https://www.youtube.com/watch?v=t4LWIP7SAjY
«¿Conocen ustedes a su doble? Según recientes estudios de genética, todos tenemos uno (o dos o tres) en alguna parte del mundo».
Así empieza un reciente artículo de la escritora Carmen Posadas. Pero ella no quiere hablar de los dobles, que son las personas que se hacen pasar por otras para que crean que uno está o hace donde no está o lo que no hace. Estoy convencido de que ella sabe cuál es la palabra exacta que define lo que ella quiere decir, las personas que son físicamente iguales a nosotros. Y sin embargo, decide no emplearla.
¿Por qué?
Porque no es una palabra habitual, hoy en día. Yo la aprendí de pequeñito, era la clave del argumento de una novela (infantil-juvenil), aunque no tenía ni idea de que provenía del nombre de un personaje de una comedia de Plauto. Para empezar, ni idea de quién sería ese Plauto; pero eso no era óbice para que conociera la palabreja y la empleara de vez en cuando.
Han pasado años desde que yo era pequeñito. En los últimos, si algún articulista exhibía su amplio vocabulario, se sentía obligado a precisar que era el nombre de aquella comedia. Los lectores, por descontado, no habrían leído a Plauto, pero asociarían su nombre a la cultura grecorromana, y eso bastaría.
Hoy, una articulista de amplia cultura como Posadas opta por 'doble'. Que no es la palabra que sabe que debería usar, pero no quiere espantar a sus lectores y piensa que sus lectores no tienen el léxico de antaño.
O tempora o mores. ¡Oh, tiempos! ¡Oh, costumbres!, que decían los latines. Las cosas ya no son como antes, y usamos menos palabras. Pero ¿cómo no usarlas, si las personas cultas que escriben en los medios de comunicación no las emplean? ¡Que no hablamos de un periodista deportivo, por favor!
Y, claro. Nos quejamos de que los jóvenes no tienen comprensión lectora. Que no leen. Que su léxico es muy pobre y que con quinientas palabras ya pasan de la cuna a la tumba. ¡Pero es que las evitamos nosotros mismos!
Antes, con 10 ó 12 años un niño ya había leído textos que empleaban, qué sé yo, lo menos 5.000 palabras o más. ¿Ahora? Su mundo se reduce a 800 palabras, a lo sumo. Y lo mismo la televisión: en los guiones actuales, los actores llenan sus líneas de palabrotas, que en el fondo no son sino maneras de hablar burdas, de gente paleta y sin cultura que carece de la capacidad de denostarte con expresiones o palabras que no sean 'jódete, gilipollas'. No estoy pidiendo que los actores declamen «¡Ha llegado el momento de probar vuestra propia medicina, panolis de chichinabo!», pero estoy seguro de que los diálogos que oímos son manifiestamente mejorables. Aunque no sé si son simples porque los actores hoy no dan para elaboraciones, pero ésa es historia para otro día. De esos polvos, estos lodos, y ahora tenemos lo que hemos cultivado.
Ahora bien: no hemos de dejar esta labor sólo en manos de los juntaletras. Si tenemos un léxico variado, usémoslo. Y sepamos cuándo tenemos que decir 'un frágil esquife' (el diccionario no lo dice, pero los esquifes son siempre frágiles) o una chalupa. O una lancha. A veces, una balsa, pero otras una almadía. Si somos nosotros mismos los que nos censuramos, no nos quejemos de que nuestros herederos se nieguen a leer textos con una complejidad mínima para nosotros pero máxima para ellos. Porque vamos camino de hablar como los estadounidenses: el idioma inglés, hermoso y rico, tiene verbos para muchísimas cosas, pero también tienen los "verbos frasales": verbos corrientes (come, get, go, look,...) a los que añadiéndoles una preposición pasan a tener un significado diferente. Por ejemplo, come about en vez de happen, get by en vez de manage o survive, go under en vez de collapse o look out en vez de beware. Su destino va a ser, ya está siendo, que los verbos auténticos pasen a ser voces cultas, como antesala de su pérdida. ¿No me creen? ¿Ustedes... reprenden o echan la bronca? ¿Reprochan o echan en cara?
No sé ustedes, pero yo no quiero eso. Aunque, la verdad, lo único que podemos hacer es, en las situaciones en que corresponde, intentar explicar a los lectores que todo el mundo, se cree, tiene un sosias en alguna parte. O dos, o tres.
Patty Labelle - Lady Marmalade
No hay comentarios:
Publicar un comentario