domingo, 13 de septiembre de 2026

La sororidad

https://www.youtube.com/watch?v=du6719uO4iE 

 

 

La palabra 'sororidad' proviene de la voz 'sor', que es como se denominaba tradicionalmente a las monjas que eran 'hermanas'. Alude pues a la solidaridad entre las mujeres, una especie de hermandad: los ataques a una son los ataques a todas.

La sororidad es una de cosa más incomprensibles para los varones. Y también una de las más detestadas. Porque es la injusticia en su grado máximo.

Como ejemplo, tenemos el estos días de actualidad caso de Lindsay Clancy. Una norteamericana que mató a sus hijos (de 5 y 3 años y un tercero de 8 meses), creo que porque estaba harta. Pero hay muchos más botones: recuerdo, sin esfuerzo, el de una madre, creo que se llamaba Juana Rivas, que secuestró a sus hijos para que no vieran al padre. Las ministras del Gobierno, como un solo cuerpo, salieron en su defensa con todo el arsenal mediático que el Gobierno es capaz de desplegar, no dudando en vilipendiar a los jueces que, en aplicación de las leyes y la más elemental justicia, fallaban una y otra vez a favor del varón.

El caso Clancy: ella reconoce el crimen, pero alega que su mente colapsó. La defensa se agarró al clavo ardiendo de la depresión postparto, y 11 de los 12 jurados estuvieron de acuerdo: consideraron que, en efecto, la pobre mujer sufría demasiado. El duodécimo jurado, el único díscolo, consideró lo contrario: que una depresión no te anula el instinto materno hasta el punto de buscar un cable y asfixiar a tus propios hijos. ¿Qué habría votado usted? Qué le dicta el sentido común? Ese único jurado valiente está sufriendo hoy un acoso salvaje.

Pero José Bretón. Mató a sus hijos. No es que se pudra en la cárcel, es que ¡ay de aquél que se atreva a formular alguna frase mínimamente exculpatoria! Un periodista quiso escribir un libro, y tuvo que ser retirado de las librerías.

¿Y si a los niños de Clancy los hubiera matado el padre, en un ataque de desesperación? Ya lo habrían electrocutado en la silla eléctrica para luego revivirlo y ponerle una inyección letal. Y nadie habría dicho ni mú.

Ningún varón se manifestará nunca a favor de los criminales varones. Tampoco las mujeres.  Y todos lo encontraremos normal.

¿Entonces? ¿Es que los actos son correctos o incorrectos según los ejecuten hombres o mueres?

No, claro que no. O, al menos, vamos a suponer que no. Vamos a suponer que lo que está mal en los varones también lo está en las mujeres. Que no un Código Penal para hombres y otro para mujeres, que todos somos iguales ante la ley.

De hecho, las manifestantes pro Clancy no defendían que sus actos fueran buenos. Defendían que ella estaba incapacitada por un suceso de 8 meses antes. Que sus hormonas habían anulado su buen juicio. Sí, tomó una decisión errónea, pero es que era mujer y madre. Y usted no puede entenderlo y es un machista y un fascista si no está de acuerdo.

Pero ese argumento no vale siempre: no se puede usar contra las mujeres, sólo a favor. No se puede siquiera insinuar que ocho meses después de un parto una mujer puede tomar decisiones equivocadas por causas hormonales. No, ocho meses no: nunca. Ni, por supuesto, las consecuencias lógicas que se derivarían de tal aserto, como que es mejor que no estén en puestos de responsabilidad.

Es decir: la ley es la misma para todos, pero las mujeres tienen excusas. Eso sí, esas excusas sólo se pueden emplear en un sentido: a favor de las mujeres. Eso es sororidad.

¿Por qué hay sororidad entre las mujeres y no entre los hombres? Pues porque hombres y mujeres son diferentes. Algo que, eso sí, sólo se puede decir si beneficia a las mujeres.

Por eso es tan injusta la sororidad. Y por eso la detestan los varones, no porque las mujeres se apoyen unas a otras, que eso nos parece fantástico, sino porque defiende la injusticia. 

 

 

Port bo - Vestida de nit (habanera) 

miércoles, 9 de septiembre de 2026

PISA 2026 y las rubias

https://www.youtube.com/watch?v=b1z4JfxFb6c 

 

 

Uno de los rasgos definitorios es que la culpa siempre es de otro. Como mínimo, desde la manzana: Adán culpó a Eva, por ofrecerle la tentadora fruta, y a Dios mismo, por darle a Eva como compañera. Eva, a su vez, culpó a la serpiente. Incluso cuando la culpa es del todo nuestra y a nosotros mismos nos reconocemos que es así, ante los demás le echaremos la culpa a lo que sea.

Por ejemplo: cerramos la puerta de casa y nos hemos dejado las llaves dentro.

A nosotros mismos nos decimos: «¡Mecachis en la mar! Me he dejado las llaves dentro».

A los demás les diremos: «Justo cuando iba a salir estaba la rubia de enfrente sujetándome la puerta del ascensor para que bajara con ella, y con las prisas y los nervios me dejé las llaves dentro». La culpa no es nuestra, es de la rubia.

O si nos multan porque en la carretera que atraviesa un pueblo, una madru­gada un radar nos hace una foto a 120 km/h.

Nosotros nos decimos: «¡Mecachis en la mar! Me ha pillado el radar, por idiota. Tenía que haber ido a 50. En fin...».

Pero no contaremos la multa así, sino: «Me pusieron una multa por ir a 120 a las 3 de la mañana en un pueblo de mala muerte, como si alguien fuera a cruzar la carretera a esa hora». La culpa es de la norma, que estúpi­damente sigue prohibiendo ir a más de 50 incluso cuando es evidente que no va a haber nadie en la carretera. 

Viene todo esto a propósito de los resultados de las pruebas PISA 2026. O, mejor dicho, en alusión a lo que se dice y se dirá acerca de esos resultados. Sin duda, todos echarán la culpa a todos los demás. Al Gobierno por las leyes de Educación, por descontado, los de la derecha, y a las comunidades autónomas que aplican esas leyes, los de la izquierda. A los padres por no poner de su parte, los maestros, y a los maestros por no preparar a los chicos para la ESO, los profesores de secundaria. A nuestra sociedad en general, los que por supuestísimo carecemos de los vicios de los demás pero nada podemos hacer ante la fuerza de la mayoría. A los idiomas autonómicos, los que no los tienen, y al idioma nacional, los que los tienen. Y, huelga añadirlo, todos a los que no pueden decir que no es culpa suya: a las pantallas digitales, a Internet, a los propios chavales, que no se entretienen como deberían. 

Todos tendrán razón, claro está. Parte de razón, al menos. Los demás también son culpables. Y recalco el 'también', porque la verdadera verdad es que todos tienen parte de culpa. También uno mismo.

