https://www.youtube.com/watch?v=kef7jG0-ecg
Wittgenstein dijo que «Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo», queriendo decir que lo que no somos capaces de nombrar o describir, para nosotros no existe. Esto se entiende mejor a la inversa: no somos capaces de imaginar como es un gjjersltez, porque para nosotros esa palabra no existe. Y no somos capaces de nombrar ese animal tan extraño que hasta somos incapaces de imaginarlo.
Supongamos un lerdo que sólo conozca cinco palabras muy básicas para describir un estado emocional: contento, triste, enfadado, decepcionado, ilusionado. Tendría problemas para responder a una pregunta tan sencilla como un «¿cómo te encuentras?». No podría explicar si se encuentra melancólico o con añoranza, esperanzado o superado por las circunstancias. Necesita más palabras para desarrollarse por completo.
Otro ejemplo: un jurista, un médico, un filósofo o un ingeniero sólo podrá tener con nosotros conversaciones muy básicas sobre sus campos. Por ejemplo, si se discute si "la ordenación de una sustitución pupilar llevaba implícita la vulgar". No sabe de qué le estoy hablando.
El fin último original de esta discusión, que no empezó Wittgenstein sino al menos mil años antes, es si Dios existe: uno de los problemas humanos es que nuestra mente no consigue abarcar el infinito, y no pudiendo concebir el infinito no conseguimos concebir la verdadera idea de Dios.
Pero no es por ahí por donde quería plantear mi discusión, sino a propósito de esta imagen que hoy ha publicado la NASA:
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| Imagen: NASA/CXC/A. Botteon et al. |
En primer lugar, se llama Treble Clef. Un Treble Clef no es algo, es esa cosa.
Esa cosa, que parece una nota musical en el espacio, se descubrió (la parte roja) en 2004, sin que nadie pudiera explicarlo. Recientemente se ha descubierto lo coloreado en azul, que emite como rayos X. Mide más de dos millones de años luz de largo. Lo cual a usted no le dice nada, pero la Vía Láctea, que es una galaxia tirando a grande, mide 100.000 años luz de punta a punta. Esa cosa mide dos millones.
¿Qué es esa cosa?
Digamos que un agujero negro estallado. Digamos, para empezar, que allí están chocando dos cúmulos de galaxias. No dos galaxias, sino dos cúmulos. Cada cúmulo, de cientos o tal vez miles de galaxias. Digamos que había un agujero negro que lo estaba absorbiendo todo, como suelen hacer. Y que absorbió tanto que reventó. En un sentido humano, no es que explotara, sino que empezó a vomitar el exceso de masa absorbida y que no podía manejar. El caso es que arrojó una cantidad inmensa de materia (que ni siquiera son átomos de hidrógeno, sino los protones y los electrones sueltos, desperdigados) al espacio. Y los dos cúmulos de galaxias chocaron con esa masa que estaba allí. Lo que vemos es la luz (la energía) que se libera en ese choque.
¿Ven lo que le digo? He intentado explicarles el Treble Clef, y lo cierto es que me faltan palabras para hacerlo.
Denme otra oportunidad.
Aceptemos lo de que el agujero negro ha expelido materia en una cantidad absolutamente colosal e inimaginable, en una cantidad tal que ocupa lo que veinte galaxias como la nuestra.
Supongamos que a un lado de esa materia tenemos un cúmulo con cientos o miles de galaxias, y otro cúmulo similar al otro lado, y supongamos que ambos cúmulos se atraen entre sí y están chocando.
Chocar. Como si fueran dos bolas de billar.
Como todo el mundo sabe, el espacio entre la Tierra y el Sol está vacío. Entre el Sol y las estrellas más cercanas, mucho más vacío. Entre las estrellas de la galaxia, tremendamente vacío. Y entre una galaxia y otra, mucho más que tremendamente vacío.
Pero vamos a decir que los cúmulos de galaxias están chocando unos con otros, porque no tenemos una palabra más adecuada.
Y la materia que soltó ese agujero negro es tanta que, a escala cósmica, esos cúmulos de galaxias se están lanzando contra ella.
Aunque no van a chocar, ni siquiera átomo contra átomo. Y eso que una galaxia no es sólo una colección de estrellas: también incluye lo que se llama gas intergaláctico. Que lo llaman gas para que lo entendamos, pero en rigor deberían cambiarlo a plasma, ya que la materia que lo forma no está compuesta de átomos, sino de protones, electrones y partículas subatómicas que están ahí fuera, flotando. Pero tampoco es este gas intergaláctico el que choca con el gas del otro cúmulo de galaxias, ya que la densidad material es tan nimia que un choque de partículas es casi imposible. Lo que ocurre es que junto con las galaxias de estrellas y el gas intergalactico, tenemos algo más: campos de fuerza, gravitatorios, electromagnéticos. Campos de fuerzas... colosales.
Tampoco nos imaginamos bien cómo se mueven las galaxias. Las imaginamos a la deriva, mezclándose lentamente, como si fuera la película 2001.
Como todo el mundo sabe, la Tierra tarda un año en dar la vuelta alrededor del sol. Eso significa que se mueve a una velocidad de más de cien mil kilómetros por hora. 30 kilómetros por segundo. Pero resulta que el Sol también se está moviendo, dando vueltas en torno al centro de la galaxia, y eso lo hace a una velocidad de unos 220 km/s. Y la Vía Láctea también se está moviendo, y aún más rápido. Así que, para un observador anclado fuera de la Vía Láctea, nos estaríamos moviendo a una velocidad de unos dos millones de kilómetros por hora, unos 600 kilómetros por segundo.
Así que imaginemos que los cúmulos de galaxia chocan con la materia expelida a una velocidad de varios millones de kilómetros por hora, y que el contacto no lo hacen las estrellas propiamente dichas, sino los campos gravitatorios y electromagnéticos. Es Alta Física, pero no nos detengamos. Los campos comprimen el espacio que ocupa esa materia, y lo que vemos es la energía que irradian los electrones de esa materia al ser agitados por esos campos de fuerza.
¿Tal vez ahora sí?
No podemos hacernos una idea de lo que estamos describiendo. Nuestra mente humana, el mundo en el que nos movemos, es tan pequeño que no alcanzamos a concebir lo que significan las magnitudes colosales de lo que ha generado el Treble Clef. Para empezar, necesitamos más vocabulario.
Y más conocimiento, claro. Porque cuantas más cosas sepamos, más ancho será nuestro mundo.
Alexander Borodin - Danzas polovotsianas: Principe Igor
