la carretera.
Viene todo esto a propósito de los resultados de las pruebas PISA 2026. O, mejor dicho, en alusión a lo que se dice y se dirá acerca de esos resultados. Sin duda, todos echarán la culpa a todos los demás. Al Gobierno por las leyes de Educación, por descontado, los de la derecha, y a las comunidades autónomas que aplican esas leyes, los de la izquierda. A los padres por no poner de su parte, los maestros, y a los maestros por no preparar a los chicos para la ESO, los profesores de secundaria. A nuestra sociedad en general, los que por supuestísimo carecemos de los vicios de los demás pero nada podemos hacer ante la fuerza de la mayoría. A los idiomas autonómicos, los que no los tienen, y al idioma nacional, los que los tienen. Y, huelga añadirlo, todos a los que no pueden decir que no es culpa suya: a las pantallas digitales, a Internet, a los propios chavales, que no se entretienen como deberían.
Todos tendrán razón, claro está. Parte de razón, al menos. Los demás también son culpables. Y recalco el 'también', porque la verdadera verdad es que todos tienen parte de culpa. También uno mismo.
Pero nadie lo reconocerá. Ningún político dirá: «Sí, mi ley es mala», o «sí, no inspecciono lo que pasa y no sé afrontar los problemas». Ningún docente admitirá: «Sí, me escudo en que la burocracia consume mi tiempo y no pongo a los alumnos como mi prioridad». Ningún padre confesará: «Sí, sobreprotejo a mis hijos y solo me preocupa que no se estresen». Y ningún profesor universitario reconocerá: «Sí, me doy cuenta de que vienen faltos de preparación, pero no hago nada para cambiarlo; solo me adapto a su nivel».
Así nunca revertiremos la situación. Si sólo vemos la paja en los ojos ajenos pero nunca la viga en el propio, como cada uno se ha de limpiar su propio ojo nunca nadie se limpiará el suyo. Si sólo pensamos en lo que tendrían que hacer los demás pero nunca en qué tendría que hacer yo.
Y si aplicamos la filosofía del ministro Óscar Puente, que dijo que él no era responsable del accidente de Adamuz porque él no había hecho la soldadura del raíl: nosotros no somos responsables de los resultados de PISA, porque no somos nosotros los que hemos hecho el examen.
Con esta filosofía, nunca mejoraremos en PISA.
Henry Mancini - Baby elephant walk