Pero nadie lo reconocerá. Ningún político dirá: «Sí, mi ley es mala», o «sí, no inspecciono lo que pasa y no sé afrontar los problemas». Ningún docente admitirá: «Sí, me escudo en que la burocracia consume mi tiempo y no pongo a los alumnos como mi prioridad». Ningún padre confesará: «Sí, sobreprotejo a mis hijos y solo me preocupa que no se estresen». Y ningún profesor universitario reconocerá: «Sí, me doy cuenta de que vienen faltos de preparación, pero no hago nada para cambiarlo; solo me adapto a su nivel».

Así nunca revertiremos la situación. Si sólo vemos la paja en los ojos ajenos pero nunca la viga en el propio, como cada uno se ha de limpiar su propio ojo nunca nadie se limpiará el suyo. Si sólo pensamos en lo que tendrían que hacer los demás pero nunca en qué tendría que hacer yo.

Y si aplicamos la filosofía del ministro Óscar Puente, que dijo que él no era responsable del accidente de Adamuz porque él no había hecho la soldadura del raíl: nosotros no somos responsables de los resultados de PISA, porque no somos nosotros los que hemos hecho el examen. 

Con esta filosofía, nunca mejoraremos en PISA. 


 

 

Henry Mancini - Baby elephant walk

sábado, 5 de septiembre de 2026

El cielo de Ursa Major III

Mi entrada anterior versaba sobre la galaxia Ursa Major III. Y terminaba con una más o menos poética idea: que al ser tan pocas estrellas, por la noche sería un cielo sin estrellas.

Pero no siempre sería así. Las noches que el habitante del planeta estuviera orientado hacia nosotros... el panorama sería espectacular. Piense: el radio de la Vía Láctea es de unos 50.000 años luz, y la galaxia Ursa Major III está a unos 30.000. No de las afueras, del centro. ¿Está dentro? No, está más o menos en perpendicular al plano de la espiral de nuestra galaxia. Los cálculos astronómicos indican que el remolino galáctico abarcaría 113 grados en su firmamento. La Luna llena desde la Tierra solo ocupa 0,5 grados, así que las dimensiones son sobrecogedoras. Que la Vía Láctea ocupe 113 grados significa que cubriría más de la mitad de todo el firmamento visible en ese planeta. Sería imposible mirarlo de un solo vistazo; habría que girar físicamente el cuello de izquierda a derecha y de arriba abajo para poder ver el contorno completo de la galaxia. Estaría tan cerca que dejaría de parecer un objeto astronómico de fondo para convertirse en el techo absoluto de su mundo.

La Vía Láctea se vería como una luz imponente en el cielo, pero no puntual, sino perfecta. Las simulaciones que hacen las IA de cómo es la Vía Láctea son similares a ésta:

 


Pero abarcando casi todo el firmamento. Háganse una idea. 

Es posible que algunas estrellas se pudieran distinguir a simple vista. Las que estén más cerca, tal vez. Que muy bien podrían ser miles, ya que tenemos cientos de miles de millones de estrellas. Una parte importante de la galaxia estaría a sólo unos miles de años luz, y las estrellas más brillantes de esa zona se verían perfectamente. Sin duda, sería espectacular. Por supuesto, las novas que estuvieran por allí, los días que durasen. Y las supernovas que estallaran en nuestra galaxia se verían como si de pronto apareciera una luna llena, capaces de proyectar sombras sobre el hipotético planeta en el que estuviéramos. Durante unas semanas, al menos. Luego se apagarían, y me pregunto qué explicación darían a ese fenómeno. Estoy seguro de que tendrían una mitología muy interesante.

¿Tendrían los observadores la sensación de que la Vía Láctea se los iba a comer? Porque es lo que en verdad está ocurriendo.

Lo más triste serían las noches en las que el planeta estuviera mirando hacia el otro lado. Entonces verían sólo la realidad de su propia galaxia. La más pura oscuridad, con algunos puntitos brillantes en el cielo. Para que se hagan una idea, ésta es la fotografía que han hecho nuestros telescopios de su microgalaxia:

La elusiva agrupación de unas 60 estrellas de Ursa Major III fotografiada por los telescopios de Hawái. (Fuente: CFHT/S. Gwyn / W. M. Keck Observatory).

 

 

Para más información sobre la galaxia Ursa Major III: por ejemplo, aasnova.org/2026/03/02/ursa-major-iii 

martes, 1 de septiembre de 2026

La galaxia contra la que nos vamos a estrellar

https://www.youtube.com/watch?v=qAJNnhM0jfc 

 

 

La Vía Láctea es una galaxia en espiral que podríamos meter en un círculo de 50.000 años luz de radio. Hay que recordar que un año luz son unos 9,4 billones de kilómetros, así que es una distancia bastante respetable.

Entre 1923 y 1924 el sr. Hubble midió la distancia hasta la, entonces, nebulosa de Andrómeda. Resultó ser de unos 900.000 años luz. Hoy, con métodos más precisos, se estima que es de 2,5 millones de años luz, pero el concepto no cambia: esa nebulosa estaba demasiado lejos. Ergo no estaba en nuestra galaxia. Ergo hay objetos fuera de nuestra galaxia, ergo... hay más galaxias.

Hoy sabemos todos que hay unas decenas de miles de millones de galaxias ahí fuera. Prácticamente todas ellas, lejísimas. 

La, desde entonces, Galaxia de Andrómeda, es el objeto más lejano que podemos ver a simple vista. Otros objetos que se ven a simple vista y que están fuera de nuestra galaxia son las Nubes de Magallanes, la Pequeña y la Grande. Que también son galaxias. Y que están más cerca que la de Andrómeda. Estas tres galaxias cercanas, junto con la Galaxia del Triángulo, nuestra galaxia y unas pocas galaxias más forman lo que se llama el Grupo Local. Un grupito de galaxias en un volumen pequeño (en sentido cósmico). Según los astrónomos, estas galaxias se están acercando (a diferencia de las demás, que se están alejando) y posiblemente algún día nos chocaremos. Nos fundiremos unos con otros, y el resultado será una galaxia más grande, y tremendamente sola. Las estimaciones son que ocurrirá dentro de 4.500 millones de años.

La colosal y violenta fusión de las galaxias NGC 7253, captada por el Telescopio Gemini Norte. (Crédito: NSF NOIRLab / AURA / NASA APOD).

La primera galaxia con la que nos estrellaremos será la Ursa Major III. ¿Ha oído hablar de ella? No se culpe si no, porque hasta hace un par de años nadie había oído hablar de ella: se descubrió en 2024. Hace un par de años, repito. Y usted se preguntará cómo es posible, si estaba tan cerca.

La primera explicación es que no se ve. Bueno, ahora con los supertelescopios como el satélite espacial Gaia y los que estamos lanzando ya sí, pero hasta entonces nadie la había visto.

La segunda explicación, es que no se ve porque es una galaxia pequeña. Pequeñita. Enana.

La Vía Láctea tiene entre 400.000 y 100.000 millones de estrellas. Más o menos. Es una galaxia de tamaño medio: la de Andrómeda, sin más lejos, es más grande. Las Nubes de Magallanes, que también son galaxias enanas, tienen, la Grande, 30.000 millones de estrellas, y la Pequeña 3.000 millones. ¿Cuántas estrellas cree que tiene la Ursa Major III?

