lunes, 26 de enero de 2026

Las leonas salen a cazar

https://www.youtube.com/watch?v=tvtifvguVEM 

 

 

El otro día vi un documental sobre leones, y me gustó: aportó algunos datos que yo no sabía o no había caído en la cuenta. El documental iba sobre una manada de leones y unos leones nómadas que viven en el extrarradio de su territorio. La manada tiene un buen territorio, con una zona de abrevadero y pasto. En un determinado momento, en esa zona hay una manada de cebras y las leonas organizan una cacería.

En las manadas de leones, ya se sabe, cazan las leonas: los machos suelen dedicarse a proteger el territorio, eliminar competidores y defender de las hienas las piezas cazadas; sólo cuando van a por piezas enormes, como los búfalos, los leones colaboran en la caza y de hecho son fundamentales en ella.

Las leonas rodean a las cebras, sin que éstas se den cuenta de lo que está pasando. Una vez en posición, se acercan muy despacio todo lo que pueden. Las cebras, esto no lo sabía, sólo ven en blanco y negro, con lo que les cuesta mucho distinguir a las leonas si se quedan quietas y agachadas. Los machos esto lo tienen bastante más difícil, porque son el doble de grandes que las leonas y las melenas cantan. Sabemos que las leonas son cazadoras silenciosas, como buenos felinos, pero ¿qué pasa con el olor? Pues esto tampoco lo sabía: no les importa, porque es un territorio de leones y su olor está en todas partes. Las cebras no las huelen porque es un olor permanente y no les llama demasiado la atención, sólo lo justo para estar alertas; pero no delata a las leonas. Cuando las leonas están cerca, lanzan el ataque. Las cebras salen huyendo, pero otras leonas están emboscadas en las rutas de huida y las cazan. ¡Qué listas han sido las leonas!


 

Pero pensemos un poco más en el tema: ampliemos el foco. Veamos más allá de esa escena concreta.

La vida de las leonas y de los leones es muy diferente. Los leones macho, cuando son crías y son indistinguibles de las hembras, no les pasa nada y viven igual. Si sobreviven y llegan a la juventud, el macho adulto de su manada (o los machos adultos, si son más de uno) los van a matar o expulsar: en una manada de leones hay todas las hembras y crías que se quieran, pero machos adultos sólo uno o uno y sus hermanos. No caben otros. Así que los jóvenes machos son desterrados y han de buscarse la vida. Por lo general, expulsan a todos los hermanos varones de la camada a la vez, así que según cuántos hayan sobrevivido a la infancia tendremos un león aislado o una coalición (se denominan así) de hermanos, que vaga por ahí. La coalición ha de conseguir comida, aprender a cazar (algo mucho más difícil para ellos que para las leonas), y conseguir un territorio y formar una manada. Estas dos últimas cosas, por lo general, se hacen tras años vagando y buscando, creciendo, haciéndose más fuertes, aprendiendo a luchar, sobreviviendo a las derrotas y finalmente adquiriendo un territorio y la manada de hembras que lo puebla, mediante el expeditivo método de matar o expulsar a los machos adultos de esa manada. Tras lo cual matan a las crías que hubiera en ese momento y ya son los nuevos amos del cotarro: empiezan sus años de buena vida. Su misión será defender a la manada de las hienas y de cualquier macho adulto que entre en el territorio, y tendrán éxito hasta que no lo tengan: cuando una nueva coalición de machos adultos les venza, se les acabó el chollo y vuelven a la vida de nómadas, pero esta vez avejentados y probablemente heridos. Su vida está ya cerca del final y morirán miserablemente.

Las leonas, en cambio, nunca son expulsadas, son lo que los leones quieren tener. Esto hace que las leonas vivan siempre con su familia (con la parte femenina de su familia, claro está) y, sobre todo, siempre en el mismo territorio. Esto último es lo que más nos ha de llamar la atención. Pero, por cerrar, digamos que las leonas viven más años, viven mejor que los machos y en su vejez tienen a la manada que las cuida y ayuda. Muy diferente de lo que les pasa a los machos, aunque éstos se lleven la fama. En fin, volvamos a que viven siempre en el mismo territorio. Las crías aprenden a cazar observando a las hembras adultas de su familia, que a su vez aprendieron etc. etc., y todo esto ocurre sin cambiar de territorio. Más aún: salen de caza todos o casi todos los días. No todos los días cazan, pero todos los días lo intentan. Por emplear, aunque no me gusta nada, el intensificador que hace poco ha reconocido la RAE: todos los putos días de sus vidas. Salen a cazar en el mismo territorio. Y no sólo de sus vidas, sino de las vidas de sus madres, de sus abuelas, de sus bisabuelas, etc. Normal, entonces, que hayan aprendido por dónde salen huyendo las presas cada vez y según lo que hagan. Normal que sepan dónde emboscarse. Normal que las leonas veteranas reconozcan cada situación con una igual o equivalente a la que ya se han enfrentado antes y que sepan qué estrategia funciona.

Y normal, también, que sean las leonas las que cacen: ellas son las que se saben todas las técnicas y se conocen el terreno, desde luego muchísimo más que los machos.

Por otra parte, las grandes presas: búfalos, hipopótamos, elefantes. Ante estos, el sigilo y la emboscada de las hembras no funciona, y los ataques se hacen de frente. Rodean a la vista, y atacan. Aquí la sabiduría de las leonas no es necesaria, y los leones, más fuertes y peligrosos, son decisivos y por eso participan.

Como se ve, tenemos muchos mitos y bulos acerca de los leones, y si lo miramos de cerca entendemos lo que de verdad pasa. Muchas de nuestras convicciones están basadas en conocimientos parciales o erróneos y en malentendidos.

 

 

Geoffrey Oryema - Nomad 

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