miércoles, 26 de agosto de 2026

La norma de los perrillos

 https://www.youtube.com/watch?v=Vl4V403R3U8

 

 

Ayer descubrí que estaba incumpliendo la norma sobre perrillos. De hecho, no sabía ni que existía una norma sobre perrillos; y, sin embargo, no sólo existe, sino que era esperable que existiera.

Vivimos en Europa. En los países en los que las hordas de los menesterosos quieren vivir, sea como sea, y están dispuestos a jugarse la vida por entrar. Por un sinnúmero de razones; entre ellas, que nosotros tenemos normas sobre perrillos y ellos no.

Porque, ¿sabe usted? Antes no teníamos normas sobre perrillos. Pero esto es la Unión Europea, y (ya traté el tema en esta entrada sobre el dobladillo de los pantalones)  esto era algo inaceptable. De todo punto. Inconcebible, si, si lo pensamos. Y, como no tenemos asuntos más importantes o más urgentes que atender, ahí que nos lanzamos. Y ya tenemos norma sobre perrillos. La norma UNE-EN 13411, en nueve secciones. Precio de venta total de las nueve partes, 620 €. La venta le da derecho a mirar las normas en la pantalla de un ordenador, no a imprimirlas o enseñárselas a otra persona.

Quizá convenga aclarar que en el argot, perrillo es como se denomina a las abrazaderas con perno en U que se emplea para sujetar los extremos de los cables de acero, como comprenderá los cables del ascensor no se atan a los ganchos con un nudo de vuelta escota.

Pues existe una norma que los regula exhaustivamente, no dejando nada al azar. Esto es Europa, y a esto, a hacer normas sobre cualquier cosa, es a lo que nos dedicamos.

Porque, y aquí viene lo bueno, antes de esta norma ya existía una norma sobre perrillos. Era una norma alemana, pero daba igual. La DIN 1142, si el cable estaba sometido a una carga importante, y la DIN 741 para los cables en usos de chichinabo. Esto es, los fabricantes ya sabían cómo tenían que ser las abrazaderas de los cables. Ya estaba pensado. Pero tenemos en todos los países organismos para generar normas, y es lo que hacen. Generan normas, se necesiten o no. 

 

Por cierto, ha muerto Dolly Parton. 

 

 

Dolly Parton - Jolene 

  

jueves, 20 de agosto de 2026

Los franceses no son franceses

https://www.youtube.com/watch?v=FZe3mXlnfNc  

 

 

 

 

Aviso: si es usted una persona sensible, no lea este artículo. 

 

Se ha montado cierto revuelo por un artículo periodístico durante y sobre el Mundial de fútbol, acerca de cierta frase que se emplea. El revuelo no es por la frase en sí, sino porque el artículo lo escribió cierto expolítico del PP, de la derecha por lo tanto, y las críticas vienen de serie. Sin embargo, la retranca de la frase bien merece una reflexión.

La frasecita de marras venía a decir que la selección de Francia es muy potente, "pero sin franceses". ¿Por qué sin franceses? Era una exageración, claro, pero aducía al hecho de que en su selección apenas hay un par de blanquitos, de aquellos que instantá­neamente asociamos a los habitantes del hexágono. El resto eran negros. Franceses administra­tivamente, dejémoslo ahí.

Lo inteligente es dejar de lado quién lo ha escrito, y fijarse en la idea.

Es decir: ¿hacia dónde va Europa?

Francia, Alemania, el BENELUX, el Reino Unido, Italia, los países escandi­navos, España,… ¿Cómo serán dentro de unos años? Treinta, por ejemplo. La etnia que poblaba esos países de forma muy mayoritaria hasta hace 30 años tiene en proporción muy pocos descendientes. Las otras etnias tienen muchos, pero además tienen otra vía de crecimiento: llegan ya crecidos. A paletadas. La selección francesa de fútbol no es que tenga algún "importado" (si se me acepta la expresión), es que casi todos lo son. Alcaldes de ciudades importantes del Reino Unido son también ciudadanos "importados", y las preferencias de los "importados" pesan cada vez más en la legislación y la administración de los recursos.

O, dicho de otra forma: el 50% de los habitantes de Barcelona entre 12 y 35 años ha nacido en el extranjero o uno de sus padres ha nacido en el extranjero. En mi barrio, la sensación es que es probablemente mayor, así que voy a dar el dato estadístico por bueno. ¿Cuál será la estadística dentro de 30 años? 