No, en serio: ¿cuántas cree que tiene?

Sesenta. Sesenta estrellas, más o menos. En número, por si no me cree: 60. 

Y sigue siendo una galaxia, porque son 60 estrellas, supongo que con sus planetas y cometas correspondientes, que viajan juntas por el espacio en una soledad galáctica. Rumbo al choque con nosotros. Choque que, por cierto, parece ser que ya ha empezado: la Ursa Major III está a unos 30.000 años luz de nosotros y seguramente ya está sintiendo la atracción gravitatoria de la Vía Láctea. Hay muchas imágenes captadas de galaxias chocando unas con otras: pues bien, contra Ursa Major III ya nos estamos chocando.

Imagine que vive en algún planeta de la galaxia Ursa Major III. Si el planeta está centrado, en las noches claras verá... unas 30 estrellas. Desparramadas por todo el cielo nocturno. Si no está centrado, pues menos aún. Por si se lo pregunta, en la Tierra vemos unas 2.500 de un vistazo.

Olvídese de cantar allí eso de "Hay mil millones de estrellas". 

 

 

 

Coros parroquiales - Hay mil millones de estrellas 


miércoles, 26 de agosto de 2026

La norma de los perrillos

 https://www.youtube.com/watch?v=Vl4V403R3U8

 

 

Ayer descubrí que estaba incumpliendo la norma sobre perrillos. De hecho, no sabía ni que existía una norma sobre perrillos; y, sin embargo, no sólo existe, sino que era esperable que existiera.

Vivimos en Europa. En los países en los que las hordas de los menesterosos quieren vivir, sea como sea, y están dispuestos a jugarse la vida por entrar. Por un sinnúmero de razones; entre ellas, que nosotros tenemos normas sobre perrillos y ellos no.

Porque, ¿sabe usted? Antes no teníamos normas sobre perrillos. Pero esto es la Unión Europea, y (ya traté el tema en esta entrada sobre el dobladillo de los pantalones)  esto era algo inaceptable. De todo punto. Inconcebible, si, si lo pensamos. Y, como no tenemos asuntos más importantes o más urgentes que atender, ahí que nos lanzamos. Y ya tenemos norma sobre perrillos. La norma UNE-EN 13411, en nueve secciones. Precio de venta total de las nueve partes, 620 €. La venta le da derecho a mirar las normas en la pantalla de un ordenador, no a imprimirlas o enseñárselas a otra persona.

Quizá convenga aclarar que en el argot, perrillo es como se denomina a las abrazaderas con perno en U que se emplea para sujetar los extremos de los cables de acero, como comprenderá los cables del ascensor no se atan a los ganchos con un nudo de vuelta escota.

Pues existe una norma que los regula exhaustivamente, no dejando nada al azar. Esto es Europa, y a esto, a hacer normas sobre cualquier cosa, es a lo que nos dedicamos.

Porque, y aquí viene lo bueno, antes de esta norma ya existía una norma sobre perrillos. Era una norma alemana, pero daba igual. La DIN 1142, si el cable estaba sometido a una carga importante, y la DIN 741 para los cables en usos de chichinabo. Esto es, los fabricantes ya sabían cómo tenían que ser las abrazaderas de los cables. Ya estaba pensado. Pero tenemos en todos los países organismos para generar normas, y es lo que hacen. Generan normas, se necesiten o no. 

 

Por cierto, ha muerto Dolly Parton. 

 

 

Dolly Parton - Jolene 

  

jueves, 20 de agosto de 2026

Los franceses no son franceses

https://www.youtube.com/watch?v=FZe3mXlnfNc  

 

 

 

 

Aviso: si es usted una persona sensible, no lea este artículo. 

 

Se ha montado cierto revuelo por un artículo periodístico durante y sobre el Mundial de fútbol, acerca de cierta frase que se emplea. El revuelo no es por la frase en sí, sino porque el artículo lo escribió cierto expolítico del PP, de la derecha por lo tanto, y las críticas vienen de serie. Sin embargo, la retranca de la frase bien merece una reflexión.

La frasecita de marras venía a decir que la selección de Francia es muy potente, "pero sin franceses". ¿Por qué sin franceses? Era una exageración, claro, pero aducía al hecho de que en su selección apenas hay un par de blanquitos, de aquellos que instantá­neamente asociamos a los habitantes del hexágono. El resto eran negros. Franceses administra­tivamente, dejémoslo ahí.

Lo inteligente es dejar de lado quién lo ha escrito, y fijarse en la idea.

Es decir: ¿hacia dónde va Europa?

Francia, Alemania, el BENELUX, el Reino Unido, Italia, los países escandi­navos, España,… ¿Cómo serán dentro de unos años? Treinta, por ejemplo. La etnia que poblaba esos países de forma muy mayoritaria hasta hace 30 años tiene en proporción muy pocos descendientes. Las otras etnias tienen muchos, pero además tienen otra vía de crecimiento: llegan ya crecidos. A paletadas. La selección francesa de fútbol no es que tenga algún "importado" (si se me acepta la expresión), es que casi todos lo son. Alcaldes de ciudades importantes del Reino Unido son también ciudadanos "importados", y las preferencias de los "importados" pesan cada vez más en la legislación y la administración de los recursos.

O, dicho de otra forma: el 50% de los habitantes de Barcelona entre 12 y 35 años ha nacido en el extranjero o uno de sus padres ha nacido en el extranjero. En mi barrio, la sensación es que es probablemente mayor, así que voy a dar el dato estadístico por bueno. ¿Cuál será la estadística dentro de 30 años? 

La idea original era que no importaba tener importados. Eran pocos, y se asimi­laban sin problemas. De hecho, venía bien tenerlos, aportaban savia nueva, algo de mestizaje… Iba a ser maravilloso.

La realidad es que no son pocos. Y cuantos más son, menos se asimilan. Y una asimi­lación parcial genera más problemas. Es fácil de entender que si llega un emigrante a una ciudad donde viven diez millones de personas, el emigrante se adapta; si llegan 10 millones a un refugio donde vive una persona, es esa persona la que ha de adaptarse o irse. Bien, Europa está en un término medio. Es un hecho que los importados no son pocos. Si la fuerza demográfica de Europa es tal que los importados van a ser asimilados, entonces todo va bien.

Pero si no van a ser asimilados…

¿Usted cree que los importados que están viniendo están viniendo para pa­garle a usted su pensión, el coste de sus carreteras y la gigantesca deuda pública que estamos contrayendo? Los origi­narios tenemos una carga económica brutal. ¿Vienen los importados a ayudarnos? ¿O acaso vienen porque aquí nosotros les vamos a ayudar a ellos aún más, incremen­tando de esta manera la carga económica que estamos soportando? ¿Qué cree usted?

