https://www.youtube.com/watch?v=9eWewdTkghM
Los cuatro planetas interiores, Mercurio, Venus, la Tierra y Marte, están apagados desde un punto de vista energético: la energía que reciben del Sol es la que sale de ellos. Y es natural que sea así: la Tierra, por ejemplo, tiende a enfriarse (el magma del manto) y además tiene elementos radiactivos que irradian energía al descomponerse. Esto hace que emitan energía (en el campo de los infrarrojos). Pero reciben mucha energía del Sol, que los calienta, y ese calor recibido es el calor que emiten a su vez al espacio. Al final es lo comido por lo servido. Pero en los planetas exteriores las cosas no son así.
Júpiter, mi planeta favorito. Es un planeta que irradia mucha energía. Está compuesto de hidrógeno y helio (como las estrellas, qué coincidencia), y el helio, más pesado que el hidrógeno, tiende a caer hacia el centro del planeta y comprimirse por las increíbles presiones que allí se alcanzan. Ese desplazamiento es una pérdida de energía potencial, que se manifiesta en forma de emisión de energía. Como en las estrellas, otra coincidencia. Lo que diferencia a Júpiter de una estrella es que la presión en el núcleo no es tanta como fusionar los átomos de hidrógeno en átomos de helio; si Júpiter fuera un poco mayor, digamos que tuviera cuatro o cinco veces su diámetro (el Sol es unas 10 veces su diámetro) ya tendría la masa suficiente para iniciar las reacciones termonucleares de las estrellas. Pero, bueno, al menos sí emite mucha energía. Aunque todavía en el espectro infrarrojo, y por eso sólo vemos la luz que devuelve del Sol.
Veamos Saturno, mi otro planeta favorito. También de hidrógeno y helio como Júpiter, pero no tan masivo. Lo que ocurre en Saturno es que allí el helio llueve, y esa lluvia, al caer, genera fricción que provoca un calentamiento. Saturno también irradia mucha energía, pues.
Urano, que también es mi planeta favorito... es un misterio. Es un planeta muy raro: por ejemplo, gira en un eje a 90 grados del plano de la elíptica, muy diferente a todos los demás. ¿Por qué? Nadie lo sabe. Y tampoco irradia energía propia. De nuevo, nadie sabe porqué. Hay quien opina que es porque la perdió toda hace mucho tiempo, tal vez cuando se estaba formando, pero eso no aclara mucho: ¿qué pasó, porqué la perdió? Lo cierto es que Urano, hoy, emite tanta energía como energía recibe del Sol. Apenas nada, vaya.
Y por último tenemos a Neptuno, mi verdadero planeta favorito. Neptuno, que recibe una cantidad ridícula de energía del Sol, emite mucha energía. Mucha. ¿De dónde sale? No se sabe, ni se sospecha. Tal vez sea que hay muchos elementos pesados en su interior y éstos se van desplazando hacia el centro y liberando energía en el movimiento.
Pero yo no quería hablarles de mis planetas favoritos. O sí. O no.
Quiero decir, llevo ya quince años escribiendo en este blog. A veces escribo sobre temas que me interesan, como la astronomía. Otras, sobre cosas que me llaman la atención, como esos árboles de la misma especie que se ayudan entre sí pasándose azúcares y nutrientes a través de las raíces para sanar a los heridos. Historias de Física, de Biología, de Música o de Arte, de Historia o de Geografía.
Me fascina recordar cómo España y Portugal se repartieron América del Sur trazando líneas sobre las cuencas hidrográficas, y cómo unos exploradores españoles se encontraron en la Venezuela profunda con portugueses porque el Orinoco, rompiendo la lógica geográfica de los ríos que se juntan en forma de "Y", hacía lo contrario: se dividía enviando una rama hacia el Amazonas a través del canal de Casiquiare. O me pregunto por qué las fronteras de Kirguistán son tan enrevesadas.
En el fondo, como decía la zarzuela, hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad, y el mundo está lleno de descubrimientos que fascinan.En el fondo, lo que pasa es que, como dijo don Hilarión a don Sebastián (o al revés, pero no importa), hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad. Y hay muchos descubrimientos que son fascinantes. Que fascinan.
Sin embargo, a veces escribo lo que en ese momento quiero decir. Es decir, de política.
Las más de las veces lo hago por puro encorajinamiento ante el deterioro institucional, para dejar constancia de cómo son estos tiempos y de lo que tenemos que aguantar. Escribo para rescatar pequeños detalles que pronto se olvidan y que servirían para envolver el pescado de mañana (si no fuera porque hoy en España eso ya es ilegal); cosas que conviene recordar porque, a lo mejor, en el futuro nadie se las creería.
De cómo Pedro Sánchez, por ejemplo, está pudriendo la democracia española y se comporta como la Argentina de los Kirchner. Para advertir que, igual que un día los venezolanos se encontraron con Maduro al mando sin comerlo ni beberlo, también nosotros llevamos camino de caer igual de bajo.
De hecho, tengo guardadas en el cajón de borradores un par de entradas que al final no quise publicar. En una de ellas querría haber contado cómo RTVE, la oficial, disfraza a una sindicalista de médico (con bata y fonendoscopio al cuello) para manipular la opinión pública contra la oposición y, una vez pillados, aducen que era administrativa en las cocinas del hospital. En la otra, querría haber narrado cómo el PSOE presiona al clan de narcotraficantes que reveló que las cloacas querían "eliminar" a la juez que juzgaba al hermano del presidente; una presión infame que ha consistido en meter en prisión provisional a un chaval de 18 años, hijo de la jefa del clan, acusándolo de haber robado un patinete. Da igual que la defensa aporte fotos, facturas y la declaración de la dentista demostrando que a esa hora el chico estaba en Marbella en una operación dental y no en Badajoz. Da igual que el fiscal no tenga una sola prueba o imagen, o que la defensa clame con lógica elemental para qué diantres iba a robar un patinete un chaval que conduce habitualmente un Lamborghini Urus.
Querría contar muchas cosas que ahora me parecen increíbles por miedo a que en unos años las encontremos incluso tiernas. Para gritar que saltemos del coche antes de caer por el acantilado; que peor va a ser no saltar.
Hay una etiqueta que suelo usar en algunas entradas: "Daniel Quinn". La aplico cuando hablo de esos errores garrafales que cometemos como sociedad, esos que nos destruirán y de los que casi nadie se da cuenta. Llevo quince años advirtiendo, por ejemplo, sobre la caída demográfica y su impacto inevitable en la deuda pública: cada vez seremos menos personas para pagar muchísimo más dinero. Cuando veo que avanzamos ciegamente hacia ese colapso, me quema por dentro y necesito decirlo. Es mi blog, después de todo.
Y sin embargo... qué mal envejecen las entradas de política.
Las otras me gusta releerlas de vez en cuando, porque versan sobre temas interesantes, interesantes entonces e interesantes ahora (y porque, ¡caramba!, cuando escribo no lo hago mal del todo), pero las políticas, al volver a ellas pasado el tiempo... ¡qué mezquindades!
Por cierto: 15 años cumplidos. Empecé en septiembre de 2011, por probar qué era eso de los blogs y sin ningún ánimo de perdurar. Una veintena de entradas a lo sumo, 40 en el mejor de mis sueños. 1.250 entradas después, creo que aún me quedan 20 o así en el tintero. O 40, no sé. Ya veremos.
Ólafur Arnalds - Only the winds
No hay comentarios:
Publicar un comentario