La idea original era que no importaba tener importados. Eran pocos, y se asimi­laban sin problemas. De hecho, venía bien tenerlos, aportaban savia nueva, algo de mestizaje… Iba a ser maravilloso.

La realidad es que no son pocos. Y cuantos más son, menos se asimilan. Y una asimi­lación parcial genera más problemas. Es fácil de entender que si llega un emigrante a una ciudad donde viven diez millones de personas, el emigrante se adapta; si llegan 10 millones a un refugio donde vive una persona, es esa persona la que ha de adaptarse o irse. Bien, Europa está en un término medio. Es un hecho que los importados no son pocos. Si la fuerza demográfica de Europa es tal que los importados van a ser asimilados, entonces todo va bien.

Pero si no van a ser asimilados…

¿Usted cree que los importados que están viniendo están viniendo para pa­garle a usted su pensión, el coste de sus carreteras y la gigantesca deuda pública que estamos contrayendo? Los origi­narios tenemos una carga económica brutal. ¿Vienen los importados a ayudarnos? ¿O acaso vienen porque aquí nosotros les vamos a ayudar a ellos aún más, incremen­tando de esta manera la carga económica que estamos soportando? ¿Qué cree usted?

Yo creo que una gran mayoría no viene movida por su afán de asumir carga económica y rebajar la nuestra, sino justo lo contrario. Por la seguridad que ofrecemos, la sanidad gratuita, la educación gratuita, las ayudas genéricas como el IMV,… Y sí, muchísimos de ellos se ponen a trabajar. En trabajos que hay que hacer. Conducen taxis o camiones. Se suben al andamio, realizan las mudanzas. Están en los comercios, tras las barras de los bares, en la seguridad privada que vigila el metro. Limpian las casas y las oficinas. Y, por supuesto, cuidan a nuestros mayores y nos traen la comida a casa. Los más cualificados entran en las oficinas de inge­niería y arquitectura como delineantes o consiguen empleos en la rama sanitaria. Muchos, muchísimos, trabajan. 

Vuelvo pues a la pregunta. ¿Qué va a pasar?

La gran fuga blanca. Es como se denomina al éxodo de los blancos en los países subsaharianos, también desplazamientos globales en los EE.UU., que producen modificaciones en la geoeconomía. Estas cosas pasan. Vene­zuela. En los últimos 25 años unos tres millones de argentinos han abando­nado su país. Sobre todo, por la pérdida de esperanza en salir adelante allí. Y la mayoría de los que han emigrado son los más prepa­rados, unos por ser más educados o cultos, otros por tener más iniciativa personal. El caso es que la marcha de cada uno agrava la situación de los que se quedan. Es sólo cuestión de que la situación se degrade lo suficiente para que algunos empiecen a marcharse, luego más y luego casi todos los que pueden. Y lo malo es que sólo se percibe cuando ya ha ocurrido. ¿Pasará en Europa Occidental?

No, claro que no. ¡Qué cosas digo, cómo va a pasar! No va a pasar, porque…

Pues, porque…

Va a pasar. Nuestros jóvenes se van a ir. Lejos, lo más que puedan, donde los que les están expulsando de sus países no lleguen. A los EE.UU., a Australia, a Nueva Zelanda. 

Porque un día se permite la comida halal en la escuela pública. Y por permitir quiero decir que se sirve; esto es, que se financia. Luego, cuando sean muchos, sólo será halal. Total, los demás también pueden comerla. Luego, cuando sean muchos, comer cerdo estará mal visto. Es una afrenta a la comunidad. Pasará a ser como la carne de potro. Busque usted carne de potro. Por razones que desconozco, en Barcelona las autoridades nunca felicitan la Navidad o las Pascuas a los cristianos, pero sí y muy efusi­va­mente el Ramadán a los musulmanes. Y en veinte años tenemos el escenario que planteaba Houellebecq en Sumisión. En la novela, la primera señal de lo que se venía encima es que los judíos abandonaban el país. Dato adicional: en Ceuta y Melilla hace años que está ocurriendo. La fuga blanca, me refiero. Aproximadamente un 90% de los niños que nacen allí reciben un nombre árabe, por cierto.