Yo creo que una gran mayoría no viene movida por su afán de asumir carga económica y rebajar la nuestra, sino justo lo contrario. Por la seguridad que ofrecemos, la sanidad gratuita, la educación gratuita, las ayudas genéricas como el IMV,… Y sí, muchísimos de ellos se ponen a trabajar. En trabajos que hay que hacer. Conducen taxis o camiones. Se suben al andamio, realizan las mudanzas. Están en los comercios, tras las barras de los bares, en la seguridad privada que vigila el metro. Limpian las casas y las oficinas. Y, por supuesto, cuidan a nuestros mayores y nos traen la comida a casa. Los más cualificados entran en las oficinas de inge­niería y arquitectura como delineantes o consiguen empleos en la rama sanitaria. Muchos, muchísimos, trabajan. 

Vuelvo pues a la pregunta. ¿Qué va a pasar?

La gran fuga blanca. Es como se denomina al éxodo de los blancos en los países subsaharianos, también desplazamientos globales en los EE.UU., que producen modificaciones en la geoeconomía. Estas cosas pasan. Vene­zuela. En los últimos 25 años unos tres millones de argentinos han abando­nado su país. Sobre todo, por la pérdida de esperanza en salir adelante allí. Y la mayoría de los que han emigrado son los más prepa­rados, unos por ser más educados o cultos, otros por tener más iniciativa personal. El caso es que la marcha de cada uno agrava la situación de los que se quedan. Es sólo cuestión de que la situación se degrade lo suficiente para que algunos empiecen a marcharse, luego más y luego casi todos los que pueden. Y lo malo es que sólo se percibe cuando ya ha ocurrido. ¿Pasará en Europa Occidental?

No, claro que no. ¡Qué cosas digo, cómo va a pasar! No va a pasar, porque…

Pues, porque…

Va a pasar. Nuestros jóvenes se van a ir. Lejos, lo más que puedan, donde los que les están expulsando de sus países no lleguen. A los EE.UU., a Australia, a Nueva Zelanda. 

Porque un día se permite la comida halal en la escuela pública. Y por permitir quiero decir que se sirve; esto es, que se financia. Luego, cuando sean muchos, sólo será halal. Total, los demás también pueden comerla. Luego, cuando sean muchos, comer cerdo estará mal visto. Es una afrenta a la comunidad. Pasará a ser como la carne de potro. Busque usted carne de potro. Por razones que desconozco, en Barcelona las autoridades nunca felicitan la Navidad o las Pascuas a los cristianos, pero sí y muy efusi­va­mente el Ramadán a los musulmanes. Y en veinte años tenemos el escenario que planteaba Houellebecq en Sumisión. En la novela, la primera señal de lo que se venía encima es que los judíos abandonaban el país. Dato adicional: en Ceuta y Melilla hace años que está ocurriendo. La fuga blanca, me refiero. Aproximadamente un 90% de los niños que nacen allí reciben un nombre árabe, por cierto.

Los importados van a seguir viniendo, ya no se van a asimilar, y los originarios que se queden van a mantenerles. Salvo que cambien las cosas. Un cambio, ya está dicho, es que los originarios renuncien y se vayan. Y que se queden ellos, los importados, con nuestra deuda pública, buena suerte. Otro cambio posible es cambiar la relación: se acabó el aceptar importados, se acabó que los importados se lleven las ayudas públicas. Se acabó la sanidad gratuita y universal, la enseñanza y las ayudas a las personas de menos recursos. Los que tienen recursos y están pagando todo eso están hartos y dicen que hasta aquí. Se echa a nuestros gobernantes, cómplices de los importados, y se decretan nuevas leyes: sólo los originales tienen los derechos que han atraído a los importados. Cristianos viejos y todo eso. Los importados, o se largan, o se reconvierten en voluntariosos aportadores (algo dudoso) o se resisten a perder lo que tienen. Conflicto, y ya se verá quién queda cuando acabe. Han de reco­nocer que es otra posible alternativa. Y, en esta alternativa, es posible que las cosas no se resuelvan por una vía política. Por increíble que nos parezca. 

El problema, además, no es sólo demográfico: 

 

¿Necesitamos alguna prueba más de que esto se está yendo al garete? No es el fallo en sí, es el que nadie vea el fallo, y que si alguien lo percibe no reaccione. El mejor escribano ya se sabe, pero aquí hay un problema de mentalidad. Hemos dejado de darle importancia a las cosas importantes, y cuando llega ese momento en que nos preguntamos cuándo se jodió el Perú es que es tarde.

¿Cuándo se jodió la cosa? Cuando hicimos caso a los wokes. A los psicó­logos, a los pedagogos, a los adalides de la igualdad. A los que decían que Europa tenía que dejar de consumir para contrarrestar lo guarros que eran los demás con el planeta. Cuando la avaricia les cegó el entendimiento y creerían que se iban a comer el mercado chino en vez de darse cuenta que estaban dándoles todos sus secretos. Cuando decidieron que íbamos a cambiar por decreto, despreciando la fábula de los cangrejos, y nos ordenaron que dejáramos de fabricar motores de explosión y nos pasáramos a los eléctricos.

¿Nadie les dijo que el dominio de Europa se debía a su capacidad de fabricar motores térmicos? Cualquier chino sabe fabricar un motor eléctrico, llevamos 200 años haciéndolos, pero aún no saben hacer motores de explosión. Al renunciar nosotros a lo que sólo nosotros sabemos hacer y obligarnos a nosotros mismos a comprar lo que ellos hacen más y más barato que nosotros... pocas jugadas más idiotas se me ocurren. Pero ¡ey! ¿y lo woke que era? Lo del apagón, bueno, tampoco fue para tanto. Lo de Valencia no está demostrado que fuera por no haber limpiado el cauce (por motivaciones woke): fue por el cambio climático. Como los incendios, eliminar la actividad humana en el campo y no invertir en medios de extinción no tiene nada que ver. Fue el cambio climático. La culpa siempre es de otros, nuestros actos no tienen consecuencias, no somos responsables de las cosas que pasan. 

¿Para qué aprender caligrafía, si hay procesadores de texto? ¿Ortografía, si hay autocorrectores? ¿Morfología, si lo importante es que se entienda lo que quiero decir? ¿Historia, si está en internet? ¿A orientarnos en un mapa, si tenemos navegadores? ¿Matemáticas, si hay calculadoras? ¿A pensar, si está la IA?

No es importante aprender. Lo importante es no dejar a nadie detrás. Si es necesario, nos paramos todos. 

Y renunciamos a revisar nuestro propio trabajo. Lo que nos lleva a perder la capacidad de detectar las cosas que están mal, y estamos muy contentos de lo guay que ha quedado el cartel: ¡menuda tipografía!

Somos cada vez más tontos. Como sociedad. Cada vez sabemos menos. La cultura general es cada vez menor. Sí, hay algunos sabios por ahí que saben. Pero los aspirantes a sabios son cada vez menos, porque perdemos la capacidad de aprender.

