A veces, paramos un momento y somos conscientes de lo rápido que avanzan las cosas. Tan rápido, que no somos capaces de seguir el ritmo y nos quedamos atrás. Como los del pleistoceno. Es entonces cuando nos damos cuenta que quizá nosotros también somos ingenieros del pleistoceno.
miércoles, 30 de septiembre de 2026
La inteligencia y la vivienda
viernes, 25 de septiembre de 2026
PISA y yo
https://www.youtube.com/watch?v=h1U2GfCGIEs
Se sigue hablando de PISA 2025. Como dije, nadie es culpable y los cambios los han de hacer otros. Y cuando hablo con alguien del sistema educativo, sus quejas son comprensibles: con el "material" que le llega, no hay nada que hacer. Hay niños que no saben leer en cursos en los que deberían, por ejemplo. Unos, porque no hablan nuestro idioma. Otros, porque tienen discapacidades intelectuales. Otros, porque en sus casas tienen situaciones familiares muy complicadas. Y, claro, la maestra no va a dejar atrás a esos chavales, así que todos a avanza al ritmo de los niños discapacitados, que no hablan nuestro idea o (o, peor, y) que tienen en sus casas situaciones familiares muy complicadas.
Uno no termina de entender porqué es bueno que los niños que no hablan nuestro idioma o que tienen discapacidades intelectuales vayan a las mismas clases que niños que no tienen esos problemas, y sobre todo que ambos grupos vayan al mismo ritmo. O, dicho de una manera setentera, «quieren enseñar a mi hijo como si fuera subnormal».
Metamos un matiz en lo anterior: todos a avanzar "casi" al ritmo de esos niños. Dejan de educar a nuestros niños como subnormales para hacerlo como oligofrénicos, y en cambio los niños con problemas tampoco pueden seguir el ritmo y se siguen quedando atrás; pero ambos problemas ya se los encontrará el maestro o profesor siguiente.
También puede ocurrir que el maestro prefiera tratar a sus alumnos como niños normales; pero los niños no normales estorbarán y el ritmo se ralentizará. El maestro, desde el momento en que tiene a los anormales en clase, y sobre todo si son más de uno, ya no puede llevar un ritmo normal de educación.
Hay que ser muy pedagogo o muy político necesitado de votos para no ver el problema y la solución, pero en fin.
Mi sugerencia, lo que quería decir, es otra.
Si yo fuera el mandamás, introduciría un cambio. Un sutil, inapreciable cambio. Cambiaría el objetivo fundamental de la etapa de Educación Primaria.
Así como lo más importante de la educación preescolar es que los niños salgan sabiéndose abrochar ellos solos las batas, haría que lo más importante en los seis años de Primaria es enseñar a los niños a quedarse callados y quietos en clase. Ése debería ser el objetivo de los maestros. Para jugar, saltar y gritar tienen los recreos. Pero en sexto de primaria, con 11 años, los niños han de saber quedarse callados en las clases y escuchar a los maestros. Si necesitan tres recreos de veinte minutos por la mañana, que los tengan. Pero en clase, callados.
Estoy seguro de que todos los profesores de la ESO agradecerían el cambio. Y todos los profesores universitarios. Y, qué diantres, también los maestros de sexto de Primaria. Y de quinto, y de cuarto.
En cuanto a los conocimientos, entrarían por sí solos. Un maestro, con una clase atenta y callada, puede enseñar de verdad. El tiempo cunde cuando el alumno atiende y levanta la mano para obtener permiso antes de preguntar. Y lo mismo notaría el profesor de ESO.
Si lo hacen bien, incluso los rebeldes que en la ESO revientan las clases porque son incapaces de estar tranquilos entre cuatro paredes sin ser el centro de atención aguantarían. A fin de cuentas, también se les ha enseñado a no hacerse pis encima, ¿no?
Lo más importante no es aprender el ciclo del agua, los continentes o las tablas de multiplicar. Lo más importante es aprender a que, en clase, se está callado y quieto. Todo lo demás, vendrá por añadidura.