Los importados van a seguir viniendo, ya no se van a asimilar, y los originarios que se queden van a mantenerles. Salvo que cambien las cosas. Un cambio, ya está dicho, es que los originarios renuncien y se vayan. Y que se queden ellos, los importados, con nuestra deuda pública, buena suerte. Otro cambio posible es cambiar la relación: se acabó el aceptar importados, se acabó que los importados se lleven las ayudas públicas. Se acabó la sanidad gratuita y universal, la enseñanza y las ayudas a las personas de menos recursos. Los que tienen recursos y están pagando todo eso están hartos y dicen que hasta aquí. Se echa a nuestros gobernantes, cómplices de los importados, y se decretan nuevas leyes: sólo los originales tienen los derechos que han atraído a los importados. Cristianos viejos y todo eso. Los importados, o se largan, o se reconvierten en voluntariosos aportadores (algo dudoso) o se resisten a perder lo que tienen. Conflicto, y ya se verá quién queda cuando acabe. Han de reco­nocer que es otra posible alternativa. Y, en esta alternativa, es posible que las cosas no se resuelvan por una vía política. Por increíble que nos parezca. 

El problema, además, no es sólo demográfico: 

 

¿Necesitamos alguna prueba más de que esto se está yendo al garete? No es el fallo en sí, es el que nadie vea el fallo, y que si alguien lo percibe no reaccione. El mejor escribano ya se sabe, pero aquí hay un problema de mentalidad. Hemos dejado de darle importancia a las cosas importantes, y cuando llega ese momento en que nos preguntamos cuándo se jodió el Perú es que es tarde.

¿Cuándo se jodió la cosa? Cuando hicimos caso a los wokes. A los psicó­logos, a los pedagogos, a los adalides de la igualdad. A los que decían que Europa tenía que dejar de consumir para contrarrestar lo guarros que eran los demás con el planeta. Cuando la avaricia les cegó el entendimiento y creerían que se iban a comer el mercado chino en vez de darse cuenta que estaban dándoles todos sus secretos. Cuando decidieron que íbamos a cambiar por decreto, despreciando la fábula de los cangrejos, y nos ordenaron que dejáramos de fabricar motores de explosión y nos pasáramos a los eléctricos.

¿Nadie les dijo que el dominio de Europa se debía a su capacidad de fabricar motores térmicos? Cualquier chino sabe fabricar un motor eléctrico, llevamos 200 años haciéndolos, pero aún no saben hacer motores de explosión. Al renunciar nosotros a lo que sólo nosotros sabemos hacer y obligarnos a nosotros mismos a comprar lo que ellos hacen más y más barato que nosotros... pocas jugadas más idiotas se me ocurren. Pero ¡ey! ¿y lo woke que era? Lo del apagón, bueno, tampoco fue para tanto. Lo de Valencia no está demostrado que fuera por no haber limpiado el cauce (por motivaciones woke): fue por el cambio climático. Como los incendios, eliminar la actividad humana en el campo y no invertir en medios de extinción no tiene nada que ver. Fue el cambio climático. La culpa siempre es de otros, nuestros actos no tienen consecuencias, no somos responsables de las cosas que pasan. 

¿Para qué aprender caligrafía, si hay procesadores de texto? ¿Ortografía, si hay autocorrectores? ¿Morfología, si lo importante es que se entienda lo que quiero decir? ¿Historia, si está en internet? ¿A orientarnos en un mapa, si tenemos navegadores? ¿Matemáticas, si hay calculadoras? ¿A pensar, si está la IA?

No es importante aprender. Lo importante es no dejar a nadie detrás. Si es necesario, nos paramos todos. 

Y renunciamos a revisar nuestro propio trabajo. Lo que nos lleva a perder la capacidad de detectar las cosas que están mal, y estamos muy contentos de lo guay que ha quedado el cartel: ¡menuda tipografía!

Somos cada vez más tontos. Como sociedad. Cada vez sabemos menos. La cultura general es cada vez menor. Sí, hay algunos sabios por ahí que saben. Pero los aspirantes a sabios son cada vez menos, porque perdemos la capacidad de aprender.

El dominio de Europa sobre el mundo se basó en su ciencia superior. En su técnica. En su desarrollo humano. Toda la ciencia humana está al alcance de los musulmanes. Y, sin embargo, los países musulmanes nunca estarán a la altura a la que hemos llegado a estar, porque son incapaces de evolucionar psicológicamente. Siguen anclados en como eran hace mil doscientos años. Pues estamos renunciando a ese desarrollo. Nos vamos a estrellar, y ni siquiera nos preguntamos si vamos bien. Y sí: tras los tapones de botella imperdibles, la gran aportación de la UE al planeta va a ser... la prohibición de los sobrecitos individuales de ketchup. Parece ser que en Europa gastamos mucho de eso, y no puede ser. Con unos gobernantes con prioridades tan claras, ¿qué puede salir mal?