El dominio de Europa sobre el mundo se basó en su ciencia superior. En su técnica. En su desarrollo humano. Toda la ciencia humana está al alcance de los musulmanes. Y, sin embargo, los países musulmanes nunca estarán a la altura a la que hemos llegado a estar, porque son incapaces de evolucionar psicológicamente. Siguen anclados en como eran hace mil doscientos años. Pues estamos renunciando a ese desarrollo. Nos vamos a estrellar, y ni siquiera nos preguntamos si vamos bien. Y sí: tras los tapones de botella imperdibles, la gran aportación de la UE al planeta va a ser... la prohibición de los sobrecitos individuales de ketchup. Parece ser que en Europa gastamos mucho de eso, y no puede ser. Con unos gobernantes con prioridades tan claras, ¿qué puede salir mal?

No le eche las culpas a los gobernantes: los elegimos nosotros y de entre nosotros. La solución, si la hay, la tenemos en el espejo.  

Estos días he oído hablar a muchas "influencers" que ésas que copan los medios de comunicación de la mayoría de nuestros conciudadanos. Parece ser que las sigue mucha gente. Que las escucha. 

Si quiere usted convencerse de nuestra decadencia, escúchelas. En cualquier otra sociedad y momento estarían en un rincón calladitas, advertidas que hablen sólo cuando tengan algo inteligente que decir. Que tanta gente las escuche, que sea lo que escucha, es prueba definitiva de que nos hemos ido al carajo.

Claro que podría estar equivocado. Catastrofista. Exagerado. No va a pasar nada de eso: a fin de cuentas, seguimos aquí, ¿no?

Eso mismo pensaron los aztecas cuando les contaron que habían llegado unas naves a la costa. Los incas, cuando dialogaron con Pizarro. Los sioux, cuando una carreta con una familia quiso cruzar su territorio. Los persas, cuando oyeron hablar de los mongoles. Los romanos, cuando unos godos pidieron un poco de comida para pasar el duro invierno. ¡Ha pasado tantas veces! Claro que esta vez será diferente, porque esta vez somos nosotros. Y no, nosotros no. A nosotros no nos ocurrirá lo que les pasó a otros.

Si no hay pronto un cambio radical, y por radical me refiero a radical de verdad, del tipo de cambio que nos hace actuar como hemos jurado mil veces que no actuaríamos (por ejemplo, defendiendo que sólo los "europeos viejos" tenemos los derechos, incluyendo el de votar, y que eso de que los otros también tengan derechos humanos está sobrevalorado), me temo que en veinte años somos historia. Básicamente, porque salvo en los segmentos de viejos, seremos minoría. ¿Nuestros jóvenes? Se habrán ido a donde no les pillen. Y yo les habré apoyado. A mí ya no me vale la pena, pero ellos son jóvenes aún.

Usted cree que yo soy un exagerado catastrofista en un día malo. Yo creo que usted es un inconsciente. Aunque puede que sí esté equivocado: que no sean 20 años, que sean 30. ¡Fíjese, qué cambio!

En resumen, la duda es ahora si habrá fuga blanca o si los blancos, en vez de fugarse, van a pelear, y por pelear me refiero a tomar decisiones que ahora no aceptaríamos (y que ni nos planteamos, me temo). Yo apuesto por la fuga blanca. Australia, Nueva Zelanda, Estados Unidos, Canadá. Y los países europeos que hayan optado por pelear, si hay alguno.

 

 

 

Nota final: tenía este artículo en mi cabeza desde hace mucho tiempo. Cuando Rajoy escribió el famoso artículo, decidí escribirlo. De esto hace un mes, y ha habido un nuevo suceso: la "invasión" de Ceuta por parte de marroquíes. A lo que se ha de añadir el comportamiento de nuestro gobierno y su gestión de ese suceso. ¿Qué puedo añadir? Muchos de los menas no se expulsarán, se quedarán. El Estado, nosotros, correremos con todos sus gastos hasta que tengan trabajo. En ese momento podrán pedir el reagrupamiento familiar y se traerán a sus dos padres y a cinco hermanos. Una de las hermanas estará embarazada, y se traerá a su propia familia, etc. etc. El 'reemplazo' es real. Está siendo ya, se quiera ser consciente o no. La fuga blanca acabará produciéndose, ya lo creo que sí.

 

 

 

Arvo Pärt - Espejo en el espejo 

 

martes, 18 de agosto de 2026

Cuarenta mil

Antes de irme de vacaciones entré en la página web de Amazon, para comprarme algunos libros. Nada pretencioso: que me entretuvieran, sin más. Así que marqué lo que quería: libros en formato kindle, idioma inglés o español, género ciencia ficción, sección militar space opera.

 

Cuarenta mil. Amazon me ofrecía 40.000 títulos que cumplían esos requisitos. Vale que yo sea un tipo poco exigente y fácil de contentar, pero ¡caray!

¿Cómo es posible?

Imaginemos que el autor promedio tiene publicados una media de 5 títulos de ese estilo. Significa que hay 8.000 autores que cultivan ese estilo. ¿Hay más autores de novelas de ciencia ficción rama militar space opera que grupos de rock? La gran mayoría de los grupos de rock son bastante malillos, y apenas son un puñado los que vale la pena que nos gastemos dinero y tiempo en escucharlos. Pues imaginen una novela de ésas.

La explicación, claro, es la IA. Que escribe libros como churros. En los dos sentidos. 

Por no hablar que la inmensa, muy inmensa mayoría de los libros será una repetición de todos los clichés del género. Aunque se consideren origi­nales. Gente que ha leído libros de este tipo, decidido que ellos también pueden escribirlos, se "inventan" variantes de ideas y argumentos ya escritos, copian recursos y tramas de otros géneros, y voila!: ya tenemos un escritor de ciencia ficción.

Al final no compré ninguno. Curioseé un poco, y lo dejé. Porque hay otro requisito que suelo imponerme, pero que por desgracia el menú de Amazon no me ofrece: que al leerlo no considere que vaya pérdida de tiempo está siendo leer esa bazofia. Cuando hay tantas maravillas ahí fuera esperando ser leídas.

Total, que he vuelto a hacer lo que he estado haciendo casi todo el año: escribir mi propia novela. Y les diré una cosa: me he entretenido mucho más. Tanto es así que voy a escribir una serie y algún spin-off. Queda mal decirlo, pero me gusto mucho más yo.

 

domingo, 9 de agosto de 2026

A la sombra de un olmo

He pasado unos breves (siempre son breves) días de asueto a la sombra de un olmo. De un olmo común, debo precisar: no un olmo siberiano. Lo cual es llamativo, porque la grafiosis de los años 80 prácticamente aniquiló todos los olmedos de España y del Viejo Continente (más información, aquí). 

¿Cómo es que había olmos comunes? Porque era un jardín del Estado: el Parador Nacional de Manzanares. Estarían, imagino, bien cuidados en su momento por los jardineros del Parador, y se libraron de la pandemia. El caso es que había unos ejemplares magníficos que me dieron la sombra que necesitaba.  