Solomon Burke - Cry to me
jueves, 24 de septiembre de 2026
La Mercé de 2026
Hoy jueves es 24 de septiembre de 2026. Festividad de Nuestra Señora de las Mercedes, conocida popularmente en Barcelona como La Mercé. Patrona de la ciudad, y día grande de sus fiestas mayores, por supuesto en su honor.
En teoría.
En las amplias calles del centro por las que he paseado hoy (aquí no se trabaja), ni un cartel anunciador. He pasado delante de edificios municipales, centros cívicos, tablones de anuncios. Nada.
En la calle, nada. Nada movía a pensar que la ciudad estaba en fiestas: hay domingos de febrero más animados.
¿Está la ciudad en fiestas? Ni idea. Pero me huelo que no, porque si lo estuviera ¿acaso no lo notaría?
Así somos, los barceloneses. Más sosos que una piedra.
O no, porque tras ocho años de Ada Colau y tres más de Collboni (que era, además, teniente de alcalde de Colau), aquí sí tenemos fiestas. Solo que no son para la Mercé, sino para el día del Orgullo Gay. Que aquí dura un mes, por cierto.
Imagino que son preferencias del alcalde.
Qué sosos que somos.
sábado, 19 de septiembre de 2026
La aceituna del hotel
https://www.youtube.com/watch?v=5cCmgKHAAyg
Se me rompió el cepillo de dientes mientras hacía mis abluciones matutinas. A veces, esas cosas pasan. El hotel, de muchas estrellas, proporcionaba a sus distinguidos huéspedes (y a los normales) cepillo y pasta dental como equipamiento de serie de las habitaciones. Amenities, se llaman ahora: los típicos detalles que los viajeros infrecuentes acostumbran a quedarse aunque no los usen. Como pasta de dientes sí tenía propia, no usé la que suministraban. Algo me decía que no era de tanta calidad como la normal de tienda de barrio que yo gastaba, y no me venía de un guisante. Pero sí usé el cepillo.
Era malo hasta decir basta. El mango, pequeño, daba la sensación de que era un cepillo de juguete. Además era redondo y flexible, o al menos se doblaba con facilidad si cerraba el puño. Pero, tal vez por su diseño cilíndrico o por la suavidad del material (no se les había ocurrido incluir rugosidades en el mango), el cepillo no se agarraba bien. Así que había que cerrar el puño con cierta fuerza. Más aún, como era flexible la fuerza del puño no se transmitía a la cabeza del mango, y costaba cepillar los dientes con energía.
Y las cerdas. Eran largas y suaves, muy suaves: parecía más bien un cepillo de barbero. Aquello no era pasar un cepillo, era pasar un plumero. Como si me pasara el dedo, pero sin apretar. En fin, que era una birria de cepillo. De malísima calidad.
El hotel era caro. De cuatro estrellas en el centro de la capital de provincia. Decorado como si fuera un hotel de la Belle Epoque (todo atrezzo, oropel y latón). Empleados solícitos y habitaciones excelentes. Pero ¡ay, las amenities!
¿Por qué un establecimiento que invierte y cobra tanto ofrece un producto tan malo? ¿Qué dice, en realidad, de un hotel el que los huéspedes no quieran los productos que ellos ofrecen gratis?
Hace años cobró fama la decisión de un directivo de una famosa e importante compañía aérea estadounidense, llamémosla TransAmérica para homenajear a la película 'Aterriza como puedas' aunque las malas lenguas dicen que fue American Airlines. El caso es que este hombre se dio cuenta de que si eliminaban una aceituna de las ensaladas que servían a bordo, el viajero no perdía apenas nada, su ensalada estaba casi igual de buena, pero dado el elevado número de ensaldas que servía TransAmérica, el ahorro de una aceituna suponía cuarenta mil dólares al año. Y se suprimió la aceituna. El ejemplo cundió, y las cadenas hoteleras empezaron a intentar recortar pequeños gastos que no aminoraban la calidad del producto.
Por ejemplo, la calidad del champú de la ducha. Un champú un poquito no tan bueno tenía un coste un pelín menor.