No le eche las culpas a los gobernantes: los elegimos nosotros y de entre nosotros. La solución, si la hay, la tenemos en el espejo.  

Estos días he oído hablar a muchas "influencers" que ésas que copan los medios de comunicación de la mayoría de nuestros conciudadanos. Parece ser que las sigue mucha gente. Que las escucha. 

Si quiere usted convencerse de nuestra decadencia, escúchelas. En cualquier otra sociedad y momento estarían en un rincón calladitas, advertidas que hablen sólo cuando tengan algo inteligente que decir. Que tanta gente las escuche, que sea lo que escucha, es prueba definitiva de que nos hemos ido al carajo.

Claro que podría estar equivocado. Catastrofista. Exagerado. No va a pasar nada de eso: a fin de cuentas, seguimos aquí, ¿no?

Eso mismo pensaron los aztecas cuando les contaron que habían llegado unas naves a la costa. Los incas, cuando dialogaron con Pizarro. Los sioux, cuando una carreta con una familia quiso cruzar su territorio. Los persas, cuando oyeron hablar de los mongoles. Los romanos, cuando unos godos pidieron un poco de comida para pasar el duro invierno. ¡Ha pasado tantas veces! Claro que esta vez será diferente, porque esta vez somos nosotros. Y no, nosotros no. A nosotros no nos ocurrirá lo que les pasó a otros.

Si no hay pronto un cambio radical, y por radical me refiero a radical de verdad, del tipo de cambio que nos hace actuar como hemos jurado mil veces que no actuaríamos (por ejemplo, defendiendo que sólo los "europeos viejos" tenemos los derechos, incluyendo el de votar, y que eso de que los otros también tengan derechos humanos está sobrevalorado), me temo que en veinte años somos historia. Básicamente, porque salvo en los segmentos de viejos, seremos minoría. ¿Nuestros jóvenes? Se habrán ido a donde no les pillen. Y yo les habré apoyado. A mí ya no me vale la pena, pero ellos son jóvenes aún.

Usted cree que yo soy un exagerado catastrofista en un día malo. Yo creo que usted es un inconsciente. Aunque puede que sí esté equivocado: que no sean 20 años, que sean 30. ¡Fíjese, qué cambio!

En resumen, la duda es ahora si habrá fuga blanca o si los blancos, en vez de fugarse, van a pelear, y por pelear me refiero a tomar decisiones que ahora no aceptaríamos (y que ni nos planteamos, me temo). Yo apuesto por la fuga blanca. Australia, Nueva Zelanda, Estados Unidos, Canadá. Y los países europeos que hayan optado por pelear, si hay alguno.

 

 

 

Nota final: tenía este artículo en mi cabeza desde hace mucho tiempo. Cuando Rajoy escribió el famoso artículo, decidí escribirlo. De esto hace un mes, y ha habido un nuevo suceso: la "invasión" de Ceuta por parte de marroquíes. A lo que se ha de añadir el comportamiento de nuestro gobierno y su gestión de ese suceso. ¿Qué puedo añadir? Muchos de los menas no se expulsarán, se quedarán. El Estado, nosotros, correremos con todos sus gastos hasta que tengan trabajo. En ese momento podrán pedir el reagrupamiento familiar y se traerán a sus dos padres y a cinco hermanos. Una de las hermanas estará embarazada, y se traerá a su propia familia, etc. etc. El 'reemplazo' es real. Está siendo ya, se quiera ser consciente o no. La fuga blanca acabará produciéndose, ya lo creo que sí.

 

 

 

Arvo Pärt - Espejo en el espejo 

 

martes, 18 de agosto de 2026

Cuarenta mil

Antes de irme de vacaciones entré en la página web de Amazon, para comprarme algunos libros. Nada pretencioso: que me entretuvieran, sin más. Así que marqué lo que quería: libros en formato kindle, idioma inglés o español, género ciencia ficción, sección militar space opera.

 

Cuarenta mil. Amazon me ofrecía 40.000 títulos que cumplían esos requisitos. Vale que yo sea un tipo poco exigente y fácil de contentar, pero ¡caray!

¿Cómo es posible?

Imaginemos que el autor promedio tiene publicados una media de 5 títulos de ese estilo. Significa que hay 8.000 autores que cultivan ese estilo. ¿Hay más autores de novelas de ciencia ficción rama militar space opera que grupos de rock? La gran mayoría de los grupos de rock son bastante malillos, y apenas son un puñado los que vale la pena que nos gastemos dinero y tiempo en escucharlos. Pues imaginen una novela de ésas.

