miércoles, 8 de julio de 2026

Cómo hacer un apeo (IV): el consejo final

 https://www.youtube.com/watch?v=wCIrPJ6SBl4

 

 

Hace casi 10 años escribí una serie de entradas sobre cómo hacer los apeos. Diez años después, hay que hacer una actualización. No es que las entradas hayan envejecido mal, es que para sorpresa de muchos, hemos evolucionado en el sentido que preveían los más agoreros.

Así que toca una entrada adicional con un consejo final.

El otro día estuve presente cuando se ejecutaba un apeo proyectado por mí. En un momento dado, el obrero empezó a picar la pared de carga en la que queríamos abrir el hueco de paso, justo debajo de una de las asnillas. Llamé al encargado y, además de pedirle cortésmente que ordenara a su obrero que parara lo que estaba haciendo, le expliqué algunas cosillas que estaban haciendo mal.

En primer lugar, yo no había comprobado el apuntalamiento. No había comprobado que los puntales estaban apretados.

No lo había comprobado, porque los puntales no estaban aún puestos. No todos. En el lado en que estaba yo, de las 7 asnillas habían apuntalado 4. En el otro lado, dos. 

En segundo lugar, los puntales estaban puestos, no apretados. El primer cascote que cayó golpeó la base de uno de los puntales, y lo sacó del sitio.

En tercer lugar, las asnillas estaban mal puestas. Tenían que estar centradas, y las habían puesto que apenas sobresalían por el otro lado. Es que así, me justificó el encargado, tenían más espacio para trabajar en el lado principal. Ya, pero cuando cada puntal ha de soportar 14 toneladas, como era mi caso, la posición exacta de cada puntal cuenta.

A estas alturas el encargado estaba ya un poquito preocupado. Esto ya no se solucionaba con una bronca a los obreros. 

En cuarto lugar, no podían empezar a picar la pared hasta que yo lo autorizara. 

Les dejé un rato para que reajustaran los puntales. Tras lo cual vino el encargado a decirme respetusamente que ya podía inspeccionar los puntales.

Habían puesto las asnillas 32 cm más bajas. En mi plano figuraba la cota de las vigas que tenían que ir debajo (HEB320), no la de las asnillas: no es una cota exacta, pueden quedar unas un poco más altas que otras, y es responsabilidad del jefe de obra y del encargado establecer a qué altura las ponen para que la cota que yo marco en mi plano se cumpla. Pues bien, se habían confundido y creyeron que yo marcaba la altura de las asnillas. Al mirarlo más tranquilamente, se dieron cuenta de su error. No me discutieron.

Vamos a agravar la situación: el día anterior había ido el aparejador a controlar el proceso, y fue quien me informó que las asnillas ya estaban puestas (y que, por lo tanto, el apeo se iba a ejecutar al día siguiente). Yo me fie del aparejador, y no tuve especial interés en comprobar que estuvieran bien. No debí hacerlo. Ni detectó que las asnillas estaban cortas por un lado y largas por el otro, ni que estaban bajas. Cuando llegué yo, no tenía en mente mirar esas cosas; de todas formas, el mortero ya estaba endurecido y no había nada que hacer.

Yo había ido a la obra en varias ocasiones. Siempre para preparar bien el apeo de marras, era muy delicado y quería que se hiciera bien. Le insistí mucho a la constructora. Quería el calendario de ejecución, los pasos que seguirían, el plan de apuntalamiento, todo. Por escrito. Y les dije varias veces que podían contar conmigo para ayudarles a planear todo aquello, que no podrían apuntalar hasta que yo no hubiera aprobado su propuesta, etc. Habíamos hecho catas para determinar cómo era la pared y una prueba previa en otro tramo para estimar cuánto les costaría picarla y qué herramientas eran las más adecuadas. Le había explicado al encargado la mejor manera de llevarlo a cabo, dónde poner las vigas, qué precauciones tomar, habíamos hablado de cómo gestionar los escombros,... No sé qué más podía haber hecho.

¿Qué fallos se cometieron?

Para empezar, los días clave el jefe de obra no apareció por la obra. Ignoro la razón, pero el encargado estaba solo para atender todos los frentes.

El encargado estaba enfermo: un dolor de muelas tremendo, su principal preocupación era conseguir una receta de antibióticos.

Aparejadores y arquitectos brillaban por su ausencia. Lo que se iba a hacer era un tema estructural, no cosa de ellos.

La cuadrilla que habían contratado estaba formada por un nativo, dos sudamericanos y Mohamed, el chaval que empezó a picar la pared cuando aún no debía.

¿Qué ocurrió?

Si me preguntan a mí, no tenían suficiente experiencia. Habrían realizado apeos antes, pero naderías. Cosas muy sencillas. Éste en concreto era demasiado complejo para ellos. No, complejo no. Era demasiado serio para ellos. Los fallos que suelen cometer, en los apeos normales no tienen gran importancia. En el mío, sí. 

Y, sin embargo, se las daban de muy buenos.

Sí, muy buenos... de 2026. En 2016 se les habría considerado unos principiantes a todos.

Es patente, es terrible, es notorio cómo ha evolucionado la capacidad técnica de los que trabajan en las obras. Cuánto escasea el talento. Se dice a menudo, pero es que es verdad.

Lo que me pasó a mí es que no tenían el talento que yo creía que tenían. Había proyectado para personas que conocen su oficio, dadas las instrucciones que a ellos les habrían bastado. A los de 2026 no les bastaban.

Así que ahí va mi consejo final cuando de apeos se trata: esté usted presente. Y no me refiero a un pasarse por la obra. No, esté desde el punto de la mañana hasta que hayan terminado. En los apeos es donde usted se la juega. Un fallo puede tener consecuencias muy serias, y un fallo menor puede generarle a usted muchos quebraderos de cabeza. Así que no se arriesgue. Esté presente y compruébelo todo.

Aunque sea usted un hombre muy ocupado y tenga otras cosas que hacer. Ese día, su prioridad ha de ser el apeo. 

 

 

Laurie Sargent & Holly Sherwood - Tonight is what it means to be young 


 

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