 

En el jardín había algunos tocones, olmos que habrían tenido que podar, y unos cuantos olmos siberianos.  Estos últimos no me gustaban tanto.

¿Y a qué me he dedicado? A dormir la siesta y a leer. A esperar que llegue la hora de la comida o de la cena. Casualmente, uno de los libros que leía era La vida secreta de los árboles, de Peter Wohlleben. Lo que pasa es que Wohlleben es en realidad un guardabosques alemán, y no quedan olmos en Centroeuropa: su libro habla, sobre todo, de las hayas.

La Vida Secreta De Los Árboles - Wohlleben, Peter | Envío gratis 

Como explica Wohlleben, las hayas son árboles de bosque. Necesitan estar todas agrupadas, cerca las unas de las otras, para ayudarse entre ellas. Cuando están aisladas, su vida media cae en picado.

En España, en cambio, teníamos olmos. La grafiosis, un hongo, los mató a todos. A casi todos. Y cada vez que los miraba y agradecía la sombra que me proporcionaban, no dejaba de acordarme del poema, ya saben:

Al olmo viejo, hendido por el rayo

y en su mitad podrido,

con las lluvias de abril y el sol de mayo,

algunas hojas verdes le han salido.

 

¡El olmo centenario en la colina

que lame el Duero! Un musgo amarillento

le mancha la corteza blanquecina

al tronco carcomido y polvoriento.

 

No será, cual los álamos cantores

que guardan el camino y la ribera,

habitado de pardos ruiseñores.

 

Ejército de hormigas en hilera

va trepando por él, y en sus entrañas

urden sus telas grises las arañas.

 

Antes que te derribe, olmo del Duero,

con su hacha el leñador, y el carpintero

te convierta en melena de campana,

lanza de carro o yugo de carreta;

antes que rojo en el hogar, mañana,

ardas en alguna mísera caseta,

al borde de un camino;

antes que te descuaje un torbellino

y tronche el soplo de las sierras blancas;

antes que el río hasta la mar te empuje

por valles y barrancas,

olmo, quiero anotar en mi cartera

la gracia de tu rama verdecida.

Mi corazón espera

también, hacia la luz y hacia la vida,

otro milagro de la primavera.

Es que los dos poemas sobre árboles más famosos en español son el del ciprés de Silos, de Gerardo Diego, y el del olmo viejo, hendido por el rayo, de Antonio Machado. 

Lo que he echado de menos era precisamente que el Parador aportara algo de información al huésped, en el que le explicara que los árboles de su jardín eran olmos. Para que éstos fueran, al menos, conscientes de la majestuosidad de los árboles que les proporcionaban la sombra que anhelaban.

Yo, no sé si lo he dicho ya, he pasado unos días bajo unos olmos. Han sido unos días magníficos. 

 

 

lunes, 13 de julio de 2026

Maestros semianalfabetos

https://www.youtube.com/watch?v=oapGTOJRFSw 

 

 

Parece ser que en unas oposiciones públicas a maestros un elevado porcentaje de los que se presentaron suspendieron el examen por faltas de ortografía. Con el esperable revuelo y diferencia de opiniones. Unos se escandalizan: los que han de enseñar a escribir no saben escribir. Otros se escandalizan: esos chavales (los aspirantes a maestros son ya chavales) han sacado notas excelentes en ESO, Bachillerato y Universidad; ¿cómo es que ahora cometen faltas de ortografía? Otros, en cambio, opinan que tampoco es para tanto: total, hablamos de ortografía. En los tiempos de los autocorrectores, de los traductores voz-escritura y de la IA.

Todos tienen su parte de razón. Ignoro si también la tienen los que dicen que estas cosas han pasado siempre y que "siempre" se ha suspendido a maestros por faltas de ortografía (a la mitad, más o menos, de los que se presentan). 

A los maestros les pedimos poco. Que enseñen a leer y a escribir, las 4 reglas aritméticas y poco más.

En realidad, lo de la aritmética lo pedimos cada vez menos. A sumar, tal vez. A restar, a lo sumo, y pare usted de contar. 

Que enseñen a escribir, se les pide lo justito. Una caligrafía básica, apenas legible, y la ortografía elemental. Con eso nos conformamos. Y no les falta razón a los que dicen que en los tiempos que corren no se necesita más. Como enseñanza básica, ya les está bien: quien quiera más, que vaya a la universidad. 

Y que enseñen a leer. De nuevo, nivel básico. Textos cortos de frases simples, poco elaboradas, léxico vulgar, 800 palabras en el mejor de los alumnos. Repito, enseñanza básica. Para proezas mayores, la universidad. 

En realidad, lo que pedimos a los maestros es que cuiden a los niños mientras los tenemos allí. Si de paso aprenden algo, bienvenido sea. Pero, para aprender, la ESO. El bachillerato. Y, si quieren más, la universidad. Total, lo que yo aprendí ya lo he olvidado, y aquí estoy. Si llevo veinte años sin necesitar escribir nada más complejo que un whatsapp, el subtitulado de un vídeo de TikTok o un mensaje de Instagram, de qué me sirve haber leído el Quijote. 

Lo cierto es que los candidatos a maestro no son, por usar la expresión estadounidense muy popular hoy en día, "los lápices más afilados del estuche". No son los mejores estudiantes, nunca lo han sido. Ésos suelen llegar a médicos, notarios o ingenieros; magisterio es una salida para los mediocres. Que los graduados cometan muchas faltas de ortografía, en los tiempos que corren, era de esperar. Que algunos tribunales hayan decidido que basta ya de tragaderas y los hayan suspendidos… bueno, algunos dirán que ya era hora y otros dirán que cómo que es que ahora se ponen tan estupendos. 

Porque esos cuasianalfabetos resulta que tienen expedientes académicos impecables. Y notazas en el examen de ingreso a la universidad. Y se han sacado la carrera de maestros: ¿cómo es que ahora un tribunal dice que no valen para maestros? ¡Pero si tienen un título universitario que dice que sí! 

Es extraño, ¿no? 

Me temo que magisterio es una de esas carreras universitarias en las que no pedimos un conocimiento real. A diferencia de los médicos o los ingenieros, por citar un par de las que preferimos estar seguros de que de verdad saben. Ya les aseguro yo que, en lo que respecta a los grados de ingeniería, salen sin saber. Y eso en uno de los que más exigimos que no sea así: no quiero ni pensar lo que debe ser en los que no exigimos. Lo que ocurre es que el conocimiento que da la universidad es como el que dan los maestros en primaria: básico, muy rudimentario. Lo justo para decir que se ha dado algún conocimiento. ¿Las notas? Una engañifa. Una engañifa que aceptamos todos, salvo en medicina porque ahí sí notamos que nos afecta directamente. Salvo en medicina, insisto... salvo que también ahí nos estemos engañando y nos neguemos a reconocer que los médicos son cada vez peores. Mi experiencia personal es que el médico de familia que me ha asignado la Administración jamás me ha curado nada, cada catarro ha necesitado los preceptivos 7 días.