La explicación, claro, es la IA. Que escribe libros como churros. En los dos sentidos. 

Por no hablar que la inmensa, muy inmensa mayoría de los libros será una repetición de todos los clichés del género. Aunque se consideren origi­nales. Gente que ha leído libros de este tipo, decidido que ellos también pueden escribirlos, se "inventan" variantes de ideas y argumentos ya escritos, copian recursos y tramas de otros géneros, y voila!: ya tenemos un escritor de ciencia ficción.

Al final no compré ninguno. Curioseé un poco, y lo dejé. Porque hay otro requisito que suelo imponerme, pero que por desgracia el menú de Amazon no me ofrece: que al leerlo no considere que vaya pérdida de tiempo está siendo leer esa bazofia. Cuando hay tantas maravillas ahí fuera esperando ser leídas.

Total, que he vuelto a hacer lo que he estado haciendo casi todo el año: escribir mi propia novela. Y les diré una cosa: me he entretenido mucho más. Tanto es así que voy a escribir una serie y algún spin-off. Queda mal decirlo, pero me gusto mucho más yo.

 

domingo, 9 de agosto de 2026

A la sombra de un olmo

He pasado unos breves (siempre son breves) días de asueto a la sombra de un olmo. De un olmo común, debo precisar: no un olmo siberiano. Lo cual es llamativo, porque la grafiosis de los años 80 prácticamente aniquiló todos los olmedos de España y del Viejo Continente (más información, aquí). 

¿Cómo es que había olmos comunes? Porque era un jardín del Estado: el Parador Nacional de Manzanares. Estarían, imagino, bien cuidados en su momento por los jardineros del Parador, y se libraron de la pandemia. El caso es que había unos ejemplares magníficos que me dieron la sombra que necesitaba.  

 

En el jardín había algunos tocones, olmos que habrían tenido que podar, y unos cuantos olmos siberianos.  Estos últimos no me gustaban tanto.

¿Y a qué me he dedicado? A dormir la siesta y a leer. A esperar que llegue la hora de la comida o de la cena. Casualmente, uno de los libros que leía era La vida secreta de los árboles, de Peter Wohlleben. Lo que pasa es que Wohlleben es en realidad un guardabosques alemán, y no quedan olmos en Centroeuropa: su libro habla, sobre todo, de las hayas.

La Vida Secreta De Los Árboles - Wohlleben, Peter | Envío gratis 

Como explica Wohlleben, las hayas son árboles de bosque. Necesitan estar todas agrupadas, cerca las unas de las otras, para ayudarse entre ellas. Cuando están aisladas, su vida media cae en picado.

En España, en cambio, teníamos olmos. La grafiosis, un hongo, los mató a todos. A casi todos. Y cada vez que los miraba y agradecía la sombra que me proporcionaban, no dejaba de acordarme del poema, ya saben:

Al olmo viejo, hendido por el rayo

y en su mitad podrido,

con las lluvias de abril y el sol de mayo,

algunas hojas verdes le han salido.

 

¡El olmo centenario en la colina

que lame el Duero! Un musgo amarillento

le mancha la corteza blanquecina

al tronco carcomido y polvoriento.

 

No será, cual los álamos cantores

que guardan el camino y la ribera,

habitado de pardos ruiseñores.

 

Ejército de hormigas en hilera

va trepando por él, y en sus entrañas

urden sus telas grises las arañas.

 

Antes que te derribe, olmo del Duero,

con su hacha el leñador, y el carpintero

te convierta en melena de campana,

lanza de carro o yugo de carreta;

antes que rojo en el hogar, mañana,

ardas en alguna mísera caseta,

al borde de un camino;

antes que te descuaje un torbellino

y tronche el soplo de las sierras blancas;

antes que el río hasta la mar te empuje

por valles y barrancas,

olmo, quiero anotar en mi cartera

la gracia de tu rama verdecida.

Mi corazón espera

también, hacia la luz y hacia la vida,

otro milagro de la primavera.

Es que los dos poemas sobre árboles más famosos en español son el del ciprés de Silos, de Gerardo Diego, y el del olmo viejo, hendido por el rayo, de Antonio Machado. 

Lo que he echado de menos era precisamente que el Parador aportara algo de información al huésped, en el que le explicara que los árboles de su jardín eran olmos. Para que éstos fueran, al menos, conscientes de la majestuosidad de los árboles que les proporcionaban la sombra que anhelaban.

Yo, no sé si lo he dicho ya, he pasado unos días bajo unos olmos. Han sido unos días magníficos.