sábado, 24 de enero de 2026

A vueltas con cierta incoherencia normativa

https://www.youtube.com/watch?v=S7FLH8SdY6Q 

 

 

Desde el año 2006, las estructuras de edificación, en España, se han de calcular conforme lo indicado por el CTE.

Uno de los preceptos del CTE versaba sobre la simultaneidad de acciones: uno ha de calcular un edificio para su ocupación máxima, para la nevadona del siglo, para la ventolada también del siglo y para el sofocante calor del siglo. Pero no para todo a la vez: se entiende que, por ejemplo, el edificio no tiene la ocupación máxima cuando ocurre la nevada máxima. pensemos, por ejemplo, en un estadio de fútbol: la norma establece que el día del llenazo no va a haber una acumulación de nieve como no recuerden los más viejos del lugar. De manera matemática y normativa, esto se expresa estableciendo unos coeficientes de simultaneidad que se aplican a las acciones cuando actúan varias a la vez (por ejemplo, nieve y viento al mismo tiempo que se quema la casa, justo el día del terremoto). Y, en concreto, la norma establece tres tipos de coeficientes de simultaneidad: Ψ0, Ψ1 y Ψ2. Cada uno de estos coeficientes se ha de aplicar en determinadas fórmulas, según lo que se esté estudiando en ese momento.

Pues bien, el CTE establece que Ψ1 para el viento vale 0,5. Para la nieve vale 0,2, pero si para el viento ha de ser mucho mayor, ningún problema.

El año 2011 se publicó la EAE, que regula las estructuras de acero, y que anulaba las disposiciones del CTE sobre las mismas. Para salvar la honrilla, los que hicieron el CTE publicaron una nueva versión en la que reconocían la primacía de la EAE pero que si alguien tenía que hacer una estructura sencilla en determinadas condiciones podía saltarse la EAE y aplicar el CTE. En la práctica y desde entonces, la EAE mandaba.

Lo que pasa es que el artículo 11 de la EAE invadía disposiciones generales del CTE, en concreto los coeficientes de simultaneidad. Y establecía que Ψ1 para el viento pasaba a valer 0,2, igual al de la nieve. De nuevo, ningún problema, salvo la incoherencia de que en un edificio con una parte de estructura de acero y la otra de ladrillo, madera u hormigón usted tenía que considerar vientos distintos, y cuando calculase la cimentación pues no sé qué habría que hacer. Pero parecía un cambio lógico.

En el 21 apareció el Código Estructural. El cual anulaba y sustituía la EAE, pero no decía nada al respecto de este asunto. Por lo tanto, volvía a estar vigente el valor de 0,5 que estableció el CTE y que los expertos de acero decidieron corregir.

Como ven, la coherencia de las normas no es uno de sus valores.

Rizando el rizo, ¿qué ocurre con las estructuras calculadas entre 2011 y 2021, con un coeficiente de simultaneidad del viento de 0,2 en vez de 0,5? No cumplen con la norma, pero durante un breve periodo de tiempo sí la cumplieron. ¿Están bien o mal calculadas? No digo según las normas, digo según la realidad. 

En este caso concreto, semejante pregunta es retórica. Porque lo cierto es que, en la práctica, nunca hay una combinación de acciones que requiera que al viento se le aplique el coeficiente Ψ1. Es una de esas cosas que dice la norma en un afán de ser lo más farragosa posible, como la cláusula de su seguro de automóviles que dice que el seguro no cubre los daños producidos por haber metido el coche en un acelerador de partículas. Así que toda esta disgresión no deja de ser más que un mero entretenimiento de calculistas aburridos.

Lo que pasa es que hay más incoherencias en las normas. Y algunas de ellas sí tienen importancia. Claro que sólo para los que se preocupan por el contenido de las normas y si éstas se ajustan a la realidad real, y de estos ya quedamos pocos. 

 

 

The Castellows - Nº 7 road 

 

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