La engañifa de las notas es evidente, y se hace pública cada año cuando se publican los resultados de las pruebas de acceso a la universidad: todo el mundo tienen unos resultados realmente brillantes, y como todo el mundo saca sobresaliente, las diferencias están en las milésimas. ¿Y si exigiéramos a los profesores de bachillerato que pusieran el listón que en principio se espera? Nos contestarían que no aprobarían el 10%. Que el material que les llega de la ESO es muy malo. ¿Y si exigiéramos a los de la ESO lo mismo? Nos dirían que con lo que les llega de primaria no hay nada que hacer. ¿Y a los de primaria? Esos no se pueden quejar, pues no hay enseñanza obligatoria antes  (creo). Pero es que estos son los maestros.  Viendo a los maestros, no sé qué esperamos de sus alumnos. Y luego está lo que nos dirían todos los estamentos implicados, de la universidad a la enseñanza primaria: que si suspenden a los alumnos se están buscando problemas. Problemas con la administración, con los alumnos y con las familias de los alumnos. Nadie se mete en la enseñanza para afrontar problemas, y por otra parte no tardarían mucho, los profesores, en ser expulsados: la comunidad educativa no quiere profesores que les exijan. Para que se me entienda: puede que los padres sí quieran profesores que exijan a los alumnos, ¡pero no a sus hijos! Todos queremos que nuestros médicos e ingenieros hayan superado los más rigurosos procesos de educación, pero nos referimos a los demás. Los que nos curen y los que calculen nuestras casas, no los alumnos que tenemos delante.

Y con esta actitud nos pasa lo que nos pasa. 

 

Cerca de mi casa hay una escuela pública. Con pancartas en la fachada en defensa de una educación feminista, que nos hace más iguales, y cosas así. Los maestros de esa escuela, claro, quieren más dinero y menos niños. Y tendrán ambas cosas, tarde o temprano. Lo que no tendrán será mi respeto. Y luego, cuando vengan llorando que qué duro es lo suyo, que cuántas depresiones sufren, que los alumnos y los padres de los alumnos y la sociedad entera no les respeta y que no se les valora y todo eso, pues yo sólo podré espetarles que qué esperaban. Lo dicho, no son los lápices más afilados del estuche.

 

 

 

Rocío Jurado - Lo siento, mi amor 

miércoles, 8 de julio de 2026

Cómo hacer un apeo (IV): el consejo final

 https://www.youtube.com/watch?v=wCIrPJ6SBl4

 

 

Hace casi 10 años escribí una serie de entradas sobre cómo hacer los apeos. Diez años después, hay que hacer una actualización. No es que las entradas hayan envejecido mal, es que para sorpresa de muchos, hemos evolucionado en el sentido que preveían los más agoreros.

Así que toca una entrada adicional con un consejo final.

El otro día estuve presente cuando se ejecutaba un apeo proyectado por mí. En un momento dado, el obrero empezó a picar la pared de carga en la que queríamos abrir el hueco de paso, justo debajo de una de las asnillas. Llamé al encargado y, además de pedirle cortésmente que ordenara a su obrero que parara lo que estaba haciendo, le expliqué algunas cosillas que estaban haciendo mal.

En primer lugar, yo no había comprobado el apuntalamiento. No había comprobado que los puntales estaban apretados.

No lo había comprobado, porque los puntales no estaban aún puestos. No todos. En el lado en que estaba yo, de las 7 asnillas habían apuntalado 4. En el otro lado, dos. 

En segundo lugar, los puntales estaban puestos, no apretados. El primer cascote que cayó golpeó la base de uno de los puntales, y lo sacó del sitio.

En tercer lugar, las asnillas estaban mal puestas. Tenían que estar centradas, y las habían puesto que apenas sobresalían por el otro lado. Es que así, me justificó el encargado, tenían más espacio para trabajar en el lado principal. Ya, pero cuando cada puntal ha de soportar 14 toneladas, como era mi caso, la posición exacta de cada puntal cuenta.

A estas alturas el encargado estaba ya un poquito preocupado. Esto ya no se solucionaba con una bronca a los obreros. 

En cuarto lugar, no podían empezar a picar la pared hasta que yo lo autorizara. 

Les dejé un rato para que reajustaran los puntales. Tras lo cual vino el encargado a decirme respetusamente que ya podía inspeccionar los puntales.

Habían puesto las asnillas 32 cm más bajas. En mi plano figuraba la cota de las vigas que tenían que ir debajo (HEB320), no la de las asnillas: no es una cota exacta, pueden quedar unas un poco más altas que otras, y es responsabilidad del jefe de obra y del encargado establecer a qué altura las ponen para que la cota que yo marco en mi plano se cumpla. Pues bien, se habían confundido y creyeron que yo marcaba la altura de las asnillas. Al mirarlo más tranquilamente, se dieron cuenta de su error. No me discutieron.

Vamos a agravar la situación: el día anterior había ido el aparejador a controlar el proceso, y fue quien me informó que las asnillas ya estaban puestas (y que, por lo tanto, el apeo se iba a ejecutar al día siguiente). Yo me fie del aparejador, y no tuve especial interés en comprobar que estuvieran bien. No debí hacerlo. Ni detectó que las asnillas estaban cortas por un lado y largas por el otro, ni que estaban bajas. Cuando llegué yo, no tenía en mente mirar esas cosas; de todas formas, el mortero ya estaba endurecido y no había nada que hacer.

Yo había ido a la obra en varias ocasiones. Siempre para preparar bien el apeo de marras, era muy delicado y quería que se hiciera bien. Le insistí mucho a la constructora. Quería el calendario de ejecución, los pasos que seguirían, el plan de apuntalamiento, todo. Por escrito. Y les dije varias veces que podían contar conmigo para ayudarles a planear todo aquello, que no podrían apuntalar hasta que yo no hubiera aprobado su propuesta, etc. Habíamos hecho catas para determinar cómo era la pared y una prueba previa en otro tramo para estimar cuánto les costaría picarla y qué herramientas eran las más adecuadas. Le había explicado al encargado la mejor manera de llevarlo a cabo, dónde poner las vigas, qué precauciones tomar, habíamos hablado de cómo gestionar los escombros,... No sé qué más podía haber hecho.

¿Qué fallos se cometieron?

Para empezar, los días clave el jefe de obra no apareció por la obra. Ignoro la razón, pero el encargado estaba solo para atender todos los frentes.

El encargado estaba enfermo: un dolor de muelas tremendo, su principal preocupación era conseguir una receta de antibióticos.

Aparejadores y arquitectos brillaban por su ausencia. Lo que se iba a hacer era un tema estructural, no cosa de ellos.

La cuadrilla que habían contratado estaba formada por un nativo, dos sudamericanos y Mohamed, el chaval que empezó a picar la pared cuando aún no debía.

¿Qué ocurrió?