Imagino que la cadena hotelera decidió, tiempo después, eliminar otra vez una aceituna: la ensalada era casi igual que la anterior. Y no hay dos sin tres. La ensalada acabó siendo un plato de lechuga rancia, y el hotel estaba encantado de lo poco que se gastaba en amenities. A fin de cuentas, pensarían, los huéspedes no eligen el hotel por si les proporciona o no una gamuza para limpiarse los zapatos ni se elige a TransAmérica por su ensalada (en realidad, un sector del público sí aplica ese criterio: recuerdo hace unos treinta años, que elegía la compañía aérea por lo bien que me trataban a bordo, llevándose la palma Lauda Air y no recuerdo qué pequeña compañía italiana; de ahí que las compañías de transporte compitan también por ofrecer las mejores salas de espera VIP).
Yo, cuando veo la birria de productos que ofrece el hotel, productos que voy a dejar allí sin siquiera abrir, pienso siempre en si no les valdría la pena el gastarse un poco más a cambio de dejar en el huésped la sensación de ser unos generosos anfitriones, en vez de unos rácanos.
Grupo Alba - Mi madre fue una mulata
jueves, 17 de septiembre de 2026
Hay una palabra exacta para casi todo
https://www.youtube.com/watch?v=t4LWIP7SAjY
«¿Conocen ustedes a su doble? Según recientes estudios de genética, todos tenemos uno (o dos o tres) en alguna parte del mundo».
Así empieza un reciente artículo de la escritora Carmen Posadas. Pero ella no quiere hablar de los dobles, que son las personas que se hacen pasar por otras para que crean que uno está o hace donde no está o lo que no hace. Estoy convencido de que ella sabe cuál es la palabra exacta que define lo que ella quiere decir, las personas que son físicamente iguales a nosotros. Y sin embargo, decide no emplearla.
¿Por qué?
Porque no es una palabra habitual, hoy en día. Yo la aprendí de pequeñito, era la clave del argumento de una novela (infantil-juvenil), aunque no tenía ni idea de que provenía del nombre de un personaje de una comedia de Plauto. Para empezar, ni idea de quién sería ese Plauto; pero eso no era óbice para que conociera la palabreja y la empleara de vez en cuando.
Han pasado años desde que yo era pequeñito. En los últimos, si algún articulista exhibía su amplio vocabulario, se sentía obligado a precisar que era el nombre de aquella comedia. Los lectores, por descontado, no habrían leído a Plauto, pero asociarían su nombre a la cultura grecorromana, y eso bastaría.
Hoy, una articulista de amplia cultura como Posadas opta por 'doble'. Que no es la palabra que sabe que debería usar, pero no quiere espantar a sus lectores y piensa que sus lectores no tienen el léxico de antaño.
O tempora o mores. ¡Oh, tiempos! ¡Oh, costumbres!, que decían los latines. Las cosas ya no son como antes, y usamos menos palabras. Pero ¿cómo no usarlas, si las personas cultas que escriben en los medios de comunicación no las emplean? ¡Que no hablamos de un periodista deportivo, por favor!
Y, claro. Nos quejamos de que los jóvenes no tienen comprensión lectora. Que no leen. Que su léxico es muy pobre y que con quinientas palabras ya pasan de la cuna a la tumba. ¡Pero es que las evitamos nosotros mismos!
Antes, con 10 ó 12 años un niño ya había leído textos que empleaban, qué sé yo, lo menos 5.000 palabras o más. ¿Ahora? Su mundo se reduce a 800 palabras, a lo sumo. Y lo mismo la televisión: en los guiones actuales, los actores llenan sus líneas de palabrotas, que en el fondo no son sino maneras de hablar burdas, de gente paleta y sin cultura que carece de la capacidad de denostarte con expresiones o palabras que no sean 'jódete, gilipollas'. No estoy pidiendo que los actores declamen «¡Ha llegado el momento de probar vuestra propia medicina, panolis de chichinabo!», pero estoy seguro de que los diálogos que oímos son manifiestamente mejorables. Aunque no sé si son simples porque los actores hoy no dan para elaboraciones, pero ésa es historia para otro día. De esos polvos, estos lodos, y ahora tenemos lo que hemos cultivado.
Ahora bien: no hemos de dejar esta labor sólo en manos de los juntaletras. Si tenemos un léxico variado, usémoslo. Y sepamos cuándo tenemos que decir 'un frágil esquife' (el diccionario no lo dice, pero los esquifes son siempre frágiles) o una chalupa. O una lancha. A veces, una balsa, pero otras una almadía. Si somos nosotros mismos los que nos censuramos, no nos quejemos de que nuestros herederos se nieguen a leer textos con una complejidad mínima para nosotros pero máxima para ellos. Porque vamos camino de hablar como los estadounidenses: el idioma inglés, hermoso y rico, tiene verbos para muchísimas cosas, pero también tienen los "verbos frasales": verbos corrientes (come, get, go, look,...) a los que añadiéndoles una preposición pasan a tener un significado diferente. Por ejemplo, come about en vez de happen, get by en vez de manage o survive, go under en vez de collapse o look out en vez de beware. Su destino va a ser, ya está siendo, que los verbos auténticos pasen a ser voces cultas, como antesala de su pérdida. ¿No me creen? ¿Ustedes... reprenden o echan la bronca? ¿Reprochan o echan en cara? Ítem más: ¿qué me dicen del la construcción 'estar por' en vez de 'preferir'?
No sé ustedes, pero yo no quiero eso. Aunque, la verdad, lo único que podemos hacer es, en las situaciones en que corresponde, intentar explicar a los lectores que todo el mundo, se cree, tiene un sosias en alguna parte. O dos, o tres.
Patty Labelle - Lady Marmalade
domingo, 13 de septiembre de 2026
La sororidad
https://www.youtube.com/watch?v=du6719uO4iE
La palabra 'sororidad' proviene de la voz 'sor', que es como se denominaba tradicionalmente a las monjas que eran 'hermanas'. Alude pues a la solidaridad entre las mujeres, una especie de hermandad: los ataques a una son los ataques a todas.
La sororidad es una de cosa más incomprensibles para los varones. Y también una de las más detestadas. Porque es la injusticia en su grado máximo.
Como ejemplo, tenemos el estos días de actualidad caso de Lindsay Clancy. Una norteamericana que mató a sus hijos (de 5 y 3 años y un tercero de 8 meses), creo que porque estaba harta. Pero hay muchos más botones: recuerdo, sin esfuerzo, el de una madre, creo que se llamaba Juana Rivas, que secuestró a sus hijos para que no vieran al padre. Las ministras del Gobierno, como un solo cuerpo, salieron en su defensa con todo el arsenal mediático que el Gobierno es capaz de desplegar, no dudando en vilipendiar a los jueces que, en aplicación de las leyes y la más elemental justicia, fallaban una y otra vez a favor del varón.
El caso Clancy: ella reconoce el crimen, pero alega que su mente colapsó. La defensa se agarró al clavo ardiendo de la depresión postparto, y 11 de los 12 jurados estuvieron de acuerdo: consideraron que, en efecto, la pobre mujer sufría demasiado. El duodécimo jurado, el único díscolo, consideró lo contrario: que una depresión no te anula el instinto materno hasta el punto de buscar un cable y asfixiar a tus propios hijos. ¿Qué habría votado usted? Qué le dicta el sentido común? Ese único jurado valiente está sufriendo hoy un acoso salvaje.
Pero José Bretón. Mató a sus hijos. No es que se pudra en la cárcel, es que ¡ay de aquél que se atreva a formular alguna frase mínimamente exculpatoria! Un periodista quiso escribir un libro, y tuvo que ser retirado de las librerías.
¿Y si a los niños de Clancy los hubiera matado el padre, en un ataque de desesperación? Ya lo habrían electrocutado en la silla eléctrica para luego revivirlo y ponerle una inyección letal. Y nadie habría dicho ni mú.
Ningún varón se manifestará nunca a favor de los criminales varones. Tampoco las mujeres. Y todos lo encontraremos normal.
¿Entonces? ¿Es que los actos son correctos o incorrectos según los ejecuten hombres o mueres?
No, claro que no. O, al menos, vamos a suponer que no. Vamos a suponer que lo que está mal en los varones también lo está en las mujeres. Que no un Código Penal para hombres y otro para mujeres, que todos somos iguales ante la ley.