Si me preguntan a mí, no tenían suficiente experiencia. Habrían realizado apeos antes, pero naderías. Cosas muy sencillas. Éste en concreto era demasiado complejo para ellos. No, complejo no. Era demasiado serio para ellos. Los fallos que suelen cometer, en los apeos normales no tienen gran importancia. En el mío, sí. 

Y, sin embargo, se las daban de muy buenos.

Sí, muy buenos... de 2026. En 2016 se les habría considerado unos principiantes a todos.

Es patente, es terrible, es notorio cómo ha evolucionado la capacidad técnica de los que trabajan en las obras. Cuánto escasea el talento. Se dice a menudo, pero es que es verdad.

Lo que me pasó a mí es que no tenían el talento que yo creía que tenían. Había proyectado para personas que conocen su oficio, dadas las instrucciones que a ellos les habrían bastado. A los de 2026 no les bastaban.

Así que ahí va mi consejo final cuando de apeos se trata: esté usted presente. Y no me refiero a un pasarse por la obra. No, esté desde el punto de la mañana hasta que hayan terminado. En los apeos es donde usted se la juega. Un fallo puede tener consecuencias muy serias, y un fallo menor puede generarle a usted muchos quebraderos de cabeza. Así que no se arriesgue. Esté presente y compruébelo todo.

Aunque sea usted un hombre muy ocupado y tenga otras cosas que hacer. Ese día, su prioridad ha de ser el apeo. 

 

 

Laurie Sargent & Holly Sherwood - Tonight is what it means to be young 


 

lunes, 6 de julio de 2026

AP-7: se les ha ido de las manos

https://www.youtube.com/watch?v=eGczfTHyIrs 

 

 

La principal y primerísima obligación de los gobernantes de una región o comunidad autónoma es garantizar la movilidad en su territorio. Todo lo demás, si me apuran, es secundario: si hay movilidad, vendrá por añadidura. Por supuesto que hay muchas otras cosas muy importantes que de las que pueden encargarse, como gestionar bien las licencias de caza y pesca, pero eso lo han de hacer en el tiempo libre que les deje garantizar la movilidad. 

En Cataluña nos hemos especializado en perder el tiempo dedicándonos a las cosas menos importantes en vez de a las que lo son más. Por resumir, no les importan las cosas: les importan que sean en catalán. Y así nos va. 

Hará unos 30 años, creo que más, se inauguró el primer tramo de la C-32, puede que entonces se llamara A-16. La autopista de Barcelona a Sitges. Y ese primer fin de semana se colapsó de mala manera. Anunciando los superatascos que iban a ser nuestro pan de cada día. Recuerdo que el responsable del gobierno de Pujol trató de justificarse diciendo que en el tiempo que se había tardado en construir se habían matriculado en Barcelona coches suficientes para cubrir toda su superficie. Para él, era su justificación. Yo, como ingeniero, pensé que aquello probaba que la habían infradimensionado, la habían hecho de pocos carriles ya desde el principio. Supongo que los ingenieros y los políticos vemos la realidad desde perspectivas muy diferentes. Pero no era consciente, entonces, de lo inútiles que iban a ser en este tema.

El otro día fui a Tarragona, a una obra. Entre salir de Barcelona y aparcar en Tarragona (la obra es en el centro) necesito casi media hora, lo que sumado a una hora de autopista (120 km por la autopista AP-7, de tres carriles y sin peajes) hace hora y media de trayecto. El otro día necesité tres y tres cuartos. El regreso lo hice en dos horas y media.

Sí, hubo accidentes. Como cada día. El primero por la mañana fue en la cuesta de Martorell, dos camiones, creo. Uno de ellos llevaba bidones de pintura y hubo que limpiar la calzada. El otro fue en la unión con la autopista C-32, creo. Un turismo choca con un trailer lleno de botellines de cerveza que se desparraman por la calzada. Y hay que retirarlos, claro. Aquí, directamente, se decidió cortar la autopista. Imagino que de forma meditada. Pero no habilitaron ningún carril en la calzada opuesta (que era de tres carriles) para sortear los metros accidentados. No, cortada la AP-7. Y búsquese usted la vida. El resultado fue el colapso de todo camino asfaltado del norte de la provincia de Tarragona. Por lo menos. Cuando regresé por la tarde ya habían abierto algún carril, pero el atasco seguía. 11 horas y media, tengo entendido. Claro que lo que me retuvo por la tarde no fue ese accidente, sino otro que hubo antes de llegar a Martorell y que a mí me paró 8 ó 9 km antes.

He estado en incontables atascos en esa autopista entre Barcelona y Tarragona. Es el tramo que utilizo, pero tengo entendido que el tramo Barcelona-Francia es mucho peor, y la circunvalación de Barcelona por Sant Cugat es un fijo en cualquier parte de tráfico. En cualquier día laborable se pierden en los accesos a Barcelona por retenciones un número de horas-hombre escandaloso: el monto anual seguro que explica la baja productividad española.

Los políticos culparán de los atascos a los accidentes. Los accidentes no son culpa suya, y los demás tontos, que les creen, quedarán convencidos de que los políticos no tienen la culpa. Sin embargo, sí es culpa de los políticos que los accidentes causen tales atascos. O las obras, o que salen todos a la vez, o lo que sea que planteen como causa. Pero no se producen atascos al evacuar el Camp Nou, por ejemplo: está diseñado para que no los haya. Y si se hacen obras en una de las vías de evacuación, se buscan alternativas con tiempo suficiente. Lo de los políticos es como si el general se excusa al perder una batalla echándole la culpa al enemigo, que ha peleado. Oigan, accidentes hay y los va a haber. Y se van a hacer obras. Pero no ahora, es que va a haber accidentes y obras en 2030, 2035, 2040... Siempre va a haberlos. Si usted, señor gobernante, tuviera dos dedos de frente o voluntad de hacer bien las cosas, tomaría las medidas ahora. No cuando ocurre el accidente. No se prepararía para actuar cuando hay un accidente (bueno, eso también), sino para que cuando lo haya, la movilidad no se resienta. O se resienta lo menos posible.

Hace treinta y pico años ya eran muy normales los atascos. Antes no sé, porque no vivía por aquí. Pero entonces lo eran tanto que... recuerdo una vez, en un taxi en Barcelona. En un atasco, cómo no. El taxista tenía la radio, y la tertulia del programa versaba sobre lo que había hecho la gente en esas retenciones eternas típicas de los domingos por la tarde. Llamó una señora, y contó que había hecho el amor con el conductor. Lo que quiero decir es que ya entonces los atascos eran el pan de cada día, y ya entonces los ciudadanos estábamos hartos de ellos. Pues lo siguen siendo. No han sabido, los gobernantes, ocuparse del tema, se ve que han tenido otros que han considero más interesantes de los que ocuparse. Y eso que el político que resuelva el tráfico es el que de verdad debería tener plazas y avenidas por doquier, y no Companys. 

La AP-7, en concreto, se les ha ido de las manos. Soporta demasiado tráfico, y no tienen ningún plan B, sólo el plan A: echarle la culpa a los demás.

 

 

Vince Gill - What you give away