De hecho, las manifestantes pro Clancy no defendían que sus actos fueran buenos. Defendían que ella estaba incapacitada por un suceso de 8 meses antes. Que sus hormonas habían anulado su buen juicio. Sí, tomó una decisión errónea, pero es que era mujer y madre. Y usted no puede entenderlo y es un machista y un fascista si no está de acuerdo.
Pero ese argumento no vale siempre: no se puede usar contra las mujeres, sólo a favor. No se puede siquiera insinuar que ocho meses después de un parto una mujer puede tomar decisiones equivocadas por causas hormonales. No, ocho meses no: nunca. Ni, por supuesto, las consecuencias lógicas que se derivarían de tal aserto, como que es mejor que no estén en puestos de responsabilidad.
Es decir: la ley es la misma para todos, pero las mujeres tienen excusas. Eso sí, esas excusas sólo se pueden emplear en un sentido: a favor de las mujeres. Eso es sororidad.
¿Por qué hay sororidad entre las mujeres y no entre los hombres? Pues porque hombres y mujeres son diferentes. Algo que, eso sí, sólo se puede decir si beneficia a las mujeres.
Por eso es tan injusta la sororidad. Y por eso la detestan los varones, no porque las mujeres se apoyen unas a otras, que eso nos parece fantástico, sino porque defiende la injusticia.
Port bo - Vestida de nit (habanera)
miércoles, 9 de septiembre de 2026
PISA 2026 y las rubias
https://www.youtube.com/watch?v=b1z4JfxFb6c
Uno de los rasgos definitorios es que la culpa siempre es de otro. Como mínimo, desde la manzana: Adán culpó a Eva, por ofrecerle la tentadora fruta, y a Dios mismo, por darle a Eva como compañera. Eva, a su vez, culpó a la serpiente. Incluso cuando la culpa es del todo nuestra y a nosotros mismos nos reconocemos que es así, ante los demás le echaremos la culpa a lo que sea.
Por ejemplo: cerramos la puerta de casa y nos hemos dejado las llaves dentro.
A nosotros mismos nos decimos: «¡Mecachis en la mar! Me he dejado las llaves dentro».
A los demás les diremos: «Justo cuando iba a salir estaba la rubia de enfrente sujetándome la puerta del ascensor para que bajara con ella, y con las prisas y los nervios me dejé las llaves dentro». La culpa no es nuestra, es de la rubia.
O si nos multan porque en la carretera que atraviesa un pueblo, una madrugada un radar nos hace una foto a 120 km/h.
Nosotros nos decimos: «¡Mecachis en la mar! Me ha pillado el radar, por idiota. Tenía que haber ido a 50. En fin...».
Pero no contaremos la multa así, sino: «Me pusieron una multa por ir a 120 a las 3 de la mañana en un pueblo de mala muerte, como si alguien fuera a cruzar la carretera a esa hora». La culpa es de la norma, que estúpidamente sigue prohibiendo ir a más de 50 incluso cuando es evidente que no va a haber nadie en la carretera.
Viene todo esto a propósito de los resultados de las pruebas PISA 2026. O, mejor dicho, en alusión a lo que se dice y se dirá acerca de esos resultados. Sin duda, todos echarán la culpa a todos los demás. Al Gobierno por las leyes de Educación, por descontado, los de la derecha, y a las comunidades autónomas que aplican esas leyes, los de la izquierda. A los padres por no poner de su parte, los maestros, y a los maestros por no preparar a los chicos para la ESO, los profesores de secundaria. A nuestra sociedad en general, los que por supuestísimo carecemos de los vicios de los demás pero nada podemos hacer ante la fuerza de la mayoría. A los idiomas autonómicos, los que no los tienen, y al idioma nacional, los que los tienen. Y, huelga añadirlo, todos a los que no pueden decir que no es culpa suya: a las pantallas digitales, a Internet, a los propios chavales, que no se entretienen como deberían.
Todos tendrán razón, claro está. Parte de razón, al menos. Los demás también son culpables. Y recalco el 'también', porque la verdadera verdad es que todos tienen parte de culpa. También uno mismo.
Pero nadie lo reconocerá. Ningún político dirá: «Sí, mi ley es mala», o «sí, no inspecciono lo que pasa y no sé afrontar los problemas». Ningún docente admitirá: «Sí, me escudo en que la burocracia consume mi tiempo y no pongo a los alumnos como mi prioridad». Ningún padre confesará: «Sí, sobreprotejo a mis hijos y solo me preocupa que no se estresen». Y ningún profesor universitario reconocerá: «Sí, me doy cuenta de que vienen faltos de preparación, pero no hago nada para cambiarlo; solo me adapto a su nivel».
Así nunca revertiremos la situación. Si sólo vemos la paja en los ojos ajenos pero nunca la viga en el propio, como cada uno se ha de limpiar su propio ojo nunca nadie se limpiará el suyo. Si sólo pensamos en lo que tendrían que hacer los demás pero nunca en qué tendría que hacer yo.
Y si aplicamos la filosofía del ministro Óscar Puente, que dijo que él no era responsable del accidente de Adamuz porque él no había hecho la soldadura del raíl: nosotros no somos responsables de los resultados de PISA, porque no somos nosotros los que hemos hecho el examen.
Con esta filosofía, nunca mejoraremos en PISA.
Henry Mancini - Baby elephant walk
sábado, 5 de septiembre de 2026
El cielo de Ursa Major III
Mi entrada anterior versaba sobre la galaxia Ursa Major III. Y terminaba con una más o menos poética idea: que al ser tan pocas estrellas, por la noche sería un cielo sin estrellas.
Pero no siempre sería así. Las noches que el habitante del planeta estuviera orientado hacia nosotros... el panorama sería espectacular. Piense: el radio de la Vía Láctea es de unos 50.000 años luz, y la galaxia Ursa Major III está a unos 30.000. No de las afueras, del centro. ¿Está dentro? No, está más o menos en perpendicular al plano de la espiral de nuestra galaxia. Los cálculos astronómicos indican que el remolino galáctico abarcaría 113 grados en su firmamento. La Luna llena desde la Tierra solo ocupa 0,5 grados, así que las dimensiones son sobrecogedoras. Que la Vía Láctea ocupe 113 grados significa que cubriría más de la mitad de todo el firmamento visible en ese planeta. Sería imposible mirarlo de un solo vistazo; habría que girar físicamente el cuello de izquierda a derecha y de arriba abajo para poder ver el contorno completo de la galaxia. Estaría tan cerca que dejaría de parecer un objeto astronómico de fondo para convertirse en el techo absoluto de su mundo.
La Vía Láctea se vería como una luz imponente en el cielo, pero no puntual, sino perfecta. Las simulaciones que hacen las IA de cómo es la Vía Láctea son similares a ésta:
Pero abarcando casi todo el firmamento. Háganse una idea.
Es posible que algunas estrellas se pudieran distinguir a simple vista. Las que estén más cerca, tal vez. Que muy bien podrían ser miles, ya que tenemos cientos de miles de millones de estrellas. Una parte importante de la galaxia estaría a sólo unos miles de años luz, y las estrellas más brillantes de esa zona se verían perfectamente. Sin duda, sería espectacular. Por supuesto, las novas que estuvieran por allí, los días que durasen. Y las supernovas que estallaran en nuestra galaxia se verían como si de pronto apareciera una luna llena, capaces de proyectar sombras sobre el hipotético planeta en el que estuviéramos. Durante unas semanas, al menos. Luego se apagarían, y me pregunto qué explicación darían a ese fenómeno. Estoy seguro de que tendrían una mitología muy interesante.
¿Tendrían los observadores la sensación de que la Vía Láctea se los iba a comer? Porque es lo que en verdad está ocurriendo.
Lo más triste serían las noches en las que el planeta estuviera mirando hacia el otro lado. Entonces verían sólo la realidad de su propia galaxia. La más pura oscuridad, con algunos puntitos brillantes en el cielo. Para que se hagan una idea, ésta es la fotografía que han hecho nuestros telescopios de su microgalaxia:
![]() |
| La elusiva agrupación de unas 60 estrellas de Ursa Major III fotografiada por los telescopios de Hawái. (Fuente: CFHT/S. Gwyn / W. M. Keck Observatory). |
Para más información sobre la galaxia Ursa Major III: por ejemplo, aasnova.org/2026/03/02/ursa-major-iii
martes, 1 de septiembre de 2026
La galaxia contra la que nos vamos a estrellar
https://www.youtube.com/watch?v=qAJNnhM0jfc
La Vía Láctea es una galaxia en espiral que podríamos meter en un círculo de 50.000 años luz de radio. Hay que recordar que un año luz son unos 9,4 billones de kilómetros, así que es una distancia bastante respetable.
Entre 1923 y 1924 el sr. Hubble midió la distancia hasta la, entonces, nebulosa de Andrómeda. Resultó ser de unos 900.000 años luz. Hoy, con métodos más precisos, se estima que es de 2,5 millones de años luz, pero el concepto no cambia: esa nebulosa estaba demasiado lejos. Ergo no estaba en nuestra galaxia. Ergo hay objetos fuera de nuestra galaxia, ergo... hay más galaxias.
Hoy sabemos todos que hay unas decenas de miles de millones de galaxias ahí fuera. Prácticamente todas ellas, lejísimas.
La, desde entonces, Galaxia de Andrómeda, es el objeto más lejano que podemos ver a simple vista. Otros objetos que se ven a simple vista y que están fuera de nuestra galaxia son las Nubes de Magallanes, la Pequeña y la Grande. Que también son galaxias. Y que están más cerca que la de Andrómeda. Estas tres galaxias cercanas, junto con la Galaxia del Triángulo, nuestra galaxia y unas pocas galaxias más forman lo que se llama el Grupo Local. Un grupito de galaxias en un volumen pequeño (en sentido cósmico). Según los astrónomos, estas galaxias se están acercando (a diferencia de las demás, que se están alejando) y posiblemente algún día nos chocaremos. Nos fundiremos unos con otros, y el resultado será una galaxia más grande, y tremendamente sola. Las estimaciones son que ocurrirá dentro de 4.500 millones de años.
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| La colosal y violenta fusión de las galaxias NGC 7253, captada por el Telescopio Gemini Norte. (Crédito: NSF NOIRLab / AURA / NASA APOD). |
La primera galaxia con la que nos estrellaremos será la Ursa Major III. ¿Ha oído hablar de ella? No se culpe si no, porque hasta hace un par de años nadie había oído hablar de ella: se descubrió en 2024. Hace un par de años, repito. Y usted se preguntará cómo es posible, si estaba tan cerca.
La primera explicación es que no se ve. Bueno, ahora con los supertelescopios como el satélite espacial Gaia y los que estamos lanzando ya sí, pero hasta entonces nadie la había visto.
La segunda explicación, es que no se ve porque es una galaxia pequeña. Pequeñita. Enana.
La Vía Láctea tiene entre 400.000 y 100.000 millones de estrellas. Más o menos. Es una galaxia de tamaño medio: la de Andrómeda, sin más lejos, es más grande. Las Nubes de Magallanes, que también son galaxias enanas, tienen, la Grande, 30.000 millones de estrellas, y la Pequeña 3.000 millones. ¿Cuántas estrellas cree que tiene la Ursa Major III?
No, en serio: ¿cuántas cree que tiene?
Sesenta. Sesenta estrellas, más o menos. En número, por si no me cree: 60.
Y sigue siendo una galaxia, porque son 60 estrellas, supongo que con sus planetas y cometas correspondientes, que viajan juntas por el espacio en una soledad galáctica. Rumbo al choque con nosotros. Choque que, por cierto, parece ser que ya ha empezado: la Ursa Major III está a unos 30.000 años luz de nosotros y seguramente ya está sintiendo la atracción gravitatoria de la Vía Láctea. Hay muchas imágenes captadas de galaxias chocando unas con otras: pues bien, contra Ursa Major III ya nos estamos chocando.
Imagine que vive en algún planeta de la galaxia Ursa Major III. Si el planeta está centrado, en las noches claras verá... unas 30 estrellas. Desparramadas por todo el cielo nocturno. Si no está centrado, pues menos aún. Por si se lo pregunta, en la Tierra vemos unas 2.500 de un vistazo.
Olvídese de cantar allí eso de "Hay mil millones de estrellas".
Coros parroquiales - Hay mil millones de estrellas


